viernes, junio 14, 2019

Charly García: un regreso con fervor y cariño

El astro argentino colmó el Movistar Arena repasando algunos de sus mayores clásicos y canciones de su regreso discográfico, Random. El público, feliz.
Los aprontes presagian una gran cita. Charly García toca guitarra mientras espera salir a escena esta noche de jueves en Santiago. En el último ensayo de los tres que hizo desde que llegó el sábado a Chile, se cuenta que se puso a bailar en el escenario sorprendiendo a su equipo. La puntualidad es otra seña de que este retorno puede ser memorable. Se rumoreaba que aparecería a las 21:40 en el Movistar Arena para un show sin tickets disponibles, sin embargo se adelantó siete minutos arrancando con “De mí” en esta escenografía presidida por una gigantesca estructura que da nombre al espectáculo como La Torre de Tesla.

El sonido no es de los mejores para ese primer corte mientras Charly canta “no te olvides de mí porque sé que te puedo estimular”, como una especie de advertencia de lo que vendrá. Es cierto. Charly García aún puede seducir a miles de personas de distintas edades -sorprendentemente todavía engancha mucha gente relativamente joven-, aunque su voz ni la figura son las mismas. Se apoya notoriamente en el desempeño de Rosario Ortega, la cantante que se lleva una buena parte del peso en cada canción, en particular durante los coros. Pero hay una diferencia notoria con el pasado del argentino, sobre todo su versión de los 90 y comienzos de 2000. Ya no caben rabietas ni acciones intempestivas sobre instrumentos y equipos. Así las canciones fluyen sin mayores problemas.

Al turno de “La máquina de ser feliz”, uno de los títulos de su último álbum Random (2017) el sonido mejora notoriamente y el concierto arranca definitivo con esta banda que mezcla músicos argentinos y chilenos contando al experimentado Fabián Quintiero, con quien Charly enhebra diálogos musicales de una libertad que colinda con el jazz.

Por la pantalla desfilan imágenes de 2001 Odisea en el espacio de Stanley Kubrick y serán secuencias de cintas clásicas las que adornarán varios momentos de la noche. Aún no termina “La máquina de ser feliz” y el público irrumpe en un masivo aplauso. El corte concluye y Charly dice “gracias” humildemente. Hace una pausa y agrega mostrando ese filo característico “ahora empiezan las canciones más picantes”. Parte “Rivalidad” con escenas sobre el ring de Toro Salvaje de Martin Scorsese. Comienzan los diálogos musicales con “Zorrito” Quintiero. Se miran y sonríen cómplices.

Termina el tema y García comenta así como a la pasada “volando por los cielos de Mendoza”, destando el recuerdo de su inolvidable piscinazo. Parte “Yendo de la cama al living” y la gente corea mientras imágenes de rayos en pantalla conectan con la torre al centro. Ahora el teclado de Charly entabla conversación con la guitarra.

No alcanza a terminar la presentación del siguiente tema y el Movistar completo grita el clásico “olé-olé-olé” junto a su nombre. “Zorrito” sigue la melodía del cántico con el teclado y todos sonríen en el escenario. Sigue “In the city that never sleeps” con letra en inglés y subtítulos en la pantalla con filmaciones de Nueva York. Continúa con “Cerca de la revolución” y Charly se salta olímpicamente el coro, aunque se pasa a la guitarra sin abandonar el puesto tras los teclados. Sigue “King Kong” y su guitarra divaga. Esta vez las secuencias pertenecen a la versión clásica de la película homónima. Continúa con “Lluvia” y luego una versión algo deshilachada de “Parte de la religión”.

El ímpetu retorna con “No llores por mí, Argentina” de Serú Girán. Al turno de “Cuchillos” aparecen escenas de Charly con Mercedes Sosa en distintas etapas y el público aplaude de inmediato. Entonces surge el primer momento de la noche que en algo recuerda al viejo Charly García totalmente impredecible. Van 45 minutos de show y dice “gracias, hasta la próxima… sí, vamos a tocar una más”. Fue solo una amenaza para arremeter con “El Aguante” con su carcasa de blues rock endurecido en una intensa versión.

Los primeros acordes de “Rezo por vos” desatan las voces del público coreando la característica melodía del teclado, seguidas de otros dos clásicos mayores de su irrupción solista en los 80 como “Demoliendo hoteles” y “Nos siguen pegando abajo (pecado mortal)”.

El bis consideraba al menos otra media hora de música del ídolo argentino de 67 años que a pesar de la merma física aún es capaz de montar un espectáculo sólido, donde se da el lujo de dejar fuera una buena cantidad de canciones históricas. La energía de la noche y el cariño fervoroso del público pueden augurar que este no será el adiós como una parte de la audiencia asumió este reencuentro, sino retomar la saludable tradición de sus visitas.

Por Marcelo Contreras

Fuente: La Tercera

El blog de Charly García (hecho por DIOS)

viernes, mayo 31, 2019

El día en que los Beatles salvaron a Charly García

En 1964, el joven Carlitos García, entonces un prodigioso estudiante de piano que detestaba la música popular, escuchó a una banda que, confesó años más tarde, cambió su vida: los Beatles. Su gusto por la obra del grupo le ha llevado a grabar algunos covers, incorporar algunas de sus técnicas, e incluso se dio el gusto de tocar con Tony Sheridan, quien tuvo a los de Liverpool como banda de acompañamiento antes de la fama.

