viernes, octubre 23, 2020

69 años: un viaje, década por década, por sus grandes canciones

 Charly García cumple este viernes 69 años, así que damas y caballeros: "Bienvenidos al tren" (Confesiones de invierno, Sui Géneris, 1973). Tomen sus cassettes, sus CD y sus vinilos y prepárense para este viaje a través del tiempo. Primera advertencia: las melodías y sensibilidad de las canciones pueden tentarlo a relajarse en su asiento más cómodo, pero no lo haga. Esta música se escucha (y se ve) estando alerta. Mire la ventana y contemple cada sonido porque pronostican lluvia de pianos, censuras, un sinfín de polémicas, cientos de misiles apuntando directo contra usted, y -por qué no- el clavado más famoso de la historia argentina.

Segunda advertencia: el protagonista puede faltar a su propio homenaje. Siempre lo caracterizó la rebeldía y, si bien en la invitación dice que "pueden venir cuantos quieran, que serán tratados bien", más adelante se sinceró y reconoció que él "no va en tren, sino en avión" porque "no necesita a nadie alrededor" ("No voy en tren", Parte de la religión, 1987).

Primera estación: 1951-1960


En este primer tramo del viaje suena "Corazón de hormigón", la primera canción que escribió Carlos Alberto García Lange. Lo hizo en 1960, cuando -a sus 9 años- se peleó con su madre Carmen Moreno. "El corazón es blando / El corazón perdona / Pero tu corazón, parece de hormigón". Sin embargo, recién se popularizó en 2010 con el álbum Kill Gil y la colaboración de Palito Ortega: su gran salvador.

"Carlitos" -como le decían- nació el 23 de octubre de 1951 y, desde ese entonces, su vida está regida por acordes. El primer sonido que recuerda provino de una pequeña caja musical con forma de piano que reproducía "Torna a Sorrento". Al notar su capacidad para tocar esa melodía intuitivamente, a los 4 años sus padres lo llevaron a estudiar con Julieta Sandoval.

En su infancia, mientras él jugaba con "Los dinosaurios" (Clics modernos, 1983) que hacía con plastilina en aquel petit hotel del barrio de Caballito en el que vivía, ya se sabían cuáles eran sus superpoderes: su habilidad para el piano, lo que le permitió hacer sus primeros espectáculos en el Conservatorio Thibaud Piazzini y lo convirtió en un concertista clásico a los 12 años; y su oído absoluto, un don que descubrieron cuando él tenía 5 años y le advirtió al guitarrista Eduardo Falú que tenía desafinada la quinta cuerda. Esta es una característica que comparte con Freddie Mercury, Michael Jackson, Mozart, Beethoven... "Correte Beethoven" (Say no more, 1996), le dirán algunos años más tarde y él se igualará con el alemán, a quien define como "el primer heavy metal".

Pero más allá de la genialidad, otro elemento que marcó su niñez fue la tristeza. Sus padres hicieron un extenso viaje a Europa y él quedó al cuidado de su abuela materna y un ejército de niñeras y mucamas. Esta distancia se tradujo en un problema de pigmentación en la piel (vitíligo) que lo convertiría en el rockero del bigote bicolor."Nunca me perdonó ese viaje", contó Moreno a la Rolling Stone. De todos modos, dicen que él nunca se quejó de aquella peculiaridad y, frente al espejo, se dijo: "Loco, bancate ese defecto". (Clics Modernos, 1983)

A fines de esa década, su familia tuvo un duro golpe económico y perdió la casa, otras propiedades y la fábrica de muebles de fórmica que conducía. Por eso, ante las dificultades financieras que atravesaban los negocios de su padre, Carlos Jaime García Lange, su madre decidió empezar a trabajar, y lo hizo como productora en programas de música. Así fue que Charly se crió entre artistas, para quienes tocaba el piano con los ojos cerrados o de espaldas.

Segunda estación: 1961-1970

Charly formó su primera banda en su casa, donde armaba instrumentos caseros y tocaba junto a sus hermanos. De todos modos, fue en el Instituto Social Militar Dr. Dámaso Centeno, al que ingresó a los 13 años, donde comenzó a tocar la guitarra eléctrica y se avocó al rock: una decisión que generó el lamento de sus padres.

En ese colegio de reglas y mandatos rígidos formó To Walk Spanish, conjunto con el que hacía covers de The Beatles y los Rolling Stones, los dos grupos que más influenciaron su camino hacia la música popular. Allí también conoció a Nito Mestre con quien, en 1969, formaría Sui Generis y eternizaría aquellas lecciones que aprendieron en su adolescencia; por eso, en esta estación suena "Aprendizaje", que se publicará en el álbum Confesiones de invierno (1973). "Aprendí a ser formal y cortés / Cortándome el pelo una vez por mes".

Charly García tiene oído absoluto: un don que comparte con Freddie Mercury, Michael Jackson, Mozart y Beethoven Fuente: Archivo - Crédito: Ignacio Coló

Según le contó García a Felipe Pigna, quienes egresaban de esa institución se convertían en "terroristas o militares" porque pasaban directamente a la Escuela Militar. "Yo nunca terminé, me falta una materia: química. Nunca la entendí", le confesó. Su papá era ingeniero y se desempeñó como profesor de física y química.

Esta década termina con el fin de la dictadura de Juan Carlos Onganía (1966-1970), y en los 80 Charly cantará: "Ya no hay morsas ni tortugas / Un río de cabezas aplastadas por el mismo pie / juegan cricket bajo la luna / Estamos en la tierra de nadie, pero es mía / Los inocentes son los culpables, dice su señoría, el Rey de espadas" ("Canción de Alicia en el país", Bicicleta, Serú Girán, 1980). Esquivando censuras, las metáforas se convirtieron en otro de los superpoderes de Charly, que debía apelar a la poesía para militar sus ideales y convertirse en el héroe de la clase trabajadora; como reza la canción de uno de sus ídolos, John Lennon ("Working Class Hero", 1970).

Tercera estación: 1971-1980


En 1971, Charly debió calzarse las "Botas locas" (Pequeñas anécdotas sobre las instituciones, 1974) y entrar a la colimba. Sin embargo, fingió que tenía un soplo en el corazón para quedar internado en el Hospital Militar y no ir a Campo de Mayo. Su madre le daba unas pastillas para que no levantara sospechas, pero un día tomó más de las que debía y, por el efecto, se puso a correr en la terraza del lugar. Una vez que se calmó, fue a su habitación y escribió "Canción para mi muerte": el tema que abre Vida (1972), el primer disco de Sui Generis. Es el que suena en esta tercera etapa del recorrido. Paradójicamente, el grupo debió sortear muchos obstáculos para poder seducir a las discográficas y lanzar este álbum.

En 1974, el dúo se expandió e incorporó a León Gieco y Raúl Porchetto, con quienes formaron el efímero grupo PorSuiGieco y, dos años más tarde, sacaron un disco (que llevó el nombre de la banda) donde se escucha la voz de María Rosa Yorio en "Quiero ver, quiero ser, quiero entrar", ¿un adelanto de "Seminare" (Serú Giran, 1978)?

Yorio fue el primer gran amor de Charly y es la madre de su único hijo, Miguel. Pese a esto, ella luego estuvo en pareja con Nito Mestre, aunque para ese entonces el dúo ya se había disuelto tras los históricos shows de "Adiós Sui Géneris", del 5 de noviembre de 1975 en el Luna Park. El año pasado, ella sacó el libro "Asesínenme. Rock y feminismo en los años 70", donde relató cómo vivió ambos romances y reveló que se hizo dos abortos durante su relación con García. "Cumplía con todas las funciones de esposo. Yo era su mujer oficial y las demás estaban en la oscuridad. Él estuvo en el parto de Miguel (1977) y cortó el cordón umbilical; y también me acompañó a las dos interrupciones", dijo en una entrevista con LA NACION.

El bigote de Charly García es bicolor porque tiene vitíligo, un problema de pigmentación en la piel Fuente: Archivo - Crédito: Alfredo Sanchez

Un año más tarde de la separación de Sui Generis, y en pleno surgimiento de la dictadura militar argentina, el hombre del bigote bicolor formó La maquina de hacer pájaros, que generó canciones del calibre de "Cómo mata el viento norte". El último show que dieron fue el 11 de noviembre de 1977 en el Festival del Amor que se hizo en el Luna Park. En ese momento, Charly convenció al guitarrista David Lebón de unirse a él y, de ese deseo brotó Serú Girán, que nació en Brasil (la patria de Zuca, la pareja de aquel entonces de García) junto al baterista Oscar Moro y al bajista Pedro Aznar.

Uno de los desafíos más grandes de esta banda fueron las comparaciones. Cuando volvieron a la Argentina hicieron un show para presentarse, pero el público y la crítica rechazaron la propuesta tildándola de "lo peor que le pasó a la historia de la música nacional", según recordó el pianista en la biografía que hizo Nat Geo sobre él. Los seguidores de García esperaban escuchar las canciones de Sui Generis y no terminaron de abrirse a esta propuesta que estaba desentonada respecto de lo que se vivía en el país. El siguiente álbum fue La grasa de las capitales, el disco que -con temas como "Viernes 3 AM"- marcó el éxito del conjunto.

