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miércoles, octubre 08, 2025

Dos en la ciudad

Ph: Nora Lezano

“Mostrale la parte de Sting“, le dice Charly Garcia a su mánager y amigo todoterreno, Tato Vega. Lo dice con una sonrisa tierna, candorosa, que encierra una ilusión casi infantil. En su teléfono celular, Tato aprieta play y podemos ver algunas de las tomas que el músico inglés filmó en Nueva York para el clip de “In the City”, la canción que Sony Music lanza el 9 de este mes en formato de vinilo single (con un impactante diseño de Ezequiel Vega, hermano de Tato, colaborador del arte de Random, 2017) y que marca un hito no solo en la obra de Charly, sino en el rock argentino (como si esa disociación fuera posible). Charly expande su sonrisa, orgulloso. Recién escuchamos, y vimos, la nueva interpretación del tema incluido originalmente en Kill Gill bajo el título “In the City that Never Sleeps”, disco de Charly que tuvo su edición oficial en 2010. Es el crudo, con una mínima edición, de la interpretación que García filmó en su casa, bajo la lente de Belén Asad. Con una campera de cuero, frente a un teclado Wurlitzer de los 70, canta en inglés esa canción que puede entenderse como una oda a la ciudad en la que una esquina, Walker St. & Cortlandt Alley, lleva su nombre desde noviembre de 2023, cuando se cumplieron 40 años de la edición de Clics modernos. El relato visual encierra un guiño dickensiano: es una historia que transcurre en dos ciudades. Charly recorre la Reina del Plata en un taxi vintage, de los años 70. Sting canta en el puente frente a Grand Central Station y gira por la Gran Manzana en un Yellow Cab.

En la repisa que está sobre los monitores, el vinilo de Clics modernos comparte podio con Pink Moon (1972), de Nick Drake; Court and Spark (1974), de Joni Mitchell; y The Eraser (2006), de Thom Yorke. En una de las paredes, se destaca el afiche de Listen Up! The Lives of Quincy Jones, el documental sobre el productor y arreglador de Miles Davis, Aretha Franklin y Michael Jackson, entre otras glorias. Es la hora del crepúsculo de un miércoles de septiembre y estamos en el living de la casa del joven ingeniero de sonido Matías Sznaider (responsable de La lógica del escorpión, el álbum que Charly lanzó en 2024, y también de esta nueva grabación). Es un departamento pequeño, prolijo y acogedor (a diez cuadras de la públicamente conocida morada de García, en Coronel Díaz y Santa Fe), en el que Charly suele pasar buena parte de sus días. Acá, dicen, se siente cómodo. Acá, ahora, se lo ve feliz. “¿Lo vemos de nuevo?”, propone Tato. “¡Pero ponelo más fuerte!”, le pide Charly a Matías, el anfitrión.

UN CLÁSICO. Charly García en su departamento de Coronel Díaz y Santa Fe, retratado por Nora Lezano.

Las volutas de humo le dan una atmósfera cinematográfica a la escena. El índice y el anular de la mano derecha de Charly sostienen un cigarrillo y, en la mesa de trabajo, hay un vaso con whisky y otro con agua, más chico, que hace las veces de cenicero. Ahí, prolijamente, irá tirando las cenizas. Es emocionante verlo a Charly en la pantalla, con su característica mirada de perfil, amable y penetrante a la vez; sus gestos clásicos, como cuando emula el afiche de la enfermera pidiendo silencio; y su mano, acercando el micrófono a los labios. Pero más emocionante es verlo a Charly acá, a menos de un metro, estrechar sus manos, extremadamente suaves, y verlo con un buzo de The Shinning [El Resplandor, 1980; clásico de Stanley Kubrick, uno de sus directores favoritos] mirando la pantalla, con una sonrisa perenne y cantando al unísono esa canción mid tempo que se adhiere como pegamento instantáneo.

“Todavía no caigo de la emoción de que un artista de la talla de Sting, al que siempre tuve presente en mi vida, participó con tanta buena onda y predisposición. Al ver el video o escuchar la canción con amigos no deja de sorprenderme. Espero que la gente lo disfrute como nosotros disfrutamos haciéndolo”, celebra García.

Ph: Nora Lezano.

 “Soy un inglés en Nueva York, y me encanta la ciudad”, escribe Sting vía mail, en exclusiva para Rolling Stone, con un guiño a una de sus canciones más emblemáticas. “Claro que me iba a atraer una canción que ensalce su encanto y sus virtudes. Charly grabó algunas de sus canciones más célebres en Nueva York. Conoce la energía e inspiración que puede transmitir. Me encantó ‘In the City’ la primera vez que la escuché. Captura esa sensación que uno tiene en Nueva York de estar rodeado de gente y, al mismo tiempo, solo. En cuanto a la voz, es un honor cantar con Charly, así que fue fácil cantar con entusiasmo y desde el corazón. Fue divertido arreglar y combinar las armonías. Le sirvieron a la canción, pero también fueron un mensaje musical divertido para Charly”.

Charly no está con la locuacidad de otros tiempos, por eso también prefirió responder por mail. Unos días más tarde de nuestro encuentro, García evoca la génesis del feat.: “Esta colaboración surgió de forma natural, cuando nos encontramos en los camarines antes de su show. Siempre fui un gran admirador de su sonido y forma de componer. Era un tema que ya había escrito y que, además de ser en inglés, me pareció perfecto para la voz de Sting en el estribillo”. Esa noche, el domingo 23 de febrero pasado, Charly llegó a los camarines del Movistar Arena por una invitación del manager de Sting, Martín Kierszenbaum, y de Dominic Miller, guitarrista y mano derecha del músico inglés desde 1990, ambos nacidos y criados en la Argentina.

PRIMER CONTACTO. En la gira de Amnesty International, 1988.

“Es difícil expresar exactamente lo que la música de Charly significa para mí. Es algo bastante profundo”, explica Kierszenbaum. “Mis padres siempre tocaban música en casa. Mi mamá tocaba el piano, especialmente Chopin. Mi papá ponía discos de rock y también de Gardel, Piazzolla y las compilaciones de Aquí Cosquín. De hecho, fue mi mamá quien me trajo una copia de Clics modernos al volver de un viaje a Argentina, cuando ya estábamos viviendo en Estados Unidos. Para mí, ese disco no solo sirvió como vínculo al lugar y a la cultura que me habían formado como persona, sino que también logró combinar todos esos estilos de música con los cuales me había criado de una forma maravillosa. Es más, de cierta manera, sabiendo que fue grabado en Nueva York me hizo sentir más conectado a mi familia y a mis amigos en Argentina. Además, me inspiró desde un punto de vista musical ya que ese álbum es una obra de arte”, asegura.

“Cuando pensamos en música argentina siempre hablamos de dos nombres: Charly y Mercedes. Personalmente yo pondría a Spinetta en la lista también”, explica Dominic, que llamó personalmente a Charly para invitarlo al concierto de Sting en Buenos Aires. “Nos dimos cuenta de que ellos verdaderamente querían ver a Charly con amor, ¿viste? No es que querían tener una foto para cholulearlo”, relata Tato. “Cuando entramos al camarín, Sting estaba tocando el bajo. Abrieron la puerta, nos presentaron y se quedaron charlando cuarenta minutos. Charly había llevado una copia en vinilo de La lógica del escorpión [su álbum más reciente]”. Un hermoso souvenir para su colega, con arte de Renata Schussheim y Martín Gorricho.

ENTRE AMIGOS. Sting y Charly en los camarines del Movistar Arena, febrero de 2025.

En ese rato, le mostraron a Sting una foto en la que el músico inglés, en su primera visita a Buenos Aires, con The Police en 1980, está leyendo una revista Pelo con el propio Charly García en la tapa. Un testimonio seminal del englishman en Buenos Aires, que, de modo acaso metafísico, se resignifica con la colaboración que acaban de concretar, 45 años después.

Tanto Martín Kierszenbaum como Dominic Miller, que unos días más tarde sería homenajeado por el intendente de Hurlingham, su ciudad natal, hablan perfecto español. “Y sabían todo sobre Charly”, resalta Tato Vega. 

Charly disfrutó del concierto al costado del escenario y, luego del show, la noche depararía una anécdota curiosa: los dos músicos y toda una comitiva partieron en varias camionetas escoltadas por la policía, cruzando semáforos en rojo de Villa Crespo a Puerto Madero. Cenaron en el Hotel Faena, un sitio en el que Charly juega de local (allí tocó unos temas en público, por última vez, en junio de 2024). La admiración que provocaba la presencia de García le sirvió a Sting para acabar de dimensionar la importancia del músico argentino. Incluso Alejandro Lerner, que también estaba en esa cena, no podía dejar de comportarse como un fan de García. “Es que él es el inventor de todo”, le explicaba a Sting. “I know, I know”, respondía el ex The Police.

No hizo falta mucho más para que el inglés incorporara toda esa información. Que, por cierto, retuvo. Así lo recuerda ahora: “Me encanta tocar en Buenos Aires. El público es muy musical y participativo”, explica. “Tener a Charly en nuestro concierto fue genial. Me regaló una copia en vinilo de su álbum y pudimos charlar antes y después del concierto. Dondequiera que va en Buenos Aires, la gente le dice: ‘Gracias, Charly’. Es un sentimiento muy bonito que comparto. Gracias, Charly, por tu música y por invitarme a cantar esta canción con vos”.

En esa sobremesa surgió el embrión de esa colaboración. “Sting sigue sus instintos. Tiene un compás musical interno muy fuerte, que lo guía en todas sus decisiones. No hubo que convencerlo de nada”, cuenta Kierszenbaum, que se recibió en la Universidad de Michigan como bachiller en música, después de varios años en la industria en 2005 lanzó su propia discográfica, Cherrytree Records, y desde 2016 se desempeña como manager del inglés.

