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jueves, abril 01, 2021

Pettinato plays García

Charly García posa con el disco que hizo con Roberto Pettinato. Lo imprimieron en Oregon, Estados Unidos.

 

Charly García, Roberto Pettinato, jazz y los temas de Charly como paisajes de un genio sensible en el medio de la sed. Pettinato Plays García: tarde de chaparrones, plantas caídas después de la lluvia. Si el vinilo entero que acaban de editar pudiera ser una charla profunda sobre el sentido de la vida, la voz del ilustre nos diría: “ Lo he intentado todo”.

“Muchos discos de los ochenta tenían la gracia de haber sido mezclados o grabados afuera. Pero este es el primer disco con semejante participación de Charly made in USA. Es algo que no me atrevo a decir desde Only Love Can Sustain, de Luis Alberto Spinetta, al que también llamamos ‘disco importado’”, dice Roberto Pettinato sobre lo que definitivamente es uno de los proyectos alternativos más originales de la música nacional.

Por la estatura de los protagonistas, se trata de la aventura independiente menos pensada. Desde su reciente lanzamiento físico hasta su concepción, estamos hablando, claramente, del disco menos comercial en la historia de Charly García.

Charly García y Roberto Pettinato compartieron la grabación de Pettinato Plays Charly García, álbum en el que el autor le puso su voz a tres de los temas y tocó en siete. Foto: Gentileza R.P.)

 

El álbum que grabaron juntos, y salió digital a mediados de 2020, llegó en secreto al formato de LP con sólo 500 ejemplares que empezaron a comercializarse de una manera heterodoxa: nada más que vía instagram, a través de @n.y.c records.


Las copias aparecen numeradas. Algunas se venden con autógrafos. El disco es doble. Casi exclusivamente dedicado a coleccionistas. El precio: $8.500. Pettinato Plays García es un trabajo donde el prócer canta tres temas, como se escribió en este diario, “usando una voz orgánica hecha de gárgaras de fibra de vidrio”.

Brutal, cruel, despiadado. Nada que ver con el sonido anti-fisiológico de Random (2017), aquel retorno del mejor Charly posible.

La tapa de "Pettinato plays García" fue hecha en collage por el propio saxofonista.

Ideado por el cráneo piantao de Petinatto, Charly canta en tres canciones y toca en siete de los 11 tracks. El álbum se grabó de frente march a lo largo de un día interminable. Quedará en las crónicas que el ex Sumo corrió con todos los gastos.

En junio 2020, plena pandemia dura, el disco se subió a la web. “Un regalo que quisimos hacer para todo el mundo”, anunció Pettinato cuando García le dio bandera verde a la iniciativa. Así de lindo. Así de espontáneo.

Hay versiones jazzeadas de Tango en segunda ( del álbum Pequeñas anécdotas sobre las instituciones, 1974), 20 trajes verdes (Peperina, 1981), Transatlántico art decó (Pubis angelical, 1982), Vos también estabas verde (Yendo de la cama al living”, 1982), Total Interferencia (Piano Bar, 1984), Película sordomuda (Influencia, 2002) y Happy and Real (Tango 4, 1991).

Ahora el vinilo. Portada: collage de Roberto Pettinato. Diseño: Lucía Castro. En la contratapa, el acrílico de Charly.

El acrílico que pintó Charly, para la contratapa de "Pettinato plays García".

La historia también dirá que la compañía que edita a Charly (Sony) parece que no quiso sacarlo en este formato. “Decían que era muy caro”, cuenta Pettinato.

(Lo independiente no es sólo una cuestión de actitud. A veces también tiene que ver con el rechazo).

-Hacer un vinilo es una tarea tan monstruosa que por momentos es preferible contratar una orquesta barata del Colón. Este vinilo se transformó en una odisea que ocupó todo 2020. El disco ya estaba en las redes y la gente lo había aplaudido y llorado a cada tema. Lo único que restaba era esperar a ver que se nos ocurría… –dice Pettinato.

Feliz. Charly García posa con el disco "Pettinato plays García".

La ocurrencia fue sacar el LP porque, según el hechizo y la profecía, “la música de Charly y lo que él es capaz de generar como absoluto líder de la Galaxia del Rock Nacional, merece vender vinilos aún más que cds...”

-No entendí.

-Si lo pensás, hay artistas a los que necesitás en vinilo. Yo no tendría jamás uno de Rod Stewart, a menos que fuera regalo de cumple, pero si tendría Sticky fingers de los Stones.