“Siento desconsuelo. O sea, cuando me enteré estuve llorando casi todo el día. Al principio no sabía por qué estaba llorando, y después a medida que estaba dando cuenta de lo que había pasado… John Lennon para mí fue como un padre musical, un padre espiritual alguien que me indujo a hacer música, que me mostró un camino, alguien que reconocía sus errores, alguien que tenía la cabeza más adelantada que la gente de su época. Él fue lo más grande que hubo en música desde hace mucho tiempo”. Con estas palabras, Charly García manifestó a la TV pública de Argentina su impresión cuando se enteró del asesinato del Beatle a manos de Mark David Chapman, en 1980.

Para el creador de “Nos siguen pegando abajo”, no se trataba de cualquier muerte. Según detalla Sergio Marchi en su biografía No digas nada: Una vida de Charly García (1997, Debolsillo), el de Liverpool era su ídolo. Más aún, el descubrimiento de su banda madre, The Beatles, en 1964, marcó la vida del joven estudiante de piano Carlos García; lo sacó del camino de los serios salones del Conservatorio, para explorar la música popular, de la que no se separó nunca más.

“Lo primero que escuché de ellos fue ‘There’s a Place’ [tema incluido en el álbum debut Please, Please, Me]”, detalla el músico en el texto mencionado. “Me volví loco: pensaba que era música marciana. Música clásica de Marte (…) Me dí cuenta de lo que pasaba con las cuartas -un intervalo de cuatro notas- y un par de cosas interesantes mas. Y ahí, ¡kabooom!, acabó mi carrera de músico clásico (…) Yo tocaba música clásica todo el día, y la música popular me daba asco, no entendía nada “, agrega.

A un nivel más profundo, lo que sucedió es que los Beatles le dieron a García la respuesta para una inquietud muy personal.  En sus años de joven prodigio del piano, el trasandino tenía aspiraciones como compositor, pero debió guardárselas a sugerencia de su profesora.

“Comencé a componer cuando cumplí nueve años (…) más tarde quise hacerlo en serio, pero mi maestra, que era una divina aunque muy aferrada al catolicismo y a la música clásica, me hizo sentir que no había lugar para mí en eso (lo clásico). Que podía, sí, ser un buen concertista, pero no un creador. Y es ahí cuando llegan los Beatles”, detalla el ex Seru Girán en el volumen citado.

Al conocer al cuarteto, él entendió que sí, podía ser un creador. “Enseguida comprendí el mensaje: ‘tocamos nuestros instrumentos hacemos nuestras canciones y somos jóvenes’. Para mi época y mi formación, eso era muy raro”, se explaya en la biografía.

“Los escuchaba donde podía, porque para mí era como imposible tener un disco de los Beatles”, contó años más tarde a Rolling Stone. “Escuchaba sólo lo que había en casa, discos de 78 y long plays, que hacía muy poco que habían aparecido. Y el primer simple que me compré no fue un simple sino un doble. Tenía ‘Twist y gritos’, ‘There’s a Place’ y dos más. Fui a la disquería y dije: ‘Déme un disco de los Beatles’, y me dieron ése. Cualquiera que me hubieran dado lo hubiera comprado”, detalló.

Consultado por los periodistas de la dicha revista si en la época quiso imitar el clásico look de los ingleses -los boots, el corte de pelo, etc-, el ex Sui Generis, afirmó: “Sí, y me costaba un huevo porque las botas eran dificilísimas de conseguir. Vi unas en el Once que eran como tres números más chicas y me las compré igual, y sufrí como una madre”.



viernes, mayo 17, 2019

Charly García vuelve a Chile


Con una carrera llena de hitos, parte de agrupaciones históricas como Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros y Serú Girán, y millones de discos vendidos en todo el mundo, Charly García es una leyenda viviente del rock argentino y este 2019 tendrá su esperado regreso a nuestro país.

La vuelta ocurre después de seis años con fecha programada para el 13 de junio en Movistar Arena.

«La Torre de Tesla» es el nombre del espectáculo de Charly García que saldrá por primera vez de Argentina, para presentarse en tierras nacionales y que incorpora todos los éxitos que lo han posicionado como el genio de la región.

La banda con la que llega la componen el trío de chilenos Kiuge Hayashida (guitarra), Carlos González (bajo) y Antonio Silva (baterista), junto a Rosario Ortega en voz y Fabián Zorrito Quintiero en teclados.

Los éxitos que podrás escuchar
Charly García es responsable de un cancionero sin par en la música latina. Ejemplos de esto son “Demoliendo hoteles”, “Nos Siguen Pegando Abajo”, “Yo No Quiero Volverme Tan Loco”, “Promesas sobre el bidet”, “Los Dinosaurios”, “Yendo de la cama al living”, “Cerca de la revolución”, “No Voy en Tren”, “Hablando a tu corazón”, “Tu Amor”, “Buscando Un Símbolo De Paz” y “Rezo por vos”.

Su set ofrecerá una selección de algunas de sus grandes canciones y material más recientes, como su último trabajo discográfico “Random” (2017), con el destacado sencillo  “La máquina de ser feliz”.


Venta de entradas
Las entradas para la histórica vuelta de Charly García a los escenarios chilenos estarán disponibles, para venta general, desde el mediodía del viernes 17 de mayo, por Puntoticket y puntos de venta físicos en Tiendas Hites y Cinemark habilitados de todo Chile.

