miércoles, diciembre 22, 2021

La reedición del primer disco de Serú Girán viene con una exigencia de Charly García


El Instituto Nacional de la Música (INAMU) anunció la reedición del primer disco de Serú Girán, en formato vinilo y en CD. Una tarea que no fue nada sencilla, ya que se trata de un material que había quedado en manos de la discográfica Music Hall que no había podido recuperarse en 20 años y a lo que además Charly García le sumó una condición inapelable: que se recuperarán las fotos originales que se habían tomado en San Pablo para la ocasión.

Este tiempo tan amargo por los dos años -que no sean más- de la pandemia, también trajo el auge de revisión de los grandes capítulos de la historia de la música del siglo pasado y eso se celebra. Como ocurrió con el estreno de “Get back”, el documental de 9 horas que muestra a los Beatles intentando crear en tiempo récord su álbum “Let it be”. Un material que late, porque, al fin de cuentas, narra el prefacio de un final.

Este 2021 también fue el de “los 70 de Charly García”, “los 70 de León Gieco”, el reconocimiento público de estas personas por su legado y por existir y, en el ocaso de este 2021, llega la noticia de la remasterización del primer disco de “los Beatles argentinos”: los Serú Girán.

Este álbum no fue el primero de la banda que se reeditó: ya lo habían hecho con “La Grasa de las capitales” que fue una de las últimas actividades que pudo hacer el INAMU antes de la pandemia. Ahora, igual que entonces, Pedro Aznar fue uno de los encargados de tomar esos sonidos recuperados, limpiarlos y lograr que sonaran con la mejor calidad posible.

¿Por qué ocurre esto 43 años después de su lanzamiento en 1978? Porque este fue uno de los álbumes que quedó retenido en los galpones recónditos de Music Hall. El catálogo de la discográfica -de más de 1.500 discos- estaba retenido porque la empresa se había declarado en quiebra y el síndico a cargo decidió que “o se vendía todo el repertorio junto o no se vendía nada”. Entonces los músicos que intentaban recuperar sus grabaciones no podían hacerlo porque no querían venderles sus archivos por separado.


Así pasaron 20 años: desde 1994 al 2014 los discos que estaban en ese catálogo no se podían editar o, lo que terminaba sucediendo es que se hacían ediciones truchas que perdían calidad en el camino. Fue el periodista Alfredo Rosso quien acercó esta inquietud al INAMU y a partir de entonces comenzaron a hacer la lista de qué discos estaban “atrapados” en el archivo de Music Hall.

Investigaron los expedientes sobre el proceso de quiebra de la discográfica y finalmente llegaron a los archivos musicales. El catálogo estaba en condiciones de ser recuperado y desde el INAMU se hizo la oferta a la jueza a cargo para recuperar el material y darles a los artistas principales una licencia de la venta del formato físico, la explotación digital y la sincronización de lo recuperado. Con este movimiento León Gieco recuperó sus diez primeros discos, Gustavo Santaolalla los primeros cuatro de Arco Iris, y muchísimos artistas más de los más variados géneros se reunieron con su material.

Serú Girán remasterizado por ellos mismos
La propuesta del INAMU tiene la peculiaridad de hacer participar a los artistas de la banda en la tarea de recuperación de sus discos y, en el caso del disco de Serú Girán, además de Pedro Aznar, tanto Charly García como David Lebón siguieron de cerca el proceso de remasterización.

“En este disco hubo una dificultad extra porque cuando fuimos a verlo a Charly a la casa, él nos pidió que se recuperaran las fotos de José Luiz Pederneiras que había hecho la sesión que se usó para el disco, entonces eso se convirtió en una causa para nosotros”; confesó Diego Boris, presidente del INAMU.

José Pederneiras es el hermano de Zoca, pareja de Charly en aquel entonces y quien había hecho la sesión de fotos en San Pablo, Brasil. Encontrar al fotógrafo fue sencillo, pero lo complejo era que él diera con aquellos negativos. Finalmente, todo se logró, los negativos aparecieron y el disco incluye esas fotos inéditas hasta la fecha.


"Tantos años después recibo esta invitación para ser parte de este lindo proyecto”, dijo el propio Pederneiras emocionado. “Recuerdo que, en los intervalos de las grabaciones, caminábamos por las calles y parques de la ciudad de Sao Paulo, y registraba esos encuentros. El reencuentro ahora con esas fotos, es como revivir un poco aquellos días maravillosos”, agregó.

Al igual que para la edición del 40 aniversario de "La Grasa de las Capitales", en la restauración y remasterización del sonido también participó Ariel Lavigna y, fue realizada en conjunto por el Instituto Nacional de la Música y Altafonte. Contó con la producción Diego Boris, y de Gustavo Gauvry de la Asociación Argentina de Técnicos e Ingenieros de Audio (AATIA) y a partir del miércoles 22 podrá conseguirse en las disquerías.

La reacción de los protagonistas
"Este disco es un encuentro entre cuatro amigos. Me emociona y me pone feliz que los jóvenes hoy puedan escuchar lo que hacíamos nosotros en nuestra juventud. Esta reedición es una manera de hacer que ese amor y esa música no se pierdan nunca", dijo David Lebón luego de conocer la noticia, en tiempos muy sensibles para el músico que perdió a su hija Tayda este año.



Charly García también hizo llegar su mensaje: "Estoy muy emocionado, me dejó muy contento como quedó el disco". Pedro Aznar recordó que la banda marcó un antes y un después en su vida. “Forjó en nosotros una hermandad muy importante que nos hizo crecer a los cuatro, nos puso en contacto con pares. Verse espejado en alguien que tiene exactamente el mismo nivel de pasión por la música, es una cosa muy importante, es algo que te da alas para volar más lejos. Eso creo que es lo que significó Serú Girán para cada uno de nosotros”.

Hace casi 2000 años
En 1977 Charly García se había enamorado de Zoca, la bailarina brasileña que le insistió al músico que armara algo con David Lebón. Así fue. En Búzios la dupla comenzó a darle forma a lo que más adelante sería Serú Giran, pero fue en San Pablo donde se consolidó (el sonido de ese país se cuela en “Autos, jets, aviones, barcos”), ya con Oscar Moro y Pedro Aznar confirmados. Les llamaron “Los beatles argentinos” y José Luiz Pederneiras les hizo algunas fotos que recordarían las clásicas imágenes del grupo británico.



Hoy Serú Girán es una banda icónica del rock nacional, con algunas canciones más “accesibles” y otras que ofrecen alguna resistencia, pero que sin duda concentra piezas brillantes como “Eiti Leda”, la canción que abre el primer disco. Este álbum también incluye “Seminare”, otro ingrediente principal de eso que llamamos rock nacional. El LP se completa con “El mendigo en el andén”, “Separata”, “Autos, jets, aviones, barcos” en el lado A y en el lado B aparece “Serú Girán”, “Voy a mil” y “Cosmigonón.

Y, a pesar de que esa música se creó 43 años atrás, cuando Charly todavía no había llegado a los 30 años, sigue estando vigente porque le “habla a tu corazón”, es que García, como escribía Miguel Grinberg en 1990 “no es un héroe, es apenas un hermano al que las cosas que conocemos le duelen tan hondo, que su modo de defenderse es crear cosas para el corazón de quién quiera”. 

Por Rosario Bernasconi

Fuente: Perfil

El blog de Charly García (hecho por DIOS)

miércoles, octubre 27, 2021

Las locuras de Charly

Ahora es fácil ser fan de Charly García; ahora que no hay peligro, ahora que ya pasó la desintoxicación, ahora que Charly está encerrado en su casa, en una cuarentena que empezó mucho antes que la del coronavirus. Ahora que la prensa especializada y los encuestadores del canon revistero ya ordenaron definitivamente sus discos en listas en las que los primeros puestos siempre son para otros. Charly es ahora ese viejito que hizo las canciones que hizo, que cantó en clave las letras con las que el rock narró los 70’ en esta parte del mundo; ahora es ese “ser” (¿Spinetta dixit?) que nos puso a bailar cuando todavía nadie salía a bailar el rock; el que en 2009 volvió desde no se sabe dónde o desde la quinta de Palito (¿o era una estancia?). El homenajeado; el Doctor Honoris Causa; el que fue al velorio de casi todos los demás (de Soriano a Cerati); el que llegó “al Colón” (el que suspendió un Colón); el que en dos horas de venta de tickets llena cualquier sala argentina para un recital que probablemente durará un poco menos. Ahora no sólo es fácil ser fan de Charly García, ahora es casi un deber del buen argentino.

Pero no siempre fue así; hubo un tiempo, que fue hermoso, en el que seguir a Charly tenía un costo, había consecuencias sociales, había que dar explicaciones. Los mayores nos decían que Charly ya había cantado para ellos, que los discos que importaban habían salido cuando nosotros todavía no habíamos empezado la primaria. Algunos de nuestros congéneres (los que se seguían “llamando chabones”) se alistaban en las filas de esas bandas cuya línea genealógica termina en República Cromañón pero que, si la remontamos, conduce inequívocamente a Los Redondos. Otros se reconocían en las playlist de “Los 40 principales” y sus satélites; o se volcaban de lleno a la “guerra de los colores” y a viajar “a 2000” por las rutas argentinas del cuarteto. Todos, “sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política” convenían en que Charly García estaba loco.

Hacia mediados de los 90, la idea de que Charly estaba loco era un elemento constitutivo de la atmósfera cultural argentina; en la tele, en los diarios, en la radio, en la escuela, en las discusiones familiares, la frase “Charly está loco” pululaba como un argumento irrebatible que pretendía neutralizar cualquier intento de vindicación o defensa; deslumbrados por su magnética lucidez, nosotros éramos eso, los seguidores de un “loco” que, dos semanas después de presentar Say no more en el Ópera, aseguraba estar librando una “guerra contra la nada” (la enigmática frase era una alusión que pasó desapercibida pero que remitía a la alegoría central de La historia sin fin).

El dilema, por supuesto, era un poco más escabroso. La paulatina figuración de la locura de Charly comienza mucho antes de que los medios masivos lo redujeran a materia prima del escándalo. El primer diagnóstico del que tenemos noticia, de 1972 pero anterior a la grabación de Vida, se lo debemos a una institución que, según  su propio lema, “nació con la patria en mayo de 1810”: el Ejército Argentino. Su jefe, Alejandro Agustín Lanusse, oficiaba de Presidente de facto al mando de la autoproclamada Revolución Argentina. Según Sergio Marchi, la frase precisa que utilizaron fue “maníaco-depresivo, con personalidad esquizoide” y se convirtió en el salvoconducto que, a los pocos meses de comenzado, liberó a Charly García del Servicio Militar Obligatorio. Es raro decirlo, pero la institución disciplinadora hizo su trabajo con perspicacia y descubrió a Charly García incluso antes que el mercado, la industria y Jorge Álvarez.

Ese diagnóstico funda la locura de Charly y, al mismo tiempo, propicia el movimiento especular con el que Charly responderá a esa acusación durante los años siguientes, y aún durante las próximas décadas. Ahí es donde empieza a tomar forma el “ejército loco” de esa canción que termina diciendo “porque para ellos el loco era yo”. Pero Charly da un paso más, porque la democracia argentina también está signada por ese ejército. De una forma menos evidente, esa respuesta especular aparece también en “Juan Represión” (“está tan loco el pobre”), una letra que juega con el nombre propio más común de nuestra lengua y a la vez el más singular de nuestra historia política: el de Juan Perón. Las hipótesis de lectura se multiplican pero hay algo en la letra que se trasluce de manera distintiva, la duplicidad del protagonista y su percepción invertida de la realidad: se viste de bueno con el disfraz de villano (¿un león herbívoro?), los malos de la historia son los héroes cotidianos, quiso ser un superhombre pero la realidad se le escapó de las manos, los reprimidos serán sus amigos cuando se quite la máscara. La fábula pareciera encriptar las coordenadas históricas que rodean la génesis de esta canción, en 1974: la “bipolaridad” y la doble identidad del peronismo en el regreso del líder, ese Juan que, Charly parece no olvidar, también formó parte del Ejército loco que, durante el siglo XX, asumió la función ejecutiva por todas las vías que tuvo a su alcance.