Hacer un vinilo literalmente hablando. Eso nunca estuvo en los planes de Charly. “¡¿Cómo se fabrica un surco...?!”, dicen que dijo.

"Pettinato Plays García", un encuentro del saxofonista con la música y el aporte del prócer del rock argentino en clave de jazz.

Todo iba para atrás. No podían descular cómo llevarlo adelante. “Empecé a luchar contra la mentalidad argenta que me ponía todo tipo de palos en la rueda. Que no se puede, que cuesta mucho. Pensaba: ¿cómo puede ser que Miles Davis hiciera discos de 25 minutos por lado y ahora fuera inviable? ‘No, Pettinato, no se puede porque las máquinas son otras y el disco sonaría peor. Ahí pensé en el cassette".

Comenzaron a averiguar por la guía de teléfono (¡existe!): empresas-que-hagan-discos-de-vinilo. Compararon precios. Por supuesto resultó que acá, en dólares, era más caro que en Nueva York (en dólares).

Así emprendieron la búsqueda de la compañía ideal.

La tapa fue un tema aparte. En pandemia, el músico, humorista, periodista y conductor de radio y televisión estaba dedicándose al collage, recortando revistas de arte, tirando los pedazos a la mesa y viendo qué quedaba.

Después de la operatoria de dados, llegaban las fotos con el iPhone. De pronto, el tipo notó la fuerza de una imagen que terminó siendo atractiva para la tapa.

Una imagen de la grabación de "Pettinato plays García". La magia surgió entre el piano y el saxo.

-¿Es algo así como una calavera?

-Sí. El original fue barrido de la mesa, así que nunca más habría copia ni posibilidad de una segunda impresión. Charly, por su lado, comenzó a hacer lo suyo y apareció con la contratapa. ¡Bellísima! Quiero aclarar que muchos ejemplares estarán firmados por Charly y por mí. Y que no será la firma que aparece en la contratapa. Esa es la que hizo Charly sobre su dibujo. Creo que todo esto es muy para fans. Nunca está de más aclararlo.

El sobre negro del álbum es idéntico al del último disco de Miles Davis. “Todo súper mega profesional”, dice. “¡No sabés cómo está Charly con el sonido… No puede ser lo que suena esto, me dice".

Lo imita casi tan bien como Juanse.

Buscar distintas compañías en los Estados Unidos. Para esto habrá que imaginar a Pettinato golpeando puertas. La faena sirvió para aprender que allá incluso te cobran el empaquetado. “Te meten los discos en una caja, y te la facturan (...) Pensamos en un LP único que sólo puedan tener 500 personas en todo el país. Una tirada chica, porque además es un disco raro, difícil, no es una música para decir: hagamos una impresión de 50 mil ejemplares”.

Mandaron el material a Oregon, donde hay una fábrica más barata y se podían hacer vinilos de 180 gramos, considerados los más resistentes y pesados del mercado.

A todo esto, el coronavirus como telón de fondo. Más fácil remar en cemento fresco. “Se retrasaba una y otra vez. Hasta que llegó el punto en el que conseguimos el lugar en Oregon... y de golpe un día me despierto y veo un noticiero en el que anuncian los incendios en Oregon. Eso incluía desalojos, corridas, bomberos. Y nuestro disco”.

Resultado parcial: otra demora.

-Tremendo. Varios operarios de la fábrica resultaron con sus pulmones como branquias.

Finalmente los discos se pudieron hacer. 300 están llegando al país como las vacunas y 200 se venden en los Estados Unidos, más precisamente en la sede indie de New York Records.

La idea ambiciosa que pensaron con García fue un disco de jazz que sonara como Led Zeppelin.

-Es un trabajo que la gente descubre con oídos, con su propia cultura musical y más que nada con paciencia (Pettinato).

Una imagen de la grabación de "Pettinato plays García".

La semana pasada sonó el teléfono en la casa de este cronista. “Soy Mecha, la mujer de Charly. Queremos mandarte el vinilo. ¿Podrías ser tan amable de pasarme la dirección?”. De movida pensamos en un Tangalanga con voz de ángel.

Al rato llegó el presente continuo de un álbum que será de culto u oculto. Casi sinónimos. Con el disco en la mano, hicimos un cálculo elemental: en plaza ya quedan solo 499 copias.