Además, se rivalizó el rock reduciéndolo a la dicotomía Boca-River. En una de sus tapas, la revista Hurra enfrentó a Charly con Luis Alberto Spinetta; asociando al primero con el espíritu popular de Boca y a "El Flaco" con lo sofisticado del club de Núñez. Esta falsa pelea, fogoneada desde afuera, derivó en una serie de tres shows en el Estadio Obras (1980) donde los dos máximos protagonistas de la historia del rock (con Spinetta Jade y Serú Girán) compartieron escenario y derribaron los mitos.

Cuarta estación: 1981-1990


"Mama la libertad, siempre la llevarás / Dentro del corazón / Te puede corromper, te puedes olvidar / Pero ella siempre está". El tren llega a la cuarta estación y allí se escucha "Inconsciente colectivo" (Pubis angelical / Yendo de la cama al living, 1982), una de las canciones más significativas de la carrera de Charly García. Una de las versiones más emblemáticas de este tema es el que hizo, en Brasil, junto a Mercedes Sosa y Milton Nascimento para el álbum Mercedes Sosa 83. La grabación se suspendió cuando murió el padre de Charly, por lo que volvió a la Argentina unos días. Tres años más tarde, su hermano Enrique falleció en un accidente.

A mediados de 1981, Serú Girán lanzó Peperina sin saber que -tres meses después- se separarían por el viaje de Pedro Aznar a Estados Unidos. Ya alejado de la mítica banda, en 1982 Charly dio inicio a su carrera como solista con Pubis angelical / Yendo de la cama al living y se consolidó como el primer rockero en hacer un show en un estadio de fútbol. A seis meses del final de la Guerra de Malvinas, García protagonizó un concierto en Ferro que quedó en la historia, entre otras cosas, porque Renata Schussheim creó una escenografía que mostraba como unos proyectiles destruían una ciudad al ritmo de "No bombardeen Buenos Aires".

Charly García tiene tres superpoderes: su habilidad para tocar el piano, su oído absoluto y sus metáforas Fuente: Archivo

Como en la etapa anterior, en su camino solista Charly estuvo acompañado de grandes músicos: el primer año se sumó Andrés Calamaro como tecladista y, en 1983, este fue reemplazado por Fito Páez. Así, se sucedieron grandes éxitos como Clics Modernos (disco que grabó en Nueva York) o Piano Bar, donde aparecen canciones como "Demoliendo hoteles": un guiño a su propia historia. Durante esta década, comienza la debacle del genio de la música, quien quedó detenido en 1987 por bajarse los pantalones y mostrar los genitales en un show.

El último hito de este periodo se da en 1990 cuando hizo su versión rockera del Himno Nacional Argentino, y lo inmortalizó en el álbum Filosofía barata y zapatos de goma.

Quinta estación: 1991-2000


Charly comenzó esta etapa internado por sus adicciones, en la que fue la primera de muchas intervenciones médicas para sanar esta enfermedad. De esta manera, los 90 se potenciaron como su era más agresiva: destruyó todo tipo de instrumentos, se enfrentó con la prensa y los fans, se agarró a las piñas con su guitarrista Carlos "El Negro" García López sobre un escenario de Villa Gesell y dejó colgados a sus seguidores show tras show.



Si bien en esta década volvió a grabar con Sui Generis, se cruzó con Nito Mestre, luego de que su excompañero de banda lanzara el disco Canta a Sui Generis (1993). Para Mestre, García terminó de descarrilar durante la grabación del álbum Say no more (1996), uno de los discos favoritos de Charly. Allí le pide a la gente que se calle y escuche porque, para él, su arte es de vanguardia y eso lo convirtió en un incomprendido, de esos a los que solo el tiempo sabe valorar. "Yo sé que soy imbancable / Yo sé que te hice reír / Yo sé soy insoportable / Pero alguien en el mundo piensa en mi" ("Alguien en el mundo piensa en mí").

Era tal el deseo de Charly por que reconozcan que él era un distinto que, en marzo de 2000, se tiró a una pileta desde el noveno piso de un hotel de Mendoza, luego de que un policía le dijera que era "un ciudadano más, una persona común y corriente". Por eso, la quinta estación del tren se escucha desde un "Noveno 'B'" y grita: "Me tiré por vos" (Sinfonías para adolescentes, 2000); ambos temas de la vuelta de Sui Generis.

Sexta estación: 2001-2010

Con una salud cada vez más deteriorada y una catarata de juicios en su contra, en esta etapa comenzó su sanación y, para ello, contó con una red de contención de la que formó parte su novia Mercedes "Mecha" Iñigo, también conocida como "La talibana", con quien se lleva 36 años. De todos modos, el gran salvador es Palito Ortega, que lo adoptó como a un hermano y lo acogió en su casa de Luján para que pudiera rehabilitarse.

Allí, en 2005, Charly comenzó a trabajar en Kill Gil, un proyecto basado en la película Kill Bill, que lo cautivó por la trama vengativa. Esta era también una pieza visual y, finalmente, salió en 2010, siendo este álbum el más polémico de su carrera por los conflictos legales que tuvo. Allí García, que prefiere ser fan antes que ídolo, homenajeó a John Lennon con un cover de "Watching the Wheels". Esta es la primera vez de todo el recorrido que la estación en la que frena el tren se canta en inglés; quizás como una manera de destacar que García haya conectado nuevamente con sus influencias.

Palito Ortega fue el gran salvador de Charly García Fuente: Archivo - Crédito: Miguel Acevedo Riu

De todos modos, este disco no tuvo tanto éxito y los momentos más destacados de este período son la muerte de Oscar Moro, en 2006, el fuerte rumor de que Charly había muerto en 2008 y el show que dio, al año siguiente, frente a la Basílica de Luján, con el clan Ortega como promotor y testigo. De ahí en adelante, García volvió a los escenarios y cerró la década con un show en Vélez (el hoy mítico Concierto subacuático).

Séptima estación: 2011-2020

"Pedimos perdón / Corriendo, enmascarando el fin / Por eso te busqué, por eso diseñé la máquina de ser feliz" (La maquina de ser feliz, Random, 2017). La última estación suena a reflexión. Acá Charly ya no se pelea, sino que reconoce que "un día se le fue" y que "la felicidad no existe en soledad". Además, vuelve a la industria al protagonizar un concierto en el Teatro Colón (2013), llevarse 6 premios Gardel por el disco Random (en la ceremonia de 2018) y cerrar esos diez años con un último show en el Luna Park (2019).

Ahora con blazer y rulos, este "freak" -como el mismo se describe- tiene en el final de este trayecto otra sabiduría, que lo lleva incluso a aconsejar a Diego Maradona: dos ídolos populares contemporáneos, atravesados por el mismo sufrimiento. "Sos un genio y todos te aman", le escribió en una carta, siendo -tal vez- este el mensaje que le hubiera gustado recibir a él.

El mural de Charly García que creó el artista Alejandro Marmo frente a la cancha del club Vélez Sarsfield, en los galpones del ferrocarril Sarmiento Crédito: Prensa Trenes Argentinos

A lo lejos, se ve la siguiente estación (2021-2030). Allí, frente a la cancha de Vélez, y a 12 años de aquel histórico concierto, se luce un mural que el artista Alejandro Marmo quiso regalarle al rockero en su cumpleaños número 69. Mientras los viajeros de este tren miran la obra ubicada en los galpones del ferrocarril Sarmiento, algunos sueñan con una posible colaboración de Charly en el próximo disco de David Lebón y con otro show de este genio de la música argentina. "Nos veremos otra vez", Charly.

Por: Manuela Parajuá

Fuente: La Nación

El blog de Charly García (hecho por DIOS)

lunes, septiembre 14, 2020

Entrevista a Gabriel Ganem por Roque Di Pietro

 

Gabriel Ganem es una de las dos personas que más tiempo pasó —y de manera más estrecha— junto a Charly García en lo que se conoce como el período Say No More (la otra persona es Adriana San Román).

Ganem comenzó a asistir a Charly sobre el escenario de Planeta Júpiter —a la vuelta de Coronel Díaz— en algún momento de 1997; abandonó el barco SNM de regreso de un show en Bogotá, en 2005.

Su conocimiento sobre la vida y la obra de García es tan vasto que puede explayarse con lujo de detalles sobre el real sentido de tal o cual canción, los sets de teclados de su jefe en diversas etapas, los mensajes que se escondían detrás del armado de una lista de temas o, simplemente, las comidas preferidas de Charly.

Es un gusto compartir esta charla sobre las 50 horas que pasó junto a Charly García en la ciudad de Mendoza y Buenos Aires entre el 1 y 3 de marzo del año 2000.

 El blog de Charly García (hecho por DIOS)

sábado, junio 06, 2020

Charly García siempre odió la palabra jazz

Corría mayo de 2019 cuando Charly García entró al estudio donde Roberto Pettinato y su cuarteto trabajaban en las versiones de 11 temas suyos, y se sentó al piano. Lo que sería una sesión corta para que Charly diera su bendición a tres temas, se extendió por varias horas y convirtió a García en una especie de invitado permanente que toca o canta en siete tracks. Así, Pettinato Plays García (Club del Disco) se transformó en un descenso al maelström García, donde todo cobra otra dimensión y las cosas suceden bajo sus propias normas. De pronto, un álbum destinado a la comunidad del jazz tomó el cariz de un lanzamiento nacional guardado bajo siete llaves para que no se filtre entre los fans que esperan novedades de Charly desde Random (2017).

