miércoles, mayo 08, 2019

Charly García deslumbró a sus fans en otra noche histórica en el Gran Rex

Ph: Chule Valerga
Ya llega aquel examen del bien y el mal,
ya llegan las noticias cruzando el mar…
¿No ves?, que el mundo gira al revés,
mientras miras esos ojos de videotape…

La tentación de transcribir completa la letra de "Ojos de videotape" está latente. Las ganas de volverla a cantar con todas las fuerzas también. Es que este tema del exitoso Clics Modernos (1983) es uno de los más lindos de toda la carrera de Charly García. Uno de los que más gusta y de los más pegadizos.

Sepan disculpar si el periodista se emociona cuando escribe estas líneas. Pero créame si no estuvo en el Gran Rex: fue un momento mágico que hizo que se le ponga la piel de gallina a más de uno.

El ex Sui Géneris volvió a presentar "La torre de Tesla" y desató la locura de sus fans con un show que duró una hora y media. Acompañado -como de costumbre- por Kiuge Hayashida, en guitarra; Carlos González, en bajo; Toño Silva, en batería; Fabián "El Zorrito" Quintiero, en teclados, y Rosario Ortega, en coros; dejó todo en otra noche mágica, inolvidable e histórica.

El show comenzó a las 20:50 con "De mí", canción que viene interpretando en sus últimos conciertos con guitarra eléctrica en mano. Luego llegó el turno de intercalar los temas "históricos" con los de Random, su último álbum. Es por eso que "La máquina de ser feliz" rápidamente se hizo lugar para posteriormente darle paso a la primera gran ovación de la noche.

"Buenas noches Argentina", lanzó el protagonista de la velada y el público explotó con un contundente: "Olé, olé, olé, olé… Charly, Charly". "Dios bendiga la rivalidad", expresó el artista segundos antes de cantar otra pieza de su último disco: "Rivalidad".

Luego llegó el turno de un clásico que desató la segunda ovación de la jornada: "Yendo de la cama al living". Como respuesta a estos nuevos aplausos, el músico agradeció en francés: "Merci beaucoup". A esa altura de la noche, el clima era de fiesta en el teatro y todo lo que se expresaba arriba del escenario impactaba con alegría en un público dispuesto a disfrutar de otro encuentro con su héroe.

"Sos el mejor del mundo Charly", gritó un fanático desde la platea y el ex Serú Girán no demoró en contestar: "Ya sé". Otra ovación más. Se notaba que la estaba pasando muy bien.

Una soberbia interpretación de "In the city" hizo que el propio García se preguntara y respondiera: "¿Les gustó? Está bueno". Inmediatamente llegó el turno de "Cerca de la revolución" y ya no quedó ningún espectador sentado en su asiento. La locura era total.

Con el correr de los minutos, era evidente que la noche pintaba para ser más larga que las anteriores en las que el músico se había presentado en el último tiempo. Daba la sensación que no estaba cansado y su buen humor ayudaba seguramente para que se sienta bien y cómodo frente a su teclado.

"Salud", manifestó Charly antes de tomarse un respiro y un poco de agua. "Y… ahora una canción que le dicen 'King Kong'. Pobrecito, se enamoró de una enana así", dijo haciendo el gesto de "chiquitita" con su mano. Otra vez risas en el público.

Con la idea de seguir intercalando canciones nuevas con las más antiguas, apareció "Lluvia", uno de los éxitos de Random. Sin embargo, en este recital -a diferencia de otros-, el artista se inclinó por hacer más temas "viejos".

Es por eso que siguió una seguidilla de clásicos de todos los tiempos: "Parte de la religión", "No llores por mí Argentina", "Cuchillos", "Canción de 2×3" (otro momento alto de la noche), "El aguante" ("Este es el aguante. Esto es rock and roll", disparó), "Rezo por vos", "Demoliendo hoteles" y "Nos siguen pegando abajo".

Hasta ahí se había cumplido una hora exacta de show. A las 21:50 Charly dijo: "Buenas noches, feliz Navidad. Dios los bendiga". Y se corrió el telón. Las dudas sobre si iba a continuar -teniendo en cuenta los antecedentes- estaban instaladas pero rápidamente quedaron atrás. A las 22:00 se abrió la cortina nuevamente y el hombre del bigote bicolor apareció junto a Roberto Pettinato para hacer "Happy and real".

"Dale Petti", le dijo en el medio de la canción para alentar al saxofonista y desató las carcajadas de la gente. Se notó algunos desacoples entre ambos pero fueron subsanados con humor y elegancia.

Luego Charly se puso "heavy" y, con guitarra en mano de nuevo, hizo "Break it up", un rock pesado del disco Kill Gil (2010). "La última canción que hice", expresó, aunque sabemos que en estos nueve años compuso más temas.

Después cantó "El día que apagaron la luz" e hizo un pedido especial: "Tenemos que grabar a la gente". A Charly lo conmovió el cariño del público y no pudo disimular su emoción. Pero aún faltaba más: "I'm not in love", "Asesíname", "Ojos de videotape" y "Total interferencia" fueron los últimos cuatro temas hasta que se corrió definitivamente el telón.