Pettinato Plays García salió en forma de álbum con una edición limitadísima embalada en Oregon. Formato doble y olor a disco importado. Podemos leer: Todas las composiciones son de Charly García. Abre con Say no More en versión instrumental y cierra con Total Interferencia. Duración total: 50 minutos con 4 segundos.

Charly García tiene ahora su música en un formato de jazz con "Pettinato plays García".

 

Charly y Mecha fueron curadores del proyecto. Ella le había entregado a Pettinato buena parte del material encapsulado en iPad’s de Pandora. Los entusiasmaba desenterrar canciones “con melodías impresionantes a las que nadie le había dado demasiado bola”.

2019. El proyecto estaba en marcha.

Ahora es lunes y Charly nos habla por WhatsApp. “Lo mejor fue el clima que se armó. Me gustó mucho. Estábamos los dos solos…”, dice de entrecasa, animado pero sereno y sin pretensiones de hábil declarante.

Después envía fotos donde se lo ve con una remera de la Naranja Mecánica. “Yo con mi piano, el con su saxo. Prácticamente no teníamos ninguna partitura ni nada. Fue lo que llamamos zapada. Nos complementamos muy bien, hubo buen humor y una fusión musical que es raro que se dé. Los saxofonistas generalmente leen por partitura y los pianistas también. Pero creo que surgió esa magia que se vio reflejada en el disco”.

Un vinilo doble y de calidad. Desde la tapa hasta el material. Los centros de cada unidad tienen, a modo de túnel del tiempo, ilusiones ópticas propias del OP Art.

No se vende en disquerías ni en ninguna parte que pueda encarecer su valor a través de porcentajes. Solo Instagram.

“Muchas veces las obras de arte pueden ser buenas, malas, entendidas o lo que fuere. Pero siempre tienen un subtexto y una intención de disfrutar del placer de lo microscópico. Este disco –según Pettinato- es eso. Y con el tiempo será aún más".

Por Hernán Firmo

Fuente: Clarín

El Blog de Charly García (hecho por DIOS)

sábado, junio 06, 2020

Charly García siempre odió la palabra jazz

Corría mayo de 2019 cuando Charly García entró al estudio donde Roberto Pettinato y su cuarteto trabajaban en las versiones de 11 temas suyos, y se sentó al piano. Lo que sería una sesión corta para que Charly diera su bendición a tres temas, se extendió por varias horas y convirtió a García en una especie de invitado permanente que toca o canta en siete tracks. Así, Pettinato Plays García (Club del Disco) se transformó en un descenso al maelström García, donde todo cobra otra dimensión y las cosas suceden bajo sus propias normas. De pronto, un álbum destinado a la comunidad del jazz tomó el cariz de un lanzamiento nacional guardado bajo siete llaves para que no se filtre entre los fans que esperan novedades de Charly desde Random (2017).

Aunque la presencia de Charly alteró el plan, no lo hizo del todo: García y el cuarteto (Andrés Marino en piano, Hernán Cassiba en contrabajo y Omar Menéndez en batería) grabaron como un grupo de jazz lo hace habitualmente, en una sola sesión y en tomas directas. Sólo se añadieron algunos pasajes y efectos que enlazan los temas y llevan el conjunto a una especie de gran suite libre que alcanza los 51 minutos de duración, y que Pettinato pide escuchar sin interrupciones, suspendiendo por un rato “la ansiedad que lo arruina todo”.

–¿Por qué elegiste estas canciones dentro de un repertorio tan amplio?

–Con artistas con tanto material, grupos, estilos, vueltas atrás, locuras de un futuro próximo, era complicado decidir. A los temas los elegimos juntos. Fueron meses de pensar en uno u otro. A la vez, el saxofón rige y está en uno que no limite, porque es una nota tras otra. No se pueden hacer acordes y su expansión puede que conduzca a caer en una fuerza gigante de mala música o llevarte un paso más allá. Cuando Coltrane hizo un tema de La novicia rebelde, nos dimos cuenta de dónde venía treinta años después. Se había apropiado de tal forma que creíamos que “My Favorite Things” era una composición suya. Era tal el poder de su presencia que todo le pertenecía. Charly es tal cual. Un magma, una lava que arrasa, deshace y deja esculturas por todos lados.