Ambos músicos nacieron hace 74 años, en octubre de 1951, a 11 mil kilómetros de distancia y con apenas 21 días de diferencia. Audrey Cowell dio a luz a Gordon Matthew Thomas Sumner el martes 2 en el Sir GB Hunter Memorial Hospital en la localidad inglesa de Wallsend. Carmen Moreno trajo al mundo a Carlos Alberto García Moreno el martes 23, a las 11 y 20, en el Sanatorio Otamendi y Miroli de Buenos Aires.

Ph: Nota Lezano
 
Cuando se vieron por primera vez, en octubre de 1988, estaban soplando 37 velitas. Por entonces, Gordon ya era Sting, había liderado The Police, había lanzado dos discos como solista, había protagonizado el documental Bring on the Night (Michael Apted, 1985) y era una estrella de proyección global. Carlos ya era Charly, había integrado Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros y Serú Girán, llevaba más de cinco discos como solista, había protagonizado el documental Adiós Sui Generis (Bebe Kamín, 1976) y estaba proyectando sus canciones al resto de Latinoamérica.

Aquel encuentro fue en el marco de la gira con la que Amnesty International celebró los 40 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Unos meses antes, en julio de 1988, Charly junto a Nora Cortiñas y militantes de Amnistía Internacional, se habían encadenado a la reja de la Embajada de Chile en Buenos Aires para protestar contra la dictadura de Augusto Pinochet, iniciada casi quince años antes, el 11 de septiembre de 1973. Del tour participaban Bruce Springsteen and the E. Street Band, Peter Gabriel, Sting, Tracy Chapman y el senegalés Youssou N’Dour, además de artistas locales de cada escala, que en el caso de Argentina fueron Charly García y León Gieco. Crónicas de la época consignan que Charly no tuvo acceso a hacer una prueba de sonido para su presentación en River, y no tuvo eco desde las consolas cuando pidió que subieran el volumen. Su set, de apenas cuatro canciones, incluyó “Demoliendo hoteles”, “Los dinosaurios”, “Nos siguen pegando abajo” y “En la ruta del tentempié”, con una destacada labor del Negro García López en la guitarra. Sting estuvo acompañado con una banda que incluía a los jazzistas Branford Marsalis (saxo) y Kenny Kirkland (piano), y un set con una canción que denunciaba las desapariciones en Chile, “Ellas danzan solas (Cuecas solas)”, con la participación de un grupo de referentes de las Madres de Plaza de Mayo sobre el escenario.

Charly estaba enojado, sentía un destrato por parte de los organizadores. Y se vislumbraba una lucha de egos. Por eso, sus plomos pegaron unas calcomanías en los equipos de Springsteen que decían “The Boss is Charly García”. Lo que podría haberse entendido como una broma inocente no cayó bien en la troupe de El Jefe. Pero, además, Charly y Bruce discutieron por la traducción al español de la letra de “Get Up, Stand Up”, el tema de Bob Marley y Peter Tosh, que se había convertido en el himno de aquella gira. Charly lo contó así: “La letra en castellano que me dieron no pegaba. Fuimos a lo de Bruce a ensayar, entonces yo dije: ‘Che, Bruce, mirá, esto está fuera de métrica’. Sting la había escrito. Y ahí entró Sting y dijo: ‘Sí, tenés razón, ¿cómo la haríamos?’. Entonces le sugerí ‘para siempre ya’, en vez de ‘para nunca jamás’ o una cosa que no tenía mucho sentido. Y que, además, no pegaba con la música”. A Bruce Springsteen no le gustó nada esa corrección. En los pasillos del estadio, Charly vociferaba: “I’m the boss, I’m the boss!”. Cero onda.

“Sting intelectualmente comprende todo”, le dijo a Susana Giménez en una recordada entrevista televisiva de 1989 en la que contó, también, que Peter Gabriel le había mandado una carta felicitándolo por el entonces flamante Cómo conseguir chicas. De Bruce, no contó nada bueno.

“Sting fue principalmente el que entendió el concepto de las modificaciones que sugerí para el tema”, cuenta Charly, ahora. Y evoca el inicio de su admiración por el músico inglés: “Con Synchronicity [1983, quinto y último álbum de estudio de The Police] entendí el aporte que Sting le estaba haciendo a la música de ese momento”.

También Sting lo recuerda: “Sentí una conexión musical con Charly en aquellos conciertos. Había escuchado sus canciones y, en persona, se hacía aún más evidente que era un espíritu musical verdaderamente original y especial”.

Pasaron 37 años desde la gira de Amnesty. “Desde el principio, existió un respeto mutuo y musical entre los dos. La idea de grabar una canción juntos surgió orgánicamente. El impulso fue musical y natural como siempre con Sting. Charly le sugirió la canción y a Sting le gustó. No se contempló demasiado el significado histórico o cultural, aunque, para mí, como manager de Sting y admirador de la música de Charly, este dueto, sí, es algo muy emocionante e importante”, reconoce Kierszenbaum. Él y Dominic, cuenta Sting, suelen poner sus canciones en el micro de gira y entre bastidores: “Tanto Martín, que también creció en Buenos Aires, como Dominic sienten un inmenso respeto por Charly, un compositor e intérprete extraordinario. Por ellos yo conocía el trabajo pionero de Charly”. Y aclara: “En realidad, esta no es mi primera colaboración con un artista argentino. Llevo mucho tiempo colaborando con Dominic. Hemos escrito muchas canciones

A medida que avanzaba la colaboración, el ingeniero de grabación, Matías Sznaider, que trabaja con García desde 2017, se involucró en el proyecto: “Nos juntamos con Charly y surgió la idea de rescatar unas grabaciones recientes de ‘In the City’ que tenían mucho potencial. Había que terminar de elegirlas, de darles forma. Pero, a priori, nos parecía que la canción, por el estilo y porque la letra es en inglés, era la indicada. Con la decisión tomada, nos juntamos a escuchar el material y Charly fue muy claro en cómo quería que se luzca el tema. Tenían que preponderar el piano eléctrico, el bajo y la batería. Las guitarras tenían que aportar texturas, más que nada”, relata. “Las escuchas críticas las hicimos en mi casa y las grabaciones adicionales en el estudio Happy Together”. Sting recibió la maqueta del tema con las sugerencias para grabar el bajo, sus intervenciones vocales y las guitarras de Dominic Miller, y levantó el pulgar. “Vamos para adelante”, respondió.

El cantante y Miller grabaron sus partes juntos en Oregón, noroeste de Estados Unidos, en el estudio portátil del ingeniero Tony Lake, habitual colaborador del artista. “Con buenas canciones es fácil saber qué tocar. Es como que la letra y la música te dirigen. Yo grabé estas guitarras en media hora”, cuenta Dominic.

Parceiro de Sting desde hace tres décadas y media, ha colaborado con Phil Collins, The Pretenders, Rod Stewart, Peter Gabriel, Sheryl Crow y muchos más. Sin embargo, a nivel emocional y musical, esta experiencia está en lo más alto de su trayectoria. “Es increíble haber tocado con todos estos artistas, pero tocar con Charly se siente diferente, o como que después de esta experiencia no me importa más nada”.

“Tato, el manager de Charly, y Matías, su ingeniero, hicieron que el proceso sea muy cómodo y fácil. En lo personal, me conmovió mucho escuchar esas armonías que agregó Sting a la canción. Fue alucinante oír ese sonido tan original y familiar en combinación con el de Charly. El hecho de que ahora existan juntos en una canción es impresionante”, celebra el manager del inglés, que se encargó de mandar las grabaciones a Buenos Aires.

Con Morph the Cat (2006), el álbum de Donald Fagen, como una de las referencias sonoras, Matías, Tato y Charly decidieron grabar la batería en Unísono, el estudio porteño construido por Gustavo Cerati. Convocaron a Diego López de Arcaute, baterista de Juana Molina y de La Grande, con más de dos décadas de impecable trayectoria. “Para mí, Charly y Sting son dos dioses de la música. Están entre mis principales influencias hasta el día de hoy y son de esos artistas por los que yo y muchos otros nos dedicamos a esto”, explica el baterista. “Cuando me comentaron que existía la posibilidad de que hicieran un tema juntos y que, además, había chances de que yo pudiera participar me pareció una locura. Estuve recontra ansioso y me costaba dormir”, confiesa. “A Diego me lo recomendó mi hijo”, dice Charly. “Desde la primera toma del tema me di cuenta de que era perfecto para la base de la canción”, sentencia. 

Diego no oculta la emoción: “Por supuesto que fue un impacto fuerte estar con Charly en el estudio. No podía creer estar grabando con él, ahí presente. Primero tocamos el arreglo que estaba contemplado y luego a él se le ocurrió agregar algo con los toms para el final del tema, y quedó buenísimo. Todo fluyó super bien y fue redivino conmigo. Estando ahí me comentó que su hijo le había hablado muy bien de mí. Eso fue algo que me emocionó porque siempre tuvimos buenísima
onda con Migue, a quien admiro y conozco desde hace años. Solía venir a vernos cuando tocábamos con Lucas Martí. Ellos compartieron una etapa en A-Tirador Láser”. 

La sesión tuvo un plus: “Esa tarde, después de grabar, escuchamos el tema con Charly: las voces de Sting, las guitarras de Dominic, mi bata... ¡Una gloria, todo! El tema me encanta. Y escucharlos a ellos dos juntos me liquida. Es tremendo todo lo que pasó, mucho más que un sueño para mí”.

Charly también estaba conmovido: “Me produjo una emoción increíble escuchar la voz de Sting y quedé muy conforme con el sonido general del tema”, asegura. No menos emotivo fue para Sznaider: “La estética estuvo muy impresa desde un primer momento. Obviamente todo cobró un halo de magia con el material que aportaron Sting y Dominic, con pinceladas de fineza y de sorpresa. El desafío de la mezcla fue potenciar eso”, explica. “Charly confía mucho en mí, así que tengo mis espacios para detenerme microscópicamente en ciertas cosas, y después él viene a supervisar ese trabajo. Siempre se llevaba una copia para escucharla en su hábitat, y venía con sugerencias y anotaciones. Por su parte, Sting, Martín y Dominic mandaron ideas. Por ejemplo, sugirieron que aceleráramos un poco la canción, y eso me causó mucha emoción, porque demostraron lo comprometidos que estaban con el asunto. No fue una cosa hecha al pasar. Siguieron el proceso desde que empezó hasta que terminó. Y eso me llena de felicidad”.