Un párrafo aparte merece "Ojos de videotape", mencionada al comienzo. Fue una interpretación conmovedora de un tema conmovedor que no suele tocar en vivo últimamente. Y por eso emocionó. En tiempos donde vemos que "el mundo gira al revés", el gran Charly "lo enderezó" por un rato con su arte y nos regaló otra noche mágica que quedará en la historia.

Por Gastón Calvo

Fuente: Infobae

El blog de Charly Garcia (hecho por DIOS)

domingo, abril 28, 2019

No se banca más

Los neurólogos deben tener muchas maneras de explicarlo, pero uno prefiere quedarse con la magia. La magia y la casualidad. A la hora de salir a la calle echás un vistazo al reproductor para elegir qué sonará en los auriculares en el camino al trabajo. Te acabás de bajar una versión FLAC de Grasa de las Capitales tomada de un vinilo original que, claro, suena mucho mejor que la horrible edición en CD de sonido fluctuante, como si fuera una cinta de casete algo estropeada. Es un día gris. Charly, David y Pedro unen sus voces: “Qué importan ya tus ideales / qué importa tu canción...”. Y chau. Ya no estás acá, ya no estás ahora.

Seru Giran fue una aventura de solo 4 años, pero dejó un surco inevitable para todo el que quiera entender de qué hablamos cuando hablamos de rock argentino. Rock “nacional”, como se le decía entonces (ya volveremos sobre eso). El segundo disco es quizá el que tiene mayor ligazón estilística con La Máquina de Hacer Pájaros, esa otra genialidad encabezada por García, que un día fue a ver a Crucis y archivó por completo a Sui Generis. Charly le birló el sonido y al bajista José Luis Fernández, pero a La Máquina le sumó su gigantesca antena para las canciones. Cosas que uno ha charlado decenas de veces con amigos tan enfermos de melomanía como uno. Boludeces.

Lo importante es lo que acaba de evaporar todo anclaje temporoespacial. Un Lebon enorme cantando la fábula de San Francisco y el lobo que promete volver a ser feroz, un rayo en la oscuridad; Charly diciendo que sabe que te encanta caretear, ser aceptada donde te odian más; David otra vez, como si hablara de la radio mainstream de hoy, tanta música absurda, los tiempos que están huecos de emoción.

No sabés cómo –no te interesa tampoco– pero ya no es esta Buenos Aires siglo XXI sino la Aires Dudosos de comienzos de los 80, con los milicos en la Rosada y el olor a miedo en las calles. En los bailes sonaba música “bolichera”, pero a la hora de los lentos siempre estaba “Viernes 3 AM”. Curiosa combinación de tema ideal para intentar rascar con una chica (sí, niñes, decíamos “rascar”) y también para el corchazo, literal. “Viernes 3 AM”, el tema donde un tipo se llevaba el caño a la sien y –apretando bien las muelas– gatillaba no una sino tres veces, bang bang bang. Se bailaba eso, sí, y otras líricas deprimentes como “La Navidad de Luis” o más adelante “Era en abril”; por suerte “Catalina Bahía” iba por el lado calenturiento. A la luz de hoy suena a elecciones deformes para una fiesta, pero en aquel segmento de los lentos los disc jockeys parecían hacer una declaración de principios, una cuña en el silencio oficial. Pedro y Pablo estaban prohibidos por la dictadura. El rock no era de uso popular, era una contraseña entre descastados de hogares donde había discos de Raffaella Carrá y Julio Iglesias y Village People.

“El rock nació mal”, tiró Charly una vez, agudísimo por enésima vez. En la Pelo y en la Expreso se leían los términos “rock nacional” y así lo llamábamos, pero con el tiempo empezó a parecer algo rancio. Quizá fue el Festival de la Solidaridad Latinoamericana, cuando el Proceso de Reorganización Nacional apestó la palabrita. Por lo demás, lo nacional puede referir a cualquier nación. Rock argentino destila otra energía.

Todas esas cosas te vuelven mientras mirás por la ventanilla y empieza el lado B. En diciembre de 1992, Seru Giran dio el primer show de su regreso en el Chateau Carreras de Córdoba; cuando David arrancó con “Esta oscuridad, esta noche de perros...”, detrás del escenario, a lo lejos, un rayo gigante quebró el cielo. Quizá por lo sublime del momento, no volvieron a tocarla, ni en Rosario ni en River. Igual ya era otro Seru: lo de esos cuatro años era irrepetible, no se podía replicar la leyenda iniciada en Buzios en 1978 y terminada en el Obras de marzo de 1982.

Justo cuando la Guerra de Malvinas le abrió las puertas de la difusión a los descastados, Seru no estaba más. Pensás en eso cuando Charly te canta en los oídos que nunca tendremos raíz, nunca tendremos hogar y sin embargo ya ves, somos de acá.