–¿Y cómo se transformaron esas canciones en el disco?
–En el sonido de contrabajo, batería con escobillas y piano, todo se descompone y vuelve a nacer. Mecha Iñigo, la pareja de Charly y curadora del álbum, me dijo que nunca había escuchado estos temas así. Yo quería los temas líricos, de notas largas y melodías aún más extensas. Como “Tango en segunda”, que es bellísimo y perfecto, o el comienzo de “Total interferencia”, por no decir todo lo demás que es. Por ejemplo, “Película sordomuda”, que Charly compuso cual pianola de los años 20, aquí fue disuelta y ralentizada a mitad de velocidad para descubrir qué sucedía. ¡Y encontramos una melodía que podría haber compuesto Cole Porter! Aún peor fue el caso de “Happy And Real”. No lo conocía, y cuando Charly lo tocó en su casa, le dije “Estos temas de Broadway me encantan”. Pero era suyo. Tony Bennett le dijo que era la mejor balada que había escuchado en los últimos 30 años. Suele pasar que una melodía se esconda detrás de una batería, guitarras eléctricas, una masa de teclados. Al limpiarse todo queda la pureza de la canción. Yo pensaba que este tenía que ser un disco que sintetizara el viaje de García a través de la música, desde los ruidos, las cintas al revés, los cambios radicales en una misma canción. Así llegamos a los IPads y un singular descubrimiento casi inaudible que mi pianista se encargó de sacar. Hoy se llama “IPad Church número 9” y podría ser un tema de órgano de iglesia preparado por un músico clásico de aquellos tiempos en que les pagaban bien.

–Ahora que te introdujiste en las canciones de García ¿qué es lo que destaca de él como artista?

–Lo más importante fue llorar con su voz. Hasta el día de hoy no puedo escucharlo cantar: “Miiii vidaaaaaa essss tannnnn tristeeeeee”, porque no lo puedo sostener. Muchos creen que es sencillo componer, pero como decía Brahms: “Componer no es difícil. Lo difícil es dejar caer debajo de la mesa las notas superfluas”. Si fuera tan sencillo, los imitadores de Charly merecerían caballos y una casa en lugar de la hoguera (risas). García no se detiene porque su cerebro no puede hacerlo. Compone y compone en el mismísimo momento en que compone. Es como si fueran dos. Uno que está por terminar el tema y el otro que le dice: “No, acá falta esto, o lo tocaremos de otra forma”. Lo comprobé cuando ensayábamos “Happy And Real” para el Gran Rex. Yo le decía: “Hacelo tipo free al principio y como en esos comienzos de películas de bla bla bla”. Y tocaba lo que fuera respondiendo a la propuesta que le hicieras. Increíble. Nunca vi algo así. Y todo con un solo tema. Alguna vez dije que en el rock nacional, con un puente de una canción de Charly, una banda puede grabar todo un repertorio propio. Bueno, después de esta experiencia creo que me quedé corto. Así como los tangueros representaban el adoquín y Piazzolla el asfalto, Charly es tal vez la única antena que nos queda en pie para saber de qué forma definimos nuestra idea de arte.

–Con vos Charly se largó a una grabación desnuda, sin procesamientos digitales ni sobregrabaciones. ¿Tuviste que convencerlo para que se tirara a esa pileta?

–¡Charly es la pileta! Y también el agua. Está en vos la suerte que tengas de que ese día haya decidido llenarla y decirte: podés subir al trampolín (risas). Los improvisadores en general tenemos la cabeza en el aire. Somos pedazos de atmósfera que después escuchamos lo que hicimos y no nos reconocemos. Yo toqué y grabé cuatro discos con los popes máximos del free jazz, ¡personas que a los 22 años eran bajistas de Thelonius Monk y Sonny Rollins! Y ahí entendí lo que era la libertad. Son músicas que te dirigen la vida para siempre. Pensé que había quedado atrapado en esta felicidad de ser un músico de free jazz, como de free rock (término que acuñé para Sumo alguna vez). Pero no. Resultó que aún podía reconocer en mí las bacterias del Gato Barbieri, o de Ben Webster, en cuanto al sonido lleno, sutil o épico. Hoy me escucho en este disco y no sé quién es el que toca el saxofón. Muchos decían: “Salir con Charly es no saber si volvés”. ¡Gracias a Dios que es así! En la música es tal cual. Charly siempre odió la palabra jazz. No sé por qué, pero antes de subir al escenario en el Gran Rex, me dijo: “No digas más esa palabra, ¡Por Dios!”. Sin embargo, aquí exprime esa esponja gigante que lleva en su memoria y vaya uno a saber si no es Herbie Hancock o Donald Fagen. ¡Pero hace solos y reinterpreta sus propios temas para que queden dentro del espectro del disco! O sea, no es un disco de una bandita tocando en versión decadente tipo Beatles and Bossa. El disco es una obra que comienza con “un hombre supuesto” buscando algo en el dial y termina cortado de golpe como el final de Abbey Road. García se metió en la música y propuso aportar guitarra, vibráfonos, gritos, momentos casi de música contemporánea deforme y volver a las melodías. “20 trajes verdes” no sabés de quién es ni de qué época, ni cómo es que no lo grabó Sinatra.