Estas apreciaciones resultan menos sospechosas a la luz de dos datos. El primero es la participación de Sui Generis, entre otros “conjuntos de música moderna”, en el “Festival del Triunfo Peronista”, en marzo de 1973; la crónica de la revista Pelo menciona la presencia del vicepresidente Solano Lima y la precipitación de una intensa lluvia que marcó el final del multitudinario festival antes de que terminara el set de la segunda banda. El otro son las letras de “Música de fondo para cualquier fiesta animada” e “Instituciones” que no quedaron en el disco y las variaciones en vivo (registradas en el monumental trabajo de Di Pietro) cuyas alusiones a “padres que acaricien mi espalda” y a “un presidente hablando sobre un pueblo en paz” (no ya a un difuso rey, imaginario o no) alientan esta lectura. Menos que instancias de una militancia sostenida u orgánica, parecen indicios de una experiencia de politización y desencanto que, felizmente aunque censura mediante, redundó en la necesidad de Charly de desmarcarse de la lírica “panfletaria” (Nito Mestre dixit) para intensificar la filosa polisemia que en adelante marcará su obra.

Aquella experiencia de Charly en la colimba se suele contar de manera anecdótica y risible; sin embargo, ese acontecimiento se vuelve significativo a partir de sus efectos. De un modo casi directo, le debemos a las Fuerzas Armadas “Canción para mi muerte”, “Botas locas” y, aunque de manera menos inmediata, parte de lo que vino después, entre Pequeñas anécdotas…  y Clics modernos. Mirada de cerca, esta idea anodina es una de las hipótesis estéticas más fuertes de la cultura argentina; un planteo que atraviesa transversalmente nuestra historia. David Viñas la instala cuando dice que “la literatura argentina empieza con Rosas”, es decir, cuando Esteban Echeverría, Sarmiento, Juan María Gutiérrez y Alberdi escriben contra Rosas y se proponen instaurar las bases de una literatura nacional. No es del todo distinto lo que ocurre, por ejemplo, con Borges, cuyos cuentos más potentes, los incluidos en Ficciones y El Aleph, fueron escritos en buena medida contra el modelo cultural (y político) que dominó durante el primer peronismo. No se trata, entonces, de una cuestión temática o contestataria sino de la potencia estética y crítica de esas canciones en cuya complejidad está operando también el poder de un enemigo divisado. Charly se lo explicaba a Mariana Enríquez de esta forma:

Lo que voy a decir ahora puede parecer fascismo, pero no lo es, nada que ver. La situación de que haya un enemigo claro, y que te tengas que jugar por algo, hace la hamburguesa de la canción. El arte era mejor cuando estaban los militares.

No es casual que hayan aparecido aquí el nombre de David Viñas y su hipótesis sobre la literatura (en nuestro caso el rock) según la cual la disidencia política puede redundar, para ciertos artistas, en una densidad estética y crítica particularmente significativa. Fue justamente Viñas el nexo que Jorge Álvarez eligió para acelerar la maduración política de Charly en términos teóricos menos ingenuos; de Beatriz Sarlo a Jorge Álvarez, todos (menos Sergio Marchi) dan testimonio de esos probablemente fugaces encuentros previos a la composición de Pequeñas anécdotas sobre las instituciones. Tampoco es casual que tanto “Botas locas” como “Juan Represión” hayan quedado fuera de la primera edición del disco.

Hasta aquí, podemos decir que cuando el Ejército argentino funda la locura de Charly, éste le devuelve su propia imagen invertida; pero hay más. La primera declaración pública de Charly negando su locura data nada menos que del especialísimo año de 1976, cuando desde el número 77 de Pelo afirmaba que no era un “loquito” (lo dice dos veces), al tiempo que se refería a “cierta gente” que, “sobre todo en el interior”, se le acercaba no por lo que era “como músico” sino por considerarlo “una especie de triunfador” que gana “mucha plata” o cual si fuera “un fenómeno de circo”. En ese breve “reportaje”, dado entre el final de Sui Generis y el comienzo de La máquina (de hecho participan otros integrantes de la banda), Charly señala que varios medios habían “inflado” un aspecto “absolutamente superficial” de su personalidad y que quiere transmitir una imagen “más real” acerca de quién es. Superficialidad, exitismo, dinero, publicaciones que aceleran el índice inflacionario de “falsas imágenes” consumidas “por tipos que viven de esa manera”. A los 24 años, Charly lanzaba hacia el futuro, en una línea paralela a su obra, un breve diagnóstico en el que no nos cuesta demasiado encontrar un perfil que se acentuaría en buena parte de la sociedad argentina durante las próximas décadas; quizá la locura ya era, como había cantado poco antes, “poder ver más allá”.

La locura reaparecerá como negación atenuada en “Yo no quiero volverme tan loco”. El adverbio “tan” y los “delirantes por ahí” tensan la cuerda que distingue entre lo que “no quiero” y lo que sí “quiero”, entre la locura política (“vestirme de rojo”, “saber lo que hiciste”, “sembrar la anarquía”, “vivir como digan”) y el delirio cultural (“bailando en una calle desierta”, “mundo de fiesta”). Esta canción, que forma parte del repertorio final de Serú Girán pero que será grabada recién en Yendo de la cama al living (donde también aparecen “los hambrientos, los locos, los que se fueron, los que están en prisión” de “Inconsciente colectivo”), es la escala previa a la expansión histérica de “Cerca de la revolución” (“todo el mundo loco y yo sin poderte ver”) y a la tautología invertida de “Raros peinados nuevos” (“el más cuerdo es el más delirante”); dos temas con explícitas connotaciones políticas (“no es solo una cuestión de elecciones”, “el pueblo pide sangre”, “y si vas a la derecha y cambiás hacia la izquierda”) que, teñidas de psiquiatría y farmacopea (“analistas”, “enfermero”), dan continuidad a la saga justo cuando la democracia empezaba a vacilar en la antesala de los Juicios a las Juntas.

A partir de Filosofía barata y zapatos de goma, aquella “cierta gente” que lo miraba como a un “loquito” parece haberse multiplicado; las alusiones a quiénes lo tildan de loco parecen definir un sujeto más amplio, en un crescendo paulatino que va desde el “no pienses que estoy loco”, de “De mí”, al “dicen que estoy loco, haga lo que haga”, del cover de “Mirando las ruedas”, grabado para Kill gil. Estos últimos ejemplos indican con claridad que ya no se trata de que las fuerzas represivas del Estado (“ellos”) lo tilden de loco o de la mirada extrañada que decía haber percibido en el interior del país sino de una idea socialmente extendida, que, como el mapa de Borges en “Del rigor de la ciencia”, se superpone palmo a palmo con la Argentina, a excepción de nosotros, “los aliados”. Así, a quienes ya lo atacaban desde los 80’ al grito de “puto” y “falopero” y a los fans desencantados que dejaron de seguirlo en torno al regreso de Serú Girán, se les sumó esa parte de la sociedad para la que Charly, como el Maradona maldito de los 90 (Zariello dixit), es un símbolo nocivo de la Argentina.


El arco temporal de esa dilatada y diferida “respuesta” quizá sea el primer indicio de eso que a fuerza de énfasis y repetición derivó en la idea común y transversal de que Charly estaba loco; no es descabellado pensar que esa es su mecánica ante la herida, ante el trauma. Entre la escena del diagnóstico inicial y Kill gil han pasado más de treinta años, en los que Charly, de algún modo, siguió contestando. Esta especie de conducta recurrente puede entenderse como que Charly es alguien que tiene que seguir explicando todo a través de los años, pero también como una mecánica de defensa y ataque que funciona por acumulación. Charly sigue contestando indefinidamente a los desaires que recibe (que son constantes); es algo que ocurrirá con cada una de las escenas tratadas inicialmente como escándalos por el periodismo (de las bajadas de pantalones al salto mendocino) pero también con cada uno de los rechazos estéticos (de Serú Girán o Clics modernos a Say no more; de la acusación de ser “blando” o de no ser un pianista tan jazzero como Diego Rapoport, para el “Tema de Nayla”, al “después te empezaste a copiar vos”, de Jorge Lanata).

Si, como decíamos al comienzo, para mediados de los 90’ la idea de que Charly estaba loco era un elemento constitutivo de la atmósfera cultural argentina, quizá resulte significativa una de las escenas más difundidas de aquellos años. El 5 mayo de 1994, en el hall del Teatro San Martín, Charly presentó algunos temas del inédito La hija de la lágrima en un recital gratuito y sin publicidad. El show es por momentos errático pero la lista de temas no parece azarosa, estará particularmente salpicada de alusiones significativas a la locura como la incorporación de “De mí” o el “será que estoy crazy Macaya”, en “Andan”, ente otras de sentido semejante. Esa tarde, veinte años después de que quedara afuera de aquel disco de Sui Generis, con el pelo no “muy corto” sino incendiado de rubio, Charly volvería a cantar “Botas Locas”. Es una ejecución con guitarra acústica y en solitario (es una forma de decir, el público canta casi toda la letra y le ayuda a recordarla), en la que va intercalando comentarios. Toda la versión sobre el “ejército loco” parece orientada a subrayar el consabido “porque para ellos el loco era yo”, de hecho le cede ese verso al público en algunas ocasiones pero él luego lo repite y subraya con un comentario actualizado: “la confusión subsiste” (también cantará “maté un par de tipos y decidí largarme”).

Al día siguiente, los periódicos (¿sensacionalistas?) hablaban de lo caótico que había resultado el improvisado show y del visible homenaje que, a un mes exacto del suicidio del líder de Nirvana, Charly llevaba en el pelo y en la remera. Curiosamente, nadie asoció la ejecución de “Botas locas” con la aparición del cadáver del conscripto Omar Carrasco, en el cuartel de Zapala, un día después de la muerte de Cobain (ni siquiera los exégetas que habían decodificado “Canción de Alicia en el país”). Ese era Charly a mediados de los 90’, cuando casi toda la Argentina pensaba sobre él lo mismo que el Ejército en 1972. Pasaron otros veintitantos años; ahora no sólo es fácil ser (o volver a ser) fan de Charly García, ahora es casi un deber del buen argentino. 

 

Por Martín Pérez Calarco

Fuente: Panamá Revista

El Blog de Charly García (hecho por DIOS)

martes, octubre 26, 2021

Charly encendió el CCK con un concierto histórico

La estrella homenajeada se subió al escenario del CCK y tocó varios temas  acompañado por Fito Páez, Hilda Lizarazu y Rosario Ortega, entre varios músicos. A lo largo de la tarde del sábado más de cien músicos tributaron a su figura y su marca dentro del rock y la música argentina.

 

Charly García se presentó de improviso en el CCK en la celebración de su cumpleaños y armó una fiesta flamígera en el Auditorio Nacional, donde a lo largo de la tarde más de cien músicos tributaron a su figura y su marca dentro del rock y la música argentina.

Lo que era un recital celebratorio y disfrutado por el público se transformó en un torbellino emocional con la aparición del hombre del bigote bicolor -con saco blanco, sombrero, brazalete Say No More y remera negra- que dio un show cargado de significados y de una potencia arrolladora.



Flanqueado por las vocalistas Rosario Ortega e Hilda Lizarazu -dos históricas del gran García- Fito Páez y el zorrito Von Quintiero, Charly volvió a ser él mismo el día de su cumpleaños, luego más de un año de silencios y en combustión con su gente, muchos de los cuales pasaron horas para conseguir una entrada redituó el sacrificio previo.