Para los clientes de Banco de Chile habrá una preventa exclusiva el miércoles 15 de mayo.
• 20% de descuento pagando con tarjetas del Chile 3, 9 ó 12 cuotas sin interés. Máximo 6 entradas por cliente.
• Paga hasta un 25% del valor total con Dólares-Premio.
• Hasta agotar stock de 4 mil tickets.



Fuente: Rock and Pop

El blog de Charly Garcia (hecho por DIOS)

miércoles, mayo 08, 2019

Charly García deslumbró a sus fans en otra noche histórica en el Gran Rex

Ph: Chule Valerga
Ya llega aquel examen del bien y el mal,
ya llegan las noticias cruzando el mar…
¿No ves?, que el mundo gira al revés,
mientras miras esos ojos de videotape…

La tentación de transcribir completa la letra de "Ojos de videotape" está latente. Las ganas de volverla a cantar con todas las fuerzas también. Es que este tema del exitoso Clics Modernos (1983) es uno de los más lindos de toda la carrera de Charly García. Uno de los que más gusta y de los más pegadizos.

Sepan disculpar si el periodista se emociona cuando escribe estas líneas. Pero créame si no estuvo en el Gran Rex: fue un momento mágico que hizo que se le ponga la piel de gallina a más de uno.

El ex Sui Géneris volvió a presentar "La torre de Tesla" y desató la locura de sus fans con un show que duró una hora y media. Acompañado -como de costumbre- por Kiuge Hayashida, en guitarra; Carlos González, en bajo; Toño Silva, en batería; Fabián "El Zorrito" Quintiero, en teclados, y Rosario Ortega, en coros; dejó todo en otra noche mágica, inolvidable e histórica.

El show comenzó a las 20:50 con "De mí", canción que viene interpretando en sus últimos conciertos con guitarra eléctrica en mano. Luego llegó el turno de intercalar los temas "históricos" con los de Random, su último álbum. Es por eso que "La máquina de ser feliz" rápidamente se hizo lugar para posteriormente darle paso a la primera gran ovación de la noche.

"Buenas noches Argentina", lanzó el protagonista de la velada y el público explotó con un contundente: "Olé, olé, olé, olé… Charly, Charly". "Dios bendiga la rivalidad", expresó el artista segundos antes de cantar otra pieza de su último disco: "Rivalidad".

Luego llegó el turno de un clásico que desató la segunda ovación de la jornada: "Yendo de la cama al living". Como respuesta a estos nuevos aplausos, el músico agradeció en francés: "Merci beaucoup". A esa altura de la noche, el clima era de fiesta en el teatro y todo lo que se expresaba arriba del escenario impactaba con alegría en un público dispuesto a disfrutar de otro encuentro con su héroe.

"Sos el mejor del mundo Charly", gritó un fanático desde la platea y el ex Serú Girán no demoró en contestar: "Ya sé". Otra ovación más. Se notaba que la estaba pasando muy bien.

Una soberbia interpretación de "In the city" hizo que el propio García se preguntara y respondiera: "¿Les gustó? Está bueno". Inmediatamente llegó el turno de "Cerca de la revolución" y ya no quedó ningún espectador sentado en su asiento. La locura era total.

Con el correr de los minutos, era evidente que la noche pintaba para ser más larga que las anteriores en las que el músico se había presentado en el último tiempo. Daba la sensación que no estaba cansado y su buen humor ayudaba seguramente para que se sienta bien y cómodo frente a su teclado.

"Salud", manifestó Charly antes de tomarse un respiro y un poco de agua. "Y… ahora una canción que le dicen 'King Kong'. Pobrecito, se enamoró de una enana así", dijo haciendo el gesto de "chiquitita" con su mano. Otra vez risas en el público.

Con la idea de seguir intercalando canciones nuevas con las más antiguas, apareció "Lluvia", uno de los éxitos de Random. Sin embargo, en este recital -a diferencia de otros-, el artista se inclinó por hacer más temas "viejos".

Es por eso que siguió una seguidilla de clásicos de todos los tiempos: "Parte de la religión", "No llores por mí Argentina", "Cuchillos", "Canción de 2×3" (otro momento alto de la noche), "El aguante" ("Este es el aguante. Esto es rock and roll", disparó), "Rezo por vos", "Demoliendo hoteles" y "Nos siguen pegando abajo".

Hasta ahí se había cumplido una hora exacta de show. A las 21:50 Charly dijo: "Buenas noches, feliz Navidad. Dios los bendiga". Y se corrió el telón. Las dudas sobre si iba a continuar -teniendo en cuenta los antecedentes- estaban instaladas pero rápidamente quedaron atrás. A las 22:00 se abrió la cortina nuevamente y el hombre del bigote bicolor apareció junto a Roberto Pettinato para hacer "Happy and real".

"Dale Petti", le dijo en el medio de la canción para alentar al saxofonista y desató las carcajadas de la gente. Se notó algunos desacoples entre ambos pero fueron subsanados con humor y elegancia.

Luego Charly se puso "heavy" y, con guitarra en mano de nuevo, hizo "Break it up", un rock pesado del disco Kill Gil (2010). "La última canción que hice", expresó, aunque sabemos que en estos nueve años compuso más temas.

Después cantó "El día que apagaron la luz" e hizo un pedido especial: "Tenemos que grabar a la gente". A Charly lo conmovió el cariño del público y no pudo disimular su emoción. Pero aún faltaba más: "I'm not in love", "Asesíname", "Ojos de videotape" y "Total interferencia" fueron los últimos cuatro temas hasta que se corrió definitivamente el telón.