–¿Quién es Charly García para el mundo del jazz? Salvo el disco Indómita Luz, en 2012, el mundo del jazz no se mete mucho con su obra.

–Jamás escuché nada de García hecho en jazz. Sé que existe, pero muchas veces lo importante es la cercanía y su presencia más que si alguien hace sus canciones con timbaletas. Esto no es un disco de músicos intentando ganar dinero haciendo las canciones sagradas del rock, como esos grupos que convierten todo en una cumbia. Es un disco artístico. Un disco profundo y tal vez difícil. El arte debe ser un martillazo en la cabeza o nada. No nos olvidemos de que La grasa de las capitales todo lo infecta cual fugazetta. Y en este disco Charly mostró lo que significa luchar contra eso, y salir por encima con la cabeza limpia. Nuestro país a veces es como una juguetería que tiene miles de camiones mal construidos y con ruedas que duran dos días y en el estante de arriba: ¡castillos importados de concepción perfecta! ¿Pero qué es lo bueno? Que supimos elegir. García será eterno, ya lo es. Podios hay y estatuas sobran en la humanidad. Y puede haber una para Hendrix y otra para Mostaza Merlo. Da igual. García, repito: es la fucking piscina. Todo lo demás nada cómodamente y hace la plancha dentro de ella.

–En la época de Sumo y el under de los 80, Charly era uno de los ídolos que había que desbancar. Hoy aparece como alguien a cuya obra le dedicás un disco. ¿Qué te produce esta pirueta del destino?

–El mundo y el destino son como como el ojo de Londres. Es esa rueda que cada vez que pasás por el mismo lugar sabés del miedo que va a venir y, sin embargo, te volvés a sorprender. La rueda es la misma. Lo que te muestran, no. García no tiene década. Como decía un maestro: “El tiempo no pasa. Los que pasamos somos nosotros”.

–Comparaste la concepción de este disco con lo que Bob Dylan hizo con el repertorio de Sinatra. ¿Qué te gusta de esos formatos y qué dirías de la forma de interpretar que tiene hoy Charly?

–Una noche hablamos sobre Dylan y ese disco tan raro. Dylan lo hizo, según se suele decir, porque muchos críticos afirmaban que ya no tenía voz. Entonces puso el micrófono pegado a su paladar prácticamente y así salió. Tomé esa idea, se lo dije a Charly: “Mirá, te pondré un micrófono así, sin nada, pelado. Basta de efectos”. Y así fue. Le encantó, y lo más importante es que lo interpretó bajo esas normas. Cuando lo escuchás sentís que está cantando en tu living, alucinás. Me sigue pasando en este instante.

–¿Qué te pidió Charly para grabar, en cuanto a condiciones técnicas?

–No lo puedo decir (risas). Pero que no hubiera escaleras, que al final las había, y nada más. Se sentó al piano y comenzamos al instante. De pronto se había convertido en un crooner del mejor hotel de Nueva York. Faltaban las luces azules y el humo de la boca de la chica de rojo (risas).

–¿Qué característica creés que el disco muestra de Charly, como autor e intérprete, y también de vos como intérprete?

–Mi visión de mí como intérprete la tengo a través de los ojos de Charly. Suficiente para mí. ¿Le gustó cómo toco en este disco? Sí. Punto. Después, lo que yo pueda decir de mí no es relevante. Aquí se demuestra que García toca como nunca, toca jazz, hace solos, interpreta sus temas de una forma ultra novedosa, y fundamentalmente su voz te parte el corazón. Y no sé si se lo propuso o le salió así. Canta como si fuera Goyeneche, o quién sabe cuáles de los mejores Dylan, Tom Waits o John Cale. La voz de García va a dar que hablar y seguramente muchos querrán más discos suyos así. Me recuerda a los últimos discos de Coltrane, que ya lo había dado todo en la vida y te sorprendía con una laceración en el sonido y un buen gusto imposibles de creer.