De acá, del limbo al que nos conducen los auriculares DeLorean. Ese tipo de rulos en los asientos de al lado bien podría ser aquel hermano mayor de un amigo, el fanático de la bolichera que sentado en su Taunus se reía de que te gustaran Charly y Spinetta. El que compraba discos de enganchados en Gapul mientras vos te babeabas en El Agujerito. Es curioso porque no te sentís viejo. Bueno, un poco sí, pero –acaso los neurólogos puedan explicarlo, etcétera– en realidad el efecto es el contrario. Todo se encadena en un raro frenesí, de sensaciones anudadas en las que no cabe el análisis racional. Te acordás de la piba que te dijo que sí cuando la invitaste a bailar justo cuando empezaba “Catalina Bahía”: fue en la Hebraica de Sarmiento, al final no hubo “labio sobre labio sobre labio...” pero sí un reencuentro en Macabi o en Bet El un par de semanas después. En la era previa a los atentados, las instituciones de la cole conformaban un circuito atractivo. No había piñas por cualquier pavada como en los boliches caretas (“Me miraste mal”), siempre había más chicas que varones, la entrada era más barata. El Circuito Randall, le decían con tus amigos moishes, que sabían que estabas bautizado pero te habían adoptado como un judío más. Randall era Steve McQueen en la tele, el justiciero de la carabina recortada.

A lo que pasaba en clubes y colegios, en el Circuito Randall o en Ferro o en Arquitectura, no se le decía fiesta sino baile: a los milicos les gustaba que la gente bailara, pero no que estuviera de fiesta. Los rockeros en general desconfiaban de todo lo que oliera a boliche, y vos no lo entendías porque te gustaba ir a recitales pero también conocer chicas en un baile. Cuando Seru llegó de Brasil e hizo una parodia disco en el Luna Park, el público se lo tomó en serio y los rechifló. “La grasa de las capitales”, el tema, tiene un pasaje inconfundiblemente disco. Pero a esa altura ya eran intocables, o casi.

A esa altura es que te tenés que bajar del bondi, y de todos modos ya terminó la “Canción de Hollywood”, el infinito en Cinerama, tiempo de meditación. La realidad se te cuela vía Twitter, eso que sería incomprensible para quien entraba a la Alex de Flores a comprarse el nuevo de Seru: la escuela Sourigues, donde hiciste la primaria, suspendió las clases porque está infestada de ratas. Dicen que alguien del Gobierno porteño sugiere llevar dos gatos. El presente y el pasado chocan de frente, pero la frase que te rebota en la sesera es la misma.

No se banca más.

Por Eduardo Fabregat

Fuente: Página 12

El blog de Charly García (hecho por DIOS)

miércoles, marzo 06, 2019

La historia oculta detrás de tres fotos de colección del rock argentino

Pocos son los fotógrafos que tienen registro de una de las mejores épocas del rock argentino: las décadas del ‘70 y el ‘80. Uno de ellos es Rubén Andón, quien desde temprana edad se dedica a ello y, en la actualidad, exhibe muchas en una muestra en conjunto con material de su colega José Luis Perotta (fallecido en 1989). El viernes brindará una charla donde contará detalles de las imágenes más icónicas. Antes de eso, brindó un adelanto a PERFIL.

“Son dos muestras de dos fotógrafos que trabajamos desde los años ‘70 con bandas de rock. La muestra de José Luis es muy buena y la mía tiene algunas perlitas, porque lo que más me preguntan es cómo hice ciertas fotos de tapas de discos porque estamos hablando de una época donde no había photoshop”, contó Andón, quien en sus comienzos fue colaborador de la emblemática revista Pelo. “Tengo mucho material pero en la muestra hay sólo 35. Por eso, llevo algunas inéditas para proyectar, como por ejemplo una de Charly García vestido de mujer”, agregó.

Spinetta antes de salir a un concierto en Tapiales. FOTO: Rubén Andón
Spinetta. “Tengo fotos de Luis Alberto en su casa, con su hijo Dante de apenas un año tocando la guitarra; de su hija Catarina en brazos de su madre Patricia. Obviamente estas se las di a ellos porque considero que son fotos familiares y nunca las publiqué. Le saqué esas fotos, que eran para una revista, un día que fui a tomar el té a la casa y nos quedamos conversando. Cuando él daba sus conciertos, yo iba a los camarines y también le sacaba fotos. Una de ellas la mostré hace poco porque me quería dar el gusto y es una en la que estoy jugando al ajedrez con Carlos 'Machi' Rufino y está Luis sentado al lado mío. Es de 1974. Estaban esperando su turno para tocar en un festival en Tapiales, pero por lo general ese material lo tengo guardado".