En una entrevista publicada en Clarín, en 1993, Charly le contaba a la periodista Hinde Pomeraniec que se pasaba el día cantando “If I Ever Lose My Faith in You”, el entonces flamante tema de Sting. “Lo que más me gustaba de esa canción era el desarrollo dramático y musical”, explica Charly ahora. Y asegura que ambos, Sting y él, comparten un modo de entender la música.

Cuando en 1999, la revista La García lanzó la campaña “Charly Presidente”, él se prestó al juego y armó su gabinete. El ministro de Educación sería Sting. La justificación llega un cuarto de siglo después. “Era por el video de ‘Don’t Stand So Close to Me’, el tema de The Police”.

En 2022 en el canal de YouTube del músico Rick Beato, Sting destacó la importancia del puente en la estructura de la canción. Sus declaraciones, en consonancia con el lanzamiento de su álbum The Bridge [El puente], se viralizaron en redes sociales. “Ya he dicho antes que el puente en una canción es la terapia: una forma de evaluar o procesar la historia del resto de la canción”, sostiene ahora Sting. “Charly es un gran compositor y siempre me impresiona cómo puede integrar diferentes estilos en sus canciones. Como resultado, sus arreglos son impredecibles y frescos. El elemento clave en la música es la sorpresa, y nadie puede decir que Charly no nos haya sorprendido a todos en algún momento. Me esfuerzo por sorprenderme a mí mismo al hacer música. Creo que, ese sentido, Charly y yo podríamos ser parecidos”.

La colaboración con Sting en el mes de su cumpleaños es para Charly un nuevo hito en un año que, en los últimos meses, dejó una variada serie de polaroids de emoción extraordinaria.

En abril, fue a escuchar el DJ set en vinilos de Facu Iñigo, con un grupo de amigos que además de Tato incluyó a Fabián Von Quintiero y Andy Chango, en el recientemente inaugurado Victor Audio Bar. Comió mariscos, bebió whisky sour, la pasó bien. “Fue una alegría enorme”, le dijo el Zorrito a Rolling Stone. “Salir de noche con Charly es la vida misma”.

DOCTOR CHARLY GARCÍA. La vicedecana, Graciela Morgade, el rector, Ricardo Gelpi, y el decano de la Facultad de Filosofía y Letras, Ricardo Manetti, le entregan a Charly García el diploma que lo acredita como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Buenos Aires.

El martes 19 de agosto, Charly llegó a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires para recoger, en un acto en el aula 108, colmada por personal docente y alumnos, el diploma con el título de Doctor Honoris Causa. “Gracias a la nniversidad por este reconocimiento tan importante. Desde ahora, pasaré a llamarme ‘Doctor’ Charly García”. Con apenas un par de frases, Charly transformó en inolvidable un evento que, en otro caso, podría considerarse un mero acto protocolar. Pero con García siempre es diferente. “Siempre me gustó que me reconozcan por haber hecho un aporte para la cultura de este país. Me emociona ver a los que, gracias a mi música, crecieron conmigo. Recibir tanto cariño siempre me pega de forma muy positiva”, cuenta.

50 AÑOS DESPUÉS. León Gieco, María Rosa Yorio, Charly, Nito Mestre y Raúl Porchetto en los estudios Crazy Diamond de Parque Chacabuco, escuchando la remasterización del único álbum de PorSuiGieco.


Unos días después, casi en secreto, se juntó con Nito Mestre, Raúl Porchetto, María Rosa Yorio y León Gieco en el estudio Crazy Diamond de Parque Chacabuco, para escuchar la reedición remasterizada del único disco que grabaron juntos hace cinco décadas. Además, revisaron el arte gráfico del álbum que por estos días estará disponible en vinilo, CD y también en las plataformas digitales. “Tengo siempre presente el recuerdo de mis compañeros del grupo y lo lindo que fue cantar con ellos. Además, me gustó mucho cómo quedó la nueva masterización”, celebra. “El vinilo me parece el mejor formato para escuchar música”, agrega. Así que la reedición de casi toda su obra en vinilo (acaban de lanzar Influencia, 2002, y Rock and Roll yo, 2003) es otro motivo de festejo.

PÓSTER, REMERA, MURAL. Después del partido contra Venezuela, Charly se abrazó con Lionel Messi en el vestuario del Monumental. “Me sorprendió su humildad”, declaró el músico.


El jueves 4 de septiembre fue a ver el partido de la selección contra Venezuela, por la última fecha de las eliminatorias, la hipotética despedida oficial de Lionel Messi en el Monumental. El mismo escenario donde cantó con Sting en 1988, el mismo estadio que llenó con Serú Girán en 1992. “Tengo grandísimos recuerdos ahí”, dice Charly. “El de Serú, por ejemplo, aquella vez me shockeó por la cantidad de gente que coreaba las canciones”.

Esa noche, además de gritar los dos goles de Messi y el de Lautaro Martínez, Charly se sacó una foto en los vestuarios con el capitán de la Selección Argentina. Una imagen, hasta entonces inédita, de un cruce entre dos íconos. “El encuentro fue muy emocionante”, dice Charly. “Soy muy fan de él. Me sorprendió muchísimo su humildad”

La última polaroid es del martes 16 de septiembre, apenas unos días antes de mandar a imprenta esta edición de Rolling Stone. Por segunda vez en una semana, Charly se acercó hasta La Fábrica, un flamante venue sobre la calle Fitz Roy, a metros de la avenida Córdoba, que desde fines de los 80 y durante al menos una década fue su sala de ensayos. En ese espacio, que comienza a templar una mística propia, esa noche cantaba Bernard Fowler, el corista de los Rolling Stones y viejo amigo de García. Sentado en una mesa al fondo del salón, para apenas 70 personas, Charly disfrutó del concierto junto a Tato, su amigo Javito y Mecha Íñigo, su novia desde 2011. A su izquierda, en la mesa, estaban Patricio Sardelli, guitarrista y cantante de Airbag y su amigo Kike Passo, exlíder de Místicos. La conversación giró en base a dos gustos compartidos: la música clásica y el tango. También estaba Fernando Samalea, que recordaba las posiciones que tenían los instrumentos cuando este elegante salón era la sala de ensayos. Fowler le dedicó su versión de “Happy and Real”, el tema que Charly escribió y grabó en 1991 para Tango 4, su disco con Pedro Aznar. Luego, se acercó a conversar a la mesa y rieron como viejos amigos. A Charly se lo veía, como dice su canción, feliz y real. Una módica plenitud.

Por Humphrey Inzillo

Fuente: RS

El blog de Charly García (hecho por DIOS)

lunes, abril 19, 2021

Charly García Interview - 1998

Charly Tapa de Rolling Stone #1 (Abril 1998)

En el Dollhouse de North Miami, la música suena tan fuerte que las copas se mueven siguiendo el compás, en este caso, de Bob Seger y su “Shakedown”, típico tema cafón de película que, no obstante, resulta ser una adecuada banda de sonido para la escena. Bah, da lo mismo: mientras una docena de chicas de las más diversas etnias, estaturas y grosores sacudan su anatomía desnuda y los parroquianos apuren sus tragos en un vano intento por calmar su excitación, todo funcionará como es debido.

Una japonesa, que parece la Yoko Ono de los 60 con anabólicos, deposita una botella de tequila, un margarita mix y súper ración de hielo en la mesa que comparto con Alex y Oscar, dos colombianos que acabo de conocer. Estamos en un reservado como capo-mafias forasteros que miran todo con recelo, mientras las chicas olisquean en pelotas a nuestro alrededor, viendo si captan el inconfundible aroma del dinero. Una de pelo castaño acaricia las piernas de Oscar, inclinándose peligrosamente y poniendo el culo a la altura de mi nariz. En involuntaria competencia contra una rubia flaca como un alfiler que agita su Triángulo de las Bermudas desde la pasarela a mi izquierda, producen un raro estéreo sexual. Adelante, una negra musculosa y una rubia que es el show de la silicona, mientras se liberan de sus vestimentas, luchan por la exclusividad de un caño que llega hasta el techo del establecimiento. Estoy en las nubes. Pero la propia música, responsable de esta situación, me despierta del feliz hechizo. Bob Seger grita en su tema: “Tiren todo, están arrestados”. Y, finalmente, recuerdo por qué estoy aquí.

Soy un hombre con una misión: a pocas millas de distancia, en los estudios Criteria, mítico lugar que albergó a Eric Clapton en su etapa posheroína, a los Bee Gees de la era disco y a los Eagles de “Hotel California”, me espera otra leyenda. Como si fuera Phil Spector, Charly García registra capas y capas de instrumentos en el estudio C. Está a la mitad de la grabación de El aguante, su nuevo disco de estudio, completamente sediento, y no ve la hora de tomar el primer margarita del día/noche que debo procurarle. Cueste lo que cueste.

No es fácil: a partir de las diez, las licorerías dejan de vender alcohol y sólo se puede tomar un trago en un club o en un lugar como el Dollhouse. Nuestro problema es claro: necesitamos llevarnos las botellas del “puteadero”, como lo llaman los colombianos. García salió sin efectivo del hotel y me pidió que le pagara el gasto con mi tarjeta. No problem. De pronto comprendo la gravedad de la situación. Alex y Oscar, los choferes de la combi, se disponen a pasar una noche en el Dollhouse con gastos que correrán por cuenta de un servidor; lo veo en sus miradas cuando la nipona exuberante comienza a servir los margaritas. Por la botella de tequila ya debo 205 dólares, y esto parece ser sólo el comienzo. Ellos no tienen ganas de regresar a Criteria en las próximas seis horas y suponen que yo tampoco. Olvidaron la misión y confían, en que yo haga lo mismo.

