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viernes, febrero 21, 2020

'La grasa de las capitales': las historias detrás de la obra maestra de Serú Girán grabada en plena dictadura

Hace 40 años, en plena dictadura, Serú Girán lanzó el disco que redefinió el lugar de Charly García en la vida pública del país Crédito: Rubén Andón
Descubrimos a los dobles de Serú Girán", dice uno de los títulos de tapa de Grasa de las capitales. La foto es un montaje sencillo y cada personaje se explica por su caracterización: sobre un fondo rojo -de izquierda a derecha- aparece el oficinista con pinta de nerd (Pedro Aznar). A su lado, un flaquito luce la camiseta del Rugby Club Curupayti y unos inadecuados soquetes de toalla bordó (David Lebón). Lo sigue un playero en patas, vestido de blanco y con el escudo de Shell sobre el bolsillo de la camisa (Charly García). El cuadro se completa con la figura de un carnicero con cuchilla y serrucho (Oscar Moro). La imagen es un clic moderno en plena dictadura militar, un rapto de imaginación y fuerza de choque contra la patria tilinga modelo 1979, pero también una reacción de García, starman nacional en ciernes, contra las críticas recibidas desde el palo del rock: no hubo piedad para el primer supergrupo argentino cuando desembarcó en Buenos Aires luego de una temporada supuestamente idílica en Búzios. Tras un incomprendido disco debut y una serie de recitales con sabor a desconcierto, Charly respondió con orgullo herido y nervio mordaz, activismo existencial y el mejor encaje colectivo de su banda soñada.

La sesión de fotos se realizó en el estudio de Rubén Andón. El fotógrafo de 25 años y experiencia en el mundo publicitario conocía a Charly desde los días de PorSuiGieco y había participado de la última gira por Uruguay de La Máquina de Hacer Pájaros, la banda anterior de García, que había durado tan solo dos años. En el tercer piso del edificio ubicado en Hipólito Yrigoyen al 1200, Andón preparó el set. No había maquilladores ni vestuaristas; cada músico llevó lo necesario para componer el personaje que le tocó en suerte. "Charly tenía la idea de hacer una réplica de la tapa de la revista Gente", recuerda Andón. Oscar López, el productor ejecutivo de Serú, le había adelantado que la foto debía emular las clásicas tapas de fin de año del semanario de Editorial Atlántida, en las que se mezclaban personalidades destacadas del espectáculo, el deporte y la política. En la edición de 1978, por ejemplo, aparecía el brigadier Osvaldo Cacciatore, intendente de la ciudad de Buenos Aires en la dictadura, junto a los campeones mundiales Daniel Passarella y Ubaldo Fillol, entre muchos otros. La farándula y una férrea sintonía con el Proceso conformaban los ejes editoriales de Gente. Para García, la guerra de baja intensidad contra el Gran Hermano de papel estaba declarada. Faltaban la foto y los últimos detalles para cerrar un disco de nueve canciones que cambió el destino de Serú Girán.

"A este álbum que vamos a comenzar a grabar en junio lo veo como muy interesante, totalmente diferente a lo de antes. Es más grupal, si querés", dice Charly García en la edición 113 de la revista Pelo. La tapa anuncia un número especial dedicado a la reciente visita a Buenos Aires del guitarrista inglés John McLaughlin. Bajo el título "Las dudas del gigante", la nota es una entrevista en la que cada integrante de Serú habla de temas diversos. García es el que ofrece más pistas sobre el futuro del grupo: "En cuanto a las letras, son algo nuevo. No me hacen acordar a nada que haya hecho antes. Tienen una onda de tango. Son más abiertas, más agresivas y con humor. Todo gira alrededor de la Grasa de las capitales, que es el nombre del álbum, y es una burla, una sátira, de la grasada institucionalizada aquí y en el mundo. La gente piensa -y eso lo noté cuando volví de mis viajes al exterior- que en otros países no existe esta grasada. Y no es así, es algo internacionalizado". A fines de 1978 y principios de 1979, el músico visitó Europa por primera vez. La excusa fue acompañar a Zoca Pederneiras, su pareja de ese momento, una joven bailarina brasileña que formaba parte de la gira continental del Ballet Corpo. "Y grasada no en tanto contraposición entre fino y mersa", seguía Charly, "sino que tiene una connotación más densa; es decir, como que es más represión, decadencia, lo negativo en general. Hay una intención satírica en el álbum y por eso incluyo sonidos actuales como de discotecas de la televisión".

