martes, septiembre 22, 2009

Entrá y jugá vos

De un crack a otro. De un ídolo a otro. De alguien que va a quedar en la historia para otro del que nadie se va a olvidar. De Charly García a Diego Maradona. "Tenés que darle con un caño a los jugadores", tiró el rockero. Y, con esperanza, agregó: "Ponéte las pilas que va a estar todo bien". Say no more.

Todos hablan sobre la Selección, más teniendo en cuenta el mal momento, y las críticas hacia los jugadores y, especialmente, hacia el técnico son una constante. Un amado por muchos argentinos y que aprecia a Diego Maradona, dio su veredicto. "Tenés que darle con un caño a los jugadores. Creo que se solidariza mucho con los jugadores y no aprieta", opinó Charly García. Y en caso de que no se arreglen los problemas, Charly tiene la solución: "Y sino, Diego, entrá y jugá vos". Crack.

El popular músico de 57 años le dio una entrevista a Telefe en la que habló, principalmente, sobre su regreso a los escenarios el próximo 23 de octubre en la cancha de Vélez. Pero le dedicó unas líneas a Maradona y sus dirigidos. "Diego, ponéte las pilas que va a estar todo bien. Tenés que darle con un caño a los jugadores", dijo García, en referencia a que el DT tiene que ser más duro y no perdonar a los que entran a la cancha y no rinden como se espera.

"Creo que él se solidariza con los jugadores y no aprieta", agregó el rockero que está en un tratamiento para recuperarse de su adicción a las drogas. Si no funciona con el consejo que le dio Charly a Maradona, tiene otra opción: "Y sino, Diego, entrá y jugá vos". La vuelta del músico está confirmada. La del 10, a pesar de que es utópica, Charly la pregona. Say no more. Deberías saber por qué...

Fuente: Olé

Charly García recibirá grado de “Socio Honorario” de APDAYC

Lima - Perú, (ORBITA).- La Asociación Peruana de Autores y Compositores se enorgullece en anunciar que otorgará el grado de SOCIO HONORARIO al renombrado compositor e intérprete argentino Charly García, figura fundamental del rock en nuestro idioma.

Cada visita del legendario músico al Perú es un acontecimiento no sólo para su enorme legión de seguidores si no también para los artistas de nuestro país. En el caso de APDAYC, la ocasión servirá para estrechar aún más los lazos con SADAIC (Sociedad Argentina de Autores y Compositores) y con la obra del maestro del rock que goza de amplio arraigo en nuestro medio.

La ceremonia, se realizará este martes 22 de setiembre en el Swiss Hotel. Charly García inicia en Lima su gira internacional con un concierto en la explanada del Estadio Monumental.

lunes, septiembre 21, 2009

Me emociona trabajar

En una entrevista con C5N, Charly García reconoció que los últimos tiempos de su carrera fueron "un poco caóticos" y le agradeció a "Palito" Ortega por la ayuda: "Es un hermano"
Charly García contó en diálogo con C5N cómo se prepara en los ensayos de su gran vuelta a los escenarios, que culminarán con un show en Vélez en octubre próximo.

"Estamos hace cuatro meses preparando la vuelta. Ya pasamos la parte técnica, que ya estña totalmente controlado", indicó el astro.

Además reconoció tener unas "ganas increíbles" de regresar a la música. "Acá hay una ganas increíbles", señaló durante uno de sus ensayos.

García admitió también que el último tiempo de su carrera música fue "un poco caótico". "Pero era algo que tenía que experimentar. Esto es una vuelta a la raíz de la canción. Me emociona trabajar".

Charly, quien estuvo varios meses internado en la quinta que Palito Ortega tiene en Luján, lo describió como "un hermano. Es una persona que se acercó a mí cuando más necesitaba que alguien se acerque de una manera mágica".



Fuente: Infobae

martes, septiembre 15, 2009

Entrevista en TELEFE Noticias

Atención: en el video se muestra la lista de temas

Hebe contra Apocalypse Now de Charly

"Vos no podés montar vuelos de la muerte ni en broma", le dijo Hebe de Bonafini a Charly García. "Vos no entendés, Hebe. Mi dolor también vale", respondió García, promoviendo su idea de que helicópteros arrojen al río muñecos de trapo recordando el asesinato de los desaparecidos.

