lunes, junio 13, 2011

Fernando Kabusacki: Al rock lo despojaron de toda creatividad

Editó este año Al Limiti del Mondo, en dupla con Fernando Samalea y con la colaboración de Tony Levin. Su relación con Robert Fripp y su experiencia con Charly García.

Mediodía de lunes. Nos encontramos con Fernando Kabusacki en una pizzería del microcentro. Mozzarella y gaseosas de por medio, el guitarrista empieza a desgranar anécdotas de su prolífica carrera, que lo llevó a recorrer países y tocar con músicos de renombre internacional. Ahora, Kabu está concentrado en su último proyecto: un disco que grabó con otro músico que trascendió las fronteras: el baterista Fernando Samalea, con quien mantiene una gran amistad.



–¿Cómo surge la posibilidad de hacer Al Limiti del Mondo?
–Hace años que con Samalea somos hermanos musicales en muchos proyectos. Él siempre toca en mis discos y yo toco en los suyos. Y teníamos el sueño de hacer un álbum entre los dos. Todo surge cuando fuimos a tocar a Ushuaia, que es un poco el límite del mundo, al Festival de Cine de Montaña. Hace veinte años que toco en la National Film Chamber Orchestra, que hace música en vivo para películas mudas. Fuimos al sur y ahí surgió la idea de hacer el disco.

–¿Por qué recién ahora se dio este proyecto compartido?
–Antes nunca teníamos tiempo, aunque sí ganas. Yo siempre estoy con un montón de proyectos y Samalea también. Él estuvo en la gira de Cerati, que lo consumió mucho, y yo estuve con Charly. Además de otras iniciativas.

–¿Cómo se suma Tony Levin al proyecto?
–Tony es amigo nuestro. Lo conocemos desde la primera vez que vino a la Argentina con King Crimson, en el 94. En esa época, trabajé como asistente de King Crimson y estuve todo el tiempo con Tony, con quien nos hicimos amigos. Ahí también lo conocí a Samalea y, desde ese entonces, Tony participa de invitado en todos los discos de Sama. Era obvio que iba a estar en este disco. Además, como bajista, da justo para el trío.

–Contanos un poco sobre tu relación con Fripp.
–Desde el año 89 que participo en distintos proyectos suyos, en el marco de Guitar Craft (NdR: seminarios de guitarra fundados por Fripp). Después, integré la League of Crafty Guitarists y ahora estamos con un proyecto llamado The Orchestra Craft Guitarists, que es más grande. En vez de la Liga, que éramos doce guitarras, ahora vamos a ser cincuenta o cien.

–¿Es como un seleccionado internacional?
–Liga es el término más exacto. Seleccionado suena a que somos los mejores. No sé si es así, aunque, es cierto que no entra cualquiera.

–También compartiste escenarios con Fripp, tocando con los Gauchos Alemanes.
–Cuando Fripp quiso reformar King Crimson, nosotros veníamos trabajando con él en la Liga. Entonces decidió que ésta cesara y quedamos en el aire. Ahí fue cuando con Hernán Núñez y Martín Schwutke decidimos armar un trío de guitarras, que al principio fue un cuarteto, con un holandés. Lo llamamos Los Gauchos Alemanes y, en la Argentina, compartimos presentaciones con Fripp en el Cervantes, en el Goethe y en Prix D’Ami. De esa banda salieron los Electric Gauchos, pero sin Hernán Núñez y con un baterista que era, generalmente, Samalea, a quien nos lo llevamos a tocar a Estados Unidos. También estuvo Bill Rieflin, baterista de REM.

–En el disco con Samalea hay un agradecimiento a Palito Ortega. ¿Por qué?
–Palito fue superamable con nosotros. Y con Charly, que es nuestro amigo. Le puso una onda que no se puede creer. Le abrió su casa y dijo “yo me hago cargo”. Por otro lado, siempre nos trató superbién. Además, nos prestó su estudio, que está buenísimo, para grabar. Fue muy generoso con todos.