-Alex, decile a la mina que nos queremos llevar la botella- le susurro al oído.
El tipo cree que no entiendo inglés y le pide más hielo. Estoy en un lío y García no está cerca para ayudarme a salir; y lo que es peor, la jornada de grabación del jueves depende del éxito de este emprendimiento. Ya sé que no nos van a dejar sacar la botella, comprendo que estamos por infringir la ley y que birlarla aquí no es tan fácil como en Buenos Aires. Esto es Miami: podés fumar crack en la playa, pero si no tenés el cinturón de seguridad puesto pagarás suculenta multa. Hecha la ley, hecha la trampa, y la ley del boludo implica que pague una noche de parranda a seres que no conozco. Para eso está la trampa argentina.
-Honey -le digo a la japonesa-, no nos sirvas: nos llevamos todo.
-Impossible, baby -me contesta a media sonrisa-, quedate con nosotras que lo vas a pasar bien. ¿Efectivo ó tarjeta?
-Tarjeta
-OK, ¿puedo ver tu I.D.? (pasaporte ó documento que acredite que soy mayor de 21 y, por lo tanto, puedo beber).
-Me temo que no lo traigo encima- le explico.
El inconveniente se convierte en la jugada salvadora. El rostro de la oriental muta de seductor a hostil.
-No, entonces no te puedo servir.
Los colombianos me calcinan con la mirada. La mina recoge todo en un flash y llama al manager del Dollhouse. En menos de tres segundos, un mastodonte mexicano de etiqueta, peinado hacia atrás con una colita, se sienta junto a mí para resumirme la situación. Es amable, pero la cara me dice que no tiene un solo amigo en este planeta.
-Mira, si no tienes tu I.D., no te puedo vender alcohol y tampoco puedes permanecer en este lugar.
-Hey, pagué cinco dólares por cada uno de nosotros para poder entrar. Y tampoco quiero quedarme: te voy a pagar más de 200 dólares por algo que en cualquier lugar me costaría menos de 50. Lo único que quiero es llevarme la botella a otra parte- le explico.
-Primero, el trago te lo tomas aquí. Pero sin I.D. no hay trato. No queremos perder nuestra licencia.
-Oye, chico -tercia Alex-, yo sí tengo mi I.D.
-No me importa: el nombre de la tarjeta debe coincidir con el I.D. del que pague por esto- concluye el manager.
-No te hagas problema: que Oscar ó vos paguen con su tarjeta ó en cash. Total, después arreglan con Charly- les sugiero, sabiendo que no aceptarán.
Pero la treta da resultado: los colombianos se ponen automáticamente de pie y volvemos a Criteria, no sin que antes el portero nos selle las manos con la efigie de una mujer desnuda, que exhibiremos ante Charly como prueba de haber intentado la misión.

La situación se complica: García necesita combustible y ya son las dos de la mañana. Le sugiero que vaya al Dollhouse cada hora y retorne al estudio, pero no es algo muy operativo para la grabación de un disco. “Aunque puede ser inspirador”, reconoce el artista.
-Volvamos al hotel, que ahí me las puedo arreglar- ordena García y regresamos a la combi. Para que el tiempo pase más rápido y aprovechar la media hora de viaje hasta South Beach, prendo el grabador. Comenzamos a hablar del disco.

 
Cuando me hiciste escuchar “Pedro trabaja en el cine”, una canción que escribiste entre los 19 y los 21, cuando Sui Generis no era famoso, pensé en Paul Simón, que decía que estaba interesado en su adolescencia, antes de ser famoso. ¿Te identificas con esa línea de pensamiento?
-Sí, me identifico; también leí en otro lado que otro compositor sostenía que todo lo que uno va a hacer de su vida está marcado por lo que ha hecho hasta esa edad. Uno compone millones de canciones en esa época, por la simple necesidad de hacerlo; por imitación, o arengado por Los Beatles, vas haciendo miles de canciones hasta que llega el bendito día en que alguien te dice sí y la podés grabar. Entonces, este músico decía que las canciones que él hace ahora, en muchos casos son fragmentos de cosas que hizo cuando era chico. A esa edad, uno pone todo en una canción, no tiene inhibiciones. Después la gente te asocia con un estilo o vos sabés lo que hacés mejor y empezás a recortar un montón de cosas. Creo que las mejores partes de las canciones vienen de algún lugar que está situado en la adolescencia.

-¿Y vos recordás tu adolescencia?
-Sí, claro.

-Es la parte de tu vida de la que menos has hablado.
-Yo la pasé muy bien en mi adolescencia; el colegio se me hizo bastante divertido, también. Me gustaba que fuera mixto y que hubiera chicas, eso me ayudó mucho en mi relación con las mujeres o me la arruinó totalmente (risas), pero convivía con ellas. Tenía una barrita bastante copada y allí hice mis primeros conjuntos, como To Walk Spanish, o The Century Indignation, que era el de Nito (MESTRE). Durante las clases, en vez de anotar, yo dibujaba músicos de rock, guitarras o ese tipo de cosas. Algunas de las canciones que compuse en aquella época se grabaron. “Natalio Ruiz”, “Estación”, “Dime quién me lo robó”; y un montón quedaron afuera porque estaban en inglés, porque les faltaba un acorde o porque estaban hechas para otra cosa. Yo hice un par de jingles comerciales que nunca salieron porque eran bastante refinados, y también quedaron cosas de aquella famosa ópera Theo, de la que aparecieron fragmentos, como el final de “Eiti-Leda” o eso de lo de “la calle de la sensación” en “Seminare”, que originalmente se llamaba “Marina”. A veces creés que inventaste una gran melodía y en realidad formaba parte de una canción tuya anterior. Así como la gente tiene sueños recurrentes, yo tengo melodías recurrentes.

-Es verdad: tenes como autocitas. Sin ir muy lejos, en la coda final de “Kill my Mother” aparece una parte de “Transatlántico Art Decó”. ¿Fue consciente?
-No, ni me di cuenta. Es como un juego, pero lo de las inhibiciones es cierto. Los otros días leí un reportaje a Steely Dan en el que decían que a ellos les pasa lo mismo. A Joni Mitchell también le sucede. Quizá, con el tiempo, uno comienza a ponerse reglas, va aumentando su técnica, y tal vez eso conspira un poco contra la frescura de la melodía: comenzás a hacer discos, objetos, y te regís por parámetros como el sonido, la interpretación, la banda, la vergüenza, y esas cosas hacen que uno se guarde cosas. “Pedro trabaja en el cine” yo la tenía guardada porque era demasiado melódica, pero en algún momento de tu vida esa canción pega con vos o descubrís cómo hacerla. Estábamos en el estudio y de repente esa canción se me pegó en la cabeza. Así que dije ¿por qué no? Empecé a tocarla en un piano, después la orquestamos y quedó una cosa que conserva esa frescura, pero a la vez tiene ese tuco cinematográfico que te envuelve y hace que la canción suba y tenga la actualidad que necesita.

-Vos dijiste que “El aguante” iba a ser un disco de transición. ¿Hacia dónde vas? ¿Lo sabes?
-La palabra transición es un poco pícara en ese sentido. Siento que Say No More me abrió un montón de posibilidades, me tomé muchísimas más libertades de las que cualquier rockero se toma, ahora que la forma de hacer discos es tan cuadrada.
Esa transición sería un disco de inducción a volver a escuchar Say No More, porque este disco es “say no more” en la forma de hacerlo, pero las canciones son más concisas, si se quiere. Y utilicé los covers para hacer canciones que tenían una estructura muy fija y compensar eso que en tu libro vos llamás “el caos”. Es como una tanda comercial; cuando ves la televisión y necesitás el respiro de los avisos.
 
-Es un disco más “cancionero
-Son canciones con el toque “say no more”, y la intención a futuro es que la gente que no le prestó atención a Say No More lo haga por este nuevo disco, y se acostumbre más a discos así. No quiero abandonar este camino.

-¿Aunque la gente no se enganche?
-Pienso que por ahí la gente que se sintió alienada con Say No More, con esas novenas, con esas notas que se metían y que parecían fuera de lugar, quizá pueda ampliar su vocabulario auditivo con este disco. No te olvides que los músicos, cuando graban no saben bien cómo es el tema ni las notas que tienen. A lo mejor llega el verso y después el estribillo y no lo saben y siguen en la parte del verso, entonces se produce algo raro ahí. Cuando la tonalidad del tema cambia y uno de los músicos sigue en la misma, se genera un acorde que no estaba pensado; puede ser muy malo o puede sonar muy bien, y de esa manera uno escapa un poco al método de composición más usual con acordes tradicionales, que son los utensilios habituales. Los técnicos se ponen un poco nerviosos, porque hasta que no está terminado no pueden entender lo que está pasando. Pero como yo tengo un poco de memoria de computadora, puedo armar el crucigrama en mi mente. Después borro lo que no va a ir y enfatizo lo que me conviene para lograr esos claroscuros que tanto me interesan.

-A veces hay errores que dejas en la mezcla final. ¿Por qué?
Piensa.
-Los errores sirven al efecto general del sonido. Además, a mí me gusta escuchar un disco -hago referencia a Neil Young- y sentir la desprolijidad, sentir que el tipo está tocando al borde y hay una pifiadita. Es como “Alguien en el mundo piensa en mí”, que está tocado tan de una y sabés que hay un pibe ahí, tocando al palo. Me gustan que las canciones tengan ese sentimiento, que se escuche la palpitación de la canción en su gestación.

Finalmente, llegamos al hotel, Charly se aloja en el Delano, uno de los mejores de Miami. Todo es tan blanco como en un sanatorio, pero a la vez es tan lindo que dan ganas de internarse por propia voluntad. La gente es de lo más fashion; se pueden ver modelitos que levitan por el pasillo que va del lobby a la pileta. Con sus copas de champagne en la mano, ni se inmutan cuando a su lado pasan dos negros de una talla descomunal que flanquean a otro más menudito cuya vida vale varios millones de dólares: es Puff Daddy, el rapper y productor más exitoso del momento.