La tapa salió de una idea de Charly, que quería emular una portada de Gente. "Es una sátira a la grasada institucionalizada", decía
Andón conserva todas las fotos, cuatro rollos de doce salidos de la Hasselblad que usó para la sesión. La pose que terminó como tapa del disco apareció rápido, en medio de un clima muy distendido. Andón aportó varios objetos que se pueden ver en la portada: "El bidón amarillo que tiene Charly en la mano es de mi laboratorio; todos los químicos para el revelado venían en bidones de diferentes colores para que no se contaminen", recuerda. El maletín que lleva Aznar era del contador que manejaba los números del estudio. El serrucho y el delantal manchado de sangre los aportó el propio Moro gracias a la buena onda que mantenía con el carnicero del barrio. "La idea era producir una foto medio grasunga", dice Andón. "El tiempo hizo que se convirtiera en un ícono, pero la verdad que como obra se parece más a una foto de casamiento".

Si la foto de Grasa de las capitales -el artículo llegó después para convertirlo simplemente en La grasa- fue un relajado juego de máscaras, la construcción del segundo disco de Serú Girán fue más compleja, y pasó por varias etapas y situaciones traumáticas que la banda arrastraba desde el momento en que Charly García había convencido a David Lebón de juntarse a tocar y componer. "No agarraba viaje, el quía", contó Charly a Rolling Stone en 2002. "Estaba en el trip gurú, con el pelo cortito... Estaba con que el mundo material non da y esas cosas. Tenía una banda que se llamaba Seleste, comía pan; era demasiado... Así que con Zoca íbamos a visitarlo todos los días, y al final lo convencimos: se me ocurrió hacer el Festival del Amor, en el Luna Park. David siempre tuvo su parte media conchetona, fashion. Y le gustó la idea de ir a Búzios, armar un estudio... Pero ¿cómo conseguíamos la guita? Pensé: 'Hagamos un festival y a cada músico que venga le pagamos con un equipo de Fender'. Juntamos lo suficiente para pasar tres meses en Búzios en una casa de la puta madre, y nos fuimos".

La versión de Billy Bond, figura clave del rock argentino fundacional, líder de La Pesada y uno de los motores del debut discográfico de Sui Generis, sobre el nacimiento de Serú Girán, no es tan armoniosa: "Ellos se van a Búzios y la cosa no termina bien", asegura Bond. "Oscar López dice que Charly se la tomaba toda y que le salía una fortuna y que todo le chupaba un huevo. Charly y David Lebón dicen que el hijo de puta fue Oscar, que no les pagó, que los largó en banda allá, que los abandonó". A la distancia, Bond dice con espíritu salomónico que había un grado de verdad a ambos lados. "Oscar aparentemente los caga. Charly supuestamente se la tomó toda y se volvió para aquí y se quedan sin un mango. Cuando vuelven a la realidad, porque allá no era la realidad, Búzios era el paraíso, se les cayó el mundo a todos".

jueves, enero 16, 2020

40 años de la lucidez de “La grasa de las capitales”

Charly García con la platea de Los Andes como fondo. Concierto de Serú Girán presentando "La Grasa de las Capitales", en 1979.
Hay prejuicio con la música que hacemos. Hay que esperar veinte años. Nos van a pasar por la radio y alguien va a decir: “Uy, esta música en esa época era impresionante”. La frase de Charly García en una entrevista de 1979, suena profética. El tiempo le daría la razón. El segundo álbum de Serú Girán, La grasa de las capitales, se convertiría en una de las obras conceptuales más lúcidas en plena dictadura militar y en uno de los mejores discos de la historia del rock argentino.

La reedición en formato vinilo, con fotos inéditas y remasterizada por Pedro Aznar, que verá la luz este mes, recupera un disco bisagra de la cultura rock. “La idea fue que la banda participara de una reedición a la altura del resto del mundo. Rescata para las nuevas generaciones a una de las mejores bandas que tuvimos. Suena espectacular”, afirma Gustavo Gauvry, encargado de digitalizar el catálogo de Music Hall para el INAMU, que participó de la producción junto al sello Zarpa y 300 Producciones. A eso se agrega la aparición de Entre lujurias y represión, el libro de Mariano del Mazo sobre la trayectoria de los “beatles argentinos”. “Es una banda que no había sido revalorizada en su justa medida; el propio Charly García se había encargado de sepultarla, con una trilogía de sus tres primeros discos solistas insuperables”, aclara Mariano del Mazo. Sin embargo, las brasas de Serú y ese disco emblemático siguen ardiendo.



Es 1979 y el supergrupo integrado por Charly García, David Lebón, Pedro Aznar y Oscar Moro está quebrado emocionalmente. La prensa musical los había herido (casi) de muerte. El público no los terminaba de entender y la demanda de shows escaseaba. La dictadura seguía con su plan sistemático de desaparición de personas. Estaban en conflicto con el sello Music Hall y el clima no ayudaba al consumo del rock. “Muchas bandas se separarían por la pálida que había en el ambiente. Salías a la calle o ibas a un concierto y no sabías si ibas a volver”, contextualiza el periodista Claudio Kleinman, integrante de la revista Expreso Imaginario (1976-1983). La plata dulce permitía la visita de artistas extranjeros, pero el movimiento local estaba en crisis y muchos músicos se habían ido del país. “Fue un año crítico para el rock argentino. Parecía que iba a desaparecer arrollado por el pop y la música disco”, cuenta Sergio Pujol, autor del libro Rock y dictadura. Crónica de una generación.