Foto original de la tapa del disco "La grasa de las capitales" de Serú Girán. FOTO: Rubén Andón
Sobre la portada de “La grasa de las capitales". Se trata del segundo álbum de Serú Girán (1979). En la portada se ve a los cuatro miembros de la banda: Pedro Aznar; David Lebón; Charly García y Oscar Moro, caracterizados por diferentes estereotipos. De esta sesión, Andón recordó: “Es una de las fotos más icónicas porque es un disco muy emblemático del rock nacional por el mensaje un poco revolucionario contra los medios establecidos de ese momento. En esa foto están cuatro grandes. Era una época en la cual no teníamos presupuesto y no existía la producción, no había maquillador ni vestuarista, por eso todo lo resolvíamos con lo que teníamos a mano, de hecho, el vestuario se armó con lo que cada uno llevó en un bolsito con cosas que consiguió en la casa. La idea ya la tenía muy clara Charly, quería hacer una foto como las de fin de año de la revista Gente. Usamos un bidón del laboratorio que se utiliza para el fijador, necesitábamos un portafolio y ese día estaba el contador en el estudio y se lo robamos temporariamente para la foto y es el que usa Pedro. Pequeños detalles que para el fan del rock son perlitas grosas. Saqué 5 rollos, casi 100 fotos, pero la gente conoce una que es la que se publicó, por eso en la charla voy a estar mostrando algunas de las otras”.

Gira de PorSuiGieco. FOTO: Rubén Andón
PorSuiGieco, la gira. “PorSuiGieco se trató del momento donde se juntaron León Gieco; Sui Generis y Raúl Porchetto con motivo de armar una editorial para sus discos, pero como eso no prosperó, decidieron salir de gira a tocar juntos. Yo fui a esa gira y el día que arrancó, subimos todos con los equipos a un micro, nos sentamos y acomodamos y ahí el chofer del nos dice ‘esto no arranca, muchachos hay que empujar, todo el mundo abajo a empujar’. Esa es la foto que arranca la gira, lo ves a León Gieco, Nito Mestre, Raúl Porchetto. Saqué la foto y me puse a empujar”.

Andón fue también el encargado de las fotos del disco Metegol de Raúl Porchetto, con quien mantiene una gran amistad, y cuyo material fue recientemente reeditado por el Instituto Nacional de la Música (INAMU). “En esta reedición, apareció una lámina nueva que en la original no estaba. Raúl me pidió que busque algo como un ‘bonus’ y me pongo a revisar los negativos originales de esa época y aparece un rollo donde ellos se disfrazaban y hacían monigotadas y le dije ‘mirá, esto es maravilloso’. La tapa de Metegol tiene una característica y es que de cualquiera de los dos lados es para, porque siempre se coloca del lado derecho y vos tenés la tapa con ellos serios de un lado, muy sonrientes del otro. Eso pasó porque estábamos indecisos, entonces le propuse hacer una tapa doble. En ese momento veía que en las disquerías tenían las bandejas con las vidrieras y en unas aparecían serios y en otra no, cada uno elegía la tapa que más le gustaba". 

Tapa del disco "Metegol" de Raúl Porchetto. Foto: Rubén Andón
De otro tiempo. "En los años ‘70 nos juntábamos en las casas de amigos a escuchar el long play que recién había salido y nos pasábamos la tarde tomando mate, escuchando el disco y mirando la tapa. Queríamos que viniera con las letras de las canciones porque queríamos también ver si había fotos extras. Hoy eso se ha perdido”, lamentó Andón al referirse al vínculo que unía a músicos de ese momento con los fotógrafos. 

Posible libro. Ante la cantidad de material inédito que tiene en su archivo, y consultado por PERFIL acerca de si existe la posibilidad de concentrarlo en un libro, el fotógrafo aseguró: "Es algo caro para hacerlo uno solo, para hacer impreso con la calidad que merece uno de fotografía, por ejemplo uno de Richard Avedon cuesta casi 5 mil pesos, quiere decir que tiene un costo muy caro. Me encantaría hacerlo pero por ahora no se puede. Cada vez que expongo sumo fotos nuevas. Las fotos de esta época son parte de la cultura porque los rockeros forjaron, no sólo la cultura musical, sino las creencias de una juventud que estaba pasando una etapa muy difícil en el país. Reconocías tu forma de pensar en las letras de las canciones y las hacías propias".

La muestra. “Testigos del rock”, es una muestra que se exhibe en el Complejo Municipal El Patio (ubicado en calle 149 entre 15 y 15 A, en Berazategui) y tiene como protagonistas a Andón y Perotta. El acervo fotográfico de éste último fue recuperado a finales de 2015 por el Museo de la Ciudad de Buenos Aires a cargo del Ricardo Pinal Villanueva, quien ordenó la organización de los archivos y la digitalización del mismo. El viernes 1 de marzo a las 19, Andón brindará allí una charla donde además mostrará material inédito.

Ambos profesionales estuvieron a cargo de tapas de discos de rock argentino de las décadas del ‘70 y el ‘80; además de afiches de recitales y revistas de revistas como Expreso Imaginario, Pelo, Pinap. Charly García; Raúl Porchetto; Sui Generis; Serú Girán; Luis Alberto Spinetta: Los Gatos, Vox Dei, Pappo, Almendra, Nito Mestre, Fito Páez, Los Abuelos de la Nada, Mercedes Sosa, entre muchos otros artistas, pasaron por sus lente.