Por Esteban Pintos

La idea de Charly García de utilizar su recital del 27 de febrero en Puerto Madero para rendir un homenaje a los desaparecidos con un concierto que comenzaría con unos helicópteros volando sobre el río para dejar caer muñecos sobre el agua se encontró ayer con un escollo de magnitud: la terminante negativa a participar de las Madres de Plaza de Mayo. La presidente de la entidad, Hebe de Bonafini, le imputó al músico intentar "utilizar la memoria de los desaparecidos para concretar un show".
El punto central de la discordia fue la idea de García de que los helicópteros arrojen muñecos de tela simulando cuerpos de secuestrados, como una forma de recordar al público que asistirá al show gratuito los crímenes de la dictadura militar.
García fue contratado por el Gobierno de la Ciudad para cerrar el sábado 27 el ciclo gratuito Buenos Aires Vivo III, y apenas visitó el escenario ubicado en la zona de Puerto Madero imaginó la idea de utilizarlo para recrear los "vuelos de la muerte" durante la dictadura, ya que el lugar da su espalda al Río de la Plata. García afirmó que el espectáculo que planea tendría que tener algo de la impronta visual de la película Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola, con una orquesta tocando arriba de un barco fondeado en el dock de Puerto Madero y helicópteros sobrevolando la multitud. Esa idea, dijo la dirigente a Página/12 luego de su conversación con el músico, "es una cosa de locos". Esa parte del diálogo fue así:
–Charly, vos no podés usar la muerte para un show: ya bastante hemos sufrido con esos vuelos para que vos los recreés.
–Vos no entendés, Hebe. Mi dolor también vale.
–Sí que entiendo, Charly. Pero te repito, el dolor de las desapariciones no puede ser bastardeado. Vos no podés montar vuelos de la muerte ni en broma.
–Pero vos estuviste con Bono y con Sting y a mí me decís que no...
–Estás equivocado: ellos fueron respetuosos. Vos, en cambio, estás usando a los desaparecidos para un hacer un show.
Horas después, todavía molesta por la situación, Hebe descartó ante Página/12 cualquier posibilidad de una mediación en el conflicto. "Que quede claro: nosotras no vamos a participar de eso", anunció, y dijo estar extrañada porque en esta ocasión García no se comunicó personalmente con ella. "Yo siempre hablo con él, lo llamo para saber cómo está. He ido varias veces a su casa. Por eso mi sorpresa. No es que me tenga que consultar para cualquier cosa, pero me parece que en este tema algo tengo que ver, ¿no?"
El recuerdo de García y Bonafini sobre Sting se remonta a diciembre de 1987. "Muchos se ofendieron, pero hasta Sting nadie había invitado a las Madres a subir a un escenario. No sé, hasta entonces para los músicos de acá trabajar con nosotros era algo así como mezclar las cosas. Después, se dieron cuenta de que nuestra lucha es importante", dijo Bonafini. Después comparó la actitud de Charly con la de otros. "Bersuit Vergarabat, Todos Tus Muertos, La Renga y León Gieco –que siempre nos dio una mano y va a estar siempre, ya es como parte de nosotras–, apoyan incondicionalmente nuestro trabajo, pero a ellos no se les ocurren disparates. Los chicos de La Renga, que son muy humildes y muy buenos con nosotros, nos ofrecen su sonido, lo consiguen y lo llevan adonde sea. Los quiero muchísimo, y estoy segura de que a ninguno se le podría ocurrir un delirio así."
La polémica empezó a gestarse el miércoles pasado, cuando la producción de Buenos Aires Vivo se contactó con el músico para conversar sobre la puesta en escena y las condiciones de este concierto, que imaginan como un gran cierre de la serie. En principio, García quería hacerlo en el Obelisco; bajo la certeza personal de que él también es un símbolo de la ciudad. Una vez que lo llevaron a recorrer el lugar en donde se viene desarrollando el ciclo, en lo que sería la prolongación sur de Puerto Madero (justo cuando se junta con el barrio de la Boca), el rocker dio suconsentimiento, marchó atrás con el plan Obelisco y comenzó a imaginar una puesta grandilocuente y efectista. Esa misma noche, García confirmó su participación en el ciclo durante el recital que el grupo que integra su hijo Miguel, el guitarrista Fernando Kabusacki y el baterista Fernando Samalea dio en el Club del Vino del barrio de Palermo, aunque nada dijo de su plan de registrar un disco en vivo. Allí se despachó con sus sueños de orquestas, barcos y helicópteros, preanuncio del inicio del set musical con su versión del Himno Nacional Argentino.
En ese marco, y por ese medio, lanzó una invitación a las Madres de Plaza de Mayo para que subieran al escenario. Con las cosas como están, es difícil que la acepten.

