miércoles, noviembre 19, 2008

Las noches de Piano Bar


Como una especie de deidades e iconos modernos, las estrellas del rock reflejan facetas exageradas de nuestras vidas, experiencias nuestras amplificadas que están a nuestro alcance, si es que las queremos comprar, en formato de un long play o un video, según la nueva tecnología impone.

Charly García ya tiene su lugar en esa especie de Olimpo moderno que representa el estréllalo del rockanroll. Después de un comienzo musical adolescente pleno de rebeldía. García atravesó varias experiencias grupales menos mitológicas pero mucho más efectivas musicalmente.

A partir de su lanzamiento como solista, García apretó el acelerador y empezó a reflejar estilos con tanta rapidez que ayudó a definirlos. El problema siempre estuvo en la capacidad del público para absorber los cambios. Esta situación puso a García al borde de la esquizofrenia, derivando en las conflictivas situaciones que atravesó durante gran parte del año pasado.

García parece haber entendido que él choque frontal no es lo más conveniente en una sociedad atrasada y aletargada por lustros de represión, y prefiere mostrar su arte sin concesiones pero sin pirotecnia inútil. Por eso las noches de "Piano bar" estuvieron cargadas de mensajes a través de la propuesta, pero mostrando a un García contenido en su comunicación con la audiencia. En fin, mejor que evangelizar es convertir, y eso se logró plenamente en estos conciertos.

"Piano bar" es un disco donde la emoción y la necesidad de inmediatez superó la sofisticación sonora. García necesitaba comunicar antes que deslumbrar, conmover antes que extasiar. Y las noches de "Piano bar" tuvieron esa rara alquimia de éxtasis y emoción, deslumbramiento y comunicación, obra de una cuidada producción que aglutinó a talentos reconocidos como Renata Schussheim y Jean Francois Casanovas, quienes durante dos noches abrieron un "Piano bar", un refugio del arte y la locura, del dolor y la pasión reflejados así, en un espléndido music hall.

Después de varios años de tocar juntos, García y su máquina han conseguido una compenetración óptima, como para que cada canción tenga el envase adecuado, el celofán dentro del cual se envuelve el grito primal del cantante.

Estuvieron presentes la mayoría de los clásicos, los temas del último disco y un estreno. Este último fue una canción compartida con Luis Alberto Spinetta, quien despertó una de las más cerradas ovaciones de la noche, una respuesta adecuada a la imbecilidad de quienes en ese mismo lugar abuchearon a García.

Un año más, un disco más, un show más. Nuevamente Charly García cumplió con su rutina ofreciendo lo mejor de su creación y reafirmando la inalterabilidad de su propuesta, esta vez dentro de un marco excepcional. "Piano bar" trascendió el contexto de un show musical para transformarse en un espectáculo integral, un verdadero lujo para estos tiempos.

Raúl Molina
Publicado en la Revista Pelo en 1985

Fuente: Mágicas Ruinas

1 comentario :

The Black Widow dijo...

Qué buenas esas noches ... recuerdo haber estado en sus piano bares disfrutando de Charly que se lucía en su piano, y la comunicación con el público era totalmente mágica.
Bueno, en realidad para mí, Charly es pura magia ... Ahora lamento muchísimo no vivir en Argentina para estar "ahí".

SNM
(Gracias por el recuerdo) :D

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