Aunque la presencia de Charly alteró el plan, no lo hizo del todo: García y el cuarteto (Andrés Marino en piano, Hernán Cassiba en contrabajo y Omar Menéndez en batería) grabaron como un grupo de jazz lo hace habitualmente, en una sola sesión y en tomas directas. Sólo se añadieron algunos pasajes y efectos que enlazan los temas y llevan el conjunto a una especie de gran suite libre que alcanza los 51 minutos de duración, y que Pettinato pide escuchar sin interrupciones, suspendiendo por un rato “la ansiedad que lo arruina todo”.

–¿Por qué elegiste estas canciones dentro de un repertorio tan amplio?

–Con artistas con tanto material, grupos, estilos, vueltas atrás, locuras de un futuro próximo, era complicado decidir. A los temas los elegimos juntos. Fueron meses de pensar en uno u otro. A la vez, el saxofón rige y está en uno que no limite, porque es una nota tras otra. No se pueden hacer acordes y su expansión puede que conduzca a caer en una fuerza gigante de mala música o llevarte un paso más allá. Cuando Coltrane hizo un tema de La novicia rebelde, nos dimos cuenta de dónde venía treinta años después. Se había apropiado de tal forma que creíamos que “My Favorite Things” era una composición suya. Era tal el poder de su presencia que todo le pertenecía. Charly es tal cual. Un magma, una lava que arrasa, deshace y deja esculturas por todos lados.

–¿Y cómo se transformaron esas canciones en el disco?
–En el sonido de contrabajo, batería con escobillas y piano, todo se descompone y vuelve a nacer. Mecha Iñigo, la pareja de Charly y curadora del álbum, me dijo que nunca había escuchado estos temas así. Yo quería los temas líricos, de notas largas y melodías aún más extensas. Como “Tango en segunda”, que es bellísimo y perfecto, o el comienzo de “Total interferencia”, por no decir todo lo demás que es. Por ejemplo, “Película sordomuda”, que Charly compuso cual pianola de los años 20, aquí fue disuelta y ralentizada a mitad de velocidad para descubrir qué sucedía. ¡Y encontramos una melodía que podría haber compuesto Cole Porter! Aún peor fue el caso de “Happy And Real”. No lo conocía, y cuando Charly lo tocó en su casa, le dije “Estos temas de Broadway me encantan”. Pero era suyo. Tony Bennett le dijo que era la mejor balada que había escuchado en los últimos 30 años. Suele pasar que una melodía se esconda detrás de una batería, guitarras eléctricas, una masa de teclados. Al limpiarse todo queda la pureza de la canción. Yo pensaba que este tenía que ser un disco que sintetizara el viaje de García a través de la música, desde los ruidos, las cintas al revés, los cambios radicales en una misma canción. Así llegamos a los IPads y un singular descubrimiento casi inaudible que mi pianista se encargó de sacar. Hoy se llama “IPad Church número 9” y podría ser un tema de órgano de iglesia preparado por un músico clásico de aquellos tiempos en que les pagaban bien.

–Ahora que te introdujiste en las canciones de García ¿qué es lo que destaca de él como artista?

–Lo más importante fue llorar con su voz. Hasta el día de hoy no puedo escucharlo cantar: “Miiii vidaaaaaa essss tannnnn tristeeeeee”, porque no lo puedo sostener. Muchos creen que es sencillo componer, pero como decía Brahms: “Componer no es difícil. Lo difícil es dejar caer debajo de la mesa las notas superfluas”. Si fuera tan sencillo, los imitadores de Charly merecerían caballos y una casa en lugar de la hoguera (risas). García no se detiene porque su cerebro no puede hacerlo. Compone y compone en el mismísimo momento en que compone. Es como si fueran dos. Uno que está por terminar el tema y el otro que le dice: “No, acá falta esto, o lo tocaremos de otra forma”. Lo comprobé cuando ensayábamos “Happy And Real” para el Gran Rex. Yo le decía: “Hacelo tipo free al principio y como en esos comienzos de películas de bla bla bla”. Y tocaba lo que fuera respondiendo a la propuesta que le hicieras. Increíble. Nunca vi algo así. Y todo con un solo tema. Alguna vez dije que en el rock nacional, con un puente de una canción de Charly, una banda puede grabar todo un repertorio propio. Bueno, después de esta experiencia creo que me quedé corto. Así como los tangueros representaban el adoquín y Piazzolla el asfalto, Charly es tal vez la única antena que nos queda en pie para saber de qué forma definimos nuestra idea de arte.

–Con vos Charly se largó a una grabación desnuda, sin procesamientos digitales ni sobregrabaciones. ¿Tuviste que convencerlo para que se tirara a esa pileta?

–¡Charly es la pileta! Y también el agua. Está en vos la suerte que tengas de que ese día haya decidido llenarla y decirte: podés subir al trampolín (risas). Los improvisadores en general tenemos la cabeza en el aire. Somos pedazos de atmósfera que después escuchamos lo que hicimos y no nos reconocemos. Yo toqué y grabé cuatro discos con los popes máximos del free jazz, ¡personas que a los 22 años eran bajistas de Thelonius Monk y Sonny Rollins! Y ahí entendí lo que era la libertad. Son músicas que te dirigen la vida para siempre. Pensé que había quedado atrapado en esta felicidad de ser un músico de free jazz, como de free rock (término que acuñé para Sumo alguna vez). Pero no. Resultó que aún podía reconocer en mí las bacterias del Gato Barbieri, o de Ben Webster, en cuanto al sonido lleno, sutil o épico. Hoy me escucho en este disco y no sé quién es el que toca el saxofón. Muchos decían: “Salir con Charly es no saber si volvés”. ¡Gracias a Dios que es así! En la música es tal cual. Charly siempre odió la palabra jazz. No sé por qué, pero antes de subir al escenario en el Gran Rex, me dijo: “No digas más esa palabra, ¡Por Dios!”. Sin embargo, aquí exprime esa esponja gigante que lleva en su memoria y vaya uno a saber si no es Herbie Hancock o Donald Fagen. ¡Pero hace solos y reinterpreta sus propios temas para que queden dentro del espectro del disco! O sea, no es un disco de una bandita tocando en versión decadente tipo Beatles and Bossa. El disco es una obra que comienza con “un hombre supuesto” buscando algo en el dial y termina cortado de golpe como el final de Abbey Road. García se metió en la música y propuso aportar guitarra, vibráfonos, gritos, momentos casi de música contemporánea deforme y volver a las melodías. “20 trajes verdes” no sabés de quién es ni de qué época, ni cómo es que no lo grabó Sinatra.

–¿Quién es Charly García para el mundo del jazz? Salvo el disco Indómita Luz, en 2012, el mundo del jazz no se mete mucho con su obra.

–Jamás escuché nada de García hecho en jazz. Sé que existe, pero muchas veces lo importante es la cercanía y su presencia más que si alguien hace sus canciones con timbaletas. Esto no es un disco de músicos intentando ganar dinero haciendo las canciones sagradas del rock, como esos grupos que convierten todo en una cumbia. Es un disco artístico. Un disco profundo y tal vez difícil. El arte debe ser un martillazo en la cabeza o nada. No nos olvidemos de que La grasa de las capitales todo lo infecta cual fugazetta. Y en este disco Charly mostró lo que significa luchar contra eso, y salir por encima con la cabeza limpia. Nuestro país a veces es como una juguetería que tiene miles de camiones mal construidos y con ruedas que duran dos días y en el estante de arriba: ¡castillos importados de concepción perfecta! ¿Pero qué es lo bueno? Que supimos elegir. García será eterno, ya lo es. Podios hay y estatuas sobran en la humanidad. Y puede haber una para Hendrix y otra para Mostaza Merlo. Da igual. García, repito: es la fucking piscina. Todo lo demás nada cómodamente y hace la plancha dentro de ella.

–En la época de Sumo y el under de los 80, Charly era uno de los ídolos que había que desbancar. Hoy aparece como alguien a cuya obra le dedicás un disco. ¿Qué te produce esta pirueta del destino?

–El mundo y el destino son como como el ojo de Londres. Es esa rueda que cada vez que pasás por el mismo lugar sabés del miedo que va a venir y, sin embargo, te volvés a sorprender. La rueda es la misma. Lo que te muestran, no. García no tiene década. Como decía un maestro: “El tiempo no pasa. Los que pasamos somos nosotros”.

–Comparaste la concepción de este disco con lo que Bob Dylan hizo con el repertorio de Sinatra. ¿Qué te gusta de esos formatos y qué dirías de la forma de interpretar que tiene hoy Charly?

–Una noche hablamos sobre Dylan y ese disco tan raro. Dylan lo hizo, según se suele decir, porque muchos críticos afirmaban que ya no tenía voz. Entonces puso el micrófono pegado a su paladar prácticamente y así salió. Tomé esa idea, se lo dije a Charly: “Mirá, te pondré un micrófono así, sin nada, pelado. Basta de efectos”. Y así fue. Le encantó, y lo más importante es que lo interpretó bajo esas normas. Cuando lo escuchás sentís que está cantando en tu living, alucinás. Me sigue pasando en este instante.