El gran rockstar argentino apareció sin aviso previo para cantar un rabioso "Cerca de la revolución", al que siguió "Promesas sobre el bidet" y "Raros peinados nuevos", en impagables versiones, en las que cantó sentado a los teclados.

Seguidamente la banda propuso y Charly cantó "Demoliendo hoteles" y después llegó el Feliz Cumpleaños a Charly cantado por todo el CCK.


"Una vieja canción que me transportó al estrellato argentino", dijo Charly al arrancar "Canción para mi muerte", el gran éxito de "Vida" el primer LP de Sui Generis de 1972, la última de las inolvidables canciones que esta tarde cantó en el CCK.

El concierto del CCK y en particular el segmento donde estuvo Charly fue seguido por una multitud congregada en las afueras del exCorreo Central, donde una pantalla gigante seguía las alternativas de lo que sucedía en el Auditorio Nacional en vivo y era visto centenares de jóvenes que no consiguieron entrada y se acercaron para seguirlo desde la plaza adjunta.


Antes de eso hubo otras dos secciones y después una cuarta pero lo que se llevaron todos en la memoria fue la aparición sorpresiva y de notable prestanza de Charly sobre el escenario.

El concierto arrancó con un recorrido camarístico por la obra de Charly a cargo de una orquesta de cámara de tres violines, tres violas, dos cellos, contrabajo, corno, oboe, flauta, piano y percusión.

El grupo académico, a través de un delicado trabajo arreglístico fue uniendo distintas piezas de García, poniendo de manifiesto la riqueza melódica de las creaciones del máximo rockstar argentino, maleables y dispuestas a asumir distintos formatos, registros e interpretaciones, que jugaron a modo de reformulaciones que nunca olvidaron el original del cual provenían.

Una platea atenta, colmada, expectante, recibió la música que llegaba desde el escenario con alegría y fue transitando sin excesos este reencuentro extraño de música, gente e interpretaciones en vivo en la pospandemia, en un concierto plagado de sensaciones afectivas por el tributo que rinde y la dimensión del creador al que celebra.

El momento culminante de este primer bloque, donde la música de Charly fue bañada por delicadas líneas académicas fue el desierto existencial que dibujó García en "Yendo de la cama al living", que arrancó las primeras palmas siguiendo la música e inyectó adrenalina a un concierto de mucha suavidad y densidad aérea.

Los arregladores Julián Caeiro y Pablo Salzman hicieron un recorrido casi cronológico por el repertorio de García uniendo distintas épocas del músico.

Luego llegó un segmento que dejó de manifiesto la inabarcable variedad de lecturas y marcó un profundo arco de influencias del creador de "Clics modernos" en músicos de las generaciones posteriores.

Desde una versión de "Pasajera en trance" en arpa y voz por parte de Sonia Alvarez, a una conmovedora interpretación de "Rezo por vos" en percusión de Santiago Vázquez que puso la piel de gallina, pasando por Darío Jalfin en una clásica pero bella puesta de "Canción de dos por tres", las músicas de García parecieron ampliarse y alcanzar nuevos aires en el Centro Cultural Kirchner.

En formato solista, a dúo o en trío, once grupos o artistas pasaron y entregaron una canción cada uno en homenaje al músico que cumplió 70 años y pusieron en acto la penetración de una música y un modo de hacer música argentina inolvidable que seguirá percutiendo por años y décadas.


Hubo apuestas más arriesgadas, un interesante acercamiento en teclado y caja de ritmos y sonidos de Nico Sorín a "Quizás, porque" -único tema del primer longplay de Sui Generis, "Vida" de 1972, que se tocó en el CCK- y otras absolutamente viradas a la improvisación jazzera como "Ojos de videotape" del trío de Ernesto Jodos (piano), Sergio Verdinelli (batería) y Mariano Otero (contrabajo), y "Nos siguen pegando abajo" de Diego Schissi acompañado por Diana Arias en contrabajo.

Hernán Jacinto y Andrés Beeuwsaert en piano, cada uno por su lado, marcaron también los amplios horizontes que puede encerrar la música de Charly y que como un tesoro puede expandirse y alcanzar dimensiones insospechadas que hacen aún más queridas las versiones originales.



Por Pedro Fernández Mouján y Martín Olavarría

Fuente: Télam

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viernes, octubre 22, 2021

La Lógica del Escorpión


Un día antes de cumplir 70 años, Charly García habló sobre como se encuentra hoy y contó algunas anécdotas e intimidades de su vida por estos días. “Sexualmente bien, económicamente tirando y emocionalmente como se puede”, respondió Charly parafraseando a Mick Jagger. Se lo dijo a Roberto Petinatto, de manera telefónica, en Genio o Idiota, (Pop Radio 101.5). Además, el artista se mostró feliz de que este aniversario de su nacimiento llegue “con el fin de la pandemia”.

“¡No puedo salir a la calle! Y hoy están todos que me dicen cosas como: ‘Sin vos, no hubiera existido’”, contó García sobre cómo está viviendo la previa a su cumpleaños. “‘¿Y yo qué culpa tengo?’, deciles”, le sugirió Pettinato. “Sí, yo les digo eso”, concedió Charly.

Escuchá el audio acá:



El artista reveló que su disco nuevo se llamará La Lógica del Escorpión y reflexionó al respecto. “No hay lógica, hay suerte. Como la película esa de Woody Allen, que está jugando al tenis y dice: ‘Si la pelotita pasa...’. Entonces Woody Allen dice: ‘La mayoría de la gente no se da cuenta de lo importante que es tener suerte’. La suerte es más importante que muchas boludeces que uno piensa que van a salir como creen”, dijo Charly.

“Me da paz, porque si Keith Richards está vivo, yo me quedo tranquilo”, dijo Charly trazando un paralelismo con el guitarrista stone y además contó una anécdota que vivió con Charlie Watts, el baterista que falleció en el pasado mes de agosto. “Charlie se fue tocando su ritmo eterno. Era increíble. Una vez que estaba con ellos en el mismo lugar, yo me acerqué a donde estaba la comida, tomé un trozo de algo que no se de que mierda era y él me dijo: ‘Vos debés ser importante’”, recordó entre risas.


A pedido de Petinatto, García también se animó a trazar paralelos con otros grandes músicos de su generación. “Yo a esa edad estaba en la calle haciendo quilombo con la guitarra”, dijo al analizar la carrera de Los Beatles en sus comienzos. “Soy igual que Bob Dylan, pero me faltan los 900 palos verdes que tiene él en el banco”, agregó y generó más carcajadas en el estudio.

“Siempre fui famoso yo, desde que tengo uso de razón siempre noté que pasaba algo. En un momento dije: ‘¿Estoy loco o soy famoso?’. Si estuviera loco me hubiesen internado, así que debo ser famoso”, reflexionó al hablar sobre la fama. “Si sos famoso y te odian debe ser horrible”, agregó.

Charly reconoció que, actualmente, pasa gran parte de sus días viendo videos y escuchando música a través de YouTube, en donde descubre contenidos que lo apasionan. “Pasan cosas que me interesan mucho: cosas de músicos que tocan aislado, entonces yo lo puedo sacar y ponerlos en mis discos. Cosas de los años 60. Hay canales que pasan esas putitas que se quieren hacer famosas cantando con un vocoder... Y eso no lo soporto”, dijo con picardía y polémica en equivalentes dosis.

“Me encanta ver videos de gente extranjera que reacciona a mis canciones, para ver cómo lo hacen. Hay muchos americanos que lo hacen. Algunos se agarran la cabeza, no pueden creerlo, dicen: ‘¿Por qué este músico no es famoso en todo el mundo?’. Hasta ahora, no agarré a ninguno que no le gustara lo que yo hago”, dijo como ejemplo de sus consumos virtuales y como preludio a un debate para tratar de entender por qué no pasó esto. “Era re grasa cantar en castellano, después de los Beatles, ¿qué ibas a cantar?”, cerró Charly.

Fuente: Infobae

El blog de Charly García (hecho por DIOS)


Charly García, un Mozart de nuestro tiempo


El hombre que este sábado cumple años no ha dejado nunca su arte librado a la espontaneidad, en contraposición a la primera impresión que pudiera tenerse de su música, sino que ha reelaborado permanentemente sus propias creaciones en búsqueda de correr los límites de lo conocido.

El jovencísimo pianista Carlos Alberto García Moreno.

Más allá de jactarse de tener oído absoluto y de remarcar que fue un prodigio precoz como pianista, el genio musical de Charly García reside en otras virtudes mucho más relevantes relacionadas con su "voz propia" como artista, a partir de su capacidad para captar diversas sonoridades prexistentes y reformularlas desde una brillante óptica personal que aporta nuevos caminos.

En tal sentido, el hombre que este sábado cumple años no ha dejado nunca su arte librado a la espontaneidad, en contraposición a la primera impresión que pudiera tenerse de su música, sino que ha reelaborado permanentemente sus propias creaciones en su búsqueda de correr los límites de lo conocido.

Detrás del aparente caos en el que muchas veces pareció estar inmersa su música y de los destellos de genialidad hay un artista con profundos conocimientos académicos, que nunca se queda con su primera inspiración y que siempre busca darle una vuelta de tuerca más a sus creaciones.

"Charly siempre me pareció un genio, no solo por lo musical sino también por captar distintas etapas, pero cuando me encontré con él, resultó ser más de lo que creía", dice el cellista Patricio Villarejo. Foto: A. Belvedere.

"Charly siempre me pareció un genio, no solo por lo musical sino también por captar distintas etapas, pero cuando me encontré con él, resultó ser más de lo que creía. Yo pensaba que el tipo era muy espontáneo, pero no, labura mucho las cosas, las escribe y luego las reelabora, las repiensa", contó a Télam Patricio Villarejo, el músico que hizo los arreglos de cuerdas para su recordada actuación de 2013 en el Teatro Colón.

El violoncelista, que está al frente de la Kashmir Orquesta, acompañó a artistas de la talla de Osvaldo Pugliese y Mercedes Sosa, y fue uno de los invitados de Patti Smith en su actuación en el CCK en marzo de 2018, entre otras cosas; conocía al dedillo la obra de Charly por ser su fan desde la época de Sui Generis, sin embargo fue invadido por el asombro cuando tuvo la oportunidad de trabajar con él.

"Yo pensaba que por el hecho de estar tocando tantos años música que tal vez no se escribe, no se grafica como lo hacemos nosotros, el tipo había perdido el entrenamiento de hacer cosas de otra manera, pero me di cuenta de que estaba muy preparado, tenía fresquísimos sus conocimientos", relató.

En la capacidad de tomar lo establecido y correr los límites es donde Villarejo encontró similitudes conceptuales entre Charly y Mozart. Foto: Luis Remon.

Y acotó: "Lo primero que me llamó la atención fue su creatividad indomable. De todos los que conocí, indudablemente es el más creativo y el más asombroso en ese sentido".

Charly y Villarejo habían tenido un primer encuentro esporádico cuando el cellista integraba la banda que acompañaba a Mercedes Sosa, pero en aquella oportunidad no hubo posibilidad de una profundización en la relación musical.

"Cuando nos encontramos para lo del Colón, él se acordaba que me había visto con Mercedes porque tiene una memoria increíble, pero no sabía qué música hacía. Como me veía con el cello habrá pensado que era un músico clásico, pero nos pusimos a tocar música de The Beatles y eso nos unió", rememoró, sobre el instante en el que finalmente congeniaron.

Pero los amplios conocimientos académicos de Charly resultaron una revelación para Villarejo cuando pocos días después le llevó escrito en partituras los arreglos que había diseñado y el genial artista se puso a repasarlos sin titubeos en su piano.