La decepción inicial que generó Serú Girán con su concierto debut del 3 de noviembre de 1978 en Obras y las posteriores hipótesis sobre su disolución –agitadas por la prensa musical– obligó al grupo a reinventarse. Con un nueva idea mas sintonizada con la realidad (música más directa, con menos orquestaciones) la banda se internó entre junio y agosto de 1979 en los estudios Ion. Charly y Lebón formaban una dupla compositiva imbatible, Aznar deslumbraba con los sonidos melodiosos de su bajo fretless y Moro aportaba solidez en la batería. El resultado fue una obra maestra. Otra vez la antena de García captaba el inconsciente colectivo de la época. “Ya no era referirse al poder o las instituciones sino a esa mediocridad, en la que había entrado una parte de la sociedad argentina con sus viajes a Miami, el dos por uno y la plata dulce. La tapa del disco que remitía a una revista que en ese momento era cómplice de la dictadura era otro signo político del disco”, completa Pujol.

El arte de tapa netamente pop, en las antípodas de aquella foto en blanco y negro del primer disco, fue sorpresivo. Allí están los cuatro músicos, posando como para una producción de los personajes del año de la revista Gente. La edición 40 aniversario, que ya se puede escuchar en las plataformas digitales, es el retrato de una época oscura, con himnos como “La grasa de las capitales”, “Viernes 3 AM”, “San Francisco y el lobo” y “Canción de Hollywood”. “La asfixia que se vivía se refleja en el disco y en esa frase leimotiv, “No se banca más”, que es como un grito punk. También aparece una canción como “Los sobrevivientes”, que dice muchas cosas de nosotros como sociedad. Charly lo resume en el verso: “Estamos ciegos de ver”.

Todavía en 1979 la dictadura gozaba de cierta adhesión en buena parte de la opinión pública”, advierte del Mazo. El álbum salió a las calles en octubre de ese año y aunque tuvo una tibia recepción, las esquirlas de su impacto se dejarían ver rápidamente en el ascenso de la banda. “Charly salió con toda su ironía a plantarse firme con un proyecto que estaba dirigido a las masas juveniles. Si algo tiene Serú Giran de Los Beatles quizás no sea tanto lo musical, sino más bien la idea de que se puede construir una obra de alcance masivo tocada de una forma magistral, como no se volvió a escuchar en la cultura de rock de la Argentina”, define Pujol.

Cuatro décadas después, la fortaleza de esas canciones –influidas por Steely Dan, Joni Mitchell, el jazz rock, el pop y el tango, con el trasfondo de la dictadura militar– impactan desde la primera escucha. “La grasa de las Capitales”, el primer tema, define el arco conceptual del álbum. Charly critica el consumo, la frivolidad y la contracultura rock que lo había corrido por izquierda por sus participaciones en la mesa de Mirtha Legrand. A partir de ese disco, el grupo empieza un ascenso que lo lleva a conquistar el corazón del rockero promedio hasta convertirse en mascarón de proa del renacer del movimiento y refugio de la juventud en el periodo más lúgubre de la historia argentina. “En ningún lugar se estaba diciendo tanto y tan profundo como en los discos de Serú Girán”, analiza del Mazo. “Fueron cuatro discos –Seru Girán (1978), La grasa de las Capitales (1979), Bicicleta (1980), Peperina (1981)– y en esos cuatro años se pueden ver los cambios que se operaron en el rock, la sociedad y la política. Todo quedó plantado como una semilla antes de la guerra de las Malvinas. De alguna manera estaban anunciando el tiempo que se venía”.

Tres libros sobre Charly García
Entre lujurias y represión. Serú Girán, la banda que lo cambió todo, de Mariano del Mazo
El libro explora uno de los fenómenos musicales más importantes en plena de dictadura militar. El autor analiza el impacto cultural del grupo en un momento de crisis para el rock, atravesado por el clima represivo de la época.

Charly presidente. Una excursión al país de los García, de Juan Bautista Duizeide
​“¿Estaremos todavía a tiempo de meterle otro ritmo a la res publica con un presidente músico?”, se pregunta Juan Bautista Duizeide en Charly presidente. Una excursión al país de los García. Allí, imagina las medidas que tomaría el músico siempre atento en sus canciones a la situación política y social de los argentinos.

Charly García, 1983. Acerca de Clics Modernos, de Oscar Conde
El ensayista parte de uno de los mejores discos solistas del músico para trazar un itinerario por sus canciones y analizar la obra de García en su conjunto, revelando su lucidez para retratar distintos períodos de la Argentina, con una mirada aguda.