García sube a su habitación por el ascensor rojo, mientras los guardaespaldas y la otra estrella utilizan el verde. Todo es asimétrico en el Delano: en el lobby hay una cama de dos plazas, un sillón cuyo respaldo mide tres metros de alto, sillas irregulares, banquitos duros como una roca y un viejo teléfono con disco, que comunica con las habitaciones. El lugar es de una perfección tal que alucina. Pero pronto notaremos algunas fallas en el servicio.
Charly pidió que lo esperáramos en el bar y que le ordenáramos un margarita doble, trago que ha suplantado momentáneamente al whisky. Con una amabilidad exasperante, un valet de remera y bermudas blancas nos explica que el bar está cerrado desde las dos de la mañana y que ya son casi las tres. Tampoco se puede ordenar nada desde la habitación. Cuando se entera de las novedades, García muta por una variada gama de colores aunque no pierde el buen humor que lo acompañó durante los cinco días de nuestra estancia en Miami y, según los músicos y allegados, desde el comienzo de la grabación, el 13 de febrero.

Charly llegó acompañado por su banda, que arribó en dos viajes: primero Murray, Mariela, María Gabriela Epumer y Mario Serra; los dos últimos retornaron a Buenos Aires y sus plazas fueron ocupadas por Ulises Di Salvo y Gabriel Said, mientras que Erica Di Salvo pasará por Miami cuando Charly retorne de Madrid, donde agregará orquestas. Maxi Miglin, su técnico de grabación argentino, trabajó desde el comienzo codo con codo con Leo y Luli, los dos ingenieros de Criteria. La edición del disco está prevista para mediados de año.

Charly trabaja todos los días en jornadas que van desde las siete de la tarde a idéntica hora de la mañana. Se lo ve bien, con una calma lucidez, de buen humor y más creativo que nunca. Ya tiene las bases de doce canciones, cinco de las cuales son covers adaptadas al castellano como sólo él sabe hacerlo.

Así, “Roll Over Beethoven” de Chuck Berry, muta del rock and roll al funk de baterías electrónicas baratas que se consagrará como “Córrete, Beethoven”, una página que huele a hit con coros de... Menudo, aquel grupo de niños que cantaba “Súbete a mi moto”. ¿Perdón? “Sí -se ríe Charly-, eran los originales pero no pueden usar el nombre por problemas legales. Cagate de risa, pero crecieron y cantan bárbaro en un arreglo doo-woop”. 

 
 
Paradojas de la vida: en 1984 Charly les dedicó un tema llamado “Chicas muertas”, y ahora graba un tema con los portorriqueños. Las otras versiones son “No estaría mal”, de The Byrds; “Con su blanca palidez”, de Procol Harum; “Soldado de lata”, de Small Faces, y “Dos edificios dorados”, de David Lebón, en una suerte de homenaje que también cita a “Sueltaté, rock and roll” de Polifemo, y contiene el arengador grito de “¡Agarrame la vena, nena!”.

Pero García también tiene sorpresas propias que ha ido sacando de la galera en su habitual concepción del arte instantáneo. “El aguante” y “Kill my Mother” ya fueron grabados en Madrid y, aparentemente, así quedarán en el disco. En cambio, “This Time”, un soft pop que recuerda vagamente a “En la vereda del sol”, de Serú Girán, es una pequeña perla que va tomando su forma en castellano como “Listas”. Charly juega con la letra; en una toma canta “listas/ todas las chicas son listas” , y en la posterior dirá “listas/ de casamiento las listas”. Otra sorpresa es “Tu arma en el Sur”, una canción que García compuso en 1986 para Detectives, el primer disco de Fabiana Cantilo, y que ahora ha decidido volver a grabar en una interpretación mucho más lenta y dramática. “Pedro trabaja en el cine” tiene el inconfundible aroma de los temas de Charly en la época de Sui Generis, aquel sabor de historias simples, algo naif, pero bien contadas. Ese viejo Charly García que pareció sepultado por la confección impresionista de Say No More y su cacofonía, se quita los escombros de encima y saluda desde una canción tan simple como bella.

Cuando Charly decide retornar al estudio, queda claro que no se puede conseguir ninguna clase de alcohol a estas horas; salvo que uno vaya a consumirlo a algún lugar, que no es la idea. Pero, viejo zorro, en la combi sacará de sus bolsillos un magro botín que sobrevivió a sus periódicos saqueos del frigobar: dos botellitas de vino tinto en miniatura. “Lo que ves es lo que hay”, dice guiñando un ojo y vaciando el contenido de un solo sorbo. Seguimos conversando rumbo a Criteria.

-¿El hecho de que estés grabando tantos covers indica que tenés pocas canciones propias?
-No (se enoja), vos escuchaste el “black álbum” (famoso casete de canciones inéditas) y sabés perfectamente que ahí tengo muchas canciones. Pero los covers están porque yo toco habitualmente esas canciones, me gustan. No sé, men: este disco es tanda comercial. Quiero tocar lo que me gusta y esos temas me encantan. Pero estoy haciendo siete temas míos. “Tu amor” lo hice acá. “El aguante” lo compuse hace un año. “Lo que ves es lo que hay” es un viejo tema mío. “Kill my Mother” lo hice en Panda cuando grabamos el disco con Mercedes, en uno de esos momentos en que los técnicos se tienen que ir a dormir, y siempre hay alguien que enchufa; y zapando, salió.

-Hiciste un tema de David Lebón.
-Sí, “Dos edificios dorados”, de su primer disco. Siempre lo tocamos en vivo, aunque no sé porque miércoles se llama así, porque en la letra no hay ni un edificio dorado (risas). En una época los temas tenían nombres ridículos porque había una disposición de Sadaic (Sociedad Argentina de Autores y Compositores) que no te permitía ponerle a una canción el nombre que querías si ya estaba registrado. ¿Por qué te creés que Pescado Rabioso tenía títulos como “Panadero ensoñado” o “Poseído por el alba”? Una mundial fue la del tema que terminó siendo “Ruta perdedora”, de La Máquina de Hacer Pájaros. La Hormiga (José Luis Fernández) fue a registrar el tema, que tenía letra de él en ese momento, y se llamaba “En el pantano”. El tipo que lo atendió le dijo que no se podía. El preguntó por qué y el mono le contestó “Porque yo me llamo Pantano y no te dejo” (risas).

-¿Cómo trabajas con las letras en inglés que traducís al castellano? ¿En qué te fijas más, en el significado o en la fonética?
-Las adapto, tengo en cuenta el significado y la fonética al mismo tiempo. Trato de hacer un promedio; el significado puede no ser exactamente el mismo, pero siempre es fiel al espíritu del tema. No me gustaría que hicieran una canción mía en otro idioma y que cambien completamente la letra. Por ejemplo, la de Chuck Berry, aunque está hecha funk y con los Menudo cantando atrás, respeta mucho lo que Berry soñó, la métrica es tal cual. “Estoy cansado de que me sigan, que me peguen, que me digan, que me expliquen qué es el rhythm & blues./ Mamá está en la cocina, papá está en la oficina/ y me cortaron la luz./ Para aquí, para allá, la música nos matará./ Yo sé que sube la fiebre/ y tengo neumonía rockal./ (...) Yo sé que soy un fusible/ que estoy muy loco, pero soy irrompible,/ no digas nada de nada,/ cuídate, nena, de mi mirada./ Para aquí, para allá, la música nos salvará./ Temprano a la mañana/ me despierta la mucama/ y me dice lo que tengo que hacer./ Romperé la vieja radio./ Quemaré todos los diarios./ No tengo nada que ver./ Para aquí, para allá, la música nos llevará./ Córrete, Beethoven./Correte, Beethoven”. La música hace esas cosas: nos mata, nos salva y nos lleva. Al músico que no consigue el suceso o lo que quiere hacer, la música lo mata. Como a Salieri, aunque viva más; como a Mozart también lo mata la indigestión. Para el que baila, la música lo lleva. Es como ponerse en el papel del que tiene la mamá en la cocina, que la música lo salvará porque por ahí el tipo es un músico principiante y no quiere trabajar de otra cosa. O nos salva, porque cuando todo va muy mal, como dijo Miguel Cantilo, si no fuera por la música no nos salva ni Tarzán.

-Hablando de Cantilo, pero Fabiana; con ella compusiste un tema que se llamó “A punto de caer”. La letra decía: “yo estaba en un lugar, a punto de caer./ y aunque te parezca extraño, música es lo que das”. ¿Es la música lo que te saca adelante en los momentos límites?
-Así es, pero en ese caso se refería exclusivamente a Fabi. En esa época todo el mundo decía “qué loca que está Fabi”, y yo quería señalarle mediante la canción que, a pesar de todos los bardos, sus problemas y su locura, que vienen con el territorio -¿quién no ha tenido esa fase?-, que a pesar de todo la esencia era la música.
Se queda en silencio, pensativo.

-¿Qué pasa?
-Nada, men, que con lo de Fabi me hiciste acordar de la época en que ella y Fito venían mucho a casa. Yo pasaba mucho tiempo en el piano con Fabi y Fito se quedaba en el living, tomando, charlando con amigos. Y a veces se colaban melodías. Recuerdo una melodía que es la coda de “Filosofía barata y zapatos de goma”, la parte que canta Lolita Torres, eso está en un disco de Fito que salió antes que el mío. Se ve que de tanto estar en casa, se le pegó esa parte e inconscientemente la puso en su tema.

-¿Eso hizo que se pelearan?
-No, no fue eso para nada, y no nos peleamos, además. La cosa era que yo mantenía mi punto de que Stravinsky decía que los grandes compositores robaban y no tomaban prestado, para aflojar un poco eso de que “la música es mía, mía, mía”, y qué se yo. Me pasé toda una noche mostrándole a Fito el tema “Venus”, de Shocking Blue, para que viera las similitudes que había entre el riff de “Cerca de la revolución” y esa canción. Y él estaba muy terco con su argumento de que “la música sos vos” y toda una serie de planteos. Entonces, cuando después me puso ese tema suyo le dije: “Hijo de puta, ladrón, esa parte me la robaste a mí”. Pero en una buena onda, para que se aflojara un poco. Es como cuando yo le mostraba a Prince, y Fito me decía “No, ese negro puto...”. Hasta que lo escuchó (risas), y se hizo carne en él. Ahora bien, en un tema nuevo que yo estoy grabando aparece una melodía que, después, me di cuenta que se parece a una de Fito que dice “tu amor es un karma” (“Nada tan preciado para mí”). Pero la otra parte está inspirada en una melodía aborigen americana que es toda en sí, pero lo que va cambiando en la modulación de abajo en los acordes. 
 