En el libro "Esta noche toca Charly", de Roque Di Pietro, hay quienes advierten que el recorrido artístico del músico hubiera transitado por lugares comunes de haberse dedicado a ser un concertista Foto: José Manuel Fernández.

"Cuando voy al ensayo y saco las partituras, me dijo: `Ah, por fin alguien me da una partitura, se dan cuenta que puedo leer´. La partitura estaba escrita para varios instrumentos en diferentes claves, y él se puso a tocar todo, incluso aquellas partes escritas en claves que no se usan en el piano. Era sorprendente que pudiera hacer eso", detalló.

El nivel de asombro fue in crescendo cuando el cellista comprobó que Charly reelaboraba todo el tiempo lo que tocaban y que esos cambios que iba incorporando en cada pasada que hacían de una composición "eran los necesarios para que el tema despegara".

"Lo que vi fue que las repeticiones que hace no son iguales, va cambiando constantemente alguna cosa. De esa experiencia aprendí a no quedarme con la primera imagen, sino que hay que ir a otra", explicó Villarejo.

Si bien es cierto que el astro del rock argentino tuvo un precoz paso por el conservatorio y que antes de entrar en plena adolescencia ya se había recibido de profesor de piano, algo que él mismo suele sacar a relucir –como si allí se encontrara la explicación de su genio musical-, en realidad fue el desarrollo de un estilo propio el que marcó la diferencia con otros músicos.


El astro del rock argentino tuvo un precoz paso por el conservatorio y que antes de entrar en plena adolescencia ya se había recibido de profesor de piano.

El testimonio de algunos de sus excompañeros del ámbito académico en el libro "Esta noche toca Charly", del periodista Roque Di Pietro, advierten que el recorrido artístico del músico hubiera transitado por lugares comunes si se hubiera dedicado a ser un concertista, derribando así uno de los grandes mitos en torno a sus capacidades interpretativas.

En tal sentido, Villarejo coincide en que, al igual que otros geniales artistas como el caso de Egberto Gismonti o Astor Piazzolla, Charly descolló sobre el resto "cuando encontró su propia voz, cuando rompió los moldes".

"Todos estos artistas podrían haber sido instrumentistas no tan destacados, buenos pero con mucha gente que seguramente podría tocar mucho mejor, pero cuando rompieron moldes y encontraron su propia voz, ahí es donde apareció el genio, esa cosa de que la música se modifica a partir de ellos. Son todos casos en donde si mirás para atrás no eran tan destacados, sino que lo fueron cuando encontraron su propio camino", consideró.

En esa capacidad de tomar lo establecido y correr los límites es en donde Villarejo encontró similitudes conceptuales entre Charly y Mozart.

"Creo que tienen razón quienes comparan a ambos artistas porque son tipos que se adaptaron a la época pero hicieron genialidades. Mozart estaba limitadísimo por el estilo, tenía que respetar eso, sin embargo cuando lo analizás, es como un chico travieso, tiene todo tipo de arreglos, mejoras y modificaciones que pasan desapercibidas pero es eso lo que lo hace tan genial", explicó.

"Charly también tiene eso, porque hace rock pero cuando lo escuchás, decís: `Pará, acá hay otra cosa. ¿Qué es eso que hace en el medio?´. Ahí empezás a ver que hay trucos que nadie los puede captar si no está estudiando eso. O sea, en lo académico no se parece a Mozart, pero sí en el sentido de que agarra la música actual y dentro de eso, hace algo increíble", concluyó.

Por Hernan Natale
Fuente: Télam

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jueves, octubre 21, 2021

Fito Páez celebrará a Charly García en el Teatro Colón


El músico anunció que tocará en compañía de su banda actual (Diego Olivero, en bajo; Gastón Baremberg, en batería; Juan Absatz, en teclados; y Juani Agüero, en guitarra) y la Orquesta Estable del Teatro Colón.

Fito Páez anunció el martes por la noche a través de una de sus cuentas de Instagram que el sábado desde las 19 celebrará el cumpleaños 70 de Charly García encabezando un concierto en el Teatro Colón.

“Charly de pe a pa! Y con todo”, escribió el artista rosarino en la cuenta @clintbuarque acompañando una imagen donde se ve a García y se lee: “Charly BA x Fito-La Ciudad homenajea a Charly”.

En la publicación el músico, escritor y cineasta que integró la banda de García para la gira del disco “Clics modernos” en 1983 y tomó parte en la grabación de “Piano bar”, abundó que tocará en compañía de su banda actual (Diego Olivero, en bajo; Gastón Baremberg, en batería; Juan Absatz, en teclados; y Juani Agüero, en guitarra) y la Orquesta Estable del Teatro Colón.


Aunque el máximo coliseo argentino aún no anunció la modalidad para el retiro de localidades para asistir al festejo, en el afiche se destaca que el show podrá seguirse virtualmente por vivamoscultura.buenosaires.gob.ar.

Fuente: Télam

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miércoles, octubre 20, 2021

Más de 100 artistas celebrarán a Charly García en el CCK


El megaconcierto que tendrá lugar este sábado, desde las 14, en el Auditorio Nacional y La Cúpula del Centro Cultural Kirchner, reunirá a músicos como Hilda Lizarazu, David Lebón, Celeste Carballo, María Rosa Yorio, Alejandro Medina, Rosario Ortega, Raúl Porchetto, Benito Cerati, Nahuel Pennisi y Julieta Venegas.

Zorrito Von Quintiero, Fernando Samalea, María Eva Albistur, Fernando Kabusacki, David Lebón, Julieta Venegas, Celeste Carballo, Rosario Ortega, Juan Ingaramo, Emmanuel Horvilleur, Pablo Guyot, Alfredo Toth, Raúl Porchetto, Nahuel Pennisi, Richard Coleman, Benito Cerati, Cucuza Castiello, El Zar y Lito Epumer serán parte de más del centenar de artistas que el sábado celebrarán el cumpleaños de Charly García en el Centro Cultural Kirchner (CCK).

La imponente grilla artística con entrada gratuita y transmisión por streaming comenzará a las 14 en el Auditorio Nacional donde habrá una orquesta de cámara integrada por Irene Cadario, Lucía Herrera, Julieta Bril y Natalia Cabello en violines, Mariano Malamud y Dolores Mackenzie en violas, Paula Pomeraniec y María Eugenia Castro en cellos, Adrián Speziale en contrabajo, Carlos Britez en piano y dirección, Sebastián Achenbach en órgano, Víctor Carrion en flauta y saxo, Daniel Kovacich en clarinete y saxo, Álvaro Suárez Vázquez en corno eIgnacio Svachka en percusión.

Con arreglos de Julián Caeiro y Pablo Salzman se abordará la obra de García en cuatro momentos de su trayectoria (Sui Generis, Serú Girán y de sus etapas solistas).

Unas horas antes, desde las 12 del mediodía, comenzará una cobertura radial sin precedentes. En la 93.7, con la previa a cargo de Alfredo Rosso y Albina Cabrera, Nacional Rock transmitirán todos los shows. Además habrá diversas entrevistas. Todas las figuras de la 93.7 (Diego Ripoll, Mex Urtizberea, Calu Bonfante, Pedro Saborido entre otros) estarán presente en la animación del show. Luego se sumarántodas las emisoras del país de Radio Nacional.

El mismo escenario recibirá a las 16 a intérpretes de jazz, tango y folclore con las presencias de Clara Cantore, Hernán Jacinto, Andrés Beeuwsaert, Santiago Vázquez, Sof Tot, Vruma, Sonia Alvarez, Darío Jalfin, Tomi Lago, Diego Schissi junto a Diana Arias, Nico Sorín y Mariano Otero junto a Ernesto Jodos y Sergio Verdinelli.

Desde las 18, en tanto, una banda estable conformada por Zorrito Von Quintiero en teclados, Fernando Samalea en batería, María Eva Albistur en bajo y Fernando Kabusacki en guitarras, se recorrerán canciones de todas las épocas con las participaciones de David Lebón, Erica Di Salvo, Ulises Di Salvo, Rosario Ortega, Juan Ingaramo, Alina Gandini, María Rosa Yorio , Guido Spina, Raúl Porchetto, Nahuel Pennisi, Andy Chango, Alejandro Medina y Lola Medina entre más.

La misma banda estable volverá el escenario del Auditorio Nacional a las 19.30 para compartir con Julieta Venegas, Richard Coleman, Christian Basso, Benito Cerati, Cucuza Castiello, Emmanuel Horvilleur, Pablo Guyot y Alfredo Toth, Julia Zenko, El Zar, Brenda Asnicar, Mavi Díaz, Lito Epumer, Leo García, Celeste Carballo, Sara Hebe, Rosario Ortega, Joaquín Levinton, Leandro Lopatín, Hilda Lizarazu, El príncipe idiota y Fernando Ruíz Díaz.

La celebración se mudará a La Cúpula del CCK donde a las 19, 19.40, 20.20 y 21 se ofrecerá “TRIP. Una experiencia sobre Charly García” que reunirá música e imágenes con la participación de la fotógrafa y artista visual Nora Lezano, la cantante Lidia Borda y el pianista y arreglador Daniel Godfrid y las participaciones de Paula Pomeraniec en cello y Pablo Salzman en contrabajo.

La impresionante propuesta incluirá dos conversatorios “Nuestras vidas García” a las 15 y a las 17 en el Salón de Honor. Del primero participarán la investigadora en músicas populares Lisa Di Cione, la pianista, cantautora y gestora cultural Victoria Gandini y el profesor Diego Madoery.

En tanto la charla de las 17 reunirá a la fotógrafa y cineasta Karin Idelson, el historiador y ensayista Sergio Pujol y el periodista y poeta Martín Rodríguez.


La entrada para todas las actividades es gratuita, para los conciertos del Auditorio Nacional, la entrega de entradas será presencial y se podrá retirar de a una por persona en el CCK a partir del miércoles 20 a las 10. Las entradas para “TRIP…” y los conversatorios se podrá gestionar en la web cck.gob.ar el mismo miércoles desde las 12.

Los recitales del Auditorio Nacional serán además, transmitidos en vivo por YouTube, Facebook, Contar y Latir!.

Fuente: Télam

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miércoles, septiembre 29, 2021

CharlyBA: Buenos Aires celebra los 70 de Charly García

Charly García cumple 70 años, y la Ciudad lo festeja con una amplia convocatoria a sus seguidores.

El 23 de octubre Charly García cumple redondos 70 años y el Ministerio de Cultura de la Ciudad planea festejar a lo largo del mes, con una amplia oferta de actividades y la participación de artistas de diferentes disciplinas, vida y obra de uno de los máximos referentes de la música argentina.

Por eso, músicos cercanos y compañeros de ruta del prócer del rock argentino como Fernando Samalea, Rosario Ortega y Richard Coleman se sumaron este martes 28 de septiembre al anuncio del calendario de festejos, que se llevó a cabo en Street Bar, ubicado en Nicaragua 5935, Palermo, con la presencia de Enrique Avogadro, titular del Ministerio de Cultura porteño, impulsor de la iniciativa.

En un ambiente distendido, con la música de Charly sonando según la mano maestra de Lisa Cerati, fue el propio funcionario quien dio los motivos por los cuales la Ciudad se pone al frente de la celebración. "Celebrar a Charly es celebrar a nuestra cultura, la cultura de nuestra ciudad, y lo hacemos de una marea muy festiva", explicó.

Richard Coleman y Rosario Ortega, con Charly como testigo, pusieron en marcha #charlyBA. Ph: Fernando de la Orden

Un mes de celebración
Durante un mes se llevarán a cabo diversas actividades participativas que incluirán: muestras fotográficas, acciones musicales, presentaciones literarias y diversos eventos curados por referentes vinculados al artista. Algunos de ellos son Hilda Lizarazu, Rosario Ortega, Richard Coleman y Fernando Samalea, todos músicos que compartieron diferentes momentos con Charly.

