viernes, diciembre 24, 2010

Hace años que no paso una Navidad con mi mamá

Esto que voy a hacer es algo muy simple: un homenaje a mi tía Mecha”. Charly García está sentado como un Papá Noel flaquísimo y de corbata roja, con un árbol de Navidad de bolas plateadas detrás, y por delante un viejo teclado Arp al que le faltan varias teclas. También, a modo de copa, un vaso con bourbon Jack Daniels etiqueta negra en el que nada un par de cubitos de hielo. Ordena: “¡Silencio que voy a grabar!”. En el estudio Betaplus, de Palermo, todos se callan por un momento ante su orden. Por ahí anda, con el saco de un pijama puesto, Marcelo Lamorte, el director (con quien ya hizo los videos de su disco Rock’n roll yo), y corre de un lado a otro el productor, Gabriel Riera. Esta vez su amigo Gaby Alvarez no es de la partida: ya se instaló para organizar las playas top en Punta del Este. Empieza a sonar la batería, a escucharse una canción que repite “te quiero...”. Una hora y media bastarán para que el nuevo video, el regalo de Navidad de Charly a su tía –y a todos–, esté listo. Una vida, y 56 Navidades, para descargar las confesiones que le hizo a GENTE, a solas en un camarín, sobre aquellos 24 de diciembre vividos en familia. Y los de ahora, casi en soledad.

“¿Si creo en Dios? Te respondo con algo de Woody Allen: “Yo me crié en la religión católica, pero con el tiempo me convertí al narcisismo”. 



“El otro día estaba perfeccionando mi nuevo disco, el ex Kill Gil, que ahora se llamará, creo, Mundo B. Y cuando fui al estudio me acordé de un tema, que hice hace poco tiempo, y se llama Oh, tía... Me acordé de ella, de la tía Mecha, y la asocié con la Navidad, la reunión de la familia y todo eso. Yo pasaba mis veranos en su casa, en Castelar. Y esa tía tenía puntos de vista particulares sobre las cosas. Algunos le decían mersa, por cosas que tenía, como por ejemplo, la sala llena de platitos dibujados por ella misma con refranes del tipo “Si hay un hueco en tu vida, llénalo de amor”, je... O “Mejor rancho propio que palacio ajeno”. Ahí, en su casa, cantaba de chico con mi primo Jorge Ariel. Era el lugar donde escuchaba música pop, a Neil Sedaka, a Enrique Guzmán, el de Popotitos. Entonces se me ocurrió hacerle una canción a toda aquella autenticidad que había en esa casa. Mi tía tenía sabiduría ppular. En esa época, los años 60’, ella era como los cigarrillos Jockey Club”.

García recuerda que en las Navidades que pasaba en Paso del Rey “se hacían grandes banquetes y era un despelote de cañitas voladoras”. Pero no se acuerda de ningún regalo que le hayan hecho sus padres.

–¿Y quién le decía que era mersa?
–Yo no. Pero por ejemplo, los regalos que le hacía mi mamá (Carmen Moreno) a Mecha –que era su hermana– y a su familia, eran un poco ofensivos: les regalaba desodorantes para pies, cosas así... Esa época en mi casa era Amor sin barreras, y allá en Castelar era Guzmán. Pero al fin y al cabo, yo soy del Oeste, de Caballito. Mi mamá y mi tía son de Liniers, mi casa de fin de semana estaba en Paso del Rey, me llevaron preso por última vez en Ituzaingó... O sea, soy del Oeste. Y este video lo hice por eso, y para que lo vea mi tía Mecha.

–¿La vas a visitar a tu tía?
–No, no la veo. A veces hablo con mis primos, y me doy cuenta de que pasaron muchos años. Mis primos me dicen: “Mirá, quizá si la vas a ver no sea lindo como antes...”. Y así, un poco por cagón y otro poco porque ya no se ni dónde vive, le mando esto. ¡Y de paso, poné que también se lo dedico a mi tía Carmelucha, la hermana de papá!

–¿Cómo eran aquellas Navidades de los García?
–Se hacían en la quinta Los Cedros, enfrente de nuestra casa en Paso del Rey, que se llamaba La Bohème. Allá iban todos, y estaba también mi tío, el cura jesuita Joaquín Aduriz, que trabajó en televisión, en El abogado del Diablo. Allá se hacían verdaderos banquetes; los grandes jugaban con los chicos, y en esa quinta fue donde yo empecé a practicar los saltos ornamentales, en el tanque australiano que estaba donde vivían los caseros. Tenía su correspondiente molino, y yo me tiraba cada vez desde más alto. Y después hice un bar abajo del agua, puse una mesa y me sentaba y tomaba aire con una manguera.

–¿Y qué tomabas ahí en la pileta? ¿Agua?
–Je, no... Yo tomaba afuera. A veces un poquito de menta, que tomaba mi papá y lo ponía alegre. Quizás por eso todavía me gusta la menta, porque me gustaba mi papá cuando estaba borracho y se reía. Es que era muy serio. Pero bueno, esas Navidades eran un despelote de cañitas voladoras, estaban las dos familias... A veces también íbamos todos a Castelar, y también había muchas cañitas. ¡Una vez un cohete lo persiguió por la cuadra a mi tío Jorge, que era dentista! De ahí también recuerdo los pesebres que armaba mi tía Mecha. Eran enormes, con todas las figuras, el Niño Jesús y eso, pero también espejos como lagos, donde nadaban cisnes.