Un párrafo aparte merece "Ojos de videotape", mencionada al comienzo. Fue una interpretación conmovedora de un tema conmovedor que no suele tocar en vivo últimamente. Y por eso emocionó. En tiempos donde vemos que "el mundo gira al revés", el gran Charly "lo enderezó" por un rato con su arte y nos regaló otra noche mágica que quedará en la historia.

Por Gastón Calvo

Fuente: Infobae

El blog de Charly Garcia (hecho por DIOS)

domingo, abril 28, 2019

No se banca más

Los neurólogos deben tener muchas maneras de explicarlo, pero uno prefiere quedarse con la magia. La magia y la casualidad. A la hora de salir a la calle echás un vistazo al reproductor para elegir qué sonará en los auriculares en el camino al trabajo. Te acabás de bajar una versión FLAC de Grasa de las Capitales tomada de un vinilo original que, claro, suena mucho mejor que la horrible edición en CD de sonido fluctuante, como si fuera una cinta de casete algo estropeada. Es un día gris. Charly, David y Pedro unen sus voces: “Qué importan ya tus ideales / qué importa tu canción...”. Y chau. Ya no estás acá, ya no estás ahora.

Seru Giran fue una aventura de solo 4 años, pero dejó un surco inevitable para todo el que quiera entender de qué hablamos cuando hablamos de rock argentino. Rock “nacional”, como se le decía entonces (ya volveremos sobre eso). El segundo disco es quizá el que tiene mayor ligazón estilística con La Máquina de Hacer Pájaros, esa otra genialidad encabezada por García, que un día fue a ver a Crucis y archivó por completo a Sui Generis. Charly le birló el sonido y al bajista José Luis Fernández, pero a La Máquina le sumó su gigantesca antena para las canciones. Cosas que uno ha charlado decenas de veces con amigos tan enfermos de melomanía como uno. Boludeces.

Lo importante es lo que acaba de evaporar todo anclaje temporoespacial. Un Lebon enorme cantando la fábula de San Francisco y el lobo que promete volver a ser feroz, un rayo en la oscuridad; Charly diciendo que sabe que te encanta caretear, ser aceptada donde te odian más; David otra vez, como si hablara de la radio mainstream de hoy, tanta música absurda, los tiempos que están huecos de emoción.

No sabés cómo –no te interesa tampoco– pero ya no es esta Buenos Aires siglo XXI sino la Aires Dudosos de comienzos de los 80, con los milicos en la Rosada y el olor a miedo en las calles. En los bailes sonaba música “bolichera”, pero a la hora de los lentos siempre estaba “Viernes 3 AM”. Curiosa combinación de tema ideal para intentar rascar con una chica (sí, niñes, decíamos “rascar”) y también para el corchazo, literal. “Viernes 3 AM”, el tema donde un tipo se llevaba el caño a la sien y –apretando bien las muelas– gatillaba no una sino tres veces, bang bang bang. Se bailaba eso, sí, y otras líricas deprimentes como “La Navidad de Luis” o más adelante “Era en abril”; por suerte “Catalina Bahía” iba por el lado calenturiento. A la luz de hoy suena a elecciones deformes para una fiesta, pero en aquel segmento de los lentos los disc jockeys parecían hacer una declaración de principios, una cuña en el silencio oficial. Pedro y Pablo estaban prohibidos por la dictadura. El rock no era de uso popular, era una contraseña entre descastados de hogares donde había discos de Raffaella Carrá y Julio Iglesias y Village People.

“El rock nació mal”, tiró Charly una vez, agudísimo por enésima vez. En la Pelo y en la Expreso se leían los términos “rock nacional” y así lo llamábamos, pero con el tiempo empezó a parecer algo rancio. Quizá fue el Festival de la Solidaridad Latinoamericana, cuando el Proceso de Reorganización Nacional apestó la palabrita. Por lo demás, lo nacional puede referir a cualquier nación. Rock argentino destila otra energía.

Todas esas cosas te vuelven mientras mirás por la ventanilla y empieza el lado B. En diciembre de 1992, Seru Giran dio el primer show de su regreso en el Chateau Carreras de Córdoba; cuando David arrancó con “Esta oscuridad, esta noche de perros...”, detrás del escenario, a lo lejos, un rayo gigante quebró el cielo. Quizá por lo sublime del momento, no volvieron a tocarla, ni en Rosario ni en River. Igual ya era otro Seru: lo de esos cuatro años era irrepetible, no se podía replicar la leyenda iniciada en Buzios en 1978 y terminada en el Obras de marzo de 1982.

Justo cuando la Guerra de Malvinas le abrió las puertas de la difusión a los descastados, Seru no estaba más. Pensás en eso cuando Charly te canta en los oídos que nunca tendremos raíz, nunca tendremos hogar y sin embargo ya ves, somos de acá.