Por Luciano Lahiteau

Fuente: Clarín

El blog de Charly García (hecho por DIOS)

jueves, mayo 21, 2020

Charly García y Roberto Pettinato grabaron juntos el primer disco de jazz del prócer del rock argentino

Roberto Pettinato se propuso grabar un disco que homenajeara a Charly García, pero los planes cambiaron sobre la marcha, y el propio Charly se sumó al proyecto como uno más. (Foto: Gentileza R.P.)
Un sonido totalmente limpio y puro. Roberto Pettinato le dijo que no quería canciones como No voy en tren, voy en avión, y Charly le respondió que a él tampoco le gustaba ese hit. Debían ser temas de duraciones largas que permitieran que Pettinato pudiera meter su saxofón.

Charly y Mecha, su mujer y curadora del proyecto, le entregaron a Pettinato buena parte del material encapsulado en iPad’s de Pandora que Charly iba rompiendo con el uso, y el ex Sumo debía ocuparse de arreglar. Ahí se encontraron las amígdalas harapientas del más melancólico de todos los García que conocemos.

El álbum empezó siendo un homenaje, pero se volvió incontenible hasta para el propio Charly. En Pettinato plays García, el prócer canta tres temas con una voz orgánica hecha de gárgaras de fibra de vidrio. Crudo, nada que ver con el timbre metálico de Random (2017), el asombroso regreso del mejor Charly posible. Acá es otra cosa, es un tipo diciendo: “Soy esto, esto es lo que hay”. En barbijo y en pelotas. O como nos cantaba en Hipercandombe: “Y si te asusta este canto final, o no le encuentras sentido, podés cambiar el dial”.

Charly está presente en todo el álbum. Canta en tres temas y toca en siete de los 11 tracks. Se grabó todo en una sola jornada maratónica que pagó el propio Pettinato. De 10 AM hasta la medianoche. En algún momento apareció García y descompuso la grabación que estaba en marcha para meterse más, más y más.

La idea que lo entusiasmaba era desenterrar canciones con melodías impresionantes a las que nadie le había dado bola. Participaron Andrés Marino, pianista y compositor, Omar Menéndez, en batería, Hernán Cassibba en bajo y Roberto en saxofón. Por lo demás, en piano, órgano, mellotrón, voces, coros, guitarras y ¡vibráfono!, Charly.

​Un cuarteto de jazz tradicional más la extraordinaria voz del ícono como a punto de retirarse a una caverna glacial.

Meses de conversaciones entre Mecha, Charly y Pettinato. La grabación está cumpliendo justo un año.

-¿Siempre te gustó García como para hacerle un homenaje?

-Charly tiene muchos efectos en la voz. Es maravillosa para hacerla sonar como la del Polaco Goyeneche. Siempre creí que su música estaba guardada dentro de otra cosa diferente y a veces tapada, quizás, por los teclados. Me decía: '¿Qué pasa si la limpio y hago que suene absolutamente pelada?' Con el cuarteto de jazz formado y activo, un día escuché un disco de Bob Dylan que Charly escuchaba. El disco era totalmente fuera de la armónica o la guitarra. Era Dylan, que había sido acusado de no tener voz, quien decide cantar temas clásicos de jazz como Stormy Weather y otros, con orquesta. Al oírlo sentí que realmente era Charly. Muchas veces, uno escucha una música y piensa en otra cosa. Escucha e imagina. Escucha y puede surgir algo nuevo, serio o gracioso. Algo así nos pasaba de chicos cuando alguien ponía los Bee Gees y pensábamos en ovejas...

Pensó en García.

"Con Charly y Mecha, su mujer y compañera de toda la vida, incluso mi hija Tamara presente, ya habíamos pasado varios cumpleaños y fiestas de Fin de Año en donde se tocaba, se hablaba y a veces el día te sorprendía con un proyecto que en segundos todos olvidábamos. Empecé a llevar el saxofón a su casa y tocamos muchas veces varios temas. Algo de eso iba a quedar. En un momento tocó Happy and Real (NdR: incluida en Tango 4, Influencia y Kill Gil), y me pareció tan genial y única que le dije: '¡Estos temas de Broadway son increíbles!'".

-Naah, es mío… -devolvió Charly.

-¡¿Queeé?!

-Es un tema que alguien calificó como “la mejor balada que escuche en los últimos 20 años" -agregó García.

Charly García, en plena grabación, al estilo de los viejos discos de jazz: todo en una toma y en un solo día. (Foto: Gentileza R.P.)