Una película en la cabeza. Por Iván Noble

El campo estético tiene una libertad inconmensurable. Me parece que cada artista puede representar lo que se le ocurra y de la manera que se le ocurra. Pero mi opinión, en este caso, es que desde cierto lugar esa representación artística puede ser vecina a un golpe bajo. No creo que esa sea la intención de Charly; sospecho que él tiene su película armada en la cabeza. Pero para él es una película que dura diez minutos en medio de una performance artística, y para las Madres eso significa muchos años de dolor y de lucha. Por eso entiendo que se indignen. De cualquier manera, hay que pensar de dónde viene la idea, de alguien que hizo "Los dinosaurios" y que seguramente no tiene la más mínima intención de dar un golpe bajo, aunque se acerque peligrosamente a eso. Más allá de lo estético, las Madres tienen una autoridad ética. Hebe tiene razón al decir que no tienen por qué pedirles permiso, pero al mismo tiempo ellas no tienen por qué callarse si no les gusta. Sería importante que Charly pudiera hacer su homenaje con el consenso de las Madres, y que finalmente pudieran llegar a un acuerdo.

Por qué el cortocircuito. Por Carlos Polimeni

"Cada cual tiene un trip en el bocho, difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo" Charly García "Promesas sobre el bidet" (1985)

La idea de Charly García no es descabellada, como parecería al ser contrastada con la certeza de las convicciones de Hebe de Bonafini. Lo que es descabellada, en todo caso, es su realización. Charly no se equivoca cuando siente que está autorizado, por trayectoria, a concretar un homenaje a los desaparecidos, ni cuando se cree lo suficientemente adulto para no pasar por aduanas. Se equivoca, cosa rara en un artista, en el gusto y el perfil de su homenaje, que seguramente ahora cambiará de rumbo, pero existirá. Ese es el valor de la aparición, como un Júpiter tronante, de la presidenta de Madres de Plaza de Mayo: fijar un límite, marcando un territorio. Decirle al músico: "Ojo, con eso no se juega". Charly no está acostumbrado a los límites. Y menos a que se los fijen de afuera.
Se trata, sí, de un choque entre dos pesos pesado, entre las posturas de dos huesos difíciles, si no imposibles, de roer. Entre personajes públicos que, tal vez, no merecerían figurar enfrentados. El choque, en todo caso, exhibe una problemática típicamente argentina: que los que deberían tirar del mismo carro conceptual se enrosquen por cuestiones que podrían solucionar juntos. Charly se propuso varias veces en los últimos años hacer "algo con Las Madres", pero una a una fue dilapidando las oportunidades, ante todo por la tendencia de su ánimo al zapping. Hebe le había tendido un puente de oro, hace más de dos años, al visitarlo en su bunker de Palermo Viejo en un momento en que su nombre aparecía más en las páginas de policiales que en las de espectáculos. La dirigente fue al pie, como una madre dispuesta a ofrecer contención a un hijo en problemas, y se retiró con la certeza del deber cumplido. García no devolvió el gesto hasta ahora, y si su forma era la de este recital, puede suponerse que equivocó el método y erró en la comunicación.
Charly es en alguna medida un prócer justamente por sus aportes a la conciencia de la sociedad sobre las atrocidades del genocidio, realizados cuando nadie, o casi nadie, hablaba de ellos, y usufructuando al máximo un juego de complicidades múltiples. Siguiendo su carrera pueden encontrarse, firmes, como mojones inexorables, sus pinceladas de lo que iba pasando, cuando la mayoría de los artistas que permanecían en la Argentina callaban y otorgaban. Haber grabado y cantado en vivo en 1980 "Alicia en el país" ("Un río de cabezas aplastadas por el mismo pie juegan cricket bajo la luna. Estamos en la tierra de todos, pero es mía. Los inocentes son los culpables, dice su señoría, el rey de espadas. No cuentes lo que viste en los jardines, no tendrás poder, ni abogados, ni testigos") hablaría suficientemente sobre su lucidez y coraje al respecto.
Pero, además, están canciones como "Películas" e "Hipercandombe", de La Máquina de Hacer Pájaros, entre 1976 y 1977 –aún no se habían nucleado Las Madres– y "Autos, jets, aviones, barcos", "José Mercado", "La grasa de las capitales", "Viernes 3 AM", "Los sobrevivientes" y "No llores por mí, Argentina", de Seru Giran, entre 1978 y 1982, certificando una capacidad para hablar de los años de plomo, durante los años de plomo, que ningún otro artista argentino tuvo. "Los dinosaurios" –"los que están en la calle pueden desaparecer, la persona que amas puede desaparecer, los amigos del barrio pueden desaparecer"– fue registrada en 1984 pero seguramente es la mejor canción argentina posible sobre un tema que parte la historia cívica en dos.
Un llamado por teléfono a tiempo, un gesto apenas, hubiese ahorrado este momento. Es extraño que dos grandes comunicadores de la Argentina de los últimos veinte años hayan sufrido un cortocircuito que no quisieron. Aunque a Charly le guste la sensación de los dedos en el enchufe, bueno sería que diese el próximo paso, que reconociera que se fue de mambo. Haría su homenaje a los desaparecidos ante una multitud, una idea potente y bien intencionada, sin colisionar con la abanderada de la lucha por los derechos humanos. A esta altura, una cosa es concreta: no podrá tirar muñecos ni maniquíes al río. La idea se ha convertido en intolerable.