Por Gabriel Plaza

Fuente: Clarín

El blog de Charly García (hecho por DIOS)





jueves, diciembre 19, 2019

La "Grasa de las capitales" restaurado

Charly García, David Lebon y Pedro Aznar con el vinilo versión 2019.
Para Seru Giran fue un disco bisagra. No se trata de desmerecer el notable debut de 1978: es que Grasa de las capitales fue, si se quiere, el disco del despegue, el momento en que quedaron pocos que se atreviera a cuestionar a la banda de Charly García, David Lebon, Pedro Aznar y Oscar Moro. Todavía faltaba para el mote de “los Beatles argentinos”, pero el album que cumplió 40 años hace un par de meses venía a cimentar aún más las bases de una banda irrepetible e ineludible del rock argentino. La foto que ilustra esta nota no es solo el reencuentro de tres de los músicos que estuvieron en aquellas sesiones en el mítico estudio ION: es también el retrato feliz de un rescate necesario. Al fin, el segundo disco de Seru Giran vuelve a escena con un sonido que le hace justicia. Grasa llegará a las plataformas digitales este viernes 20; en enero de 2020 estará disponible en vinilo y CD. Y es una gran noticia.

Los conocedores del tema saben de las paupérrimas ediciones en CD, de sonido espantoso, incluso con tapas mal “recreadas”, con diferente tipografía y la burrada de escribir “David Levon”. Por eso tiene toda la razón Aznar cuando ahora dice que “apareció de nuevo la música”. Es que el bajista y compositor tuvo mucho que ver en el rescate producido por el Instituto Nacional de la Música (INAMU) que preside Diego Boris, y Gustavo Gauvry, de la Asociación Argentina de Técnicos e Ingenieros en Audio (AATIA), con participación de Zarpa y 300 Producciones. Gracias a la recuperación de los masters del sello Music Hall por parte del INAMU, Aznar y el ingeniero Ariel Lavigna tuveron acceso a la cinta original y realizaron un meticuloso trabajo de restauración, ajuste de mezcla y remasterización que permitió devolverle a las canciones una calidad de audio que se creía perdida.

“Transferimos esas cintas a un sistema digital en super alta resolución; usamos el vinilo original como referencia, grabado y mezclado por Amílcar Gilabert, primero para empatar el sonido a como sonaba ese vinilo para después tratar de superarlo con herramientas más modernas”, cuenta Aznar. “Es un trabajo durísimo, porque con el paso del tiempo la cinta tiene una cierta degradación, entonces hay bachecitos que restauramos a mano uno por uno, ruiditos y distorsiones. No intentamos ir a un audio moderno torpemente, sino que conservamos el espíritu del audio de los ‘70, pero mejorado”. Según la gacetilla oficial de INAMU, el resultado sorprendió a sus propios compañeros. “Escucho lo bien que suena y me da felicidad y orgullo, escucho las canciones y me emociono”, señaló David Lebon; “Uno se pregunta cómo podíamos tocar esos complejos arreglos con tanta precisión... la respuesta es que ensayábamos mucho”, agregó Charly.


La restauración de Grasa de las capitales incluye a lo gráfico. El fotógrafo Rubén Andón, que realizó la serie de fotos que resultó en la icónica tapa de los cuatro Seru disfrazados en una sátira a la tapa de Gente y la actualidad, hizo una búsqueda “arqueológica” que llevó al hallazgo de varias imágenes inéditas. Los antiguos rollos fueron limpiados y restaurados para producir un nuevo insert que incluye un poster y fotos inéditas del cuarteto. El arte de tapa de Rodolfo Bozzolo, perdido desde hace años, fue replicado minuciosamente por Pali Muñoz y Eduardo Marcé (del INAMU), quienes copiaron el original hasta el mínimo detalle.

Todo ello, claro, es un trabajo justiciero para un compendio de canciones inolvidables. Seru Giran es una banda que desarrolló una obra fulgurante en apenas cuatro años; a Grasa le seguirían otros dos discos intachables como Bicicleta y Peperina, cada uno con sus propios matices. Por eso sería un error decir que en alguno de ellos estuvieran en “el pico de su carrera”: Seru se separó antes de siquiera insinuar una decadencia. Pero desde el coro inicial y el arranque demoledor de “La grasa de las capitales”, el opus dos del cuarteto salta a la yugular, captura al oyente y ya no suelta. Son nueve canciones, tres de ellas firmadas por la dupla García / Lebon, cinco de Charly y una de Pedro; son, cada una a su manera, clásicos del repertorio del grupo.