–¿Qué te pidió Charly para grabar, en cuanto a condiciones técnicas?

–No lo puedo decir (risas). Pero que no hubiera escaleras, que al final las había, y nada más. Se sentó al piano y comenzamos al instante. De pronto se había convertido en un crooner del mejor hotel de Nueva York. Faltaban las luces azules y el humo de la boca de la chica de rojo (risas).

–¿Qué característica creés que el disco muestra de Charly, como autor e intérprete, y también de vos como intérprete?

–Mi visión de mí como intérprete la tengo a través de los ojos de Charly. Suficiente para mí. ¿Le gustó cómo toco en este disco? Sí. Punto. Después, lo que yo pueda decir de mí no es relevante. Aquí se demuestra que García toca como nunca, toca jazz, hace solos, interpreta sus temas de una forma ultra novedosa, y fundamentalmente su voz te parte el corazón. Y no sé si se lo propuso o le salió así. Canta como si fuera Goyeneche, o quién sabe cuáles de los mejores Dylan, Tom Waits o John Cale. La voz de García va a dar que hablar y seguramente muchos querrán más discos suyos así. Me recuerda a los últimos discos de Coltrane, que ya lo había dado todo en la vida y te sorprendía con una laceración en el sonido y un buen gusto imposibles de creer.

Por Luciano Lahiteau

Fuente: Clarín

El blog de Charly García (hecho por DIOS)

Pettinato Plays García



Pettinato plays García es el nombre del álbum con el que Roberto Pettinato le hace un homenaje a Charly García. El saxofonista se sumergió en la obra del prócer del rock nacional para rescatar canciones que siempre le gustaron e interpretarlas a su manera, con guiños al jazz.

Lo que no se esperó es que el ex Sui Generis, además de darle el visto bueno, se iba a comprometer con el proyecto, y terminaría poniéndole su voz y tocando varios instrumentos en distintos temas.

“La gente va a escuchar una obra”, afirmó el ex Sumo en diálogo con Infobae en una conversación virtual por la situación de pandemia que nos atraviesa a todos. Y agregó: “Pasado un año, el entorno cambió para todos pero la idea quedó intacta como el día que llamé a Charly para comenzar con su supervisión de lo que yo quería hacer”.

El también conductor de radio y televisión narró cómo surgió la idea de hacer el disco, cómo fue la experiencia de grabar con Charly, adelantó características del álbum antes de que vea la luz en junio y se refirió a su amistad con el ex Serú Girán. “Todos podemos hacer un homenaje a García pero que el aroma de lo que preparás llame al protagonista a ir a tu cocina... ¡Es otra cosa!”, resaltó.

- ¿Cómo surgió la idea de hacer Pettinato plays García?

- Muchas veces las ideas cuentan mucho más que la pasión, la necesidad expresiva, la persecución de un flash egomaníaco o quedarse en un simple juego de mesa. Y, muchas veces, las ideas son esos juegos de encastre en donde y, dependiendo de quienes lo jueguen, es cuando la música crece o se resiente.

Pasado un año, el entorno cambió para todos pero la idea quedó intacta como el día que llamé a Charly para comenzar con su supervisión de lo que yo quería hacer. En verdad, no creo en los “grandes capacitados” para intervenir obras de otros. De hecho, las intervenciones de Charly a libros con sus pinturas han generado una nueva iluminación sobre lo que antes no era nada. Ahora se convertían uno tras otro en obras de arte, en cuadros nuevos y en un nuevo sentido...

Todo comenzó también porque los eventos suceden desde distintos ángulos en simultáneo cuando me invitó a tocar con él al Gran Rex. Antes, en su casa, descubrí “Happy and real”, un tema que yo no conocía de ninguna parte pero que para él había sido una obsesión. Lo grabó en tres discos distintos y cuando algo sucede o el tema no te suelta a vos o vos no querés dejarlo como quedó...

Fundamentalmente pensé en Triplicate, de Dylan, en donde canta songbooks de J. Stern hasta “Stormy Weather”. Había hecho lo mismo en un disco anterior también. El parecido entre la voz de ambos me hizo pensar que un proyecto así se podía llevar adelante con un grupo pequeño, íntimo y donde todos puedan escuchar la crudeza, la potencia real, la emoción, la melancolía y el despliegue de ese mosaico de cinismos e ironías escorpiones de García.

Los momentos dramáticos para mí fueron aprender canciones, notas, melodías, escalas y dar la idea de cómo tenía que ser cada tema. Iban a ser baladas despojadas del tecladismo y darle un concepto general de arte puro. Esto va desde la idea de que se convierta en una sola obra, con los temas unidos por sonidos y buscar a la vez en esos sonidos referencias y “secretos” que pinten al artista tal como es él. Con esto digo que, al igual que en el álbum de los Stones, en esa fotografía de tapa, ellos habían “escondido a los Beatles” para que nos juegues a encontrarlos...

Así es como este disco tiene muchísimas referencias, juegos sonoros o, digamos, elementos que tengan que ver con la vida suya, como cuando entre tema y tema caen monedas y el sonido se apaga para dar lugar a que entre el siguiente tema. Esas monedas, los pastiches electrodinámicos de cintas, los gritos, los infiernos y el “desorden del profesor demente” sobre su escritorio rodeado de fórmulas, es parte de este disco. Tal vez los sonidos y collages sónicos sean la pincelada del inconsciente de García que representan su historia en milésimas y después vienen las canciones y cómo llega hasta aquí.

Muchas veces he dicho sobre lo que escucho, no sé: “Spinetta debería poner la voz más adelante y que se entienda mejor lo que cante”. Se lo dije, nos peleamos a los gritos. Después, amigos... Y aquí me dije: “Esa voz, esa ‘vozzz’ (extiende la palabra) que se abrió de una generación a otra y no baja de la ‘nube de los grandes’ desde que nació... No puede estar escondida, sino volver”. Y le dije: “Vamos a poner este micrófono de tal forma que no haya necesidad de sufrir. No vinimos a sufrir”.

- ¿Cómo fue la experiencia de grabar con Charly? ¿Qué es lo que más te sorprendió de él en pleno proceso? Tengo entendido que grabaron de un tirón en un día... ¿Cómo fue eso?

- Es mucha la gente que piensa que juntarse con García es un delirio, un problema o algo incomprensible. Los que han tocado con él, y han tenido la suerte y la gracia que Dios les dio, saben de lo que hablo. Sin embargo, descubren que entenderse sin ojos ni palabras es muchísimo más sencillo y abre el camino de la creación y no deja caer jamás el entusiasmo.

Pensé: “Haremos este disco y si viene viene; y sino pues haremos este disco de todos modos”. Sentir la necesidad de sacar esto de adentro... Comenzamos los ensayos y Mecha, su mujer y compañera, se encargo de “curar” el disco trabajando en la búsqueda, las charlas, los llamados, la voz de Charly al teléfono, etcétera, etcétera... De unir los pedazos.

Charly bajó las escaleras, se sentó al piano mojado por la torrencial lluvia de ese día que cayó sobre la ciudad y su cabeza dos cuadras antes de bajarse del taxi. Comenzó a tocar y no quiso escuchar lo que estábamos haciendo. Era ahora. Aquí y ahora. Y esa ansiedad crónica empata a la perfección con la mía. (Risas).

Y el disco comenzó a viajar hacia otro lugar. ¿Por qué? Porque nunca sabemos a dónde van los planes. García cantaba un tema tras otro y todo se desarrolló en vivo y en un día. Lo mágico es saber dónde terminar, dónde cortar, dónde seguir... Todos parecíamos dirigidos por un mazo de Tarot.

Y hoy lo pienso y digo: “Bueno... Todos podemos hacer un homenaje a García pero que el aroma de lo que preparás llame al protagonista a ir a tu cocina... ¡Es otra cosa!". (Risas). Es como estar grabando un homenaje a Paul McCartney y, de pronto, se aparezca a participar y tras cuatro horas se vaya feliz a su casa.

Porque ojo. El hecho de su gigantesca participación y supervisión no garantizaba su llegada al estudio. Podía venir como llamar para preguntar cómo va todo. Y, sin embargo, optó por lo primero.

- ¿Cómo definirías el disco y con qué se va a encontrar la gente cuando lo escuche?

- La gente va a escuchar una obra. Cuando lo digo así es que no podemos mirar un cuadro por la mitad o decir: “Este tema es muy largo, yo escucho siempre la primera parte”. Sólo la ignorancia o la impaciencia logra semejante atrocidad.

Aquí hay una fucking obra completa que comienza con el sonido de radio, de la búsqueda de alguien en el dial sintonizando canciones de García y encontrándolas entre encantamientos evocativos sónicos como si nadases en un río de barro y se detiene en la siguiente canción.

Lo mejor que me podría suceder, y sé que a Charly también, es que nos tomemos 50 minutos ahora que tenemos tanto tiempo, tomemos auriculares y lo escuchemos completo. La idea del grupo en el living y García en tu cara misma fue lograda. Y la música intensa en su totalidad nunca perdió energía ni se apagó. Es intenso, lo sé, pero: ¿Qué otra cosa te queda en la vida si no lo sos? Seamos intensos, profundos y no dudemos de la dirección tomada.