Fuente: Página 12 - Martes 16.02.99

"Apocalypse Now", según Charly

Buenos Aires Vivo: el músico confirmó que el 27/02/1999 cerrará el ciclo con un show para el que quiere helicópteros y barcos. García quiere contar su historia junto al río.

"El show va a ser como la película "Apocalypse Now", con helicópteros dando vuelta y todo." La pretenciosa comparación no podría haber salido de otra boca que no fuera la de Charly García, quien, de esta manera, confirmó en exclusiva para La Nación su presencia en el cierre de Buenos Aires Vivo III -el sábado 27 de febrero- con un recital gratuito y al aire libre.
García había llegado al Club del Vino para presenciar el debut del trío que tiene como una de las aristas a Miguel García, su hijo. Al término del concierto, el bigote bicolor se convirtió en el centro de atención. Pero esta vez, sin subir al escenario.
Fotógrafos, periodistas, camarógrafos y fans se abalanzaron sobre la lánguida figura del músico, que, vaso de vodka con naranja en mano, contó cómo será el megarrecital que ofrecerá en el escenario montado en el boulevard Rosario Vera Peñaloza de Costanera Sur.
"Quiero el escenario como referencia -señaló García-, con la música envolviendo a la gente. El concepto es el de música móvil. Un barco que pase con una orquesta, aviones que tiren gente al río... Lo que comúnmente se dice inducción sonora."
Más allá de la cantidad de conceptos e ideas que sobrevuelan la cabeza de García, hasta el momento lo medianamente confirmado es que habrá dos helicópteros que iluminarán el escenario durante parte del show y que a partir de mañana se comenzará a filmar una especie de documental acerca de la vida del músico, que será proyectado antes del recital.
"El mismo Charly contará su propia historia y habrá un paralelo con los hechos que fueron ocurriendo al mismo tiempo en el país", contó una de las personas más allegadas a García y al proyecto en general. Se sabe, además, que habrá una gran sorpresa de la cual nadie quiere decir demasiado. "Lo único que puedo asegurar es que se van a pegar un buen susto", remarcó al respecto García.