Roque di Pietro, quien escribió el libro Esta noche toca Charly, y los periodistas Fernando García y José Bellas, autores de 100 veces Charly, así como Mauro Kaseiri, autor de Charly García transcripciones, estarán a cargo de la disciplina literaria.

Lisa Cerati hizo un dj set durante el anuncio de los festejos. Ph: Fernando de la Orden

Respecto a fotografía los jurados serán Andy Cherniavsky, Gabriel Rocca, Maxi Vernazza y Guido Adler, quienes realizaron infinidad de producciones y coberturas con Charly. Por otro lado, Florencia "Hana" Ciliberti y Lucas Martí, dos jóvenes artistas que se dedican a crear conceptos musicales, también formarán parte del jurado en lo que respecta a artes plásticas.

Convocatoria abierta y amplia
Bajo la premisa de que Charly García constituye una figura icónica para quienes admiran, disfrutan y siguen su enorme talento, Charly BA convoca para este festejo a todas las personas que hayan compartido algún momento con él o simplemente quieran ser parte del homenaje.

Un póker de los fotógrafos más importantes de la carrera Charly García, en el prólogo de una gran celebración. Ph: Fernando de la Orden

En ese sentido, Avogadro resaltó que el festejo no es sólo desde la ciudad sino con ella, "porque es una celebración coral, en la que invitamos a los fans de Charly de todas las generaciones a acompañarnos con su propia versión del músico"

"Todos tenemos nuestro propio Charly, porque él nos acompaño a lo largo de nuestras vidas en muchísimos momentos; alegres, tristes... Y estoy seguro de que cada uno de ustedes están pensando en esos momentos en los que no había nada mas que un tema de Charly García", explicó.

Y completó: "Justamente, este lanzamiento que estamos haciendo es una enorme agradecimiento a esa artista genial, increible, en el que invitamos a sus fans a ser parte."

Los curadores de las distintas disciplinas, junto al ministro de Cultura de la Ciudad, Enrique Avogadro. Ph: Fernando de la Orden

Cómo sumarse al festejo
Para ser parte, no hace falta más que sumarse a través de charlyba.buenosaires.gob.ar y cargar su material en la sección que deseen: Tu foto con Charly, Tu canción para Charly, Tu texto para Charly, Tu arte para Charly.

Luego de la evaluación de los curadores, el contenido quedará alojado en la web a modo de "biblioteca" y estará disponible para quienes deseen verlo. Asimismo, los seleccionados se subirán semana a semana a Vivamos Cultura, la plataforma del Ministerio de Cultura de la Ciudad.

A su turno, el periodista Bebe Contepomi, jugando el rol de anfitrión informal del encuentro, reveló que Charly está está grabando un nuevo álbum, con canciones inéditas, y confirmó que el músico está al tanto de quiénes participan en la movida y avaló todo lo que se está haciendo en su honor.

Bebe Contepomi se sumó al coro liderado por Rosario Ortega, Richard Coleman, Samalea y compañía. Ph: Fernando de la Orden


“Charly hace lo que muchos no pueden: une a personas de diferentes generaciones y orígenes. Él siempre ha tenido a Buenos Aires muy presente en sus canciones. Es muy relevante que podamos realizar los homenajes a nuestros ídolos, porque son quienes ayudan a construir y nutrir nuestra identidad, no solo cultural sino también como sociedad", había señalado Avogadro en la previa del anuncio.

El final de fiesta llegó con un combo formado por Rosario Ortega, Fernando Samalea, Guillo Allende y Guido Spina, para el abordaje de ese maravilloso tema que es Pasajera en trance; una interpretación del clasiquísimo Viernes 3 AM encabezado por Coleman, una versión en plan de canto colectivo con No soy un extraño y Fanky como frutilla de postre.

La llave para participar
Las convocatorias estará abiertas desde este 28 de septiembre a las 18 hasta el próximo 28 de octubre a las 18, a través de www.charlyba.buenosaires.gob.ar. Quienes quieran participar podrán buscar la convocatoria que es de su interés, y completar un formulario con sus datos y adjuntar el material para postularse.

Bases y condiciones

Música - "Regalale una canción a Charly": se convoca a solistas y grupos a tocar una canción de Charly para homenajearlo en su cumpleaños número 70. Los curadores serán Fernando Samalea, Rosario Ortega, Richard Coleman e Hilda Lizarazu, músicos consagrados que son o fueron integrantes de sus bandas y serán quienes elijan la mejor versión. Tu canción para Charly

Richard Coleman y Rosario Ortega, ambos, compañeros de ruta de Charly, le pusieron música al anuncio. Ph: Fernando de la Orden.

Fotografía - "Charly conmigo": Convocatoria de fotos de Charly sacadas por fans en cualquier época. Curadores: Andy Cherniavsky, Guido Adler, Gabriel Rocca, Maxi Vernazza. Tu foto con Charly

Literatura - "Ficciones de Charly": Convocatoria de cuentos, historias, ensayos, poesías y anécdotas relacionadas con Charly. Curadores: Roque Di Pietro, José Bellas, Fernando García y Mauro Kaseiri. Tus palabras para Charly

Artes plásticas - "Imagenes del rock": Convocatoria de dibujos y pinturas inspiradas en la figura de Charly y/o sus canciones. Curadores: Flor “Hana” Ciliberti, Lucas Marti. Tu arte para Charly

Además, durante el mes se desarrollarán distintas acciones. Habrá un encuentro de literatura sobre Charly a cargo de Roque di Pietro (Esta noche toca Charly), Fernando García y José Bellas (100 veces Charly) y Mauro Kaseiri (Charly García transcripciones) que podrá verse a través de Vivamos Cultura.

En el jardín del Museo Larreta durante todo el mes se llevará a cabo una muestra de fotografía con fotos de Andy Cherniavsky, Guido Adler, Gabriel Rocca, Maxi Vernazza. También se realizará un sorteo de vinilos autografiados por Charly a través de @bacultura.

En tanto, el 14 de octubre a las 20 habrá un concierto de celebración por los 70 años de vida de Charly en el Teatro San Martín, con dirección musical de Lito Vitale y con la participación de Hida Lizarazu, Rosario Ortega, Fernando Samalea, Fabián "Zorro" Quintiero, Lito Vitale y Benito Cerati, entre otros músicos.

El "mes Charly García", que tiene en #charlyBA el hashtag para unir en las redes a todas estas actividades, llegará a su fin el 23 de octubre con un gran cierre sorpresa.

Fuente: Clarín

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viernes, junio 18, 2021

Avenida Charly García

 

La obra mide 9 x 7 metros, y su autor quiere que sea el puntapié para que Coronel Díaz pase a llamarse “Avenida Charly García”

Desde el aire, la obra se ve imponente; desde los balcones vecinos, también. Está sobre el edificio de las avenidas Coronel Díaz y Santa Fe, trinchera emblemática de Charly García en el barrio de Palermo, justo enfrente del shopping.

Un imponente teclado se apropia de la terraza y arriba solo aparece un nombre: “Av. Charly García”, lo que provocó confusión e ira entre algunos de los que interpretaron que se trataba de un intento por cambiar el nombre de la avenida en cuestión.



La intención de su creador, Tian Firpo, es la del homenaje, como previamente había hecho a cinco cuadras, en Coronel Díaz y Soler, con el líder de Virus. “Este proyecto comenzó a gestarse en enero, desde uno de los edificios más emblemáticos e icónicos de la música nacional, en el barrio de Palermo -explicó Firpo en sus redes-. Por ese entonces estaba pintando a Federico Moura que, curiosamente, nació el mismo día y año que el protagonista de este mural”.

Al parecer, todo comenzó con la idea de un colega y amigo que, como él mismo explicó, “durante la cuarentena, pasó largas tardes refugiado en su terraza, que es también la de Charly García”.

Vista aérea del edificio de Coronel Díaz y Santa Fe.

A la pregunta de si el músico estaba al tanto del homenaje, Tian Firpo develó: “La iniciativa fue tomando vuelo después de varios encuentros y, el primer día de relevamiento, nos cruzamos en el ascensor con el Maestro. Buena señal, pensamos”.

Pero en toda obra artística que se precie hay más de una lectura; y en el video que oficia como la presentación en sociedad de este homenaje, también: “La partitura corresponde a la intro de ‘Yendo de la cama al living’. El teclado es una réplica del Oberheim usado para grabar ese tema, en 1982. La obra mide 9 x 7 mts. Siempre me movilizó mucho la idea de que la Av. Coronel Díaz se transforme en Av. Charly García, tal como el mismo Charly propuso en algunas notas. La intención del mural es impulsar ese cambio. Amamos lo que vendrá”.

Fuente: La Nación

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lunes, abril 19, 2021

Charly García Interview - 1998

Charly Tapa de Rolling Stone #1 (Abril 1998)

En el Dollhouse de North Miami, la música suena tan fuerte que las copas se mueven siguiendo el compás, en este caso, de Bob Seger y su “Shakedown”, típico tema cafón de película que, no obstante, resulta ser una adecuada banda de sonido para la escena. Bah, da lo mismo: mientras una docena de chicas de las más diversas etnias, estaturas y grosores sacudan su anatomía desnuda y los parroquianos apuren sus tragos en un vano intento por calmar su excitación, todo funcionará como es debido.

Una japonesa, que parece la Yoko Ono de los 60 con anabólicos, deposita una botella de tequila, un margarita mix y súper ración de hielo en la mesa que comparto con Alex y Oscar, dos colombianos que acabo de conocer. Estamos en un reservado como capo-mafias forasteros que miran todo con recelo, mientras las chicas olisquean en pelotas a nuestro alrededor, viendo si captan el inconfundible aroma del dinero. Una de pelo castaño acaricia las piernas de Oscar, inclinándose peligrosamente y poniendo el culo a la altura de mi nariz. En involuntaria competencia contra una rubia flaca como un alfiler que agita su Triángulo de las Bermudas desde la pasarela a mi izquierda, producen un raro estéreo sexual. Adelante, una negra musculosa y una rubia que es el show de la silicona, mientras se liberan de sus vestimentas, luchan por la exclusividad de un caño que llega hasta el techo del establecimiento. Estoy en las nubes. Pero la propia música, responsable de esta situación, me despierta del feliz hechizo. Bob Seger grita en su tema: “Tiren todo, están arrestados”. Y, finalmente, recuerdo por qué estoy aquí.

Soy un hombre con una misión: a pocas millas de distancia, en los estudios Criteria, mítico lugar que albergó a Eric Clapton en su etapa posheroína, a los Bee Gees de la era disco y a los Eagles de “Hotel California”, me espera otra leyenda. Como si fuera Phil Spector, Charly García registra capas y capas de instrumentos en el estudio C. Está a la mitad de la grabación de El aguante, su nuevo disco de estudio, completamente sediento, y no ve la hora de tomar el primer margarita del día/noche que debo procurarle. Cueste lo que cueste.

No es fácil: a partir de las diez, las licorerías dejan de vender alcohol y sólo se puede tomar un trago en un club o en un lugar como el Dollhouse. Nuestro problema es claro: necesitamos llevarnos las botellas del “puteadero”, como lo llaman los colombianos. García salió sin efectivo del hotel y me pidió que le pagara el gasto con mi tarjeta. No problem. De pronto comprendo la gravedad de la situación. Alex y Oscar, los choferes de la combi, se disponen a pasar una noche en el Dollhouse con gastos que correrán por cuenta de un servidor; lo veo en sus miradas cuando la nipona exuberante comienza a servir los margaritas. Por la botella de tequila ya debo 205 dólares, y esto parece ser sólo el comienzo. Ellos no tienen ganas de regresar a Criteria en las próximas seis horas y suponen que yo tampoco. Olvidaron la misión y confían, en que yo haga lo mismo.