Allí están, entonces, listas para volver a ser disfrutadas con el sonido que corresponde, genialidades como “Perro andaluz” y “Viernes 3 AM” (la canción que titula con un viernes pero habla de “la fiebre de un sábado azul y un domingo sin tristezas”), un García en estado de gracia que cerraba a todo trapo con “Los sobrevivientes” y “Canción de Hollywood”. Pero también la inolvidable interpretación de David y la épica pinkfloydiana de “Noche de perros”, o la serena belleza acústica de “San Francisco y el lobo”, la declaración de principios de “Frecuencia modulada” y el vuelo propio de Pedro en “Paranoia y soledad”. Pero sobre todo ese particular sonido, la precisión en velocidad y la complejidad de los arreglos siempre al servicio de la melodía. Las canciones que significaron una luz en la oscuridad de la dictadura, por fin recuperadas para demostrar que ningún adjetivo fue exagerado. Quizá porque, hoy como ayer, la grasa de las capitales no se banca más.

Por Eduardo Fabregat

Fuente: Página 12

El blog de Charly García (hecho por DIOS)

viernes, noviembre 01, 2019

Reunión cumbre: Charly García, David Lebón y Pedro Aznar

En el marco de la recuperación del catálogo de Music Hall, realizada por el Instituto Nacional de la Música (INAMU), se gestó el histórico encuentro de Serú Girán con motivo de la reedición especial en vinilo del disco La grasa de las capitales, homenaje a 40 años de su publicación.

En un emotivo encuentro, Charly García, David Lebón y Pedro Aznar (con el recuerdo de Oscar Moro) realizaron un video a través de sus redes sociales, donde hablaron y escucharon la reconstrucción del audio realizada por Aznar y masterizada por Ariel Lavigna.

En el video se puede apreciar la calidad del audio, que impresionó a los mismos músicos, lograda a través de un trabajo minucioso a partir de las cintas de época. Esta edición especial en vinilo, que tuvo la coordinación de producción del INAMU, estará disponible en diciembre editada por Zarpa y 300 Producciones.


La transmisión, que se emitió a través de las cuentas de los músicos de manera simultánea, alcanzó miles de reproducciones, “me gusta” y comentarios.

“La obra de Serú merece ser reeditada con un audio de excelencia para que todos sepan cómo sonaba la mejor banda que pisó estas tierras”, decía un usuario; mientras que otro subrayaba: “Qué maestros, qué trabajo excelente hizo Pedro Aznar, y haberlo compartido habla de su humildad y generosidad de persona, que solo la tienen los grandes maestros”. Todos los comentarios fueron positivos y hay una gran expectativa por la salida de la reedición.

A los músicos se los vio distendidos, de buen humor y haciendo chistes, demostrando que la química sigue presente entre ellos. “Vinimos por el vinilo”, dijo Charly sentado en un sillón, mientas Aznar contaba de qué se trataba el encuentro y Lebón sonreía.

La grasa de las capitales (1979) fue un trabajo en el que se hizo una dura crítica de la sociedad argentina, hecho que convirtió a la obra en uno de los discos conceptuales más exitosos del rock argentino. "Habíamos compuesto ese disco para ir al choque directamente. Las canciones eran más pesadas, más contestatarias. Había que salir de la grasa, de la mediocridad”, afirmó Charly en varios reportajes cuando le preguntaron por ese álbum.

En la portada del disco, que quedó en la memoria de todos, Pedro Aznar era el oficinista, David Lebón el rugbier, Oscar Moro el carnicero; y Charly el empleado de una estación de servicio, en lo que se trataba de una crítica a las petroleras.

Sobre la recuperación del Catálogo de Music Hall

El Instituto Nacional de la Música recuperó el histórico catálogo discográfico que perteneció a Sicamericana, sociedad anónima que se desempeñaba comercialmente a través de los nombres Music Hall, Sazam y/o TK. Este catálogo, que cuenta con más de 2.500 discos nacionales, estuvo paralizado dentro de un proceso judicial de quiebra desde 1993. A partir de ese año, y hasta la acción del INAMU, los discos estaban imposibilitados de ser reeditados, impidiendo también que se generen recursos económicos para sus intérpretes, pese a que ellos fueron quienes realizaron esas grabaciones.

El INAMU afirmó que uno de sus objetivos en la recuperación de tan importante patrimonio de la cultura Argentina es que los intérpretes principales de estos álbumes puedan administrar la reedición de los mismos en el formato de comercialización que deseen. Para esto, el instituto les otorga una licencia hasta que finalice el plazo que la Ley establece (70 años luego de fijado el fonograma).

Fuente: Infobae

El blog de Charly García (hecho por DIOS)

domingo, abril 28, 2019

No se banca más

Los neurólogos deben tener muchas maneras de explicarlo, pero uno prefiere quedarse con la magia. La magia y la casualidad. A la hora de salir a la calle echás un vistazo al reproductor para elegir qué sonará en los auriculares en el camino al trabajo. Te acabás de bajar una versión FLAC de Grasa de las Capitales tomada de un vinilo original que, claro, suena mucho mejor que la horrible edición en CD de sonido fluctuante, como si fuera una cinta de casete algo estropeada. Es un día gris. Charly, David y Pedro unen sus voces: “Qué importan ya tus ideales / qué importa tu canción...”. Y chau. Ya no estás acá, ya no estás ahora.