El gran provocador
Está claro que Charly, como en los últimos años, quiere provocar al público, ya sea el suyo o el que se enerva con sus ocurrencias. "El show también va a tener algo de advertencia, como el día en que desde la radio paralizaron la Tierra", sintetizó el músico.
"Esto lo hago porque estoy viviendo una relación con la gente muy especial, que yo también necesito. Me encantan todos estos pen... nuevos que me vienen a ver. Es algo muy fuerte. Por eso quiero gozar y disfrutar del after-show, porque cuando termine la parafernalia que vamos a armar algunos van a mostrar sus brazaletes que dicen Say No More. Como los jóvenes que siguen a Marilyn Manson y levantan sus brazos así -y García hace el gesto que caracteriza al saludo nazi-. El 27 quizás haya 300 mil personas juntas que alcen sus brazos por Say No More. Va a ser impresionante."
Para cerrar la idea, García toma un lápiz y un papel y dibuja: "Acá va a estar el escenario, acá la pirámide, el agua, la luna, los helicópteros... En fin, la vanguardia es así".
La charla se interrumpe cuando llega su hijo Miguel, sólo para saludar. Y después de las fotos de rigor, Charly recuerda la primera vez que lo vio tocar.
"Fue en la casa de Pichona (Sujatovich, la profesora de piano de Miguel); tenía cinco o seis años y ya era el que tenía más barra de todos. Y ahora también. Me gustó el show, pero creo que hay que esperar a que pase un poco más de tiempo y se acostumbre a que yo esté dentro de su público. Porque Miguel cuando pela, pela grosso."
García se entusiasma y continúa: "Cuando pienso que me podría haber salido un hijo al que le gustaran las raves y toda esa música... Miguel es un capo, escucha a Stevie Wonder. Si hay alguna crítica que le tuviera que hacer al grupo es que no tiene nombre. Es más: yo ya tengo uno ideal... (piensa durante unos veinte segundos). Bueno, no importa, se me olvidó".

Sebastián Ramos

Fuente: La Nación Viernes 12.02.99

domingo, septiembre 13, 2009

Sereno Fantástico

"Sereno fantástico" es el nombre de un mágico tema instrumental del disco y banda sonora "Pubis angelical" (1982), el primer trabajo de Charly García en su etapa solista, luego de la disolución de la mítica agrupación argentina Serú Girán. Así son ahora las pausas del más emblemático músico del rock latinoamericano, veintisiete años después de aquel lanzamiento y en conversación telefónica desde Argentina: calmadas y terriblemente inspiradas.

Dice que ya no usa el aerosol y que ahora solo "grafitea" música. Que le gustan Julio Verne y Oscar Wilde, pero que prefiere los libros sobre músicos y los catálogos de fotos. Concuerda con nosotros en que el mejor baterista con el que tocó fue Willy Iturri y nos confiesa que sus temas no siempre están dedicados a alguien, que no siempre tienen un motivo, sino "sería muy aburrido".

Espera que la gente en Lima quede deslumbrada con su performance, que —asegura— supera incluso sus propias expectativas. "Vamos a tocar temas de casi todas las épocas mías como solista, alguna cosa de Serú Girán y por supuesto el tema nuevo. Traté de hacer un repertorio más que basado en hits, basado en las canciones que más me gustan. Va a ser un show largo, con una banda muy buena", nos adelanta un lozano Charly.

Y aunque hay quienes le siguen pegando abajo, emana un aprendizaje de la conversa, quizás porque se cansó de ir a mil, quizás porque ahora quiere ver, quiere ser y quiere entrar, cansado de volverse tan loco, aunque en el fondo esa sea solo una manera de actuar, algo que es parte de su religión. Deja pues la terapia intensiva para transitar por la vereda del sol y dejar claro que, pese a todo, su influencia y su aguante es parte ya de la historia del rock de este continente.

Solo diez días
Charly ensaya por estos días para el concierto que brindará el 23 de setiembre en Lima, junto con el "Zorrito" Quintiero en teclados, Hilda Lizarazu en coros, el "Negro" López en guitarra y los músicos chilenos Kiuge Hayashida, Toño Silva Peña y Carlos González. En la fotografía podemos ver al intérprete y compositor en una sesión de fotos realizada exclusivamente para El Comercio, durante los ensayos en Buenos Aires. Los boletos están a la venta en Tu Entrada.