-Alex, decile a la mina que nos queremos llevar la botella- le susurro al oído.
El tipo cree que no entiendo inglés y le pide más hielo. Estoy en un lío y García no está cerca para ayudarme a salir; y lo que es peor, la jornada de grabación del jueves depende del éxito de este emprendimiento. Ya sé que no nos van a dejar sacar la botella, comprendo que estamos por infringir la ley y que birlarla aquí no es tan fácil como en Buenos Aires. Esto es Miami: podés fumar crack en la playa, pero si no tenés el cinturón de seguridad puesto pagarás suculenta multa. Hecha la ley, hecha la trampa, y la ley del boludo implica que pague una noche de parranda a seres que no conozco. Para eso está la trampa argentina.
-Honey -le digo a la japonesa-, no nos sirvas: nos llevamos todo.
-Impossible, baby -me contesta a media sonrisa-, quedate con nosotras que lo vas a pasar bien. ¿Efectivo ó tarjeta?
-Tarjeta
-OK, ¿puedo ver tu I.D.? (pasaporte ó documento que acredite que soy mayor de 21 y, por lo tanto, puedo beber).
-Me temo que no lo traigo encima- le explico.
El inconveniente se convierte en la jugada salvadora. El rostro de la oriental muta de seductor a hostil.
-No, entonces no te puedo servir.
Los colombianos me calcinan con la mirada. La mina recoge todo en un flash y llama al manager del Dollhouse. En menos de tres segundos, un mastodonte mexicano de etiqueta, peinado hacia atrás con una colita, se sienta junto a mí para resumirme la situación. Es amable, pero la cara me dice que no tiene un solo amigo en este planeta.
-Mira, si no tienes tu I.D., no te puedo vender alcohol y tampoco puedes permanecer en este lugar.
-Hey, pagué cinco dólares por cada uno de nosotros para poder entrar. Y tampoco quiero quedarme: te voy a pagar más de 200 dólares por algo que en cualquier lugar me costaría menos de 50. Lo único que quiero es llevarme la botella a otra parte- le explico.
-Primero, el trago te lo tomas aquí. Pero sin I.D. no hay trato. No queremos perder nuestra licencia.
-Oye, chico -tercia Alex-, yo sí tengo mi I.D.
-No me importa: el nombre de la tarjeta debe coincidir con el I.D. del que pague por esto- concluye el manager.
-No te hagas problema: que Oscar ó vos paguen con su tarjeta ó en cash. Total, después arreglan con Charly- les sugiero, sabiendo que no aceptarán.
Pero la treta da resultado: los colombianos se ponen automáticamente de pie y volvemos a Criteria, no sin que antes el portero nos selle las manos con la efigie de una mujer desnuda, que exhibiremos ante Charly como prueba de haber intentado la misión.

La situación se complica: García necesita combustible y ya son las dos de la mañana. Le sugiero que vaya al Dollhouse cada hora y retorne al estudio, pero no es algo muy operativo para la grabación de un disco. “Aunque puede ser inspirador”, reconoce el artista.
-Volvamos al hotel, que ahí me las puedo arreglar- ordena García y regresamos a la combi. Para que el tiempo pase más rápido y aprovechar la media hora de viaje hasta South Beach, prendo el grabador. Comenzamos a hablar del disco.

 
Cuando me hiciste escuchar “Pedro trabaja en el cine”, una canción que escribiste entre los 19 y los 21, cuando Sui Generis no era famoso, pensé en Paul Simón, que decía que estaba interesado en su adolescencia, antes de ser famoso. ¿Te identificas con esa línea de pensamiento?
-Sí, me identifico; también leí en otro lado que otro compositor sostenía que todo lo que uno va a hacer de su vida está marcado por lo que ha hecho hasta esa edad. Uno compone millones de canciones en esa época, por la simple necesidad de hacerlo; por imitación, o arengado por Los Beatles, vas haciendo miles de canciones hasta que llega el bendito día en que alguien te dice sí y la podés grabar. Entonces, este músico decía que las canciones que él hace ahora, en muchos casos son fragmentos de cosas que hizo cuando era chico. A esa edad, uno pone todo en una canción, no tiene inhibiciones. Después la gente te asocia con un estilo o vos sabés lo que hacés mejor y empezás a recortar un montón de cosas. Creo que las mejores partes de las canciones vienen de algún lugar que está situado en la adolescencia.

-¿Y vos recordás tu adolescencia?
-Sí, claro.

-Es la parte de tu vida de la que menos has hablado.
-Yo la pasé muy bien en mi adolescencia; el colegio se me hizo bastante divertido, también. Me gustaba que fuera mixto y que hubiera chicas, eso me ayudó mucho en mi relación con las mujeres o me la arruinó totalmente (risas), pero convivía con ellas. Tenía una barrita bastante copada y allí hice mis primeros conjuntos, como To Walk Spanish, o The Century Indignation, que era el de Nito (MESTRE). Durante las clases, en vez de anotar, yo dibujaba músicos de rock, guitarras o ese tipo de cosas. Algunas de las canciones que compuse en aquella época se grabaron. “Natalio Ruiz”, “Estación”, “Dime quién me lo robó”; y un montón quedaron afuera porque estaban en inglés, porque les faltaba un acorde o porque estaban hechas para otra cosa. Yo hice un par de jingles comerciales que nunca salieron porque eran bastante refinados, y también quedaron cosas de aquella famosa ópera Theo, de la que aparecieron fragmentos, como el final de “Eiti-Leda” o eso de lo de “la calle de la sensación” en “Seminare”, que originalmente se llamaba “Marina”. A veces creés que inventaste una gran melodía y en realidad formaba parte de una canción tuya anterior. Así como la gente tiene sueños recurrentes, yo tengo melodías recurrentes.

-Es verdad: tenes como autocitas. Sin ir muy lejos, en la coda final de “Kill my Mother” aparece una parte de “Transatlántico Art Decó”. ¿Fue consciente?
-No, ni me di cuenta. Es como un juego, pero lo de las inhibiciones es cierto. Los otros días leí un reportaje a Steely Dan en el que decían que a ellos les pasa lo mismo. A Joni Mitchell también le sucede. Quizá, con el tiempo, uno comienza a ponerse reglas, va aumentando su técnica, y tal vez eso conspira un poco contra la frescura de la melodía: comenzás a hacer discos, objetos, y te regís por parámetros como el sonido, la interpretación, la banda, la vergüenza, y esas cosas hacen que uno se guarde cosas. “Pedro trabaja en el cine” yo la tenía guardada porque era demasiado melódica, pero en algún momento de tu vida esa canción pega con vos o descubrís cómo hacerla. Estábamos en el estudio y de repente esa canción se me pegó en la cabeza. Así que dije ¿por qué no? Empecé a tocarla en un piano, después la orquestamos y quedó una cosa que conserva esa frescura, pero a la vez tiene ese tuco cinematográfico que te envuelve y hace que la canción suba y tenga la actualidad que necesita.

-Vos dijiste que “El aguante” iba a ser un disco de transición. ¿Hacia dónde vas? ¿Lo sabes?
-La palabra transición es un poco pícara en ese sentido. Siento que Say No More me abrió un montón de posibilidades, me tomé muchísimas más libertades de las que cualquier rockero se toma, ahora que la forma de hacer discos es tan cuadrada.
Esa transición sería un disco de inducción a volver a escuchar Say No More, porque este disco es “say no more” en la forma de hacerlo, pero las canciones son más concisas, si se quiere. Y utilicé los covers para hacer canciones que tenían una estructura muy fija y compensar eso que en tu libro vos llamás “el caos”. Es como una tanda comercial; cuando ves la televisión y necesitás el respiro de los avisos.
 
-Es un disco más “cancionero
-Son canciones con el toque “say no more”, y la intención a futuro es que la gente que no le prestó atención a Say No More lo haga por este nuevo disco, y se acostumbre más a discos así. No quiero abandonar este camino.

-¿Aunque la gente no se enganche?
-Pienso que por ahí la gente que se sintió alienada con Say No More, con esas novenas, con esas notas que se metían y que parecían fuera de lugar, quizá pueda ampliar su vocabulario auditivo con este disco. No te olvides que los músicos, cuando graban no saben bien cómo es el tema ni las notas que tienen. A lo mejor llega el verso y después el estribillo y no lo saben y siguen en la parte del verso, entonces se produce algo raro ahí. Cuando la tonalidad del tema cambia y uno de los músicos sigue en la misma, se genera un acorde que no estaba pensado; puede ser muy malo o puede sonar muy bien, y de esa manera uno escapa un poco al método de composición más usual con acordes tradicionales, que son los utensilios habituales. Los técnicos se ponen un poco nerviosos, porque hasta que no está terminado no pueden entender lo que está pasando. Pero como yo tengo un poco de memoria de computadora, puedo armar el crucigrama en mi mente. Después borro lo que no va a ir y enfatizo lo que me conviene para lograr esos claroscuros que tanto me interesan.

-A veces hay errores que dejas en la mezcla final. ¿Por qué?
Piensa.
-Los errores sirven al efecto general del sonido. Además, a mí me gusta escuchar un disco -hago referencia a Neil Young- y sentir la desprolijidad, sentir que el tipo está tocando al borde y hay una pifiadita. Es como “Alguien en el mundo piensa en mí”, que está tocado tan de una y sabés que hay un pibe ahí, tocando al palo. Me gustan que las canciones tengan ese sentimiento, que se escuche la palpitación de la canción en su gestación.

Finalmente, llegamos al hotel, Charly se aloja en el Delano, uno de los mejores de Miami. Todo es tan blanco como en un sanatorio, pero a la vez es tan lindo que dan ganas de internarse por propia voluntad. La gente es de lo más fashion; se pueden ver modelitos que levitan por el pasillo que va del lobby a la pileta. Con sus copas de champagne en la mano, ni se inmutan cuando a su lado pasan dos negros de una talla descomunal que flanquean a otro más menudito cuya vida vale varios millones de dólares: es Puff Daddy, el rapper y productor más exitoso del momento.

García sube a su habitación por el ascensor rojo, mientras los guardaespaldas y la otra estrella utilizan el verde. Todo es asimétrico en el Delano: en el lobby hay una cama de dos plazas, un sillón cuyo respaldo mide tres metros de alto, sillas irregulares, banquitos duros como una roca y un viejo teléfono con disco, que comunica con las habitaciones. El lugar es de una perfección tal que alucina. Pero pronto notaremos algunas fallas en el servicio.
Charly pidió que lo esperáramos en el bar y que le ordenáramos un margarita doble, trago que ha suplantado momentáneamente al whisky. Con una amabilidad exasperante, un valet de remera y bermudas blancas nos explica que el bar está cerrado desde las dos de la mañana y que ya son casi las tres. Tampoco se puede ordenar nada desde la habitación. Cuando se entera de las novedades, García muta por una variada gama de colores aunque no pierde el buen humor que lo acompañó durante los cinco días de nuestra estancia en Miami y, según los músicos y allegados, desde el comienzo de la grabación, el 13 de febrero.

Charly llegó acompañado por su banda, que arribó en dos viajes: primero Murray, Mariela, María Gabriela Epumer y Mario Serra; los dos últimos retornaron a Buenos Aires y sus plazas fueron ocupadas por Ulises Di Salvo y Gabriel Said, mientras que Erica Di Salvo pasará por Miami cuando Charly retorne de Madrid, donde agregará orquestas. Maxi Miglin, su técnico de grabación argentino, trabajó desde el comienzo codo con codo con Leo y Luli, los dos ingenieros de Criteria. La edición del disco está prevista para mediados de año.