Seru Giran fue una aventura de solo 4 años, pero dejó un surco inevitable para todo el que quiera entender de qué hablamos cuando hablamos de rock argentino. Rock “nacional”, como se le decía entonces (ya volveremos sobre eso). El segundo disco es quizá el que tiene mayor ligazón estilística con La Máquina de Hacer Pájaros, esa otra genialidad encabezada por García, que un día fue a ver a Crucis y archivó por completo a Sui Generis. Charly le birló el sonido y al bajista José Luis Fernández, pero a La Máquina le sumó su gigantesca antena para las canciones. Cosas que uno ha charlado decenas de veces con amigos tan enfermos de melomanía como uno. Boludeces.

Lo importante es lo que acaba de evaporar todo anclaje temporoespacial. Un Lebon enorme cantando la fábula de San Francisco y el lobo que promete volver a ser feroz, un rayo en la oscuridad; Charly diciendo que sabe que te encanta caretear, ser aceptada donde te odian más; David otra vez, como si hablara de la radio mainstream de hoy, tanta música absurda, los tiempos que están huecos de emoción.

No sabés cómo –no te interesa tampoco– pero ya no es esta Buenos Aires siglo XXI sino la Aires Dudosos de comienzos de los 80, con los milicos en la Rosada y el olor a miedo en las calles. En los bailes sonaba música “bolichera”, pero a la hora de los lentos siempre estaba “Viernes 3 AM”. Curiosa combinación de tema ideal para intentar rascar con una chica (sí, niñes, decíamos “rascar”) y también para el corchazo, literal. “Viernes 3 AM”, el tema donde un tipo se llevaba el caño a la sien y –apretando bien las muelas– gatillaba no una sino tres veces, bang bang bang. Se bailaba eso, sí, y otras líricas deprimentes como “La Navidad de Luis” o más adelante “Era en abril”; por suerte “Catalina Bahía” iba por el lado calenturiento. A la luz de hoy suena a elecciones deformes para una fiesta, pero en aquel segmento de los lentos los disc jockeys parecían hacer una declaración de principios, una cuña en el silencio oficial. Pedro y Pablo estaban prohibidos por la dictadura. El rock no era de uso popular, era una contraseña entre descastados de hogares donde había discos de Raffaella Carrá y Julio Iglesias y Village People.

“El rock nació mal”, tiró Charly una vez, agudísimo por enésima vez. En la Pelo y en la Expreso se leían los términos “rock nacional” y así lo llamábamos, pero con el tiempo empezó a parecer algo rancio. Quizá fue el Festival de la Solidaridad Latinoamericana, cuando el Proceso de Reorganización Nacional apestó la palabrita. Por lo demás, lo nacional puede referir a cualquier nación. Rock argentino destila otra energía.

Todas esas cosas te vuelven mientras mirás por la ventanilla y empieza el lado B. En diciembre de 1992, Seru Giran dio el primer show de su regreso en el Chateau Carreras de Córdoba; cuando David arrancó con “Esta oscuridad, esta noche de perros...”, detrás del escenario, a lo lejos, un rayo gigante quebró el cielo. Quizá por lo sublime del momento, no volvieron a tocarla, ni en Rosario ni en River. Igual ya era otro Seru: lo de esos cuatro años era irrepetible, no se podía replicar la leyenda iniciada en Buzios en 1978 y terminada en el Obras de marzo de 1982.

Justo cuando la Guerra de Malvinas le abrió las puertas de la difusión a los descastados, Seru no estaba más. Pensás en eso cuando Charly te canta en los oídos que nunca tendremos raíz, nunca tendremos hogar y sin embargo ya ves, somos de acá.

De acá, del limbo al que nos conducen los auriculares DeLorean. Ese tipo de rulos en los asientos de al lado bien podría ser aquel hermano mayor de un amigo, el fanático de la bolichera que sentado en su Taunus se reía de que te gustaran Charly y Spinetta. El que compraba discos de enganchados en Gapul mientras vos te babeabas en El Agujerito. Es curioso porque no te sentís viejo. Bueno, un poco sí, pero –acaso los neurólogos puedan explicarlo, etcétera– en realidad el efecto es el contrario. Todo se encadena en un raro frenesí, de sensaciones anudadas en las que no cabe el análisis racional. Te acordás de la piba que te dijo que sí cuando la invitaste a bailar justo cuando empezaba “Catalina Bahía”: fue en la Hebraica de Sarmiento, al final no hubo “labio sobre labio sobre labio...” pero sí un reencuentro en Macabi o en Bet El un par de semanas después. En la era previa a los atentados, las instituciones de la cole conformaban un circuito atractivo. No había piñas por cualquier pavada como en los boliches caretas (“Me miraste mal”), siempre había más chicas que varones, la entrada era más barata. El Circuito Randall, le decían con tus amigos moishes, que sabían que estabas bautizado pero te habían adoptado como un judío más. Randall era Steve McQueen en la tele, el justiciero de la carabina recortada.