Por Florencia de Sousa

Fuente: Perfil.com

El blog de Charly García (hecho por DIOS)

domingo, marzo 03, 2019

Charly García sacudió el Gran Rex con "La Torre de Tesla"

Charly García dio un show en el teatro Gran Rex (Christian Bochichio)
A las 20.41 del miércoles, se escuchó el piano de "De mí" y no pasaron 10 segundos hasta que las mujeres y los hombres -todavía sentados en sus butacas del Teatro Gran Rex- empezaron a cantar. Los protagonistas eran ellos y Charly García lo sabía. Así que los dejó hacer un ratito y después sí, se levantó el telón, se apagaron las luces blancas y se encendieron las del escenario. El contacto estaba hecho.

Tres minutos después, Charly estaba cantando, una vez más, "Cuando estés mal cuando estés mal, cuando estés sola…". Con "La máquina de ser feliz" se sumó a la banda Rosario Ortega, de punta en blanco. Otra vez, el contrapunto en teclados fue el Zorrito Fabián Von Quintiero al otro lado del escenario. Geométricamente opuesto y perfectamente complementario, como en los shows del año pasado.

El cantante presentó “La Torre de Tesla” (Christian Bochichio)
"El día que murió Gustavo Cerati, estaba en casa y puse un disco de Génesis al mango. Tenía mucha bronca. Una vecina me tocó el timbre y vino con la policía. Entonces yo saqué una bombita que mide los decibeles y como soy ciudadano ilustre… se tuvo que ir", contó Charly desatando el aplauso y la risa generalizada justo antes de que arranque "Rivalidad".

"Las cosas que pasan en este país… no puteen al presidente", comentó Charly de la nada. Bastó que diga eso para que la mayoría de los presentes comenzaran con el clásico cantito "Mauricio Macri la puta que te parió". Psicología inversa para anticipar "Otro" y una frase a prueba de balas: "Yo quería ser fascista pero no lo logré". Enseguida sonó "Cerca de la revolución". La línea estaba clara.

viernes, febrero 22, 2019

Toca Charly

Charly, días atrás en el Colón, en medio del espectáculo de Pedro Aznar. (Martín Bonetto).
Su última presentación en el Gran Rex fue el martes 18 de diciembre. Después, sorprendió en el Colón hace unos días, el 13 de febrero, con el reencuentro de Serú Girán, cuando Pedro Aznar, anfitrión de la reunión, lo invitó al escenario junto a David Lebón. Ahora, se anunció que hay nueva fecha de show para Charly García en el Rex.

El ícono del rock nacional abrirá el año de presentaciones propias en Buenos Aires con el espectáculo La Torre de Tesla. Será el próximo miércoles 27, a las 20.30.

Desde 2018 Charly inauguró la modalidad de anunciar shows con pocos días de anticipación.

Aún no se anunció la banda que acompañará. En los últimos shows viene tocando con el tecladista Fabián "El Zorrito" Quintiero, el trío chileno integrado por el guitarrista Kiuge Hayashida, el bajista Carlos González y el baterista Antonio Toño Silva, y la cantante Rosario Ortega.

Con esta formación, Charly grabó Random, su último trabajo de estudio, editado en los primeros meses de 2017.

Para quienes aún no vieron La Torre de Tesla: es un espectáculo multimedia, con una escenografía que reproduce el artefacto creado por el famoso inventor, y en el que se proyectan imágenes de diversas célebres producciones de Hollywood.

La venta de entradas quedará abierta el próximo lunes 25, a las 10, en el Rex y a través de Ticketek.
En boletería es por orden de llegada, sólo en efectivo y máximo 4 entradas por persona.

Lista de precios (estimativa):

Platea Platino - $2400 + $290*
Platea Oro - $2250 + $270*
Platea Plata - $2100 + $250*
Platea Bronce - $2000 + $240*
Platea Bronce lateral - $1900 + $230*
Super Pullman fila 1 a 5 - $2100 + $250*
Super Pullman fila 6 a 10 - $1900 + $230*
Pullman fila 1 a 7 - $1700 + $205*
Pullman fila 8 a 13 - $1500 + $180*
Pullman fila 14 a 19 - $1250 + $150*
Pullman fila 20 a 24 - $1000 + $120*
Pullman (solamente fila 25) - $800 + $95*

* Service charge

Fuente: Clarín

El Blog de Charly García (hecho por DIOS)

jueves, febrero 21, 2019

Una fábula donde se enredan Charly García y la Triple A

No sé cuál de mis hijos me había usado la Sube pero, cuando la puse contra el detector del colectivo, no tenía saldo. El colectivero ya me estaba haciendo señas para que me bajara; un señor sexagenario se ofreció a pagar con su tarjeta por mí. Me acerqué a su asiento a regresarle el dinero, y se negó a recibirlo.

-Debés estar cansado de que te digan que tienen una historia para contarte- dijo.Me senté a su lado en la butaca libre y respondí: -Yo ya estaba cansado de antes.

Sospecho que lo consideró una licencia para contar. En cualquier caso, luego de lo que había hecho por mí, no me podía negar a escucharlo.