- Tengo entendido que no querías grabar sus temas más conocidos. ¿En cuáles, si se puede decir, terminó participando Charly?

- Eso fue lo más gracioso, cuando nos pusimos de acuerdo en que tema sí y cuál no, pero no hablábamos de hits o no. Sino de canciones que en su mente quedaron como hits personales y que merecían ser revisados y sacados a la luz. Como quien limpia una estatua con un plumero y la deja pelada con los huesos y la vibración real. Quedó afuera un tema que le encantaba de La Máquina de Hacer Pájaros, que no llegábamos a ensayarlo siguiera.

Pero sí pudimos abrir esos baúles y ver como “Película sordomuda” escondida, al bajarla de velocidad y convertirla en un balada, escondida como digo: una melodía gigante y que ahora se podía disfrutar de otra forma, con tranquilidad y atención.

“Nunca escuchamos un Charly así... y esas melodías por Dios”, me decía Mecha, su mujer. Es que existe una intensiada lírica, y una lógica de componer, que es insólita y tan difícil de imitar.

García es inimitable y parte de la genialidad es también eso. Como Los Beatles. ¡Cualquier persona que intente hacer una versión de “Yesterday” va a ser una bosta! (Risas).

Entonces, ¿qué deberías hacer?, me dirás vos. Bueno, lo que hicimos: otro mundo, otros planos, otra vida. ¡El jazz! Y no intentar la imitación o seguir las notas, sino mezclar esa épica como lo hacía Coltrane o el Gato Barbieri con temas que venían de ser tratados en otro mundo: el del rock.

- ¿Tienen fecha para la salida del álbum? ¿La intención es que salga en formato físico también?

- Por ahora serán las plataformas y después el disco en la mano. Es posible que saquemos también el CD. Les debemos la película y el libro ilustrado. (Risas).

Junio será el mes. Las plataformas hicieron que el arte que tanto hablaba de la música incluida, se perdiera. No hubo más arte de tapa ni información que te ayudara a comprender lo que el artista quiso hacer. Bueno, las cosas son así. La música sigue sonando y los instrumentos se siguen vendiendo. (Risas).

Este disco se grabó en un día, se mezcló en dos en un pequeño departamento del pianista y tardamos un año en hacerlo realidad. Dijimos: “Hasta que la naturaleza no encierre a media humanidad no lo sacaremos”. ¡Y nos escuchó! (Risas).

Todo muy artesanal y directo. La portada es un collage hecho por mí mismo y la compañía Club del Disco es gente sincera, profesional y con el buen corazón de los que saben controlar su ambición. ¿Qué más podemos pedir?

- Por último, ¿qué significó la obra de Charly para vos a lo largo de tu carrera? ¿Fue un sueño hecho realidad grabar este disco con él?

- Con Charly hemos llevado una amistad de muchísimos años. Nunca fui el clásico cercano o pegado. Nuestra amistad, como con Luis Alberto Spinetta, fue siempre cósmica y real. Verse y hablarse no significa nada. La amistad, tal como se la conoce, está sobrevalorada. La verdadera es la que te hace sentir que las almas se alinearon desde antes de nacer, que somos especiales uno para el otro, que el mundo “si tira para abajo, es mejor”... Tampoco estar agarrado a ella. Estamos en un momento especial del planeta. ¡No de Larreta! (Risas).

Y hace unos días su mujer me dijo: “Con el único que quiere hablar es con vos”. Y sé que nos llevamos en la cabeza uno al otro más de una vez y eso es la “Realidad con R mayúscula” como la entiendo yo.

Los discos pasan. Las fiestas, la comida, las chicas, los instrumentos, los grupos, los contratos... La música queda y es la única que nos mantiene, a menos a él y a mí en dos pedazos de atmósfera. (Risas).

Fuente: infobae

domingo, mayo 31, 2020

El comunicado de la familia de Charly García sobre su estado de salud

La familia de Charly García emitió este domingo un comunicado luego de que se conociera la noticia de su internación el sábado , en el Instituto Argentino de Diagnóstico y Tratamiento.

Tras aclarar que el primer hisopado por coronavirus dio negativo, su entorno hizo mención al actual estado de salud del músico.

"La evolución clínica es buena, actualmente se encuentra en una habitación común y de buen ánimo, deberá permanecer pocos días más internado, para cumplir tratamiento antibiótico", informaron y también detallaron a quiénes quiere agradecer Charly por el cuidado que está recibiendo en el IADT: "A los médicos, médicas, enfermeros, enfermeras, kinesiólogos, kinesiólogas, camilleros, camilleras, que trabajan con tanta dedicación y empeño, y en especial a su médico de cabecera, Dr. Sebastián Grinspon que está siempre, cada día, a su lado".


Charly García fue internado de urgencia este sábado, por un cuadro febril y fuertes dolores musculares. Como sus síntomas eran similares a los producidos por el coronavirus, se le hizo un primer hisopado, que dio negativo, aunque de todas formas se le realizará un segundo testeo. El músico, de 68 años, ingresó al Instituto Argentino de Diagnóstico y Tratamiento con 38 grados de fiebre. En la mañana y tarde de este domingo se le está realizando una batería de estudios.

Cuatro meses atrás, el artista había sido internado por un fuerte golpe en su cadera, producto de una caída en su casa , por lo cual debió suspender su show en el festival Cosquín Rock 2020. En 2015, García fue sometido a una operación en la que se le colocó una prótesis de cadera, y en marzo de 2016 lo intervinieron para quitarle un clavo que le habían colocado en la operación anterior.


Fuente: La Nación

El blog de Charly García (hecho por DIOS)

jueves, mayo 21, 2020

Charly García y Roberto Pettinato grabaron juntos el primer disco de jazz del prócer del rock argentino

Roberto Pettinato se propuso grabar un disco que homenajeara a Charly García, pero los planes cambiaron sobre la marcha, y el propio Charly se sumó al proyecto como uno más. (Foto: Gentileza R.P.)
Un sonido totalmente limpio y puro. Roberto Pettinato le dijo que no quería canciones como No voy en tren, voy en avión, y Charly le respondió que a él tampoco le gustaba ese hit. Debían ser temas de duraciones largas que permitieran que Pettinato pudiera meter su saxofón.

Charly y Mecha, su mujer y curadora del proyecto, le entregaron a Pettinato buena parte del material encapsulado en iPad’s de Pandora que Charly iba rompiendo con el uso, y el ex Sumo debía ocuparse de arreglar. Ahí se encontraron las amígdalas harapientas del más melancólico de todos los García que conocemos.

El álbum empezó siendo un homenaje, pero se volvió incontenible hasta para el propio Charly. En Pettinato plays García, el prócer canta tres temas con una voz orgánica hecha de gárgaras de fibra de vidrio. Crudo, nada que ver con el timbre metálico de Random (2017), el asombroso regreso del mejor Charly posible. Acá es otra cosa, es un tipo diciendo: “Soy esto, esto es lo que hay”. En barbijo y en pelotas. O como nos cantaba en Hipercandombe: “Y si te asusta este canto final, o no le encuentras sentido, podés cambiar el dial”.

Charly está presente en todo el álbum. Canta en tres temas y toca en siete de los 11 tracks. Se grabó todo en una sola jornada maratónica que pagó el propio Pettinato. De 10 AM hasta la medianoche. En algún momento apareció García y descompuso la grabación que estaba en marcha para meterse más, más y más.

La idea que lo entusiasmaba era desenterrar canciones con melodías impresionantes a las que nadie le había dado bola. Participaron Andrés Marino, pianista y compositor, Omar Menéndez, en batería, Hernán Cassibba en bajo y Roberto en saxofón. Por lo demás, en piano, órgano, mellotrón, voces, coros, guitarras y ¡vibráfono!, Charly.

​Un cuarteto de jazz tradicional más la extraordinaria voz del ícono como a punto de retirarse a una caverna glacial.

Meses de conversaciones entre Mecha, Charly y Pettinato. La grabación está cumpliendo justo un año.

-¿Siempre te gustó García como para hacerle un homenaje?

-Charly tiene muchos efectos en la voz. Es maravillosa para hacerla sonar como la del Polaco Goyeneche. Siempre creí que su música estaba guardada dentro de otra cosa diferente y a veces tapada, quizás, por los teclados. Me decía: '¿Qué pasa si la limpio y hago que suene absolutamente pelada?' Con el cuarteto de jazz formado y activo, un día escuché un disco de Bob Dylan que Charly escuchaba. El disco era totalmente fuera de la armónica o la guitarra. Era Dylan, que había sido acusado de no tener voz, quien decide cantar temas clásicos de jazz como Stormy Weather y otros, con orquesta. Al oírlo sentí que realmente era Charly. Muchas veces, uno escucha una música y piensa en otra cosa. Escucha e imagina. Escucha y puede surgir algo nuevo, serio o gracioso. Algo así nos pasaba de chicos cuando alguien ponía los Bee Gees y pensábamos en ovejas...

Pensó en García.