A lo que pasaba en clubes y colegios, en el Circuito Randall o en Ferro o en Arquitectura, no se le decía fiesta sino baile: a los milicos les gustaba que la gente bailara, pero no que estuviera de fiesta. Los rockeros en general desconfiaban de todo lo que oliera a boliche, y vos no lo entendías porque te gustaba ir a recitales pero también conocer chicas en un baile. Cuando Seru llegó de Brasil e hizo una parodia disco en el Luna Park, el público se lo tomó en serio y los rechifló. “La grasa de las capitales”, el tema, tiene un pasaje inconfundiblemente disco. Pero a esa altura ya eran intocables, o casi.

A esa altura es que te tenés que bajar del bondi, y de todos modos ya terminó la “Canción de Hollywood”, el infinito en Cinerama, tiempo de meditación. La realidad se te cuela vía Twitter, eso que sería incomprensible para quien entraba a la Alex de Flores a comprarse el nuevo de Seru: la escuela Sourigues, donde hiciste la primaria, suspendió las clases porque está infestada de ratas. Dicen que alguien del Gobierno porteño sugiere llevar dos gatos. El presente y el pasado chocan de frente, pero la frase que te rebota en la sesera es la misma.

No se banca más.

Por Eduardo Fabregat

Fuente: Página 12

El blog de Charly García (hecho por DIOS)

miércoles, octubre 12, 2016

Charly vs García

Charly vs García: del progresivo de Serú al pop bailable de Clics Modernos

La crítica consagrada del rock se complace en convertir en ídolos a los músicos más conocidos e imponer una visión totalmente idílica de ellos. Parece que los artistas debieran ser dioses perfectos que siempre tuvieron en claro lo que piensan y nunca cambiaron sus opiniones. La historia se deja de lado para beneficiar a un “chupamedismo” que invisibiliza hechos incómodos y oculta el valor que tuvieron muchos rockeros a la hora de reconocer sus errores y enmendar su camino.

El caso de Charly García es emblemático. Se cuenta con la mano a los periodistas que se han animado a decir que el mítico bigote bicolor debe haber sufrido  una lucha interna en su mente a principios de los 80, por la cual se decidió a cambiar totalmente su estilo musical y su estética.  Pareciera que entre  Serú Girán y la época de Clics Modernos no hay ninguna diferencia: Charly queda como un saltimbanqui que cambió de piel sin inmutarse. En realidad, esta idea es sólo una comodidad de los periodistas que los exime de analizar cómo se dio la transición entre etapas. Un artificio que sirve para tapar algunas de las peores convicciones que caracterizaron a la ideología  del rock argentino contemporáneo a la última dictadura militar.


Entre 1976 y 1983,  el rock estaba circunscripto a una gama reducida de estilos. El progresivo, el jazz rock y la música acústica eran las tres variantes consagradas. Incluso el “rock pesado” ya estaba visto con recelo, tal como lo prueban las críticas desagradables que los periodistas vertieron sobre dos bandas excelentes de la época: Polifemo (liderada por David Lebón y Rinaldo Rafanelli) y Aeroblus (encabezada por Pappo y Alejandro Medina). Ni hablar sobre los nuevos géneros que aparecían en Estados Unidos y Europa: la revista Pelo llamaba a los punks “rebeldes sin causa “en  su edición de abril de 1978.  La periodista Gloria Guerrero  elogiaba en una revista Humor de 1981 la represión sufrida por Los Violadores en su primer recital. Pocos críticos, como Alfredo Rosso y  Juan Carlos Kreimer, se animaban a difundir las nuevas corrientes que revolucionaban a la música internacional.

lunes, septiembre 19, 2016

Murió la mujer que inspiró Peperina

En 1979, Patricia Perea escribió una dura crítica y Charly García le respondió con una canción. Fue una cruz toda su vida. 

Hace 37 años, el 16 de noviembre de 1979, cuando la dictadura cívico-militar todavía rugía con fuerza y sus voceros aseguraban que los argentinos éramos derechos y humanos, un irreverente y provocador Charly García se presentaba en el Club Municipal de barrio Alta Córdoba.

Patricia Perea, una joven cordobesa que había cubierto el recital para la revista Expreso Imaginario, criticó con dureza el show de Serú Girán –la mítica banda de García en esa época- en Córdoba: “Un espectáculo decadente”, dominado por un clima “histérico y bufonesco”, había escrito la cronista. Perea no podía imaginarse que se convertiría en Peperina, una figura mítica del rock nacional y que esa “cruz” la acompañaría toda su vida. Murió ayer, a los 56 años.

Hace pocos años, en una entrevista al diario cordobés La Voz del Interior, la ex corresponsal de Expreso Imaginario había ratificado sus críticas: “A toda la prensa nos molestó su actitud. Vi a Serú en Capital. Charly dio un show tranquilo, sin bardo, tocó afinado. Acá venía a chicanearnos, tenía esa cosa petulante. Se sacó la camisa por la bragueta y la movía como si fuera un pene. Fue el antecedente de cuando se bajó los pantalones”.