El nuevo disco de charly va cobrando una forma inquietante. Por un lado, las canciones son buenísimas, con melodías que emocionan, locas armonías y letras que ya no son tan autorreferenciales como las de Soy No More. Pero, a su vez, existen unas raras interferencias; canales que disparan sonidos de la nada, tonalidades que parecen irreconciliables entre sí, baterías que se chocan, tracks de voces simultáneas con letras distintas. El aguante navega entre dos mares de diferente salinidad: la técnica de grabación, pese a los 48 canales, es la que hizo de Soy No More un disco anárquico, tan genial como difícil de asir; pero al mismo tiempo las canciones huelen al García de los viejos buenos tiempos. Dos de ellos, en particular, ponen la carne de gallina: “Lo que ves es lo que hay”, una balada que tal vez sea la puntada final del álbum, y “Tu amor”, otra balada compuesta hace pocos días y que bien podría haber sido imaginada por John Lennon en 1974. Una hermosura a la que ahora Charly le agrega teclados.


En este instante se produce una de esas tomas en donde el genio de García sale a la luz y lo que toca es sencillamente perfecto, sublime, increíble. En vez de poner su teclado sobre una base sólida con un único sonido, García se sienta en el sillón detrás de la consola, pone el instrumento sobre sus rodillas y con los talones marca el compás mientras el teclado se sacude como el Titanic. Cambia los sonidos en donde se le antoja, y cada arreglo es diferente. Charly deviene en una orquesta conducida por Mozart en el momento de mayor genio. Ulises, Murray y yo tenemos lágrimas en los ojos; Maxi y Mariela sostienen sus mandíbulas. Termina la toma, perfecta, y todos aplaudimos maravillados y conmovidos.

-Bueno -dice Charly-, borrame este canal que lo voy a hacer con el “Killer Miller” solamente.
Aquí es donde todas las dudas comienzan; pese a lo que Charly ha explicado sobre el “concepto say no more”, los claroscuros, las superposiciones y otras formas que él tiene de quebrar el standard de la manera de hacer discos y canciones, resulta auditiva-mente incomprensible su conspiración contra la fuente de belleza que sus dedos suelen generar cuando García deja de ser García y es un músico inspirado. Es su disco y sabe perfectamente lo que hace, a diferencia de otras veces donde se podía dudar de sus facultades mentales. Habrá que bancarse ese defecto. Y esperar lo mejor.

El aguante es un trabajo decisivo en la carrera de Charly García por varias razones. Es el primer disco de estudio que hará en carácter de solista después de Say No More, que pese a que García lo defienda como a su hijo predilecto, no ha sido de sus álbumes más populares ni ha despertado un grado de adhesión crítica intenso. De todas maneras, el salto al vacío de Say No More no fue en vano, porque ha radiografiado el alma de un hombre que se desintegraba a ojos vista, acosado por sus propios problemas y por el morbo de la mirada mediática que se impacientaba por tener la primicia de su caída final. El Festival de Cosquín, en donde García era esperado como el anticristo por los anacrónicos de siempre, fue el punto de inflexión donde Charly dejó a los sepultureros con la pala vacía. Una buena performance junto a Mercedes Sosa, la abanderada de “el aguante”, hizo que mucha gente festejara en sus casas la victoria de un hombre libre y sin miedos. En ese momento comenzó a gestarse El aguante, el disco que ahora García se apresta a terminar y que será el que extinga su ligazón con Sony Music Argentina.

Tal vez por eso, Charly no pudo concretar su proyecto de Titanes en el ring junto a la mente fabuladora de Pipo Cipolatti. Hoy, como ayer, un disco de Charly en estudio sigue siendo garantía de buenas ventas y Sony Argentina lo sabe muy bien. Por eso no aceptó la idea de Titanes...; al ser la última posibilidad de un nuevo disco del músico para la compañía, quieren el producto sin adulterar. Ahora es Sony International la que alienta la idea del sello propio que Charly viene tramando desde hace bastante tiempo. Y García, que mastica de todo menos vidrio, sabe que El aguante será mirado con lupa por todos los interesados.

-¿Disfrutas Miami?
-Ahora estoy disfrutando este hotel y el estudio. Este hotel es alucinante y estoy re-tranquilo. Además, hace frío, no hay obligación de ir a la playa, hay días grises. A mí, la playa me gusta masso; prefiero las piletas. Pero la del hotel no es una pileta: es un salón de agua. El agua es caliente, no sale ni una gotita del borde, prohibido zambullirse, obvio.
Bah, casi no se puede nadar. Tiene una mesa donde podés comer y la música se escucha abajo del agua; Verdi, sobre todo.

-¿Y cómo suena Verdi bajo el agua?
-El agua parece ser más confiable que el aíre en cuanto a sonido, pero es un elemento más denso. Estoy experimentando en eso. En una canción del nuevo disco digo “tengo un bar abajo del agua”. Yo soy un ser hiperacuático, y abajo del agua uno se convierte en otra cosa: es como volar, y es otra textura del espacio. Y la música abajo del agua es difícil, porque tenés que juntar electricidad. Esa canción también dice “yo quiero mucha agua y mucha electricidad”. Y precisamente no son elementos que combinen; bah, combinan mortalmente, o sea que es jodido. Pero a lo que iba es a que debajo del agua necesitás muchísimo más volumen y lo que se escucha no es música: es como Hendrix en el comienzo de “Electric Ladyland”. Hendrix quería sonar abajo del agua, por eso compró “Electric Lady”: abajo del estudio pasa el río Hudson y de ahí el famoso sonido. Estoy investigando eso. Es como un chiste: arriba del agua, cualquiera. ¡Hay que hacerla abajo! (risas).

-¿Y que observas en esta ciudad tan rara que ha fascinado a tanta gente? U2, Bob Seger y los Blues Brothers, entre otros, le dedicaron un tema.
-Randy Newman también; tenía un tema con una letra dedicada a Miami que decía “Su nombre es Medina/ y viene de Argentina ¡no lo mires!”. Miami es linda y todo lo que quieras, pero jamás viviría acá; no me podría adaptar. Es cultura de automotor: no se puede estar sin tener un auto. Es una ciudad paradójica; gracias a Dios conservaron esta parte del Art Decó y esto es El Barrio, porqué andá al down-town y es El Once (risas).

-¿Cuál es la perspectiva que tenés de tu propia carrera? ¿Qué cosas te parecen las mejores y cuáles las peores? Hagamos como si evaluaras a otro tipo, a Dylan o a Joni Mitchell.
-Podría decirte lo que me copa en general, porque no siento que tenga una carrera, me parece raro ese pensamiento; no me cae bien la palabra. Como antagónico, seguro que los discos que más me gustan van a ser los que menos le gustan a la gente. Ahí va, sin orden particular: Cómo conseguir chicas, Clics modernos, Yendo de la cama al living, el primero de Serú, el primero de La Máquina de Hacer Pájaros, Say No More y el que hicimos con Mercedes.

-¿Te sigue agarrando la cosa de que todo lo que hagas debe ser número uno? ¿Cómo anda tu vanidad?
-Mi vanidad anda bien, gracias. En cuanto a términos de mercado y número uno, he abandonado completamente todo; ahora lo voy a retomar y por eso digo que este es un disco de transición. Vi todo de afuera, sabiendo que había MTV, pero desde hace cinco años la corté y también corté el cable, y por ende no veo televisión. A la grabadora no voy nunca; prefiero vender menos pero no tener que entrar en el “promotional bullshit”, donde generalmente el artista pone todo el laburo, va a la radio y esas cosas. Sin embargo, me han dado la libertad de poder hacer un RadioPinti, por ejemplo, o Tango, lo que me parece justo. Yo jamás voy a tener un disco número uno en el ranking; siempre está Julio Iglesias o Luis Miguel, siempre hay otro. Paradójicamente, Instituciones fue un número uno de Sui Generis pero también fue el que vendió menos, porque ocupó la punta la primera semana y después bajó. Pero eso tiene que ver con muchas otras cosas: el estado de la radio, de la gente, qué se escucha, y de repente cómo uno deja de mirar ciertas cosas y lee revistas donde está Marilyn Manson y comienza a ponerse vestidos para joder. Con eso te alejás de lo que deberías hacer para estar en “heavy-rotation”. Mi “heavy-rotation” es por todas las secciones de un diario: sociales, policiales (risas).

-Me hiciste una trampa y yo caí.
-¿Eu?

-Sí, vocé: te pregunté por los puntos altos y hajos de tu discografía y sólo me mencionaste los altos.
-Lo que pasa es que yo no hago discos malos (risas).

-No importa: los que consideras más flojos.
-El asunto es comparado con qué. ¿Con mis propios discos? Supongo que sí, porque si los comparamos con los demás (revolea los ojos). Mirá: Adiós Sui Generis no es un disco que yo escuche; pero había que grabarlo. Después, la música que hice para la película de Mosquera (Lo que vendrá) estuvo mal. No siento que haya puesto música en ese disco. Yo no lo hubiera sacado. No sé, le tengo cariño a los discos; te iba a decir Porsuigieco, pero me gusta. Música del alma me parece un poco desprolijo. El de Mercedes podría haber sido así, pero me planté y lo saqué adelante.

-¿Viste el concierto de U2?
-No, los vi cuando presentaron The Joshua Tree en Connecticut y me partieron la cabeza. Esta gira no la vi. Tenemos el mismo terapeuta, de alguna manera (se refiere a Ken Lazvton)... Pero ahora, U2 me parece “too many gimmicks” (muchos trucos)... A U2 lo escuché desde el principio, con “I Will Follow”, que no me pareció mal pero tampoco me pareció “the next big thing” (la próxima gran cosa). Después, “In the name of Love” me gustó muchísimo y The Joshua Tree me pareció un álbum increíble. Y el concierto que vi fue de-mo-le-dor. Me gustaba esa mística que generaban. Ahora, lo último, qué se yo... no me disgusta, pero no le cazo bien la onda.