Charly trabaja todos los días en jornadas que van desde las siete de la tarde a idéntica hora de la mañana. Se lo ve bien, con una calma lucidez, de buen humor y más creativo que nunca. Ya tiene las bases de doce canciones, cinco de las cuales son covers adaptadas al castellano como sólo él sabe hacerlo.

Así, “Roll Over Beethoven” de Chuck Berry, muta del rock and roll al funk de baterías electrónicas baratas que se consagrará como “Córrete, Beethoven”, una página que huele a hit con coros de... Menudo, aquel grupo de niños que cantaba “Súbete a mi moto”. ¿Perdón? “Sí -se ríe Charly-, eran los originales pero no pueden usar el nombre por problemas legales. Cagate de risa, pero crecieron y cantan bárbaro en un arreglo doo-woop”. 

 
 
Paradojas de la vida: en 1984 Charly les dedicó un tema llamado “Chicas muertas”, y ahora graba un tema con los portorriqueños. Las otras versiones son “No estaría mal”, de The Byrds; “Con su blanca palidez”, de Procol Harum; “Soldado de lata”, de Small Faces, y “Dos edificios dorados”, de David Lebón, en una suerte de homenaje que también cita a “Sueltaté, rock and roll” de Polifemo, y contiene el arengador grito de “¡Agarrame la vena, nena!”.

Pero García también tiene sorpresas propias que ha ido sacando de la galera en su habitual concepción del arte instantáneo. “El aguante” y “Kill my Mother” ya fueron grabados en Madrid y, aparentemente, así quedarán en el disco. En cambio, “This Time”, un soft pop que recuerda vagamente a “En la vereda del sol”, de Serú Girán, es una pequeña perla que va tomando su forma en castellano como “Listas”. Charly juega con la letra; en una toma canta “listas/ todas las chicas son listas” , y en la posterior dirá “listas/ de casamiento las listas”. Otra sorpresa es “Tu arma en el Sur”, una canción que García compuso en 1986 para Detectives, el primer disco de Fabiana Cantilo, y que ahora ha decidido volver a grabar en una interpretación mucho más lenta y dramática. “Pedro trabaja en el cine” tiene el inconfundible aroma de los temas de Charly en la época de Sui Generis, aquel sabor de historias simples, algo naif, pero bien contadas. Ese viejo Charly García que pareció sepultado por la confección impresionista de Say No More y su cacofonía, se quita los escombros de encima y saluda desde una canción tan simple como bella.

Cuando Charly decide retornar al estudio, queda claro que no se puede conseguir ninguna clase de alcohol a estas horas; salvo que uno vaya a consumirlo a algún lugar, que no es la idea. Pero, viejo zorro, en la combi sacará de sus bolsillos un magro botín que sobrevivió a sus periódicos saqueos del frigobar: dos botellitas de vino tinto en miniatura. “Lo que ves es lo que hay”, dice guiñando un ojo y vaciando el contenido de un solo sorbo. Seguimos conversando rumbo a Criteria.

-¿El hecho de que estés grabando tantos covers indica que tenés pocas canciones propias?
-No (se enoja), vos escuchaste el “black álbum” (famoso casete de canciones inéditas) y sabés perfectamente que ahí tengo muchas canciones. Pero los covers están porque yo toco habitualmente esas canciones, me gustan. No sé, men: este disco es tanda comercial. Quiero tocar lo que me gusta y esos temas me encantan. Pero estoy haciendo siete temas míos. “Tu amor” lo hice acá. “El aguante” lo compuse hace un año. “Lo que ves es lo que hay” es un viejo tema mío. “Kill my Mother” lo hice en Panda cuando grabamos el disco con Mercedes, en uno de esos momentos en que los técnicos se tienen que ir a dormir, y siempre hay alguien que enchufa; y zapando, salió.

-Hiciste un tema de David Lebón.
-Sí, “Dos edificios dorados”, de su primer disco. Siempre lo tocamos en vivo, aunque no sé porque miércoles se llama así, porque en la letra no hay ni un edificio dorado (risas). En una época los temas tenían nombres ridículos porque había una disposición de Sadaic (Sociedad Argentina de Autores y Compositores) que no te permitía ponerle a una canción el nombre que querías si ya estaba registrado. ¿Por qué te creés que Pescado Rabioso tenía títulos como “Panadero ensoñado” o “Poseído por el alba”? Una mundial fue la del tema que terminó siendo “Ruta perdedora”, de La Máquina de Hacer Pájaros. La Hormiga (José Luis Fernández) fue a registrar el tema, que tenía letra de él en ese momento, y se llamaba “En el pantano”. El tipo que lo atendió le dijo que no se podía. El preguntó por qué y el mono le contestó “Porque yo me llamo Pantano y no te dejo” (risas).

-¿Cómo trabajas con las letras en inglés que traducís al castellano? ¿En qué te fijas más, en el significado o en la fonética?
-Las adapto, tengo en cuenta el significado y la fonética al mismo tiempo. Trato de hacer un promedio; el significado puede no ser exactamente el mismo, pero siempre es fiel al espíritu del tema. No me gustaría que hicieran una canción mía en otro idioma y que cambien completamente la letra. Por ejemplo, la de Chuck Berry, aunque está hecha funk y con los Menudo cantando atrás, respeta mucho lo que Berry soñó, la métrica es tal cual. “Estoy cansado de que me sigan, que me peguen, que me digan, que me expliquen qué es el rhythm & blues./ Mamá está en la cocina, papá está en la oficina/ y me cortaron la luz./ Para aquí, para allá, la música nos matará./ Yo sé que sube la fiebre/ y tengo neumonía rockal./ (...) Yo sé que soy un fusible/ que estoy muy loco, pero soy irrompible,/ no digas nada de nada,/ cuídate, nena, de mi mirada./ Para aquí, para allá, la música nos salvará./ Temprano a la mañana/ me despierta la mucama/ y me dice lo que tengo que hacer./ Romperé la vieja radio./ Quemaré todos los diarios./ No tengo nada que ver./ Para aquí, para allá, la música nos llevará./ Córrete, Beethoven./Correte, Beethoven”. La música hace esas cosas: nos mata, nos salva y nos lleva. Al músico que no consigue el suceso o lo que quiere hacer, la música lo mata. Como a Salieri, aunque viva más; como a Mozart también lo mata la indigestión. Para el que baila, la música lo lleva. Es como ponerse en el papel del que tiene la mamá en la cocina, que la música lo salvará porque por ahí el tipo es un músico principiante y no quiere trabajar de otra cosa. O nos salva, porque cuando todo va muy mal, como dijo Miguel Cantilo, si no fuera por la música no nos salva ni Tarzán.

-Hablando de Cantilo, pero Fabiana; con ella compusiste un tema que se llamó “A punto de caer”. La letra decía: “yo estaba en un lugar, a punto de caer./ y aunque te parezca extraño, música es lo que das”. ¿Es la música lo que te saca adelante en los momentos límites?
-Así es, pero en ese caso se refería exclusivamente a Fabi. En esa época todo el mundo decía “qué loca que está Fabi”, y yo quería señalarle mediante la canción que, a pesar de todos los bardos, sus problemas y su locura, que vienen con el territorio -¿quién no ha tenido esa fase?-, que a pesar de todo la esencia era la música.
Se queda en silencio, pensativo.

-¿Qué pasa?
-Nada, men, que con lo de Fabi me hiciste acordar de la época en que ella y Fito venían mucho a casa. Yo pasaba mucho tiempo en el piano con Fabi y Fito se quedaba en el living, tomando, charlando con amigos. Y a veces se colaban melodías. Recuerdo una melodía que es la coda de “Filosofía barata y zapatos de goma”, la parte que canta Lolita Torres, eso está en un disco de Fito que salió antes que el mío. Se ve que de tanto estar en casa, se le pegó esa parte e inconscientemente la puso en su tema.

-¿Eso hizo que se pelearan?
-No, no fue eso para nada, y no nos peleamos, además. La cosa era que yo mantenía mi punto de que Stravinsky decía que los grandes compositores robaban y no tomaban prestado, para aflojar un poco eso de que “la música es mía, mía, mía”, y qué se yo. Me pasé toda una noche mostrándole a Fito el tema “Venus”, de Shocking Blue, para que viera las similitudes que había entre el riff de “Cerca de la revolución” y esa canción. Y él estaba muy terco con su argumento de que “la música sos vos” y toda una serie de planteos. Entonces, cuando después me puso ese tema suyo le dije: “Hijo de puta, ladrón, esa parte me la robaste a mí”. Pero en una buena onda, para que se aflojara un poco. Es como cuando yo le mostraba a Prince, y Fito me decía “No, ese negro puto...”. Hasta que lo escuchó (risas), y se hizo carne en él. Ahora bien, en un tema nuevo que yo estoy grabando aparece una melodía que, después, me di cuenta que se parece a una de Fito que dice “tu amor es un karma” (“Nada tan preciado para mí”). Pero la otra parte está inspirada en una melodía aborigen americana que es toda en sí, pero lo que va cambiando en la modulación de abajo en los acordes. 
 
El nuevo disco de charly va cobrando una forma inquietante. Por un lado, las canciones son buenísimas, con melodías que emocionan, locas armonías y letras que ya no son tan autorreferenciales como las de Soy No More. Pero, a su vez, existen unas raras interferencias; canales que disparan sonidos de la nada, tonalidades que parecen irreconciliables entre sí, baterías que se chocan, tracks de voces simultáneas con letras distintas. El aguante navega entre dos mares de diferente salinidad: la técnica de grabación, pese a los 48 canales, es la que hizo de Soy No More un disco anárquico, tan genial como difícil de asir; pero al mismo tiempo las canciones huelen al García de los viejos buenos tiempos. Dos de ellos, en particular, ponen la carne de gallina: “Lo que ves es lo que hay”, una balada que tal vez sea la puntada final del álbum, y “Tu amor”, otra balada compuesta hace pocos días y que bien podría haber sido imaginada por John Lennon en 1974. Una hermosura a la que ahora Charly le agrega teclados.


En este instante se produce una de esas tomas en donde el genio de García sale a la luz y lo que toca es sencillamente perfecto, sublime, increíble. En vez de poner su teclado sobre una base sólida con un único sonido, García se sienta en el sillón detrás de la consola, pone el instrumento sobre sus rodillas y con los talones marca el compás mientras el teclado se sacude como el Titanic. Cambia los sonidos en donde se le antoja, y cada arreglo es diferente. Charly deviene en una orquesta conducida por Mozart en el momento de mayor genio. Ulises, Murray y yo tenemos lágrimas en los ojos; Maxi y Mariela sostienen sus mandíbulas. Termina la toma, perfecta, y todos aplaudimos maravillados y conmovidos.

-Bueno -dice Charly-, borrame este canal que lo voy a hacer con el “Killer Miller” solamente.
Aquí es donde todas las dudas comienzan; pese a lo que Charly ha explicado sobre el “concepto say no more”, los claroscuros, las superposiciones y otras formas que él tiene de quebrar el standard de la manera de hacer discos y canciones, resulta auditiva-mente incomprensible su conspiración contra la fuente de belleza que sus dedos suelen generar cuando García deja de ser García y es un músico inspirado. Es su disco y sabe perfectamente lo que hace, a diferencia de otras veces donde se podía dudar de sus facultades mentales. Habrá que bancarse ese defecto. Y esperar lo mejor.