–Imaginamos entonces que te cayeron mal las críticas que le hizo Migue, el hijo de Charly.
–Migue muchas veces dice cosas desde un lugar que… qué sé yo. No estoy de acuerdo. Desde mi experiencia, el tipo se portó diez puntos.

–Si te preguntamos por Luck, tu último disco solista...
–El disco va a salir en Japón a principios de este mes. Es el álbum con el que quedé más conforme una vez que lo terminé. Tiene voces de Barbara Togander, Vicky Zotalis, Maia Mónaco y Mariana Pereiro. También grabaron Paula Schocron y Santiago Vázquez. Cuando empecé a hacer el disco, quise invitar a los más capos para que graben conmigo. Darme el gusto.

–¿Y con quién te gustaría grabar en algún proyecto futuro?
–De la Argentina, con Spinetta. Tiene una sensibilidad fuera de lo común... ¡que tendría que ser común en un músico pero no lo es! No es tan fácil encontrar músicos tan sensibles.

–¿Por qué creés que falta sensibilidad en los músicos?
–[Piensa] Por la forma en que estudiaron. En general, se le da más importancia a aprender cuáles son las reglas que rigen la ejecución musical que a desarrollar una sensibilidad, una escucha y una apertura.

–¿Se busca más el virtuosismo interpretativo que la libertad creativa?
–Sí, seguro. Hace varias semanas hice una nota en Japón y un periodista, muy importante allá, me ponderaba muchísimo pero, de repente, me dijo: “Aunque se nota que no tenés mucha técnica”. Le contesté: “No, no. Tener, tengo técnica. Puedo tocar Paganini rapidísimo. Pero para mí eso es secundario”. Me interesa que la música sea expresable, no que mi técnica esté por delante de todo. La técnica tiene que estar al servicio de la libertad. Lo que tiene que escucharse es música y no un tipo que toca bárbaro.

–Contanos un poco de la experiencia con Charly y Kill Gil.
–Fue una experiencia inigualable, al igual que todas las que tuve con Charly. Hubo momentos de una energía altísima en los que pensaba: “Después de esto, todo me va a parecer aburrido”. Una intensidad y una maestría en su música que no se puede creer. Creo que su gran sensibilidad es algo que, así como le jugó a favor, también le jugó en contra. Es una persona muy sensible y, por lo tanto, también muy vulnerable. Ser una megaestrella de rock y, al mismo tiempo, ser sensible le hizo las cosas difíciles. Yo siento que me nutrí y me enriquecí muchísimo, aunque hubo momentos en que lo pasé mal, por algunos de sus escándalos. Charly es una muy buena persona y lo quiero muchísimo. Sé que es una obviedad decirlo, pero es uno de los grandes maestros de la música argentina. También lo hubiese sido de la música internacional si hubiera tenido una proyección mayor. Para mí, está al nivel de Lennon. Una vez, Charly mismo me contó que Andrew Loog Oldham le dijo que estaba al nivel de los Stones. Y después me preguntó: “¿Cómo hago para vivir con esto?”.

–¿Y que pensás acerca de cómo quedó Kill Gil?
–La verdad, no soy muy objetivo al respecto, ya que estuve años metido ahí adentro. Era un disco que no se terminaba nunca. La cosa fue mutando tantas veces que no puedo juzgarlo. Pero creo que es un disco que, dentro del rock nacional, tiene una gran creatividad. Hay un error instaurado en la Argentina y es que el rock tiene que ser prolijo. Así, al rock lo despojaron de toda creatividad y genialidad. Y Kill Gil es un disco de rock muy desprolijo, con una creatividad y una genialidad que ningún otro disco tiene. Dicen que Charly canta desafinado o que está fuera de tiempo, y ésa no es la forma de apreciar el verdadero rock. Por otro lado, hay que tener en cuenta que él hizo este disco cuando, hablando mal y pronto, estaba totalmente loco. Es un disco de un músico genial en un estado de locura y genialidad extremas.

Por Enrique Colombano y Daniel Gaguine

Fuente: Noticias Urbanas

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