-¿Y Oasis?
-No me gustan. Me parecen una re-cagada, pero convengamos que hay cagadas mucho peores. Me caen muy antipáticos por las revistas, son muy arrogantes. ¿Quiénes se creen que son? Escúchame, con un simple de Los Beatles hacen diez LPs. A mí tampoco me gusta Lenny Kravitz, aunque me guste alguna cancióncilla, y alguna de Oasis me va a gustar más que otra cosa, pero me parecen muy limitados, no les veo el punto. Me gusta mucho más Tears For Fears. Lamentablemente, se separaron. Después de Nirvana, dejé de escuchar a los nuevos. Prefiero ir a un bar y escuchar un grupo. Te juro: hago fuerza porque me guste Beck, algo me copa, pero lo último que me gustó es Marilyn Manson.

-¿Qué te pareció que Bob Dylan tocara para el Papa?
-Me pareció coherente con sus mambos místicos, que se hace judío, cristiano, cristiano-judío. Y me pareció alucinante que el Papa escuchara a Dylan. Es coherente con él, que ha hecho discos casi bíblicos, llenos de parábolas; incluso cuando no era bíblico sonaba bíblico: “Vengan madres y padres de todo el mundo”, en “Los tiempos están cambiando”, hablando como un profeta. Uno de los discos que a mí más me gustan es Slow Train Corning, que es de su etapa mística.

-¿Qué opinás de que Los Fabulosos Cadillacs hayan ganado un Grammy?
-Los felicito. ¿Por qué lo ganaron?

-Mejor grupo de rock alternativo latino por su disco Fabulosos Calavera.
-No sé, Fito me dijo que el último disco de los Cadillacs estaba bien. A mí nunca me cayeron simpáticos, pero pueden haber cambiado. Me parece genial que un grupo argentino haya ganado un Grammy. Es como cuando Boca, en mi caso que soy de River, juega la Libertadores: hinchás por Boca. A mí me tiraron mala onda desde el principio, como Todos Tus Muertos, por nada. No es mi estilo hablar mal, pero considero que cuando un grupo, para surgir, habla mal de otro, es que no tiene mucho que decir. Era una moda, pero ahora es moda hablar bien de mí.

-Say No More no fue muy comprendido, no llenaste el Opera y atravesaste varios escandaletes, pero la gente está cada vez más a favor tuyo. ¿Percibís eso?
-Sí, Say No More debe haber sido incomprendido por el jefe de ventas de la compañía, pero recibí una carta de una chica de 14 años que decía que si algo me faltaba para ser lo máximo, eso era Say No More. El disco no mostró: demostró. Como que el mono, yo, está fuera del circuito sponsor-abogado- contador-humo-plomo-38 mezclas-póster, y todavía puedo hacer cosas que son más under que los under que me criticaban.

-El año pasado fuiste completamente under, tocaste en pubs, en ningún teatro. ¿Fue una manera de salirte de ese circuito?
-No, realmente no tenía estructura para tocar ni hacer giras. Tuve muchos problemas con la banda que tenía antes, me iniciaron una serie de juicios y me di cuenta de que, como dice Ken Lawton, los discos los hago casi todos yo, encima les enseño a tocar a los músicos y, además, mala onda. Me hinché las pelotas. Después, lo de los escandaletes me generó una sensación de que el horno no estaba para bollos. Pero, de alguna manera, yo estaba al mango, tocando todo el tiempo. Entonces me gustó tocar con gente que no conozco, con los chicos de la banda actual, o gente que por ahí no es un Pedro Aznar, pero que toca con vos porque le gusta. Y eso no tiene precio.

-Se te ve muy bien, Charly.
-Estoy bien, gracias (inclina la cabeza).

-En tus últimos discos pareció que tus propias obras te arrastraban a un estado emocional jodido intenso, llamalo como te parezca. Pasó en La Hija de la Lágrima, en Say No More...

-Siempre fue así. ¿Ó cómo te creés que me puso Vida? No tengo alternativa. Yo soy lo que hago y son las mismas canciones las que te arrastran a esos estados emocionales... jodidos para el que no puede bancarse un estado emocional así. Entonces, la genye jode y pretende que vayas al banco a las nueve de la mañana después de haber grabado toda la noche; una serie de pelotudeces. Jodido es todo lo de alrededor. Me parece que un tipo que no dé la vida por lo que hace, no es un artista. Lo que pasa es que estamos acostumbrados a artistejos de cuarta.

Por Sergio Marchi

Fuente: Rolling Stone Argentina - Abril 1998

El blog de Charly García (hecho por DIOS)

lunes, septiembre 14, 2020

Entrevista a Gabriel Ganem por Roque Di Pietro

 

Gabriel Ganem es una de las dos personas que más tiempo pasó —y de manera más estrecha— junto a Charly García en lo que se conoce como el período Say No More (la otra persona es Adriana San Román).

Ganem comenzó a asistir a Charly sobre el escenario de Planeta Júpiter —a la vuelta de Coronel Díaz— en algún momento de 1997; abandonó el barco SNM de regreso de un show en Bogotá, en 2005.

Su conocimiento sobre la vida y la obra de García es tan vasto que puede explayarse con lujo de detalles sobre el real sentido de tal o cual canción, los sets de teclados de su jefe en diversas etapas, los mensajes que se escondían detrás del armado de una lista de temas o, simplemente, las comidas preferidas de Charly.

Es un gusto compartir esta charla sobre las 50 horas que pasó junto a Charly García en la ciudad de Mendoza y Buenos Aires entre el 1 y 3 de marzo del año 2000.

 El blog de Charly García (hecho por DIOS)

jueves, noviembre 15, 2018

Charly García en NatGeo

Charly García, cuya historia fue contada por un documental de NatGeo, en el que se repasa su vida musical desde los 60, con Sui Géneris, hasta hoy.

Dentro de una serie de documentales biográficos, NatGeo presentó este fin de semana para Latinoamérica, la primera de varias entregas sobre músicos legendarios, entre los que se cuentan Alex Lora, Gustavo Cerati y Charly García.

La primera fue dedicada al argentino del bigote bicolor con dos episodios seguidos de una hora cada uno, allí se dio cuenta de sus inicios con las bandas de los años setenta: Sui Generis, La máquina de hacer pájaros y Serú Girán; luego se ocupó de mostrar apartes de su accidentada y genial carrera como solista. 

García, de sesenta y siete años, apareció en pantalla sin quitarse nunca los lentes oscuros, blandiendo tranquilo y alegre como un niño, un vaso de whisky junto al piano. Repasó momentos clave de su vida y obra en una conversación con la cantante y fan declarada, Julieta Venegas. A pesar de la dificultad para hablar, en parte causada por los efectos de medicamentos psiquiátricos, fue elocuente y lúcido, siempre dándole un giro humorístico a las preguntas de Venegas: “Soy un freak…a mucha honra: soy zurdo, tengo la mitad del bigote de color blanco y un oído absoluto”, le dijo luego de evocar escenas de la película Freaks (1932) dirigida por Todd Browning que ella confesó no haber visto.

La primera fue dedicada al argentino del bigote bicolor con dos episodios seguidos de una hora cada uno, allí se dio cuenta de sus inicios con las bandas de los años setenta: Sui Generis, La máquina de hacer pájaros y Serú Girán; luego se ocupó de mostrar apartes de su accidentada y genial carrera como solista. 

García, de sesenta y siete años, apareció en pantalla sin quitarse nunca los lentes oscuros, blandiendo tranquilo y alegre como un niño, un vaso de whisky junto al piano. Repasó momentos clave de su vida y obra en una conversación con la cantante y fan declarada, Julieta Venegas. A pesar de la dificultad para hablar, en parte causada por los efectos de medicamentos psiquiátricos, fue elocuente y lúcido, siempre dándole un giro humorístico a las preguntas de Venegas: “Soy un freak…a mucha honra: soy zurdo, tengo la mitad del bigote de color blanco y un oído absoluto”, le dijo luego de evocar escenas de la película Freaks (1932) dirigida por Todd Browning que ella confesó no haber visto.

Freaks (1932) Subtitulada


En la primera parte predominan las imágenes de archivo de los recitales de Sui Generis, que acercaron el rock a un público masivo en Argentina, sobre todo a las mujeres y a la gente adulta. Las asistentes dan testimonio de encontrarse con algo diferente de lo habitual, resaltan la profundidad de las letras y el atractivo desconcierto de escuchar una canción dedicada a la muerte. Charly cuenta en este punto que al ver cantar a Nito Mestre en un grupo del colegio militar llamado The Century Indignation, sólo atinó a decir: “Vení para acá, vamos a hacer un grupo que se llame Sui Generis”. Por su parte León Gieco, el cantautor que recientemente fue invitado a la tarima por Roger Waters en el concierto argentino de su reciente gira; afirmó que la verdadera popularidad del dúo llegó con su despedida en 1975, la legendaria presentación: “Adiós, Sui Generis”, de la que hay un maravilloso registro en audio y video. Allí se puede apreciar la versatilidad de García en los teclados. Un preámbulo de lo que sería su siguiente banda.

Sobre “La máquina de hacer pájaros”, debería hacerse un documental completo, pues se trata de una de las bandas pioneras del rock progresivo en Latinoamérica y de la que hay dos registros, uno con el nombre de la banda donde se pueden apreciar temas cercanos al art rock: “Bubulina”, “Rock” y “Ah, te vi entre las luces”. El segundo se llama de manera irónica “Películas”, dando a entender que era lo único que se podía ver durante la dictadura militar argentina. En este punto, José Luis Fernández, bajista de la banda, admite que era difícil acceder a los conciertos de “La máquina”, debido a la represión de los militares, al punto en que en una ocasión fue golpeado antes de salir a tocar. Por su parte Charly trae a cuento el día en que los abandonó: aprovechó que los demás integrantes estaban molestos por el anuncio a la entrada del local donde se iban a presentar: “Charly García y La máquina de hacer pájaros”. Él escribió sobre el cartel: “Charly García SIN La máquina de hacer pájaros”, agarró una botella de whisky y se fue para continuar dándole rienda suelta a su creatividad.