"Con Charly y Mecha, su mujer y compañera de toda la vida, incluso mi hija Tamara presente, ya habíamos pasado varios cumpleaños y fiestas de Fin de Año en donde se tocaba, se hablaba y a veces el día te sorprendía con un proyecto que en segundos todos olvidábamos. Empecé a llevar el saxofón a su casa y tocamos muchas veces varios temas. Algo de eso iba a quedar. En un momento tocó Happy and Real (NdR: incluida en Tango 4, Influencia y Kill Gil), y me pareció tan genial y única que le dije: '¡Estos temas de Broadway son increíbles!'".

-Naah, es mío… -devolvió Charly.

-¡¿Queeé?!

-Es un tema que alguien calificó como “la mejor balada que escuche en los últimos 20 años" -agregó García.

Charly García, en plena grabación, al estilo de los viejos discos de jazz: todo en una toma y en un solo día. (Foto: Gentileza R.P.)

Pettinato: “De pronto, en un corto encuentro que tales fueron las palabras de... ¡Tony Bennett! (...) Empezamos a trabajar sin darnos cuenta en lo que, como bien dice Mecha, es el único disco de Charly de jazz. Yo había decidido que mi idea era lo suficientemente sólida como para ser aceptada o rechazada por igual. El proyecto consistía en hacer los temas menos conocidos de Charly, pero con un tratamiento de melodía de compositor que toca un mandala, mostrando el ser brillante que es, tan pero tan lejos de todos los demás".

Charly pondría condiciones. Necesitaba saber cuáles serían esas canciones.

-En la voz del tema de difusión se lo escucha virgen, despojado, demasiado lejos del maquillaje tecnológico de Random.

-Sí, pero no es la voz de un tipo hecho. ¡Es Goyeneche!

“El proyecto consistía en hacer los temas menos conocidos de Charly, pero con un tratamiento de melodía de compositor que toca un mandala, mostrando el ser brillante que es, tan pero tan lejos de todos los demás”.

Pettinato llora. Ocurre. Llora de emoción. ¿Alguien vio a Pettinato adulto emocionarse?

“Es el disco más melancólico de Charly. Lo que te pido, le dije yo, son los temas que merecen ser revisados y vueltos a vestir. Esa misma magia escondida tendría que estar presente en todo el material".

La idea: crear una obra de 50 minutos. Charly fue el “supervisor” y Mecha, su mujer, “la curadora del proyecto”. Hubo cientos de llamados y explicaciones por celular:

-Necesito temas con cierta lírica –explicaba Pettinato.

-¿Lírica cómo qué? –Mecha.

El laboratorio. Charly García, Roberto Pettinato y compañía, monitoreando el resultado del encuentro musical. (Foto: Gentileza R.P.)

-Temas con melodías largas, melodías que el saxofón pueda adoptar sin quedar envuelto en música para supermercado. Evitemos los No voy en tren voy en avión.

-No te preocupes, Charly me dice que a él tampoco le gusto nunca esa canción (Mecha).

Ahí es que García, “con sus antenas que todo lo ven y todo lo pescan”, comenzó a recorrer su repertorio. Surgen 20 trajes verdes (Seru Giran), Total Interferencia (Piano Bar), Transatlántico art decó (Pubis angelical). Y Say No More.

Entre un cuarteto al borde del estilo Coltraniano, “pero suave y elástico”, surgió la versión que Charly en un comienzo apenas reconoció de Say No More.

"¡Quedó otro tema!”, dijo lanzando una carcajada.

Otros temas incluidos son Tango en Segunda y Vos también estabas verde. Esas eran algunas de las elegidas, hasta que llegó el momento fantástico:

"Mecha me llama y me dice: 'Charly suele jugar con las iPads pero se le rompen. Tengo 12 rotas para ser reparadas algún día'. Yo le pregunto: '¿Pero hay música adentro?' '¡Por supuesto!', me responde... Miles de temas que le fueron saliendo y los grababa ahí'".

Las grabaciones desencontradas sólo podrían escucharse si alguien arreglaba los aparatos. Uno tenía rota la pantalla, otro estaba pintado como ya imaginamos, otro estaba deformado...

Pettinato se ocupó. “Apenas audible encontré algo que me llamó la atención. Era una cosa hecha en un órgano como los de las catedrales, con esa misma cadencia que ameritan los coros de niños de Viena. Le pedí a mi pianista Andy Marino que por favor lo pasara a papel y que sacara las notas porque yo no lo entendía”.

Charly solía monitorear lo que se tocaba. Los ensayos ocurrían en casa de Pettinato, pero él no iba. “Yo todo se lo pasaba a Mecha, y Mecha a él. El material iba y venía por iPhone para que él viera cómo iba quedando”.

-Soy yo, Petti. El tema del órgano está buenísimo.

-¿De quién es? –pregunta García.

-¡¡Tuyo!!

-Ahhhh (Charly riéndose), entonces está muchísimo mejor.

Charly García, especialista en romper iPads, compuso un tema después de la única vez que visitó una iglesia. (Foto: Gentileza R.P.)

El boceto estaba en un Ipad vencido. Mecha cuenta que es un tema que hizo la única vez que García visitó una iglesia. “No me acuerdo donde, pero sé que fuimos. Entró y salió. A la noche compuso eso".

-¿Qué nombre le ponemos? –soltó Roberto.

-No sé, fijate vos –dijo García. No está ni registrado.

-Bueno pongámosle Ipad Chuch Number 9, en recuerdo de los Cloud 9, de George Harrison, y Revolution 9, de Los Beatles.

De pronto en otro Ipad Pettinato descubre Película sordomuda (Influencia, 2002), tocada por Charly al piano en su versión original.

“Era como un tema de Jerry Roll Morton o algo así. Le digo al pianista: veamos qué contiene si lo tocamos despacio, que cada nota suene y tenga su valor... Bué, ni hablar: nos encontramos con una balada tremenda”.

Con dos meses de ensayar casi a diario y vueltas y vueltas y vueltas y aún más, el repertorio estaba casi terminado. Serían 11 temas y lo que pudiera suceder en el estudio, si es que Charly se dignaba a ir. Estaba invitado, claro, pero la idea original era que simplemente tocara y cantara Happy and Real. Eso era todo.

El álbum se grabaría como los discos de jazz, es decir, en un día, en una jornada de aproximadamente 12 horas. La obra de 50 minutos 4 segundos estaba en camino. Para lograr esto, los temas irían unidos con sonidos y trabajos de collage sonoros.

Pettinato: “Es algo que hice en honor a Charly a propósito porque sé que desde los tiempos de Say No More, siempre le gustó”.

Entraron al estudio un día de mayo de 2019. Petti lo cuenta todo con detalles de orfebre.

“Comenzamos a grabar los temas sin ningún tipo de descanso ni nada. El entusiasmo lo podía todo. La pregunta era siempre la misma de parte de los músicos: '¿Viene Charly?' Yo no sabía qué responder. Llamaba a Mecha y me decía: 'Ya está vestido'”.

Mecha, por el tema delicado de la cadera de Charly, pregunta si hay escaleras en el estudio. “No sé por qué en ese momento le dije: 'No pasa nada, no hay'. Después de horas grabando me había olvidado que eran dos pisos por escalera. Cuando me doy cuenta del pequeño detalle, llamé para avisar, imaginando lo peor”.

Al rato le devuelven el mensaje: "Estamos en un taxi".

Lentamente, “con su outfit rockero con campera negra”, peldaño a peldaño, bajaba Charly García con una sonrisa grande como un parque, buscando el piano al que después calificó así: "Me encantan estos que se compran acá en Juan B. Justo".

“Comenzaron las sesiones de nuevo porque quería tocar y después agregar aún más cosas –explica Pettinato-: sonidos, guitarras, mellotrón. Y lo quería hacer incluso en los temas que ya estaban hechos. Ya era mucho más que una colaboración, y muchísimo más aún que una participación en un solo tema. El proyecto le había encantado y estaba feliz pidiendo una guitarra para usarla como efecto. En un momento, no lo olvidaré nunca, al escuchar iPad Church Número 9, me dice al oído: ‘Este tema está bueno’”.

Días después se juntaron todos y más adelante Mecha le fue enviando pequeños videos de Charly escuchando los temas y diciendo: "¡¡¡Este disco es internacional!!!!!". O, "muyyy finoooo. Es una película".

La mujer de Charly se comunicó con Pettinato durante la presente pandemia, “hoy, hace horas nomás”, para darle un mensaje claro. “Hay que sacarlo ahora. Es como una alegría para la gente". Y chau.

Es por eso que se está preparando su salida en las redes y plataformas. “Y cuando la naturaleza lo decida, podremos editarlo en disco físico”, adelantaron los interesados.

“El asunto de la voz fue un tema aparte. Yo le dije: ‘Te pondré un micrófono en la garganta. No cantarás con ningún esfuerzo. Tu garganta será como un codo sobre el piano de un hotel 5 estrellas, vos en el lobby tocando para los presentes´. Todo lo que se escucha fue grabado en una sola toma y en una sola versión”, cuenta Pettinato.

“García logró que el disco se convirtiera en una obra. Su voz, sus tempos, su forma de equilibrar y sostener en dinámicas todas las canciones, convirtieron este disco en un ladrillo difícil de romper. Tal vez no sea un álbum cómodo, pero así son aquellos que llevaron el rock siempre un inesperado paso más allá. Un paso que tanto lo hizo reír cuando le dije: ‘¡Qué disco, diossss...! Cuando lo escuches te vas pedir un autógrafo a vos mismo!".