Un viaje por las rutas del tentempié
Renovado, ocurrente y sonando a rock and roll, regresa a lima el legendario músico argentino. Se presentará el 23 de setiembre en la explanada del estadio monumental

Por: Alberto Revoredo

En tu último concierto en Lima, el 2003, escuchamos el tema "Asesíname" en calidad de estreno. ¿Por qué eliges Lima nuevamente para la presentación de una nueva canción, "¿Deberías saber por qué?"
Por la vibración que sentí con la gente. Hace mucho que estoy tocando en Lima y, si bien no voy periódicamente, tengo grandes recuerdos, y bueno, de las opciones que tenía elegí esa.

¿Qué es lo que más disfrutas hacer por estos días?
Creo que los ensayos son bastante buenos. Estamos usando una tecnología bastante buena. Tengo un nuevo piano de cola, increíble. El sonido y todo es muy novedoso, creo que se van a sorprender.

En una de tus cartas de juventud a Andrea, reproducida en ese genial libro de fotos de Cherniavsky, le dices: "Hicieron una lista que prohíbe pasar a Gardel, Beatles, Génesis, Spinetta y a mí, entre otros, por la radio. ¿No es surrealista?". ¿La censura puede ser un buen indicador para un artista?
Si lo tomamos de una forma fría y matemática, se podría decir que puede ayudar, porque al no poder decir las cosas como uno quiere, tiene que dar una vuelta poética, y cuando la situación de un país es mala o hay desaparecidos como pasó acá, o no cantas, o te matan, o llegas a la gente en ese mismo momento, y si eso es lo que vos querés, hay que darle una pizca de poesía, bastante surrealismo. Entonces creo que entiendo el sentido de tu pregunta y me parece que sí, pero lo mejor que hay es que no haya dictadura.

Si pudieras retroceder en el tiempo y tener la oportunidad de renunciar a la fama para convertirte en un tipo común y corriente, ¿tomarías esa alternativa?
Yo creo que nadie de más de 10 años quiere ser solo una persona. Hay gente que vive la fama como una tortura, pero después de que ya la tuvo. O sea, hay gente que se hace famosa y ve a su público como una masa nomás, como una cosa, sobre todo los artistas de televisión que no tienen oportunidad de estar con la gente. Pero para mí, aparte de hacer lo que me gusta, es un premio extra. Cada vez que yo toco sé que estoy tocando alguna fibra en alguien, y eso va y viene, así que digamos que es imposible que cambie.

¿Cuál sientes que ha sido tu mejor trabajo musical en solitario? ¿"La hija de la lágrima"?
Sabes que no sé. Depende del estado de ánimo y mental que tenga. Hoy por hoy te podría decir "Clics modernos". Un poco el sonido de la banda va para ese lado, una mezcla de electrónica y rock. ¡Mucho más rock! Suena muy parecido.

¿Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros, PorSuiGieco o Serú? ¿Cuál disfrutaste más?
Todas las disfruté. Quizá Serú Girán me agarró cuando ya era un poco más grande y por ahí la pude disfrutar más, pero todas tuvieron peligro, musicalidad, romance; arte, digamos.

Después de tu zambullida en una piscina de Mendoza compones la canción "Me tiré por vos". La letra de ese tema parecería haber sido escrita antes de ese salto, como en una especie de "déjà vu".
Está compuesta en el mismo momento. Ese mismo día la estrené con Sabina. Podría decirse que la hice mientras caía (risas).

Te lo pregunto porque cuando grabas el "Unplugged" para MTV, en "Rezo por vos" juegas con la frase "Estaba en llamas cuando me acosté", y al año, cuando sacas el "Say No More", esa misma frase le da nombre a la primera canción de ese disco, como si hubieses tenido una suerte de visión de lo que se venía…
Sí, yo tengo una especie no sé si de "autoprofecía", pero veo siempre un poquito más adelante lo que voy a hacer, entonces cuando uno conjura las cosas, algunas vibraciones y algunos espíritus vienen. Es como que yo llamo inconscientemente lo que va a venir, y lo que va a venir realmente se ajusta con lo que pienso, con lo que estoy haciendo.

"Estaba en llamas cuando me acosté", conocido como el Casandra Lange, es también el nombre de un disco en el que realizas notables "covers", un trabajo imposible de conseguir ahora, ni siquiera en Buenos Aires.
Sí, cada vez lo que se edita es lo más comercial. Los discos así, rarezas, son imposibles de conseguir. Pero seguramente está en Internet, digo yo, porque parece que está todo allí.