“Adiós Sui Generis fue el más importante recital al que no concurrí en mi vida. El recital era de la mayor trascendencia para mí, por distintos motivos. El primero, y más importante, mi admiración por la música de la banda, que luego se continuó en la admiración por García. No me gusta llamarlo Charly. El apodo me parece menor. El otro motivo es que me estaba escapando de la Triple A”.

Al día siguiente tenía un pasaje para España; esa noche debía pasarla en algún lugar de incógnito, no en mi casa ni en mis sitios de referencia. La Triple A me buscaba por un malentendido. Yo había estado de novio con una montonera y ellos consideraban que debían matarme también a mí.

Yo no sólo nunca me había metido en política, ni siquiera era peronista. Mucho menos de izquierda. Pero esa mujer me volvía loco. La amé profundamente, aunque ella apenas si me quiso. Nunca entendí por qué se acostaba conmigo.

Que yo la amara era lógico: era hermosa, fresca, misteriosa, sensual. Pero yo… míreme. No era muy distinto hace cuarenta años. Cuando me dejó, quise hacerles llegar a los muchachos de la Triple A la noticia de que yo ya no era un blanco. Que no me mataran.

No había sido montonero ni siquiera cuando ella me dejaba tocarla; muchos menos ahora. Ya tenía el corazón roto, no quería que además me lo quitaran. Uno quiere vivir, eso tampoco entiendo por qué.

Pero no había manera de comunicarse con la Triple A. No tenían un teléfono ni un centro de atención. Era curioso: los compañeros de mi ex novia sí podían comunicarse con López Rega y sus secuaces.

De hecho, se habían reunido con Lopecito cuando el General aún vivía. Pero los que no teníamos ninguna relación con el Movimiento, y de carambola nos buscaban para matarnos, no teníamos con quién hablar”.

En fin, lo mejor que se me ocurrió fue esconderme en el Luna Park, en septiembre de 1975, para ir directo de allí a Ezeiza y rumbo a Madrid, no a visitar al General, que ya había vuelto y muerto, sino a no verlo nunca más, ni a él ni al resto de su runfla, con la que ya bastante había intimado, en todos los sentidos menos políticos.

Pero no conseguí entrada: ni para el primer ni para el segundo recital. Repleto. Ni pude colarme. Escuché desde una puerta cómo García echaba a los espectadores de la primera función, que no querían irse después del segundo bis.

Y no pude dejarme llevar por la marea humana que entró a la segunda. Partes del recital se grabaron, pero hay partes que no. ¿A dónde fueron a parar? Porque el hecho de que yo suba a un colectivo, le pague incidentalmente su boleto, etcétera, es lógico que se pierda en el tiempo.

¿A quién le importa? ¿Para qué conservarlo? Pero una canción de García, que nadie grabó, pero miles escucharon…¿desaparece así como así del mundo? ¿No está más? ¿No existe? Sería una injusticia.

El segundo recital terminó, y la noche era cálida. Me quedé allí mismo, parado, viendo salir a la gente, pensando que si me mataban, que fuera allí mismo, cuando una chica me pidió fuego. Yo no fumaba. Pero de pronto, de la nada, apareció un encendedor en mi bolsillo.

La aparición del encendedor me asustó. ¿De dónde había sacado yo un encendedor? Tal vez era un pantalón que no usaba hace tiempo, y ella, mi ex novia, había dejado allí el encendedor de otro, de aquel con quien se había marchado, porque ella tampoco fumaba.

El otro era su “superior” en la escala jerárquica. Le encendí el cigarrillo a Gertrudis, y le pregunté qué tal había estado el recital. Gertrudis era muy bonita. No era la belleza despampanante de mi ex novia, pero era también muy bella y muy dulce. Me sentí bien apenas me habló.

jueves, febrero 14, 2019

Garcia + Aznar + Lebon

Charly, Aznar y Lebón en el Colón (Martín Bonetto)
"Yo canto para alcanzarte atravesando todo el azul", comenzó a cantar David Lebón los primeros versos de la canción A cada hombre, a cada mujer de Serú Girán. Dio paso así a un momento histórico: el reencuentro en el escenario del teatro Colón de Lebón, Charly García y Pedro Aznar. El reencuentro de las voces de Serú.

El momento ocurrió en el cierre de la gira Resonancia de Pedro Aznar, donde repasa los 35 años de su carrera solista. Pedro Aznar acababa de cantar La Paz, tema que forma parte de su álbum Aznar canta Brasil, y fue entonces que invitó al escenario a David Lebón, con quien además de Serú Girán, el músico compartió un proyecto en dúo que cristalizó en el álbum Aznar/Lebón.

Luego llegó el turno de Charly. Juntos tocaron un clásico de Sui Generis, Confesiones de Invierno. Charly al piano. Pedro en la guitarra electroacústica. Y juntos en la voz. En formato de trío, con Oscar Moro siempre en el recuerdo, García, Aznar y Lebón finalmente compartieron una versión de A cada hombre A cada mujer, uno de los temas que el bajista aportó a Serú 92.

Serú fue un dream team: Charly García, David Lebón, Pedro Aznar y el fallecido Oscar Moro. El otro reencuentro histórico había sido en el estadio de River Plate, en 1992 (también hubo otras veces, como en un recital en el ND Ateneo en 2007 y otra vez, en 2010, en el Luna Park).