Uno de los aspectos interesantes que revela el documental es que Serú Girán, considerados por muchos “los beatles argentinos”, no tuvo buena acogida al principio a pesar de tener el peso de una super banda: Pedro Aznar, bajista de jazz, quien posteriormente se uniría a Pat Metheny; David Lebón, guitarrista de Billy Bond and The Jets; Oscar Moro, baterista de Serú Girán y fundador de Los Gatos, una de las bandas pioneras del rock argentino, junto a Litto Nebbia. Su primer disco fue asimilado paulatinamente, a pesar de contar con el himno “Seminaré”. Sin embargo, cuando presentaron el segundo disco “La grasa de las capitales” en el auditorio Kraft en 1979, García y sus compañeros hicieron vibrar a la audiencia y lograron conectarla con su propuesta. En ese punto del documental Charly le cuenta a Julieta Venegas que la dictadura le sirvió para elaborar mejor las metáforas de sus letras y despistar al enemigo. Sobre el tema Mara Favoretto escribió un largo ensayo titulado “Charly en el país de las alegorías” (2014), donde muestra cómo las letras de este periodo mezclan el lenguaje de George Orwell con el de Lewis Carroll, logrando una rebelión contra los códigos semánticos para evitar las palabras prohibidas por el sensor. Un ejemplo es “Canción de Alicia en el país”, cuya letra es una descripción alegórica de la Argentina de la dictadura. 

sábado, agosto 25, 2018

Charly García, a solas con Rodolfo Barili

Charly García regresará a los escenarios con un nuevo show en el Gran Rex, donde tocará frente a cientos de fanáticos los temas de su último disco Random. En una charla a solas con Rodolfo Barili, el ex Sui Generis habló de su carrera, de la política y de su relación con otros ídolos de la música.

"Estoy muy bien, motivado con tocar y todas esas cosas. Es lo que hice casi toda mi vida", dijo Charly al hablar de su regreso, al mismo tiempo que aseguró que ahora es "más crítico" con el mismo. Al comienzo de la charla, al hablar de su relación con otros músicos, el músico recordó especialmente a Gustavo Cerati y a Luis Alberto Spinetta. “Con el Flaco fue increíble, siempre nos quisimos muchísimo. La gente pensaba que estábamos peleados (...) Realmente fue un placer tan grande estar con él. Fue uno de los más grandes ”, sostuvo.
Entrevista completa

domingo, julio 22, 2018

No puedo salir de esa burbuja de componer, crear y dibujar

Con entradas agotadas, el cantante presenta su show La Torre de Tesla en Córdoba.
La entrevista con Charly García estaba pactada para la tarde del viernes. Alrededor de las 18, su asistente lo confirma: “Apenas termine de ensayar se pone al teléfono y conversan”. Es casi medianoche y el teléfono suena. Del otro lado, y luego de una sesión maratónica de ensayo, la voz cascada es inconfundible: está una de las personalidades más influyentes e importantes de la historia de la Argentina. “Estamos entusiasmados, hace mucho que no tocamos. Yo estuve con un problema en la pierna y ya estaba podrido de estar en casa. Me viene bárbaro Córdoba”, dice animado Charly.

El rock para García también se cocina ahí, en la sala ensayo, donde pasan cosa maravillosas. Ensayar muchas horas es también una cuestión de actitud. “Mi visión del rock actual no es muy positiva. Siento que el rock tiene muchas influencias, lo siento un poco duro de fuerza. Hay muchas bandas, yo no tengo problema con ninguna, pero les falta ideología; no política, ideología de rock. Les falta originalidad. Hay mucha influencia tropical, cosas que no son las que me gustan. Por eso estoy tan entusiasmado y extrañé tanto tocar. Quiero hacer un gran show en Córdoba”, afirma con convicción.

Charly llega de la mano de las canciones de Random, celebrado disco que lo devolvió al limbo de los genios y que tal vez lo volvió a abrazar fuerte con la canción. “Nunca una mala melodía me atrapa, a mí siempre me gustó hacer canciones, quizás no canciones comunes o canciones previsibles. Pero sí hay un reencuentro y sentí un apoyo de la gente, creo que a la gente le gustó”, reflexiona sobre su obra y agrega un dato inédito sobre el título y el concepto que este abraza: “Este disco tiene Random, algo aleatorio también. Mi primera idea era que cuando uno pusiese el disco los temas se disparasen solos, sin un orden fijado”.

Si está entre sus mejores creaciones o si la crítica lo bendijo parece no importarle, hay una convicción más fuerte que se impone sobre las calificaciones posibles. “Escucho rock hace mucho tiempo e hice vida de rock hace mucho tiempo y estoy conforme con este disco. Me parece que está hecho desde el corazón. El otro día alguien me dijo: ‘vos sos bueno porque hacés música buena’”, dice riendo.
Parte de la religión

Las canciones atienden distintas inquietudes del mudo privado del músico. Ahí están reflejados el amor, el desamor, el arte y la felicidad, entre otras cuestiones. Pero la divinidad también encuentra su lugar. La canción Amigos de Dios se suma al pez que ha sido tomado como un símbolo cristiano y a la dedicatoria que agradece a todos los fieles de la Iglesia del Pescado. ¿Será que García ahora es parte de la religión? “¡Noooo! Justamente este disco es no religioso, si se quiere. Las canciones tienen su argumento, pero creo que la religión se ha transformado en una desgracia. Hay demasiadas fricciones y demasiadas guerras. No me gusta escuchar sobre religiones”.

Cuando García observa el mundo exterior aparecen canciones como Rivalidad. Pero para alguien que calificó a Cristina como autoritaria y a Macri como poco confiable por el solo hecho de brindar con agua, García se aleja de la idea de ponerse en algún lado de la grieta. ¿A quién votaría hoy entonces? “Yo nunca voté –afirma categórico–, pero por el camino que estoy yendo y que espero que pueda seguir haciéndolo por mucho tiempo, es el de los que tenemos el aura de hacer arte. Arte, arte, arte, como diría Marta Minujín, me quedo con esa gente, la gente utópica. La que le da alegría a la gente, como pasó con Random, que es un disco de amor también. No se trata de River o Boca, se trata de hacer música buena para que le llegué a gente buena”.

Alto en la torre

martes, junio 05, 2018

Lo del autotune no fue contra las mujeres ni contra el trap

En el camarín improvisado del primer piso del ex Correo, Carlos García Moreno celebra haber ganado por tercera vez consecutiva el Oro –el último lo recibió quince años atrás– por el Album del Año (Random), con el que sumó seis galardones. Vio la premiación desde su bunker: sólo salió para recibir el premio mayor. (Foto Diego Soldini/GENTE).
Después de sus polémicas frases, Charly García aclara: "Lo que dije del autotune no fue contra las mujeres ni contra el trap"

GENTE acompañó a García desde la salida de su casa hacia la ceremonia de los Gardel en el CCK. El músico habló en exclusiva, después de la repercusión de sus dichos acerca de su pedido de prohibición del célebre afinador automático de voz, que generó descontento en el colectivo feminista y la música urbana.

El martes 29 fue la gran noche de Charly García (66). Con Random se llevó el Gardel de Oro (por el Album del Año) y se impuso también en las categorías Ingeniería de Grabación, Mejor Album Artista Masculino de Rock, Mejor Diseño de Portada, Producción del Año y Mejor Clip (Lluvia).

Palito Ortega, su gran amigo, le entrega el premio a Charly García (Foto Diego Soldini/GENTE).
En una premiación en la que los hombres doblaron a las mujeres en cantidad de galardones, el ex Sui Generis le dedicó el premio máximo –entregado por su amigo Palito Ortega– a Gardel, María Gabriela Epumer y a Gustavo Cerati, entre otros, y cerró con un pedido: "Hay que prohibir el autotune".

Charly García rumbo a los premios Gardel. (Foto Diego Soldini/GENTE).

Un rato antes se había presentado en el stage Duki, fenómeno del trap –género que utiliza el autotune como parte de sus producciones sonoras– con millones de views en YouTube, y todos pensaron que su discurso podía hacer referencia a él.

Luego de la entrega de premios, en charla con Clarín, García dijo algo que enfureció a las mujeres: "Cualquier pendeja va a un estudio de grabación, le muestra el culo a un productor y la contrata. Eso es el autotune". GENTE tuvo su palabra después de la polémica.

–A Clarín le dijiste que el autotune era algo con lo que las mujeres seducían a un productor y así hacían música. Muchos hombres lo usan también, como Duki, que cantó en la ceremonia.

–Fue una humorada decir que hay que prohibirlo. La primera que lo usó bien usado fue Cher, una mujer. Yo dije que hoy no importa si podés cantar o no. No tengo nada en contra de la tecnología, las mujeres o el trap… Sólo quise decir que la música queda emparchada como un Frankenstein y no importa la inspiración. El autotune sólo distorsiona la voz: no está pensado en quién lo va a usar, así que es igual para hombres y mujeres. Simplemente quise significar que así puede cantar cualquiera.

Charly García recibe el afecto de la gente. (Foto Diego Soldini/GENTE).

–¿Te sorprendió llevarte todo?

–Yo estaba expectante. El anterior me lo había ganado en 2003, y aunque me reconocieron un poco tarde, nunca es tarde. Además, me lo entregó Palito. Lo sospechaba, pero fue una sorpresa. Además de sacarme de una clínica, se ganó el cielo. Como sabés, lo escuchaba de chico y fue mi referente pop durante mucho tiempo. Realmente sentí muy buena onda de todos. Otras veces noté envidia y egos; ahora nadie se me tiró en contra.

Por Karina Noriega.

Fuente: Revista Gente

El blog de Charly García (hecho por DIOS)