Pettinato: “De pronto, en un corto encuentro que tales fueron las palabras de... ¡Tony Bennett! (...) Empezamos a trabajar sin darnos cuenta en lo que, como bien dice Mecha, es el único disco de Charly de jazz. Yo había decidido que mi idea era lo suficientemente sólida como para ser aceptada o rechazada por igual. El proyecto consistía en hacer los temas menos conocidos de Charly, pero con un tratamiento de melodía de compositor que toca un mandala, mostrando el ser brillante que es, tan pero tan lejos de todos los demás".

Charly pondría condiciones. Necesitaba saber cuáles serían esas canciones.

-En la voz del tema de difusión se lo escucha virgen, despojado, demasiado lejos del maquillaje tecnológico de Random.

-Sí, pero no es la voz de un tipo hecho. ¡Es Goyeneche!

“El proyecto consistía en hacer los temas menos conocidos de Charly, pero con un tratamiento de melodía de compositor que toca un mandala, mostrando el ser brillante que es, tan pero tan lejos de todos los demás”.

Pettinato llora. Ocurre. Llora de emoción. ¿Alguien vio a Pettinato adulto emocionarse?

“Es el disco más melancólico de Charly. Lo que te pido, le dije yo, son los temas que merecen ser revisados y vueltos a vestir. Esa misma magia escondida tendría que estar presente en todo el material".

La idea: crear una obra de 50 minutos. Charly fue el “supervisor” y Mecha, su mujer, “la curadora del proyecto”. Hubo cientos de llamados y explicaciones por celular:

-Necesito temas con cierta lírica –explicaba Pettinato.

-¿Lírica cómo qué? –Mecha.

El laboratorio. Charly García, Roberto Pettinato y compañía, monitoreando el resultado del encuentro musical. (Foto: Gentileza R.P.)

-Temas con melodías largas, melodías que el saxofón pueda adoptar sin quedar envuelto en música para supermercado. Evitemos los No voy en tren voy en avión.

-No te preocupes, Charly me dice que a él tampoco le gusto nunca esa canción (Mecha).

Ahí es que García, “con sus antenas que todo lo ven y todo lo pescan”, comenzó a recorrer su repertorio. Surgen 20 trajes verdes (Seru Giran), Total Interferencia (Piano Bar), Transatlántico art decó (Pubis angelical). Y Say No More.

Entre un cuarteto al borde del estilo Coltraniano, “pero suave y elástico”, surgió la versión que Charly en un comienzo apenas reconoció de Say No More.

"¡Quedó otro tema!”, dijo lanzando una carcajada.

Otros temas incluidos son Tango en Segunda y Vos también estabas verde. Esas eran algunas de las elegidas, hasta que llegó el momento fantástico:

"Mecha me llama y me dice: 'Charly suele jugar con las iPads pero se le rompen. Tengo 12 rotas para ser reparadas algún día'. Yo le pregunto: '¿Pero hay música adentro?' '¡Por supuesto!', me responde... Miles de temas que le fueron saliendo y los grababa ahí'".

Las grabaciones desencontradas sólo podrían escucharse si alguien arreglaba los aparatos. Uno tenía rota la pantalla, otro estaba pintado como ya imaginamos, otro estaba deformado...

Pettinato se ocupó. “Apenas audible encontré algo que me llamó la atención. Era una cosa hecha en un órgano como los de las catedrales, con esa misma cadencia que ameritan los coros de niños de Viena. Le pedí a mi pianista Andy Marino que por favor lo pasara a papel y que sacara las notas porque yo no lo entendía”.

Charly solía monitorear lo que se tocaba. Los ensayos ocurrían en casa de Pettinato, pero él no iba. “Yo todo se lo pasaba a Mecha, y Mecha a él. El material iba y venía por iPhone para que él viera cómo iba quedando”.

-Soy yo, Petti. El tema del órgano está buenísimo.

-¿De quién es? –pregunta García.

-¡¡Tuyo!!

-Ahhhh (Charly riéndose), entonces está muchísimo mejor.

Charly García, especialista en romper iPads, compuso un tema después de la única vez que visitó una iglesia. (Foto: Gentileza R.P.)

El boceto estaba en un Ipad vencido. Mecha cuenta que es un tema que hizo la única vez que García visitó una iglesia. “No me acuerdo donde, pero sé que fuimos. Entró y salió. A la noche compuso eso".

-¿Qué nombre le ponemos? –soltó Roberto.