La primera vez que Charly lo vio a Aznar lo contrató. Fue en un club de jazz pequeño. El bajista solo había tocado un compás y medio cuando García dijo: "Es éste". Charly dirá en una entrevista: "Con Pedro compusimos canciones en el acto".

La primera vez que se juntó Serú, que en ese momento no se llamaba así, fue en Brasil, en una casa que habían alquilado Charly y Lebón que habían llegado primero a ese país.

Serían las 11 de la noche cuando llegaron Moro y Aznar. Directamente bajaron los instrumentos de la camioneta, se pusieron a armar los equipos y luego a tocar. Fue media hora seguida. Luego se miraron todos​ y dijeron: somos un grupo.

Un grupo que fue hacedor de clásicos como "Canción de Alicia en el país", "Seminare", "Viernes 3AM", "Desarma y Sangra" y "Cinema Varieté". Cuatro discos de estudio los llevaron a lo más alto del rock nacional. Oscar Moro, el legendario baterista, había fallecido en 2006 a los 56 años.

Los años anteriores a Serú  habían abarcado desde Sui Generis a La Máquina de Hacer Pájaros. Sui Generis, con Charly y Nito Mestre, nació en 1972: duró tres años en su etapa de producción y cambió la naturaleza del rock nacional.

Vida, de noviembre de 1972, forjó la historia de Sui: un disco de canciones con una mirada más adolescente, lirismo y acordes simples (‘Quizás porque’, ‘Necesito’, ‘Estación’), aunque incorporaba rasgos más oscuros como en “Canción para mi muerte” (resultado de la colimba de Charly en 1971, donde, empujado por sus acciones, lo dieron de baja al declararlo ‘maníaco-depresivo con personalidad esquizoide”).

miércoles, diciembre 19, 2018

Sinfonía rockera con final inesperado

Lo que ves es lo que hay. Charly volvió al Gran Rex con un show de 17 canciones.
Anda en algún momento entre los 30 y los 40, resistió todo lo que pudo mientras sus amigos insistían para irse y ahora pregunta por tercera, cuarta y enésima vez si lo están jodiendo. Se lo pregunta, más triste que enojado, a una de las guardias de seguridad del superpullman del Gran Rex que repite que hay que ir desalojando la sala. Que indica que primero las escaleras de mármol y después la avenida Corrientes, que esas luces que se van prendiendo en el teatro y esos otros guardias de seguridad que suben al escenario y bloquean la escalera por la que virtualmente podría subir también alguien del público quieren decir que hay que irse. “Algo pasó”, empezó a repetir la guardia de seguridad cuando lo que parecía el intervalo que viene antes de los bises empezó a estirarse. “Algo pasó”, dijo una y otra vez, sin poder decir más nada y sin calmar ninguna de todas las ansiedades presentes en la sala.

Algo pasó: el recital de Charly García este martes duró una hora y cinco minutos. Y aunque desde su círculo más cercano aseguraron que la lista de 17 canciones que ejecutó era la pautada, que no estaban previstos bises y que no medió ninguna complicación de salud, nadie en el público entendió que el show había llegado a su fin cuando García dijo “cada cual tiene un trip en el bocho, difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo”, en el marco de sus Promesas sobre el bidet, y se cerró el telón y no volvió al escenario.

“¡Charly, te dejé el bono de fin de año!”, se lamentó una chica mientras salía de la platea a la calle. Una de sus amigas insistía: “Estaba segurísima de que era un intervalo”. La tercera fue la más expeditiva: decidió en qué pizzería iban a meterse. Media hora después de que se cerrara el telón, en la sala todavía quedaba gente. Algunos gritaban “¡Charly volvé!”, otros se referían al productor del show en términos poco amistosos, y la mayoría esperaba en silencio hasta convencerse de que era hora de volver a casa.

“No vinimos a esto”, le dijo un hombre de cerca de 60 años a la guardia de seguridad, ya prácticamene devenida en acompañante terapéutica durante el éxodo.

¿A qué habían ido ese hombre y tres mil y un piquito de personas más hasta el Rex? Tal vez a sentir esa especie de suspenso que inventa el fade in de Yendo de la cama al living, con la tranquilidad de saber de antemano que el misterio se termina cuando el baterista pega el primer golpe. O a disfrutar de no saber cómo hace Charly García para que su voz al tercer tema suene como si el señor de voz lastimada de la primera canción fuera un perfecto desconocido, que es la última temporada de la serie que consiste en ver a Charly García recuperarse de casi cualquier cosa.

miércoles, diciembre 05, 2018

Charly volverá a tocar antes de fin de año

Charly y su Torre de Tesla
"No puedo decir todavía cuándo ni dónde, pero antes de fin de año Charly va a tocar en Capital Federal". Anoche, Rosario Ortega confirmó que 2018 cerrará con un nuevo concierto de Charly García, durante una entrevista radial que le hicieron a la cantante en el programa “Su atención por favor”, conducido por Nicolás Artusi y Sol Rosales en FM Metro.

