martes, diciembre 14, 2010

Lisandro Aristimuño y “A punto de caer” de Charly Garcia

“A punto de caer” está en un disco que me encanta, que es Cómo conseguir chicas. Todo el álbum es un discazo, pero creo que esa canción me gusta especialmente porque está compuesta también por Fabi Cantilo, y la letra tiene que ver un poco con esa dupla, con lo masculino y lo femenino. Es genial ese juego, cómo está plasmado en la letra, y en ese momento en que Fabi canta “Quizás tendrás que ver a dónde vas”. La relación que establecen entre los dos es muy linda, hay un equilibrio perfecto. Me imagino que ella debe haber sido una gran inspiración para Charly; el haber estado ahí los dos, un hombre y una mujer escribiendo juntos. Debe haber sido algo así como hacer el amor en una canción.

Hay un momento que me parece increíble; esa parte en la que entra un acorde Sol, y dice: “Yo estaba en un lugar / a punto de caer / y aunque te parezca extraño / música es lo que das”. Me gusta muchísimo cómo Charly hace eso que hace siempre, que es poner las palabras en la música adecuada. Entra ese acorde, y la melodía cambia de lugar, justo mientras dice “yo estaba en un lugar”; y de pronto lo que está diciendo parece mucho más grande. Y cuando dice “Salta y sé feliz”, en ese mismo momento, pareciera que el tipo está en un precipicio, con todo eso que arma de acordes y tímbrica, y te hace sentir eso mismo: que estás en un acantilado. Es totalmente emocional y, por encima de todo, muy visual: es como ver una película, cada vez que lo escucho me imagino el video de la canción, me tira todas las imágenes. Mientras en la letra el tipo te dice: tirate, jugátela por lo que más ames; dejate caer, viajá, viajá de verdad. La inspiración que produce es enorme, te habla de hacerse cargo de lo que uno es y de lo que uno quiere, de no fingir; te lleva a ser auténtico, a ser vos. Tiene algo absolutamente positivo. Para mí fue como si Charly me dijera: “La escribí para que te dé fuerzas, decidite a hacer lo que querés hacer”. Eso es lo que me dio esta canción: me dije, “listo, quiero ser esto, ya lo decidí, ser músico y hacer canciones”.



No escuché este disco apenas salió, en el ‘89, sino un poco después, cuando era más grande. Recuerdo perfectamente en qué momento quedé impresionado para siempre con la canción. Estaba en casa, con mi guitarra, esperando mi cumpleaños. Había puesto el disco para que sonara en modo repeat mientras caían las visitas. Y había estado tocando arriba de Charly, tratando de sacar las canciones con mi guitarra (cosa que hago a menudo para estudiar), y en ese momento me puse a componer “Me hice cargo de tu luz”, una canción mía. Y de repente paré el disco y empecé a hacer los acordes de mi canción, y ahí puse, en uno de los versos, el título de la canción de Charly: “A punto de caer”. “Seguí la ruta y caminé cantando ‘A punto de caer’”, dice mi canción, como cita, como homenaje, como reconocimiento de la influencia que tuvo esa canción en mí.

Cuando llegué a Cómo conseguir chicas yo ya tenía una larga relación con la música de Charly, con Seru Giran, con La Máquina de Hacer Pájaros. Charly García es para mí algo que no puedo definir con palabras: sin él yo no hubiera existido, no hubiera sido músico. Fue escuchando un disco suyo que a mí me dieron ganas de ser músico, de hacer canciones, él me despertó. En mi casa estaba Pubis angelical en vinilo. Eran Pubis, y Yendo de la cama al living, uno por la película y el otro ya con canciones de él solista; y recuerdo, de chico, agarrar el disco y mirar esa tapa donde estaba la cara de él en primer plano, mirando hacia adelante y mirándote a los ojos, y eso era Charly para mí, era mi Dios. Escuché ese disco y otros de Charly en casa, en Luis Beltrán, un pueblo de Río Negro. Me acuerdo patente de ese vinilo que después alguien se robó. Más tarde, mis padres me empezaron a regalar casetes: los regalos de Navidad eran siempre casetes: Parte de la religión, Piano bar, una recopilación que se llamaba 12 años, etcétera.

A Charly me lo crucé en Chile el año pasado, pero sólo lo saludé un momento y le regalé mi disco Las crónicas del viento. Tuve algunas posibilidades de verlo y conocerlo, y siempre por una cosa u otra me hacía el boludo, como que quería guardarme a mi superhéroe para mí. Será quizá porque lo admiro tanto que no sabría qué decirle o cómo actuar. Las pocas veces que lo tuve cerca me quedaba mudo mirándolo. Me gustaría agradecerle todo eso que Charly nos enseñó: que hay que vivir intensamente, hay que tirarse, hacer lo que a uno lo movilice, que es lo que él siempre hizo.

Ahora que lo conseguí en vinilo –conseguí casi todo Charly en vinilo–, sigo escuchando Cómo conseguir chicas y la sensación se mantiene, es la misma de las primeras veces. Pero no lo escucho tanto: lo escucho en momentos en que necesito volver a ese acantilado, saltar y ser feliz.

Por Lisandro Aristimuño

Fuente: Radar

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