De acá, del limbo al que nos conducen los auriculares DeLorean. Ese tipo de rulos en los asientos de al lado bien podría ser aquel hermano mayor de un amigo, el fanático de la bolichera que sentado en su Taunus se reía de que te gustaran Charly y Spinetta. El que compraba discos de enganchados en Gapul mientras vos te babeabas en El Agujerito. Es curioso porque no te sentís viejo. Bueno, un poco sí, pero –acaso los neurólogos puedan explicarlo, etcétera– en realidad el efecto es el contrario. Todo se encadena en un raro frenesí, de sensaciones anudadas en las que no cabe el análisis racional. Te acordás de la piba que te dijo que sí cuando la invitaste a bailar justo cuando empezaba “Catalina Bahía”: fue en la Hebraica de Sarmiento, al final no hubo “labio sobre labio sobre labio...” pero sí un reencuentro en Macabi o en Bet El un par de semanas después. En la era previa a los atentados, las instituciones de la cole conformaban un circuito atractivo. No había piñas por cualquier pavada como en los boliches caretas (“Me miraste mal”), siempre había más chicas que varones, la entrada era más barata. El Circuito Randall, le decían con tus amigos moishes, que sabían que estabas bautizado pero te habían adoptado como un judío más. Randall era Steve McQueen en la tele, el justiciero de la carabina recortada.

A lo que pasaba en clubes y colegios, en el Circuito Randall o en Ferro o en Arquitectura, no se le decía fiesta sino baile: a los milicos les gustaba que la gente bailara, pero no que estuviera de fiesta. Los rockeros en general desconfiaban de todo lo que oliera a boliche, y vos no lo entendías porque te gustaba ir a recitales pero también conocer chicas en un baile. Cuando Seru llegó de Brasil e hizo una parodia disco en el Luna Park, el público se lo tomó en serio y los rechifló. “La grasa de las capitales”, el tema, tiene un pasaje inconfundiblemente disco. Pero a esa altura ya eran intocables, o casi.

A esa altura es que te tenés que bajar del bondi, y de todos modos ya terminó la “Canción de Hollywood”, el infinito en Cinerama, tiempo de meditación. La realidad se te cuela vía Twitter, eso que sería incomprensible para quien entraba a la Alex de Flores a comprarse el nuevo de Seru: la escuela Sourigues, donde hiciste la primaria, suspendió las clases porque está infestada de ratas. Dicen que alguien del Gobierno porteño sugiere llevar dos gatos. El presente y el pasado chocan de frente, pero la frase que te rebota en la sesera es la misma.

No se banca más.

Por Eduardo Fabregat

Fuente: Página 12

El blog de Charly García (hecho por DIOS)

miércoles, marzo 06, 2019

La historia oculta detrás de tres fotos de colección del rock argentino

Pocos son los fotógrafos que tienen registro de una de las mejores épocas del rock argentino: las décadas del ‘70 y el ‘80. Uno de ellos es Rubén Andón, quien desde temprana edad se dedica a ello y, en la actualidad, exhibe muchas en una muestra en conjunto con material de su colega José Luis Perotta (fallecido en 1989). El viernes brindará una charla donde contará detalles de las imágenes más icónicas. Antes de eso, brindó un adelanto a PERFIL.

“Son dos muestras de dos fotógrafos que trabajamos desde los años ‘70 con bandas de rock. La muestra de José Luis es muy buena y la mía tiene algunas perlitas, porque lo que más me preguntan es cómo hice ciertas fotos de tapas de discos porque estamos hablando de una época donde no había photoshop”, contó Andón, quien en sus comienzos fue colaborador de la emblemática revista Pelo. “Tengo mucho material pero en la muestra hay sólo 35. Por eso, llevo algunas inéditas para proyectar, como por ejemplo una de Charly García vestido de mujer”, agregó.

Spinetta antes de salir a un concierto en Tapiales. FOTO: Rubén Andón
Spinetta. “Tengo fotos de Luis Alberto en su casa, con su hijo Dante de apenas un año tocando la guitarra; de su hija Catarina en brazos de su madre Patricia. Obviamente estas se las di a ellos porque considero que son fotos familiares y nunca las publiqué. Le saqué esas fotos, que eran para una revista, un día que fui a tomar el té a la casa y nos quedamos conversando. Cuando él daba sus conciertos, yo iba a los camarines y también le sacaba fotos. Una de ellas la mostré hace poco porque me quería dar el gusto y es una en la que estoy jugando al ajedrez con Carlos 'Machi' Rufino y está Luis sentado al lado mío. Es de 1974. Estaban esperando su turno para tocar en un festival en Tapiales, pero por lo general ese material lo tengo guardado".

Foto original de la tapa del disco "La grasa de las capitales" de Serú Girán. FOTO: Rubén Andón
Sobre la portada de “La grasa de las capitales". Se trata del segundo álbum de Serú Girán (1979). En la portada se ve a los cuatro miembros de la banda: Pedro Aznar; David Lebón; Charly García y Oscar Moro, caracterizados por diferentes estereotipos. De esta sesión, Andón recordó: “Es una de las fotos más icónicas porque es un disco muy emblemático del rock nacional por el mensaje un poco revolucionario contra los medios establecidos de ese momento. En esa foto están cuatro grandes. Era una época en la cual no teníamos presupuesto y no existía la producción, no había maquillador ni vestuarista, por eso todo lo resolvíamos con lo que teníamos a mano, de hecho, el vestuario se armó con lo que cada uno llevó en un bolsito con cosas que consiguió en la casa. La idea ya la tenía muy clara Charly, quería hacer una foto como las de fin de año de la revista Gente. Usamos un bidón del laboratorio que se utiliza para el fijador, necesitábamos un portafolio y ese día estaba el contador en el estudio y se lo robamos temporariamente para la foto y es el que usa Pedro. Pequeños detalles que para el fan del rock son perlitas grosas. Saqué 5 rollos, casi 100 fotos, pero la gente conoce una que es la que se publicó, por eso en la charla voy a estar mostrando algunas de las otras”.