En 1984, en Lima, ofreciste un memorable concierto en la Feria del Hogar. Por esa época, Alan García asomaba en la política…
Sí, "el otro García".

Exactamente, ese fue el titular de una crónica de ese concierto escrita por Jaime Bayly. Otra vez anda por aquí Alan. ¿Crees en las coincidencias?
No. Debe ser una idea de la Real Academia para popularizar el apellido García (risas). Hace un rato que no me preocupa más la política. Ahora, aquella vez fue genial, así que por ahí la coincidencia es esa, que hago un show memorable bajo su presidencia.

¿Qué recuerdos guardas de María Espumer?
Fue la mujer de la que yo fui más amigo durante mucho tiempo, y de alguna manera siempre está, siempre aparece. Es imposible no tocar "Vía muerta" sin acordarme de ella. Fue una gran pena que se haya ido.

Te preguntaba al inicio por las cosas que disfrutas hacer por estos días, pero no te pregunté por las cosas que detestas hacer…
Eso es imposible de contestarte porque la situación en la que vivo es tan diferente a la que viví toda mi vida. Ahora hago las cosas y las tomo como un camino para volver quizás a disfrutar de las cosas que me gustan. En este momento estoy muy enchufado con la banda, la música y la vuelta. Creo que después de que vuelva a tocar mi vida va a cambiar de nuevo. Pero igual me gusta estar así, un poco más ordenado.

Expediente Charly

Cuando faltan pocas semanas para su presentación en Chile, una entrada clandestina al Teatro Roxy da las claves de la operación regreso. Acá, una crónica desde las sombras que ilumina la relación del bigote con sus músicos chilenos, el repertorio del retorno y los nuevos tiempos del mito.

Sentados en la cuneta esperando el milagro. Dicen que Charly se ha recuperado, que prepara conciertos que lo devolverán al Olimpo, que sus dedos están rápidos y que la máquina de hacer pájaros ha vuelto a funcionar. Pero con Charly, tanta redención y tributo -de esos mismos que lo llevaron a las camisas de fuerza- hacen dudar.

Por eso fuimos a su encuentro. "NO HAY POSIBILIDAD DE ENTREVISTA", dicen sus productores y su entorno cercano es un colador. Explican que no lo quieren exponer por la depresión, por la insoportable profundidad del ser, por las drogas, porque la recuperación ha sido lenta, porque Charly es víctima de un mal extraño.

Hace frío en Buenos Aires. En el barrio Colegiales, en calle Federico Lacroze, justo antes de llegar a Álvarez Thomas, un teatro histórico ve pasar un desfile de orientales que no imaginan que una de las leyendas del rock en español está a punto de pisar la misma vereda. El sol no alcanza a calentar los adoquines y un guardia con cara de pocos amigos huele nuestras ganas de colarnos. Entrar al viejo Teatro Roxy donde se cocina el regreso del músico, es un acertijo. Pero las pistas llegan por el lado de los chilenos que hoy forman parte de su banda. Kiuge Hayashida en guitarra, Toño Silva Peña en batería y Carlos González en bajo, trataron de interceder para el encuentro. Pero el gorila de la entrada y su mandíbula de acero pueden arruinarlo todo.

DEL DEPARTAMENTO AL ROXY

El jueves pasado era la única oportunidad de verle el bigote a Charly. A las tres de la tarde hubo que hacer guardia en el departamento de Palermo que los chilenos ocupan hace tres semanas. "No te podemos prometer nada, no podemos pasar a llevar a nadie…", dice Kiuge, mientras Carlos González termina una ducha. Toño ya había salido. A las quince siete entramos al departamento que estaba algo desordenado, la derrota de Chile el día anterior contra Brasil no impidió unas largas conversaciones de amigos que terminaron de madrugada.

Hay que correr. El telón está por subir. Los chilenos dicen que Charly no es el de antes, que llega puntual, que no hay que atrasarse. En la calle los taxistas desconfían de las vestimentas e instrumentos al hombro y no se detienen. El tiempo juega en contra. Un par de años atrás los ensayos eran más dispersos, con un García omnipotente, que podía cambiar de idea en cualquier momento y el que no le hacía caso podía ganarse algo más que un desprecio. Cuentan que por eso le gustaron los chilenos, porque como los gatos nunca caen de espaldas en los desafíos musicales. Llegó la hora y si García está adentro habrá problemas. Kiuge demora en un locutorio. Compra un muñeco de cerámica del tamaño de un encendedor con la figura de Charly. Quiere hacerle un regalo, pero no está seguro, no sabe si García lo tomará de buena forma. No le teme, lo respeta y lo quiere. Pero no quiere molestarlo con una broma que quizás le cae mal.