El aguante es un trabajo decisivo en la carrera de Charly García por varias razones. Es el primer disco de estudio que hará en carácter de solista después de Say No More, que pese a que García lo defienda como a su hijo predilecto, no ha sido de sus álbumes más populares ni ha despertado un grado de adhesión crítica intenso. De todas maneras, el salto al vacío de Say No More no fue en vano, porque ha radiografiado el alma de un hombre que se desintegraba a ojos vista, acosado por sus propios problemas y por el morbo de la mirada mediática que se impacientaba por tener la primicia de su caída final. El Festival de Cosquín, en donde García era esperado como el anticristo por los anacrónicos de siempre, fue el punto de inflexión donde Charly dejó a los sepultureros con la pala vacía. Una buena performance junto a Mercedes Sosa, la abanderada de “el aguante”, hizo que mucha gente festejara en sus casas la victoria de un hombre libre y sin miedos. En ese momento comenzó a gestarse El aguante, el disco que ahora García se apresta a terminar y que será el que extinga su ligazón con Sony Music Argentina.

Tal vez por eso, Charly no pudo concretar su proyecto de Titanes en el ring junto a la mente fabuladora de Pipo Cipolatti. Hoy, como ayer, un disco de Charly en estudio sigue siendo garantía de buenas ventas y Sony Argentina lo sabe muy bien. Por eso no aceptó la idea de Titanes...; al ser la última posibilidad de un nuevo disco del músico para la compañía, quieren el producto sin adulterar. Ahora es Sony International la que alienta la idea del sello propio que Charly viene tramando desde hace bastante tiempo. Y García, que mastica de todo menos vidrio, sabe que El aguante será mirado con lupa por todos los interesados.

-¿Disfrutas Miami?
-Ahora estoy disfrutando este hotel y el estudio. Este hotel es alucinante y estoy re-tranquilo. Además, hace frío, no hay obligación de ir a la playa, hay días grises. A mí, la playa me gusta masso; prefiero las piletas. Pero la del hotel no es una pileta: es un salón de agua. El agua es caliente, no sale ni una gotita del borde, prohibido zambullirse, obvio.
Bah, casi no se puede nadar. Tiene una mesa donde podés comer y la música se escucha abajo del agua; Verdi, sobre todo.

-¿Y cómo suena Verdi bajo el agua?
-El agua parece ser más confiable que el aíre en cuanto a sonido, pero es un elemento más denso. Estoy experimentando en eso. En una canción del nuevo disco digo “tengo un bar abajo del agua”. Yo soy un ser hiperacuático, y abajo del agua uno se convierte en otra cosa: es como volar, y es otra textura del espacio. Y la música abajo del agua es difícil, porque tenés que juntar electricidad. Esa canción también dice “yo quiero mucha agua y mucha electricidad”. Y precisamente no son elementos que combinen; bah, combinan mortalmente, o sea que es jodido. Pero a lo que iba es a que debajo del agua necesitás muchísimo más volumen y lo que se escucha no es música: es como Hendrix en el comienzo de “Electric Ladyland”. Hendrix quería sonar abajo del agua, por eso compró “Electric Lady”: abajo del estudio pasa el río Hudson y de ahí el famoso sonido. Estoy investigando eso. Es como un chiste: arriba del agua, cualquiera. ¡Hay que hacerla abajo! (risas).

-¿Y que observas en esta ciudad tan rara que ha fascinado a tanta gente? U2, Bob Seger y los Blues Brothers, entre otros, le dedicaron un tema.
-Randy Newman también; tenía un tema con una letra dedicada a Miami que decía “Su nombre es Medina/ y viene de Argentina ¡no lo mires!”. Miami es linda y todo lo que quieras, pero jamás viviría acá; no me podría adaptar. Es cultura de automotor: no se puede estar sin tener un auto. Es una ciudad paradójica; gracias a Dios conservaron esta parte del Art Decó y esto es El Barrio, porqué andá al down-town y es El Once (risas).

-¿Cuál es la perspectiva que tenés de tu propia carrera? ¿Qué cosas te parecen las mejores y cuáles las peores? Hagamos como si evaluaras a otro tipo, a Dylan o a Joni Mitchell.
-Podría decirte lo que me copa en general, porque no siento que tenga una carrera, me parece raro ese pensamiento; no me cae bien la palabra. Como antagónico, seguro que los discos que más me gustan van a ser los que menos le gustan a la gente. Ahí va, sin orden particular: Cómo conseguir chicas, Clics modernos, Yendo de la cama al living, el primero de Serú, el primero de La Máquina de Hacer Pájaros, Say No More y el que hicimos con Mercedes.

-¿Te sigue agarrando la cosa de que todo lo que hagas debe ser número uno? ¿Cómo anda tu vanidad?
-Mi vanidad anda bien, gracias. En cuanto a términos de mercado y número uno, he abandonado completamente todo; ahora lo voy a retomar y por eso digo que este es un disco de transición. Vi todo de afuera, sabiendo que había MTV, pero desde hace cinco años la corté y también corté el cable, y por ende no veo televisión. A la grabadora no voy nunca; prefiero vender menos pero no tener que entrar en el “promotional bullshit”, donde generalmente el artista pone todo el laburo, va a la radio y esas cosas. Sin embargo, me han dado la libertad de poder hacer un RadioPinti, por ejemplo, o Tango, lo que me parece justo. Yo jamás voy a tener un disco número uno en el ranking; siempre está Julio Iglesias o Luis Miguel, siempre hay otro. Paradójicamente, Instituciones fue un número uno de Sui Generis pero también fue el que vendió menos, porque ocupó la punta la primera semana y después bajó. Pero eso tiene que ver con muchas otras cosas: el estado de la radio, de la gente, qué se escucha, y de repente cómo uno deja de mirar ciertas cosas y lee revistas donde está Marilyn Manson y comienza a ponerse vestidos para joder. Con eso te alejás de lo que deberías hacer para estar en “heavy-rotation”. Mi “heavy-rotation” es por todas las secciones de un diario: sociales, policiales (risas).

-Me hiciste una trampa y yo caí.
-¿Eu?

-Sí, vocé: te pregunté por los puntos altos y hajos de tu discografía y sólo me mencionaste los altos.
-Lo que pasa es que yo no hago discos malos (risas).

-No importa: los que consideras más flojos.
-El asunto es comparado con qué. ¿Con mis propios discos? Supongo que sí, porque si los comparamos con los demás (revolea los ojos). Mirá: Adiós Sui Generis no es un disco que yo escuche; pero había que grabarlo. Después, la música que hice para la película de Mosquera (Lo que vendrá) estuvo mal. No siento que haya puesto música en ese disco. Yo no lo hubiera sacado. No sé, le tengo cariño a los discos; te iba a decir Porsuigieco, pero me gusta. Música del alma me parece un poco desprolijo. El de Mercedes podría haber sido así, pero me planté y lo saqué adelante.

-¿Viste el concierto de U2?
-No, los vi cuando presentaron The Joshua Tree en Connecticut y me partieron la cabeza. Esta gira no la vi. Tenemos el mismo terapeuta, de alguna manera (se refiere a Ken Lazvton)... Pero ahora, U2 me parece “too many gimmicks” (muchos trucos)... A U2 lo escuché desde el principio, con “I Will Follow”, que no me pareció mal pero tampoco me pareció “the next big thing” (la próxima gran cosa). Después, “In the name of Love” me gustó muchísimo y The Joshua Tree me pareció un álbum increíble. Y el concierto que vi fue de-mo-le-dor. Me gustaba esa mística que generaban. Ahora, lo último, qué se yo... no me disgusta, pero no le cazo bien la onda.

-¿Y Oasis?
-No me gustan. Me parecen una re-cagada, pero convengamos que hay cagadas mucho peores. Me caen muy antipáticos por las revistas, son muy arrogantes. ¿Quiénes se creen que son? Escúchame, con un simple de Los Beatles hacen diez LPs. A mí tampoco me gusta Lenny Kravitz, aunque me guste alguna cancióncilla, y alguna de Oasis me va a gustar más que otra cosa, pero me parecen muy limitados, no les veo el punto. Me gusta mucho más Tears For Fears. Lamentablemente, se separaron. Después de Nirvana, dejé de escuchar a los nuevos. Prefiero ir a un bar y escuchar un grupo. Te juro: hago fuerza porque me guste Beck, algo me copa, pero lo último que me gustó es Marilyn Manson.

-¿Qué te pareció que Bob Dylan tocara para el Papa?
-Me pareció coherente con sus mambos místicos, que se hace judío, cristiano, cristiano-judío. Y me pareció alucinante que el Papa escuchara a Dylan. Es coherente con él, que ha hecho discos casi bíblicos, llenos de parábolas; incluso cuando no era bíblico sonaba bíblico: “Vengan madres y padres de todo el mundo”, en “Los tiempos están cambiando”, hablando como un profeta. Uno de los discos que a mí más me gustan es Slow Train Corning, que es de su etapa mística.

-¿Qué opinás de que Los Fabulosos Cadillacs hayan ganado un Grammy?
-Los felicito. ¿Por qué lo ganaron?

-Mejor grupo de rock alternativo latino por su disco Fabulosos Calavera.
-No sé, Fito me dijo que el último disco de los Cadillacs estaba bien. A mí nunca me cayeron simpáticos, pero pueden haber cambiado. Me parece genial que un grupo argentino haya ganado un Grammy. Es como cuando Boca, en mi caso que soy de River, juega la Libertadores: hinchás por Boca. A mí me tiraron mala onda desde el principio, como Todos Tus Muertos, por nada. No es mi estilo hablar mal, pero considero que cuando un grupo, para surgir, habla mal de otro, es que no tiene mucho que decir. Era una moda, pero ahora es moda hablar bien de mí.

-Say No More no fue muy comprendido, no llenaste el Opera y atravesaste varios escandaletes, pero la gente está cada vez más a favor tuyo. ¿Percibís eso?
-Sí, Say No More debe haber sido incomprendido por el jefe de ventas de la compañía, pero recibí una carta de una chica de 14 años que decía que si algo me faltaba para ser lo máximo, eso era Say No More. El disco no mostró: demostró. Como que el mono, yo, está fuera del circuito sponsor-abogado- contador-humo-plomo-38 mezclas-póster, y todavía puedo hacer cosas que son más under que los under que me criticaban.

-El año pasado fuiste completamente under, tocaste en pubs, en ningún teatro. ¿Fue una manera de salirte de ese circuito?
-No, realmente no tenía estructura para tocar ni hacer giras. Tuve muchos problemas con la banda que tenía antes, me iniciaron una serie de juicios y me di cuenta de que, como dice Ken Lawton, los discos los hago casi todos yo, encima les enseño a tocar a los músicos y, además, mala onda. Me hinché las pelotas. Después, lo de los escandaletes me generó una sensación de que el horno no estaba para bollos. Pero, de alguna manera, yo estaba al mango, tocando todo el tiempo. Entonces me gustó tocar con gente que no conozco, con los chicos de la banda actual, o gente que por ahí no es un Pedro Aznar, pero que toca con vos porque le gusta. Y eso no tiene precio.

-Se te ve muy bien, Charly.
-Estoy bien, gracias (inclina la cabeza).

-En tus últimos discos pareció que tus propias obras te arrastraban a un estado emocional jodido intenso, llamalo como te parezca. Pasó en La Hija de la Lágrima, en Say No More...

-Siempre fue así. ¿Ó cómo te creés que me puso Vida? No tengo alternativa. Yo soy lo que hago y son las mismas canciones las que te arrastran a esos estados emocionales... jodidos para el que no puede bancarse un estado emocional así. Entonces, la genye jode y pretende que vayas al banco a las nueve de la mañana después de haber grabado toda la noche; una serie de pelotudeces. Jodido es todo lo de alrededor. Me parece que un tipo que no dé la vida por lo que hace, no es un artista. Lo que pasa es que estamos acostumbrados a artistejos de cuarta.

Por Sergio Marchi

Fuente: Rolling Stone Argentina - Abril 1998

El blog de Charly García (hecho por DIOS)

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