Gira de PorSuiGieco. FOTO: Rubén Andón
PorSuiGieco, la gira. “PorSuiGieco se trató del momento donde se juntaron León Gieco; Sui Generis y Raúl Porchetto con motivo de armar una editorial para sus discos, pero como eso no prosperó, decidieron salir de gira a tocar juntos. Yo fui a esa gira y el día que arrancó, subimos todos con los equipos a un micro, nos sentamos y acomodamos y ahí el chofer del nos dice ‘esto no arranca, muchachos hay que empujar, todo el mundo abajo a empujar’. Esa es la foto que arranca la gira, lo ves a León Gieco, Nito Mestre, Raúl Porchetto. Saqué la foto y me puse a empujar”.

Andón fue también el encargado de las fotos del disco Metegol de Raúl Porchetto, con quien mantiene una gran amistad, y cuyo material fue recientemente reeditado por el Instituto Nacional de la Música (INAMU). “En esta reedición, apareció una lámina nueva que en la original no estaba. Raúl me pidió que busque algo como un ‘bonus’ y me pongo a revisar los negativos originales de esa época y aparece un rollo donde ellos se disfrazaban y hacían monigotadas y le dije ‘mirá, esto es maravilloso’. La tapa de Metegol tiene una característica y es que de cualquiera de los dos lados es para, porque siempre se coloca del lado derecho y vos tenés la tapa con ellos serios de un lado, muy sonrientes del otro. Eso pasó porque estábamos indecisos, entonces le propuse hacer una tapa doble. En ese momento veía que en las disquerías tenían las bandejas con las vidrieras y en unas aparecían serios y en otra no, cada uno elegía la tapa que más le gustaba". 

Tapa del disco "Metegol" de Raúl Porchetto. Foto: Rubén Andón
De otro tiempo. "En los años ‘70 nos juntábamos en las casas de amigos a escuchar el long play que recién había salido y nos pasábamos la tarde tomando mate, escuchando el disco y mirando la tapa. Queríamos que viniera con las letras de las canciones porque queríamos también ver si había fotos extras. Hoy eso se ha perdido”, lamentó Andón al referirse al vínculo que unía a músicos de ese momento con los fotógrafos. 

Posible libro. Ante la cantidad de material inédito que tiene en su archivo, y consultado por PERFIL acerca de si existe la posibilidad de concentrarlo en un libro, el fotógrafo aseguró: "Es algo caro para hacerlo uno solo, para hacer impreso con la calidad que merece uno de fotografía, por ejemplo uno de Richard Avedon cuesta casi 5 mil pesos, quiere decir que tiene un costo muy caro. Me encantaría hacerlo pero por ahora no se puede. Cada vez que expongo sumo fotos nuevas. Las fotos de esta época son parte de la cultura porque los rockeros forjaron, no sólo la cultura musical, sino las creencias de una juventud que estaba pasando una etapa muy difícil en el país. Reconocías tu forma de pensar en las letras de las canciones y las hacías propias".

La muestra. “Testigos del rock”, es una muestra que se exhibe en el Complejo Municipal El Patio (ubicado en calle 149 entre 15 y 15 A, en Berazategui) y tiene como protagonistas a Andón y Perotta. El acervo fotográfico de éste último fue recuperado a finales de 2015 por el Museo de la Ciudad de Buenos Aires a cargo del Ricardo Pinal Villanueva, quien ordenó la organización de los archivos y la digitalización del mismo. El viernes 1 de marzo a las 19, Andón brindará allí una charla donde además mostrará material inédito.

Ambos profesionales estuvieron a cargo de tapas de discos de rock argentino de las décadas del ‘70 y el ‘80; además de afiches de recitales y revistas de revistas como Expreso Imaginario, Pelo, Pinap. Charly García; Raúl Porchetto; Sui Generis; Serú Girán; Luis Alberto Spinetta: Los Gatos, Vox Dei, Pappo, Almendra, Nito Mestre, Fito Páez, Los Abuelos de la Nada, Mercedes Sosa, entre muchos otros artistas, pasaron por sus lente.

Por Florencia de Sousa

Fuente: Perfil.com

El blog de Charly García (hecho por DIOS)

domingo, marzo 03, 2019

Charly García sacudió el Gran Rex con "La Torre de Tesla"

Charly García dio un show en el teatro Gran Rex (Christian Bochichio)
A las 20.41 del miércoles, se escuchó el piano de "De mí" y no pasaron 10 segundos hasta que las mujeres y los hombres -todavía sentados en sus butacas del Teatro Gran Rex- empezaron a cantar. Los protagonistas eran ellos y Charly García lo sabía. Así que los dejó hacer un ratito y después sí, se levantó el telón, se apagaron las luces blancas y se encendieron las del escenario. El contacto estaba hecho.

Tres minutos después, Charly estaba cantando, una vez más, "Cuando estés mal cuando estés mal, cuando estés sola…". Con "La máquina de ser feliz" se sumó a la banda Rosario Ortega, de punta en blanco. Otra vez, el contrapunto en teclados fue el Zorrito Fabián Von Quintiero al otro lado del escenario. Geométricamente opuesto y perfectamente complementario, como en los shows del año pasado.