Por Hernán Firpo

Fuente: Clarín

El blog de Charly García (hecho por DIOS)

martes, mayo 05, 2020

Hello! MTV Unplugged a 25 años


En medio de un renacimiento creativo y musical que supuso “La Hija de la Lágrima”, Charly García haría historia al ofrecer el primer concierto acústico de la versión latinoamericana de MTV Unplugged. El resultado: un recital que funge como repaso, homenaje a un carrera única y donde los errores son elementos que demuestran el tamaño de la leyenda argentina.


A mediados de la década de 1990, el rock en español experimentaba un momento lleno de hitos que lo marcarían profundamente. Separaciones y debuts se daban en oleada gracias al boom que supuso la llegada de MTV al continente. Sin embargo, un caso aislado estaba en efervescencia: el renacer de Charly García.

Su séptimo álbum solista “La Hija de la Lágrima” había finalizado una etapa llena de colaboraciones y reuniones que desgastaron su estilo, llevando al músico porteño a una obligatoria evolución en su sonido, pasando del pop meloso, el rock convencional a un rock experimental lleno de simbolismos pero de múltiples momentos de genialidad renovada.

Para aquella época, la serie Unplugged había llegado al continente y el inicio fue alejado de la base “desenchufada” del propio concepto con instrumentos eléctricos. Sería justamente con García que la música en español seguiría el camino acústico que se ha mantenido por más de 20 años y que ha dado grandes episodios a la altura de su contraparte en inglés.


EL CONCIERTO
Entre limusinas, conversaciones y ensayos limitados, Charly preparó su MTV Unplugged como una manera de repasar de su carrera a través de varios de los clásicos en su carrera. Si bien, en un principio el compositor fue escéptico respecto a este proyecto, lo cierto es que poco a poco fue cediendo e incluso, lo concibió con tanto ahínco que resultó en un concierto de vibras espectaculares: todo se escuchaba genial.

Con el cabello teñido de rubio para honrar a Kurt Cobain que había fallecido un año antes, García junto a la legendaria guitarrista María Gabriela Epumer, el emblemático tecladista Fabián Quintiero, el experimentado baterista Fernando Samalea así como los hermanos Erika y Ulises Di Salvo en violín y chelo respectivamente, recorrió toda una extensa vida artística en magistrales versiones renovadas.

“Yendo de la cama al Living” fue la apertura-preámbulo de un concierto que iba combinar la calidad traducida en arreglos acústicos sólidos con una excentricidad propia del de bigote bicolor, reflejada por la convivencia entre un piano de cola y una muñeca que intervenía con frases aleatorias pero que le da una magia única: un sello que esta bien representado en el título de esta presentación.



“Rezo por vos” fue el momento obligatorio para cumplir con el eterno homenaje al amigo y referente Luis Alberto Spinetta. Una nueva lectura que crece por la bella sección de cuerdas, la ambivalencia piano-órgano y la voz artificial de la muñeca.



Tras una versión más blues de su clásico “Fanky”, llega el turno a la genial “Pasajera en trance”, canción perteneciente a “Tango”, primer álbum entre García y el bajista Pedro Aznar. Aquí se reinventa y consagra como clásico, gracias sobre todo al aporte de Gabriela Epumer, uno de los puntos más altos de este Unplugged.



Una seña de identidad para este recital fueron los constantes errores por parte de Charly. Curiosamente, estos fallos que podrían ser imperdonables en otras circunstancias, aquí magnifican la vibra intimista, auténtica y artística que siempre caracterizó al pianista. Esto se ve sobre todo con el meddley de Serú Girán, en el cual están presentes versiones míticas de tres canciones ya inmortales: “Serú Girán” “Eiti Leda” y “Viernes 3 AM”, con un homenaje en cuerdas al bajo virtuoso del ya mencionado Pedro Aznar.



“Cerca de la revolución”, considerada por Rolling Stone “mejor canción del rock argentino, tuvo su lugar como primer momento álgido del desenchufado. Enfundado en una guitarra acústica, García ofrece una gran interpretación de este clásico absoluto, que a la postre, sería reconocida en múltiples recopilaciones tanto del artista como del rock latinoamericano.


De su fenomenal “Piano Bar”, “Promesas sobre el bidet” reafirma la gran transformación que todas las composiciones sufrieron en esta presentación. Cuerdas que se fusionan fenomenal con el órgano y piano con los que García disfruta cual niño. Los voltios elevados dan paso a una nueva canción que pareciera pieza de música clásica.



El tango esta impregnado en muchas vertientes de la música argentina, una raíz de la que no se escapa sino que se retorna casi siempre. Y esto sucedió con “No soy un extraño”, en la cual se dejó de lado esa atmósfera electrónica para moverse por el bandoneón del baterista Salamea, ampliando el significado de lucha social ya reflejado en la versión de “Clics Modernos”.



Retomando su primer álbum cumbre como solista, “Los Dinosaurios” vuelve a reencarnar en un ambiente íntimo, donde los acordes de piano, las cuerdas en tono grave,un bajo sutil y un sentimiento vocal por parte de la dupla Epumer-García que sin duda dignifica el legado de un himno que en el mensaje sigue (desafortundamente) vigente.



Compuesta en 10 minutos, “Chipi Chipi” se convirtió en un clásico instantáneo y en la canción que sin duda revivió la carrera de Charly. Por ello, se hizo infaltable en este concierto, que si bien, respetó en gran medida la original, lo cierto es que esta reinvención es una mezcla genial entre lo extravagante y lo clásico.


El formato acústico ha funcionado en diversas ocasiones para explorar influencias y reinventar la música que se ha compuesto. De esta manera, Charly invoca al rock and roll y al blues para entregar una exquisita reforma de “La Sal No Sala”. Nuevamente, los errores hacen que el brillo sea aún mayor, traduciéndose en otro punto de creatividad total.




El ocaso del recital comenzó con “Nos siguen pegando abajo”, la cual es el momento donde todos los músicos se lucen y el Charly García alocado pero genio, se hace presente. Esta es una de las transformaciones más notables, ya que se pasa del new wave más electrónico a algo más orgánico que deja ver las claras influencias clásicas del propio músico.



Versatilidad y bipolaridad son adjetivos que describen la música del argentino. Por un lado, “Ojos de Videotape” ofrece una calma, algo más clásico y laxo. Por otro lado, “Demoliendo Hoteles” es ese ánimo elevado de plena juventud, rebeldía, carácter contestatario que posee un toque más poderoso gracias a una cuerdas vertiginosas y que sustituyen magistralmente a las guitarras eléctricas. Joya.



“Fifteen forever” es el cierre que resume la esencia del Charly auténtico. Bromista, ocurrente, virtuoso y sorpresivo, el cantante se muestra tal cual es a través de la pequeña charla-petición que da paso a una bella pieza instrumental. Enmascarado con la sombra y jugueteando con un “croar”, García se despide tras una velada excepcional.



25 AÑOS DE REVOLUCIÓN
El “Hello! MTV Unplugged” supuso un auténtico móvil de cambios tanto para el artista como para la música en español. En el caso del compositor, este concierto supuso el punto previo a una nueva etapa experimental encarnado por la frase “Say No More”. En cuanto a la escena del continente, la serie obtuvo el argumento que motivaría a otros artistas a desenchufarse y respetar el formato acústico.

A 25 años de aquel “Hello” dicho por una muñeca, la magia que impregnaba todo, que embellecía los fallos, que suponía la convivencia efectiva entre lo improvisado y lo meticuloso, sigue vigente, fresco pero sobre todo, emociona como aquel 4 de mayo de 1995 en Miami. Por qué la música de Charly García es como aquella “canción sin fin”.



Por Jofe Melu

Fuente Unplugged News

El blog de Charly García (hecho por DIOS)

domingo, abril 05, 2020

¿Charly ve el futuro?

Ph: Uberto Sagramosso
Existe consenso acerca que ciertos artistas que poseen la sensibilidad de abordar cuestiones socialmente relevantes que nos nos lleva a expresar frases tales como “tal músico lo sabía”, o “lo predijo”.

En este punto, cabe recordar algunos de los temas como Canción de Alicia en el país en el que se describen los excesos del terrorismo de Estado en una multiplicidad de aspectos, o más explícitamente en Los dinosaurios cuando se hace referencia a los vuelos de la muerte.

En la obra de Charly se aborda una heterogeneidad de cuestiones que inquietan al sujeto en aspectos más profundos, como por ejemplo el paso del tiempo: en Reloj de plastilina Charly lamenta que “fui lo que creí, soy lo que esta pasando […] nadie pudo ver que el tiempo era una herida, lastima nacer y no salir con vida ”. O el miedo y el rechazo a la otredad (en No te mueras en mi casa se ordená “andá a la esquina a ver si llueve, buscate un bar abierto que aún se puede, tomate un whisky a ver si se te pasa, pero, por favor no te mueras en mi casa”).