-No sé, fijate vos –dijo García. No está ni registrado.

-Bueno pongámosle Ipad Chuch Number 9, en recuerdo de los Cloud 9, de George Harrison, y Revolution 9, de Los Beatles.

De pronto en otro Ipad Pettinato descubre Película sordomuda (Influencia, 2002), tocada por Charly al piano en su versión original.

“Era como un tema de Jerry Roll Morton o algo así. Le digo al pianista: veamos qué contiene si lo tocamos despacio, que cada nota suene y tenga su valor... Bué, ni hablar: nos encontramos con una balada tremenda”.

Con dos meses de ensayar casi a diario y vueltas y vueltas y vueltas y aún más, el repertorio estaba casi terminado. Serían 11 temas y lo que pudiera suceder en el estudio, si es que Charly se dignaba a ir. Estaba invitado, claro, pero la idea original era que simplemente tocara y cantara Happy and Real. Eso era todo.

El álbum se grabaría como los discos de jazz, es decir, en un día, en una jornada de aproximadamente 12 horas. La obra de 50 minutos 4 segundos estaba en camino. Para lograr esto, los temas irían unidos con sonidos y trabajos de collage sonoros.

Pettinato: “Es algo que hice en honor a Charly a propósito porque sé que desde los tiempos de Say No More, siempre le gustó”.

Entraron al estudio un día de mayo de 2019. Petti lo cuenta todo con detalles de orfebre.

“Comenzamos a grabar los temas sin ningún tipo de descanso ni nada. El entusiasmo lo podía todo. La pregunta era siempre la misma de parte de los músicos: '¿Viene Charly?' Yo no sabía qué responder. Llamaba a Mecha y me decía: 'Ya está vestido'”.

Mecha, por el tema delicado de la cadera de Charly, pregunta si hay escaleras en el estudio. “No sé por qué en ese momento le dije: 'No pasa nada, no hay'. Después de horas grabando me había olvidado que eran dos pisos por escalera. Cuando me doy cuenta del pequeño detalle, llamé para avisar, imaginando lo peor”.

Al rato le devuelven el mensaje: "Estamos en un taxi".

Lentamente, “con su outfit rockero con campera negra”, peldaño a peldaño, bajaba Charly García con una sonrisa grande como un parque, buscando el piano al que después calificó así: "Me encantan estos que se compran acá en Juan B. Justo".

“Comenzaron las sesiones de nuevo porque quería tocar y después agregar aún más cosas –explica Pettinato-: sonidos, guitarras, mellotrón. Y lo quería hacer incluso en los temas que ya estaban hechos. Ya era mucho más que una colaboración, y muchísimo más aún que una participación en un solo tema. El proyecto le había encantado y estaba feliz pidiendo una guitarra para usarla como efecto. En un momento, no lo olvidaré nunca, al escuchar iPad Church Número 9, me dice al oído: ‘Este tema está bueno’”.

Días después se juntaron todos y más adelante Mecha le fue enviando pequeños videos de Charly escuchando los temas y diciendo: "¡¡¡Este disco es internacional!!!!!". O, "muyyy finoooo. Es una película".

La mujer de Charly se comunicó con Pettinato durante la presente pandemia, “hoy, hace horas nomás”, para darle un mensaje claro. “Hay que sacarlo ahora. Es como una alegría para la gente". Y chau.

Es por eso que se está preparando su salida en las redes y plataformas. “Y cuando la naturaleza lo decida, podremos editarlo en disco físico”, adelantaron los interesados.

“El asunto de la voz fue un tema aparte. Yo le dije: ‘Te pondré un micrófono en la garganta. No cantarás con ningún esfuerzo. Tu garganta será como un codo sobre el piano de un hotel 5 estrellas, vos en el lobby tocando para los presentes´. Todo lo que se escucha fue grabado en una sola toma y en una sola versión”, cuenta Pettinato.

“García logró que el disco se convirtiera en una obra. Su voz, sus tempos, su forma de equilibrar y sostener en dinámicas todas las canciones, convirtieron este disco en un ladrillo difícil de romper. Tal vez no sea un álbum cómodo, pero así son aquellos que llevaron el rock siempre un inesperado paso más allá. Un paso que tanto lo hizo reír cuando le dije: ‘¡Qué disco, diossss...! Cuando lo escuches te vas pedir un autógrafo a vos mismo!".


Por Hernán Firpo

Fuente: Clarín

El blog de Charly García (hecho por DIOS)