El cantante presentó “La Torre de Tesla” (Christian Bochichio)
"El día que murió Gustavo Cerati, estaba en casa y puse un disco de Génesis al mango. Tenía mucha bronca. Una vecina me tocó el timbre y vino con la policía. Entonces yo saqué una bombita que mide los decibeles y como soy ciudadano ilustre… se tuvo que ir", contó Charly desatando el aplauso y la risa generalizada justo antes de que arranque "Rivalidad".

"Las cosas que pasan en este país… no puteen al presidente", comentó Charly de la nada. Bastó que diga eso para que la mayoría de los presentes comenzaran con el clásico cantito "Mauricio Macri la puta que te parió". Psicología inversa para anticipar "Otro" y una frase a prueba de balas: "Yo quería ser fascista pero no lo logré". Enseguida sonó "Cerca de la revolución". La línea estaba clara.

viernes, febrero 22, 2019

Toca Charly

Charly, días atrás en el Colón, en medio del espectáculo de Pedro Aznar. (Martín Bonetto).
Su última presentación en el Gran Rex fue el martes 18 de diciembre. Después, sorprendió en el Colón hace unos días, el 13 de febrero, con el reencuentro de Serú Girán, cuando Pedro Aznar, anfitrión de la reunión, lo invitó al escenario junto a David Lebón. Ahora, se anunció que hay nueva fecha de show para Charly García en el Rex.

El ícono del rock nacional abrirá el año de presentaciones propias en Buenos Aires con el espectáculo La Torre de Tesla. Será el próximo miércoles 27, a las 20.30.

Desde 2018 Charly inauguró la modalidad de anunciar shows con pocos días de anticipación.

Aún no se anunció la banda que acompañará. En los últimos shows viene tocando con el tecladista Fabián "El Zorrito" Quintiero, el trío chileno integrado por el guitarrista Kiuge Hayashida, el bajista Carlos González y el baterista Antonio Toño Silva, y la cantante Rosario Ortega.

Con esta formación, Charly grabó Random, su último trabajo de estudio, editado en los primeros meses de 2017.

Para quienes aún no vieron La Torre de Tesla: es un espectáculo multimedia, con una escenografía que reproduce el artefacto creado por el famoso inventor, y en el que se proyectan imágenes de diversas célebres producciones de Hollywood.

La venta de entradas quedará abierta el próximo lunes 25, a las 10, en el Rex y a través de Ticketek.
En boletería es por orden de llegada, sólo en efectivo y máximo 4 entradas por persona.

Lista de precios (estimativa):

Platea Platino - $2400 + $290*
Platea Oro - $2250 + $270*
Platea Plata - $2100 + $250*
Platea Bronce - $2000 + $240*
Platea Bronce lateral - $1900 + $230*
Super Pullman fila 1 a 5 - $2100 + $250*
Super Pullman fila 6 a 10 - $1900 + $230*
Pullman fila 1 a 7 - $1700 + $205*
Pullman fila 8 a 13 - $1500 + $180*
Pullman fila 14 a 19 - $1250 + $150*
Pullman fila 20 a 24 - $1000 + $120*
Pullman (solamente fila 25) - $800 + $95*

* Service charge

Fuente: Clarín

El Blog de Charly García (hecho por DIOS)

jueves, febrero 21, 2019

Una fábula donde se enredan Charly García y la Triple A

No sé cuál de mis hijos me había usado la Sube pero, cuando la puse contra el detector del colectivo, no tenía saldo. El colectivero ya me estaba haciendo señas para que me bajara; un señor sexagenario se ofreció a pagar con su tarjeta por mí. Me acerqué a su asiento a regresarle el dinero, y se negó a recibirlo.

-Debés estar cansado de que te digan que tienen una historia para contarte- dijo.Me senté a su lado en la butaca libre y respondí: -Yo ya estaba cansado de antes.

Sospecho que lo consideró una licencia para contar. En cualquier caso, luego de lo que había hecho por mí, no me podía negar a escucharlo.

“Adiós Sui Generis fue el más importante recital al que no concurrí en mi vida. El recital era de la mayor trascendencia para mí, por distintos motivos. El primero, y más importante, mi admiración por la música de la banda, que luego se continuó en la admiración por García. No me gusta llamarlo Charly. El apodo me parece menor. El otro motivo es que me estaba escapando de la Triple A”.

Al día siguiente tenía un pasaje para España; esa noche debía pasarla en algún lugar de incógnito, no en mi casa ni en mis sitios de referencia. La Triple A me buscaba por un malentendido. Yo había estado de novio con una montonera y ellos consideraban que debían matarme también a mí.

Yo no sólo nunca me había metido en política, ni siquiera era peronista. Mucho menos de izquierda. Pero esa mujer me volvía loco. La amé profundamente, aunque ella apenas si me quiso. Nunca entendí por qué se acostaba conmigo.

Que yo la amara era lógico: era hermosa, fresca, misteriosa, sensual. Pero yo… míreme. No era muy distinto hace cuarenta años. Cuando me dejó, quise hacerles llegar a los muchachos de la Triple A la noticia de que yo ya no era un blanco. Que no me mataran.

No había sido montonero ni siquiera cuando ella me dejaba tocarla; muchos menos ahora. Ya tenía el corazón roto, no quería que además me lo quitaran. Uno quiere vivir, eso tampoco entiendo por qué.

Pero no había manera de comunicarse con la Triple A. No tenían un teléfono ni un centro de atención. Era curioso: los compañeros de mi ex novia sí podían comunicarse con López Rega y sus secuaces.