Probablemente en algún momento de estos días -exasperantemente iguales- hicimos un asado; amasamos pizzas o abrimos una botella de vino, en todos los casos para uno, dos o tres que convivimos bajo el mismo techo de la cuarentena. Mas allá del número de comensales, lo esperable es que hayamos percibido un sabor a poco en la situación, en dichos de Charly, por resultar víctimas de la soledad o de un mal extraño (Víctima) comprobando que la felicidad no existe en soledad (La máquina de ser feliz).

Las particularidades del modo de contagio del Covid-19 (dar la mano, besar, abrazar o cualquier situación de cercanía corporal) nos lleva, sólo por esta vez justificadamente, a ver al otro como una amenaza. Se podrá sostener que la situación actual es de carácter excepcional y sus consecuencias en muchos casos fatales, pero no deja de llamar la atención que el virus se propague por la cercanía con los demás.

Sin perjuicio del coraje que ostentan los ejemplos citados en primer término, el denominador común en muchos temas de Charly es el abordaje de cuestiones que hacen a la fibra íntima de una franja de argentinos mayoritariamente nacidos en un lapso de 30 años (entre la década del 50 y del 80 del siglo pasado, por poner un limite temporal siempre arbitrario y provisorio).

También podrá ser que tanto la angustia, la insatisfacción, el miedo y el individualismo sean también atemporales, lo que lleva a contestaciones de perogrullo (también perdurables en el tiempo) como “que de esta se sale más fuerte”; “lo que no te mata te fortalece”, “seremos mejores después de esto” o que “valoraremos lo realmente importante”, entre otras.

La experiencia nos lleva a ser poco optimistas en cuanto al aprendizaje como sociedad ante emergencias de gravedad, por lo que no queda más que celebrar la existencia de estos artistas que permiten experimentar sentimientos muy íntimos sin preguntarnos cuando, sabiendo que sus creaciones pueden surtir efectos un nuestra sensibilidad varias décadas después, lo mismo ante un desencuentro amoroso, una traición o una pandemia.

Por Fernando García.

Fuente: Agencia Paco Urondo

El blog de Charly García (hecho por DIOS)

viernes, marzo 27, 2020

"Yendo de la cama al living", la canción con la que Charly García salió de su propia cuarentena

Yendo de la cama al living, Charly García dio sus primeros pasos como solista
En medio de la cuarentena por la pandemia de coronavirus , la canción inaugural de Charly García como solista se convierte en el gran soundtrack inesperado. Un monólogo del encierro compuesto entre las guerras políticas y personales, entre el distanciamiento glacial y el antídoto del amor.

Oh no. No hay ninguna vibración. Promediando el tema, Charly García advierte que no solo ha perdido conexión con el exterior, sino incluso con el impreciso espacio interior: "no hay señales de algo que vive en mí". El protagonista de " Yendo de la cama al living" conoce el antídoto para la pandemia pero ya es demasiado tarde. Como el Capitán Willard de Apocalypse Now (como el Pink de The Wall ), está confortablemente adormecido. Acaso como todos nosotros con las series de streaming. Publicado oficialmente el 28 de octubre de 1982, el gesto inaugural de Charly García como solista es un despojamiento. Incluso quedarse en casa, parece decir, es una actividad de alto riesgo: podés encontrarte a vos.

La anécdota es bien conocida. Cada vez que ponía los discos de Serú Girán, un Migue García de cinco o seis años llegaba hasta el primer cambio de ritmo y retrocedía la canción. "¿Por qué siempre escuchás esa parte y no lo escuchás entero?", preguntó Charly. "Es que para mí, un tema es uno", respondió Migue. En plena transición del rock progresivo hacia la new wave (de Genesis y Premiata Fornería Marconi a Brian Eno y Talking Heads), García encontró la horma de su zapato: un desafío artístico. Alterando su metodología habitual, diseñó una línea de bajo y las dos notas complementarias para cerrar los acordes esenciales: SOLm7, Do7, RE7. "Eso fue un avance para mí, por el tipo de armonías, por el solo hecho de haber compuesto un tema sin saber qué iba a pasar después -dijo Charly-. O sea: empecé por la base, pero sin saber qué iba a haber arriba".


Si bien nunca fue tocada en vivo por Serú Giran, en la mazmorra de algún coleccionista (Hobby De Fino, por ejemplo) está celosamente atesorada una versión primitiva con letra en inglés y la voz líder de David Lebón. De manera que es posible suponer que la música de la canción fue compuesta en el interregno entre la separación de la banda y el comienzo de su etapa solista. Un período casi fantasmagórico: los últimos conciertos de Serú fueron en marzo de 1982 y las sesiones de grabación de Pubis Angelical comenzaron en abril. Como dijo García: era un solista por abandono.

Aunque las sesiones están acreditadas a partir de mayo, García construyó su propio mito: exactamente el 2 de abril de 1982, mientras las tropas argentinas desembarcan en las Islas Malvinas, se metió en los Estudios Del Jardín para grabar la banda sonora de la película de Raúl de la Torre. "Me encerré en un estudio un mes, y de la guerra me enteraba cuando iba al bar de al lado -le dijo García a Gloria Guerrero, en la revista Humor-. Un día me acuerdo que pasaron un 'Comunicado', y todo el mundo en el bar se calló. Un bar de la avenida Santa Fe, todo pituco. Me hacía acordar al 'Huevo de la Serpiente'. Una situación límite que no sucede y a la vez sucede... Una locura. Entonces rogué que no bombardearan Buenos Aires y seguí haciendo mi trabajo, aunque se cayera el mundo a pedazos al lado mío. Porque es lo único que me interesa hacer, y lo único que me salva. Si me enganchara con lo que pasa afuera, me volvería loco".

Alienado por su disciplina artística a rajatablas, el puro hedonismo o incluso su salud psíquica -o acaso las tres cosas-, García se atrincheró en su flamante departamento de Coronel Díaz y aquellos estudios en el primer piso de Santa Fe 1284. Sus ocupaciones de la cuarentena fueron ordinarias y extraordinarias: consumiría drogas y trataría de poner en orden su vida sexual. Pero, en lugar de series por streaming, se rodearía de sintetizadores y teclados para retratar minuciosamente las contraindicaciones de la cuarentena. Como notaron Zariello y Roque Di Pietro, su patrón lírico parece haber sido "Gotta Serve Somebody", de Bob Dylan. Es una observación sensata. No solo porque Slow train coming (1979) es uno de los discos favoritos de García, sino porque un fragmento del videoclip emula a "Subterranean homesick blues".

domingo, marzo 01, 2020

A 20 años de "El" salto

Relajado. Instantes después del salto, encontraron a Charly nadando sano y salvo en la pileta.
Estaba muy aburrido en la Mendoza fatal. Dije: ‘¿Qué me falta ahora? ¡Solo aprender a volar!” (“Me tiré por vos”. Track 15 de Sinfonías para adolescentes).

“Me voy a tirar del noveno piso, me voy a tirar al mar. Me voy a tirar sin pedir permiso, me voy a tirar igual...” (“Noveno B”. Track 16 de Sinfonías para adolescentes).



El 30 de octubre del 2000, Charly García y Nito Mestre publicaron “Sinfonías para adolescentes”. Las dos canciones citadas son parte de ese álbum y tuvieron su génesis el mediodía del viernes 3 de marzo de 2000 en Mendoza, en uno de los hitos que marcaría para siempre la vida de Carlos Alberto García Moreno: su recordado salto a la pileta desde el noveno piso del hotel Aconcagua.

En la suite dejó su sello personal -alfombras y paredes pintadas con aerosol-, y es la misma donde 12 horas después se alojó el entonces presidente, Fernando De la Rúa, quien había viajado para la Vendimia.
Infografía: Gustavo Guevara / Los Andes
“Es la primera cosa deportiva que realmente estoy disfrutando”, afirmaba en el video que el martes cumplirá 20 años. Nadaba y charlaba con los periodistas que habían corrido hasta el borde de la pileta. Luego se paró en la parte menos profunda (entre 1,20 y 1,50 metros) pero minutos antes se estima que cayó en la parte más honda que es de 2,40 metros. Se cree porque la pileta estaba desierta y nadie lo vio caer.

A 20 años del salto a la “inmortalidad” de Charly, actores de esa “Mendoza fatal” que estuvieron acompañando al músico recuerdan la vorágine del momento y responde al interrogante: ¿Por qué se tiró Charly García?

La versión de Charly
Dependiendo de quién rememore aquellos días, hay diferencias en el relato. En el documental de National Geographic, el propio Charly contó: “¿Sabés por qué me tiré? Porque me perseguía la Policía. Había un policía abajo. Cuando subió, me dijo: ‘¡Yo soy la policía!’. Y le dije: ‘¿y quién te mandó a no estudiar?’. Me reí mucho”, relató. Y agregó que de joven se tiraba de los molinos de viento hacia la pileta. “Practiqué. ¿Vos te creés que estoy loco?. No, no estoy loco. Tenía un solo salto para hacer”.

En una entrevista con Los Andes en 2013, realizada por Leo Rearte, también García repasó el episodio. “Me di cuenta de lo que hice cuando estaba en el aire. La primera parte del salto -que es cuando todavía estás bajo la influencia de tus músculos- es una cosa. Y después te chupa la gravedad y bajás como un meteorito”, relató y agregó: “Me llevaba la policía por algo que yo no había hecho”.
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