La hija menor del "Clan Ortega", vocalista de García desde 2011, cuando ocupó el lugar que dejó vacante Hilda Lizarazu, contó cómo es su relación con el músico desde entonces y casi en el final de la nota adelantó lo que tanto estaban esperando los fans de Say No More. Ante la insistencia de los conductores para que dijera la fecha del show, ya que en los últimos dos años García anunció sus conciertos con apenas 48 horas de anticipación, Ortega dijo que no podía, pero que estuvieran atentos, porque falta poco para que se haga público.

Este año, García se presentó en tres ocasiones en la ciudad de Buenos Aires. La primera en febrero, en el teatro Coliseo y luego, en Abril y Agosto, en el teatro Gran Rex, un escenario que le sienta bien al músico y a lo largo de su carrera solista lo ha convertido en su segundo hogar. ¿Repetirá show en la calle Corrientes? Habrá que estar atentos.

Fuente: La Nación

El blog de Charly García (hecho por DIOS)

martes, diciembre 04, 2018

Dos miradas sobre el especial de Nat Geo

El especial de BIOS. Vidas que marcaron la tuya sobre el gran música argentino recibió tantas críticas como aplausos. ¿De qué lado estás?
Al gran genio argentino... ¡Salud!

El especial de Charly García que estrenó National Geographic el domingo pasado –y que se puede ver en la plataforma de Cablevisión Flow– se ocupa de mostrar con mayor cuidado las luces del ídolo argentino que entretenerse en las sombras de una carrera con altibajos.

BIOS. Vidas que marcaron la tuya es celebratorio, fue “autorizado” (el propio Charly recorre y recuerda como puede algunos momentos de su vida), y aunque transmite sobre el final algunos pasajes de cierto dramatismo, el resultado general es una loa a la obra monumental del artista.

Ése es el gran valor del especial: es un recorrido de vida extraordinario de una vida extraordinaria. Pueden conocerse los orígenes de sus bandas gloriosas, su infancia brillante, su etapa solista más genial, las locuras que impregnaron todo, la decisión de cambiar y de estar siempre un paso adelante de la revolución.

Hay voces que acompañan el relato. Lo de Julieta Venegas, para muchos considerado un plus “de exportación” del formato, no le da un valor agregado especial en ese rol de admiradora más que de entrevistadora, pero sí propone cierta complicidad “de artista a artista”. El resultado, en ese sentido, pierde en rigor documental pero gana en emoción.

Después pasan Pedro Aznar, David Lebón, León Gieco y otros músicos o técnicos que han transitado a la par de Charly una carrera vertiginosa, siempre en ebullición. Algunos insinúan las dificultades de construir al lado de García, pero nunca profundizan las miserias. Ni siquiera “Palito” Ortega, responsable de salvarle la vida, cuando estuvo al borde de la muerte.

El fan de Charly lo agradece. BIOS se enriquece con el material de archivo y consigue sintetizar en un par de horas al gran monstruo del rock argentino, con un legado que no siempre fue comprendido en su momento pero que a la luz de las décadas sólo se puede atribuir a un genio.

Por Daniel Santos


Un tibio retrato ATP que queda a medio camino

La obra de Charly García es tan grande, profunda y emocionante que hasta podría alcanzar con hacer un collage aleatorio de imágenes de shows y entrevistas para tener un rico y emotivo producto biográfico. Y algo así es lo que sucede con BIOS. Vidas que marcaron la tuya en su edición dedicada al genio argentino.

Nadie podría negar que en el documental se viven emociones fuertes. La cabeza y el alma viajan a mil por la carrera de García. Pero esto es sólo mérito de la riqueza del mayor compositor que ha dado este país.

El hilo narrativo, si bien es cronológico (y eso ordena los tantos) se pierde en buenas intenciones y testimonios poco aprovechados. Además, la elección de Julieta Venegas como host (de quien nadie discute su talento) parece ser más producto de una estrategia comercial de la señal latinoamericana, que el acierto de un personaje que logra correr el velo de uno de los artistas más interesantes y caóticos del planeta.

Aquí otro punto: si bien las biografías documentales suelen tener un carácter celebratorio, la de Charly decide casi no meterse en el perturbado mundo que llevó al músico al borde de la locura y la muerte.

Si bien hay guiños a ese submundo que lo llevó a tirarse de un noveno piso o a hacer y deshacer a su antojo cualquier cosa que pasase por su cabeza (es famosa la frase: mi capricho es ley), el relato apenas sobrevuela el caos compositivo, mental y personal que vivió durante años. Esa misma tibieza ATP, es la que se queda a medio camino para mostrar su genialidad musical. Apenas el testimonio del productor de Clics Modernos, Joe Blaney, aporta datos curiosos e importantes sobre el proceso creativo del enorme hacedor de canciones.

Charly es tan grande, que sólo un genio podría condensar su figura en dos horas de televisión.

Por Rodrigo Rojas

Fuente: VOS

El blog de Charly Garcia (hecho por DIOS)