De hecho, se habían reunido con Lopecito cuando el General aún vivía. Pero los que no teníamos ninguna relación con el Movimiento, y de carambola nos buscaban para matarnos, no teníamos con quién hablar”.

En fin, lo mejor que se me ocurrió fue esconderme en el Luna Park, en septiembre de 1975, para ir directo de allí a Ezeiza y rumbo a Madrid, no a visitar al General, que ya había vuelto y muerto, sino a no verlo nunca más, ni a él ni al resto de su runfla, con la que ya bastante había intimado, en todos los sentidos menos políticos.

Pero no conseguí entrada: ni para el primer ni para el segundo recital. Repleto. Ni pude colarme. Escuché desde una puerta cómo García echaba a los espectadores de la primera función, que no querían irse después del segundo bis.

Y no pude dejarme llevar por la marea humana que entró a la segunda. Partes del recital se grabaron, pero hay partes que no. ¿A dónde fueron a parar? Porque el hecho de que yo suba a un colectivo, le pague incidentalmente su boleto, etcétera, es lógico que se pierda en el tiempo.

¿A quién le importa? ¿Para qué conservarlo? Pero una canción de García, que nadie grabó, pero miles escucharon…¿desaparece así como así del mundo? ¿No está más? ¿No existe? Sería una injusticia.

El segundo recital terminó, y la noche era cálida. Me quedé allí mismo, parado, viendo salir a la gente, pensando que si me mataban, que fuera allí mismo, cuando una chica me pidió fuego. Yo no fumaba. Pero de pronto, de la nada, apareció un encendedor en mi bolsillo.

La aparición del encendedor me asustó. ¿De dónde había sacado yo un encendedor? Tal vez era un pantalón que no usaba hace tiempo, y ella, mi ex novia, había dejado allí el encendedor de otro, de aquel con quien se había marchado, porque ella tampoco fumaba.

El otro era su “superior” en la escala jerárquica. Le encendí el cigarrillo a Gertrudis, y le pregunté qué tal había estado el recital. Gertrudis era muy bonita. No era la belleza despampanante de mi ex novia, pero era también muy bella y muy dulce. Me sentí bien apenas me habló.

jueves, febrero 14, 2019

Garcia + Aznar + Lebon

Charly, Aznar y Lebón en el Colón (Martín Bonetto)
"Yo canto para alcanzarte atravesando todo el azul", comenzó a cantar David Lebón los primeros versos de la canción A cada hombre, a cada mujer de Serú Girán. Dio paso así a un momento histórico: el reencuentro en el escenario del teatro Colón de Lebón, Charly García y Pedro Aznar. El reencuentro de las voces de Serú.

El momento ocurrió en el cierre de la gira Resonancia de Pedro Aznar, donde repasa los 35 años de su carrera solista. Pedro Aznar acababa de cantar La Paz, tema que forma parte de su álbum Aznar canta Brasil, y fue entonces que invitó al escenario a David Lebón, con quien además de Serú Girán, el músico compartió un proyecto en dúo que cristalizó en el álbum Aznar/Lebón.

Luego llegó el turno de Charly. Juntos tocaron un clásico de Sui Generis, Confesiones de Invierno. Charly al piano. Pedro en la guitarra electroacústica. Y juntos en la voz. En formato de trío, con Oscar Moro siempre en el recuerdo, García, Aznar y Lebón finalmente compartieron una versión de A cada hombre A cada mujer, uno de los temas que el bajista aportó a Serú 92.

Serú fue un dream team: Charly García, David Lebón, Pedro Aznar y el fallecido Oscar Moro. El otro reencuentro histórico había sido en el estadio de River Plate, en 1992 (también hubo otras veces, como en un recital en el ND Ateneo en 2007 y otra vez, en 2010, en el Luna Park).

La primera vez que Charly lo vio a Aznar lo contrató. Fue en un club de jazz pequeño. El bajista solo había tocado un compás y medio cuando García dijo: "Es éste". Charly dirá en una entrevista: "Con Pedro compusimos canciones en el acto".

La primera vez que se juntó Serú, que en ese momento no se llamaba así, fue en Brasil, en una casa que habían alquilado Charly y Lebón que habían llegado primero a ese país.

Serían las 11 de la noche cuando llegaron Moro y Aznar. Directamente bajaron los instrumentos de la camioneta, se pusieron a armar los equipos y luego a tocar. Fue media hora seguida. Luego se miraron todos​ y dijeron: somos un grupo.

Un grupo que fue hacedor de clásicos como "Canción de Alicia en el país", "Seminare", "Viernes 3AM", "Desarma y Sangra" y "Cinema Varieté". Cuatro discos de estudio los llevaron a lo más alto del rock nacional. Oscar Moro, el legendario baterista, había fallecido en 2006 a los 56 años.

Los años anteriores a Serú  habían abarcado desde Sui Generis a La Máquina de Hacer Pájaros. Sui Generis, con Charly y Nito Mestre, nació en 1972: duró tres años en su etapa de producción y cambió la naturaleza del rock nacional.

Vida, de noviembre de 1972, forjó la historia de Sui: un disco de canciones con una mirada más adolescente, lirismo y acordes simples (‘Quizás porque’, ‘Necesito’, ‘Estación’), aunque incorporaba rasgos más oscuros como en “Canción para mi muerte” (resultado de la colimba de Charly en 1971, donde, empujado por sus acciones, lo dieron de baja al declararlo ‘maníaco-depresivo con personalidad esquizoide”).

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