“Si estás bien con tu familia, bárbaro. Pero si todos se odian, y el único motivo para reunirse en Navidad es emborracharse, más vale estar solo”.

–¿Te acordás de los regalos?
–Los mejores, en realidad, me los hacían los Reyes Magos. Papá Noel era más... bueno. Yo sabía que no existía, y si venía un desodorante de pies, ¡era de mi papá! Pero dejémoslo así... Me acuerdo de estar en Córdoba, en un ómnibus, camino de montaña, una noche espectacular, y se me ocurrió aquella canción que decía “Navidad en el cielo, Bubulina se llevó mi amor...”. Esa inspiración fue un regalo mejor. Porque cuando uno es chico, todo parece más grande. Hace falta una Navidad. Y ver qué tipo de felicidad quiere la gente. Porque el espíritu navideño no es que te regalen una licuadora.

–¿Le daban un sentido religioso en tu familia?
–No, la Navidad y el Fin de Año eran más bien festivos. Incluso a mi primo Joaquín, el jesuita, el que me enseñó a jugar al truco, una noche de ésas le pregunté por Dios y me dijo que era como explicarle a un chico de 8 años la Teoría de la Relatividad, que era complejo... Pero, ¿sabés? La última Navidad de la que tengo recuerdos fue yendo a lo de mi mamá, con una motito que tenía, y se me quedó en la mitad del camino. Estaba en la avenida Belgrano... y se hicieron las doce y me quedé ahí, solo, solo, solo. No había nadie en la calle. Y sentí una libertad y una felicidad enormes. Después, nunca más pasé un 24 de diciembre con mi familia. Hace años que no paso una Navidad con mi mamá.

–¿Ni un llamado para Fin de Año con la familia, nada...?
–No. Y si me llaman, corto. Cuando me quisieron internar a la fuerza terminé con ellos.

–¿Y con Migue, tu hijo, tampoco?
–Ahora no. Pero con mi hijo pasé una gran Navidad. Con él y con Florencia, mi novia de esa época, que tenía la mitad de la edad de mi hijo. Los tres mirando por la ventana, en paz total, con poca conversación y viendo alguna estrella fugaz.

–¿Cómo ves que la gente toma la Navidad?
–Debería ser una fiesta espiritual, pero la gente va en contra de eso. Lo de Jesús se toma como una metáfora. Fue lamentablemente malinterpretado, y lo que se hace hoy no tiene nada que ver con el origen. Lo que le da importancia a Jesús es haber sacrificado su vida por los demás, por apostar a una verdad.

–Salvando las distancias, una especie de tu Me tiré por vos”.
–Esa canción que hice después de tirarme del noveno piso en Mendoza puede ser por mi amor, mi amigo, mis compañeros, mi ideal... Y por otro lado es: “Me tiré por vos, hijo de puta, que me metiste en cana cuando no te hice nada, y me decís que somos todos iguales ante la ley... ¡Me tiré para demostrarte que no somos todos iguales!”. Y además, me tiré a una pileta. ¿Cuántos se tiran en este país a la pileta? Pocos. Ahora tenemos una nueva presidenta, pero veo una Navidad vaca. La gente no está muy bien; le hace falta que la arenguen.

–¿Entonces, cómo son ahora tus 24 de diciembre?
–Ah... Como decía Blanche Dubois, el personaje de Un tranvía llamado deseo, dependo de la caridad del prójimo, de los extraños. Por lo menos, en mi casa tengo armado el arbolito... ¡hasta salió el año pasado en GENTE! Pero cuando uno le quita el sentido a un rito, a cualquier rito, le empieza a importar poco. Y yo me empecé a aburrir de los velorios... Bah, si estás bien con tu familia, bárbaro. Pero si todos se odian, y el único motivo para reunirse en Navidad es emborracharse, más vale estar solo. Para mí, es mejor guardar el recuerdo de aquellas que pasé de chico en Paso del Rey. Tiene que ver con los estados de ánimo. Yo siempre, para Año Nuevo, hago una canción. Y esta vez decidí hacer este video, con un tema que no es para un disco.

–¿Lo vas a subir a Internet para difundirlo?
–Lo voy a llevar a los canales para que lo pasen. Este video es como un regalo de Navidad, porque hacmucho que no le digo “te quiero” a la gente. Porque mi especialidad, en las canciones, es el reproche. Me pareció hasta transgresor hacer algo así, diciendo: “Está todo bien”.

–¿Creés en Dios, Charly?
–Te respondo con algo de Woody Allen: “Yo me crié en la religión católica, pero con el tiempo me convertí al narcisismo”.

–Y ahí hiciste el disco Demasiado Ego.
–No. Demasiado Ego no lo puse por mí. Había una revista tipo Paparazzi, y en un epígrafe de una foto que estaba Calamaro decía “demasiado ego”. Pero quien tiene demasiado ego en realidad es el público, o una parte de él: te saca una firma, una foto, pero siempre quiere más. Y después no le importa nada. Hay gente que no conozco y me llama a mi casa como si nada. Yo no soy así. Soy más humilde.

Por Hugo Martin
Fotos: Alejandro Carra
Fuente: Revista Gente 2007

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