Cuatro años después de ese concierto, cuando la primavera democrática comenzaba, a mediados de diciembre de 1983, Charly García presentaba Clics Modernos ante un Luna Park repleto y se vengó de esta cordobesa. “Voy a tocar un tema de una chica que le gustaba ir a habitaciones de moteles, a ver si le daban algo. Y cuando no le daban, se enojaba. Decía ‘ay estos chicos, qué mal que tocan’. Ahora vienen hasta periodistas hombres... ¡lo que es el destape, viejo!”, y arrancó con los acordes de Peperina.

sábado, junio 06, 2015

100 Mejores canciones

1 - Inconsciente Colectivo
Yendo de la cama al living, 1982

Como standard de fogón y gospel de la transición democrática, “inconsciente colectivo” es una canción desfasada de su sonido primordial, melodía y letra disueltas en un estado de ánimo que conjuga el miedo y los sueños de libertad de una época. Al escuchar “nace una flor, todos los días sale el sol”, lo primero que resuena en la mayoría es Mercedes Sosa, esa especie de voz en off de la conciencia musical argentina. Pero hay que volver a la grabación original del tema, la que cerraba el debut solista de Charly García de 1982. Tras la separación de Serú Girán, García relanzaba su carrera convertido en una celebridad nacional. Las expectativas eran enormes. Yendo de la cama al living (que se publicaría en tándem con Pubis Angelical, la banda de sonido de la película de Raúl de la Torre) tenía que ser también una reinvención. después de grabar todas las pistas entre los estudios ION y Panda, Charly y el técnico Amílcar Gilabert se sentaron a escuchar el material. Había algo que no funcionaba. Y aunque no podía definir qué era, Charly optó por descartar todo y empezar de nuevo. “Esa decisión fue una pegada”, dice Gilabert ahora.

En comparación con su obra previa, el Charly solista ostentaba un sonido “más racional, no tan cargado de cosas, donde los silencios funcionaban también como notas musicales”, en palabras de Gilabert. “Inconsciente colectivo” era un inédito de la época de Bicicleta (1980) que Serú tocó en sus shows del coliseo de Diciembre del 81. Era una balada sobre la vida nueva y las fuerzas oscuras, y tenía una resonancia política innegable. Charly en otro momento genial de lo que podríamos llamar intimidad de masas. “Encontré una forma de hacerlo que me gustó”, le dijo a Claudio Kleiman en Expreso Imaginario, en Noviembre del 82. “Tiene una cosa eléctrica que se repite todo el tiempo, como una especie de mantra, y por otro lado la melodía es casi folk”. El baterista Willy Iturri, ejecutor de la base minimalista (proto trip-hop), fue el único músico que participó de la grabación además de Charly, que se cargó el resto de los instrumentos. “El arreglo nos costó muchas vueltas manzana alrededor de panda”, recuerda Iturri. “Hacíamos una toma, no nos conformaba y salíamos a caminar para hablar de qué estaba fallando.” Si nos abstraemos del contexto-país, de su impronta psicobolche, y penetramos en la materia sonora de la grabación, es llamativo ver cómo esta marcha fantasmal de pop moderno se convirtió en un himno para patios de escuela, en el tema más versionado del catálogo de García. Algo así como el “Imagine” del rock argentino.
Por Pablo Plotkin

2 - Viernes 3 AM
La grasa de las Capitales, 1979

La balada opresiva, sin estribillos ni entrelíneas, que una noche Charly escribió en diez minutos, como Bob Dylan con “Blowin in the wind”. De hecho, la grabó mientras improvisaba melodía y letra de punta a punta en el estudio, y el piano y una de las voces (después la dobló) de esta iluminación a deshoras quedaron en la mezcla final. Ws el espejo roto de “No te dejes desanimar”, el tema de autoayuda de la máquina de hacer pájaros, y fue censurado por la dictadura por “Incentivación al suicido”, un incidente que quedó en el olvido pero que por entonces contribuyó para agigantar su impacto. En “viernes 3 AM” las cosas terminan mal: ante la perspectiva de un fin de semana insoportable como parábola de vacío ideológico, el protagonista acaba con su vida porque “no puede más”. “Viernes 3 AM tiene un error”, reconoce Charly. “Dice Bang, Bang, Bang”. Nadie puede pegarse tres tiros. Con el primero ya se mató.” En la versión que aparece en La Grasa de las Capitales no participa David Lebón, pero sí lo hace el bajo angustiado de Pedro Aznar, quien reveló que “cada vez que la ensayábamos no podía evitar llorar”. Una confesión que eleva todavía más a este réquiem de aires tangueros y genialidad instantánea.
Por Nicolas Miguelez