15:50. En la puerta del Roxy, la incertidumbre. Los músicos entran, los guardias nos detienen. Una van se acerca y para en seco frente al teatro, justo al lado de un carretón lleno de basura. Se baja Carlos Alberto García Lange, Charly. Camina algo desparramado. Saluda a un muchacho que lo espera en la vereda, después sabremos que es un sonidista que quiere (luego de algunas peleas) volver a trabajar con él. Hoy todos quieren estar con Charly.

El músico besa amablemente a un portero, nos mira a los ojos y esquiva una foto que lo deja fuera de encuadre. No quiere prensa, lo sabemos, estamos advertidos y el clic perdido de la entrada puede arruinar todo.

Luego de media hora, el guitarrista sale con buenas nuevas. Hay una posibilidad de entrar, pero no se puede decir ni pío. Charly, que viste cinturón de cuero café, unos pitillos celestes, zapatillas Adidas de cuero blancas con tres tiras plateadas, y una chaqueta corta, dice que vio a alguien sacarle una foto afuera, e insiste en que, ojo, no quiere prensa. Mira de reojo desde la tarima. Un guardia nos quita la cámara, dice que es sólo rutina.

El acento no le da seguridad de que seamos parte de los técnicos que montaron el escenario y el sonido desde las siete de la mañana del mismo día. Y claro, siempre hay tipos que por estar rodeados de una estrella, creen que tienen algo de poder. Sentados en la oscuridad, nadie debería notar una presencia ajena, menos una mirada periodística. Un leve forcejeo casi amable por recuperar la cámara, pero es mejor obedecer. Siempre habrá celulares.

FANKY

27 minutos estuvo Charly García sin mover una pestaña. Sentado al piano, el ruido del lugar lo provocan los abrazos entre los músicos y las bromas a la vestimenta de la corista Hilda Lizarazu. Charly no se mueve. Fuma. Vuelve a fumar. De pronto dice: "Bueno, vamos".

Un arreglo para "El amor espera" da la partida a un repertorio que los argentinos verán en dos fechas en el estadio de Vélez que están casi agotadas. Repiten varias veces. El tipo que se recuperó en la casa de Luján de Palito Ortega luego de estar rehabilitándose en las clínicas de Dharma y Avril no habla, tiene la mirada ausente, no toca, duda. Sus ojos se pierden en una taza blanca con rayas cafés.

Extrañamente tampoco dirige, papel que cumple en principio Fabián "El Zorro" Quintiero. Pero no le vale acostumbrarse, Charly va calentando, el animal pronto reconocerá su territorio. Un muchacho escribe en una moleskine. Enciende un porro de marihuana. Una mirada algo inquisidora lo detiene. No se debe tentar a Charly. Además, la jornada que cuenta con 23 personas, 2 groopies, 7 músicos (incluido Charly), 1 manager, 1 luces y escena, 7 técnicos, 3 guardias y dos infiltrados, también tiene un corte familiar. Dos niños corren por el teatro vistiendo poleras de "Say no more" con su nombre en la espalda y le gritan. El autor de "Parte de la religión" les sonríe. A lo Charly, pero les sonríe.

No es casualidad que comience con esa canción que reza versos como /Somos como peces que están fuera del mar/fuimos tantas veces hacia el mismo lugar/Todo el mundo quiere/ todo el mundo quiere olvidar.

Y tras el exorcismo del hombre que luego del quiebre vuelve a amar, llega "El rap del exilio" que corea en una filosofía discotequera: "/Yo tenía tres libros, y una foto del Che/ ahora tengo mil años y muy poco que hacer. /Vamo’ a baila/". Es funk en su máxima expresión y la banda parece que va a explotar.

ZAPATOS DE GOMA

"No soy un extraño" y García cruza sus piernas sobre una silla con una pose inconfundible. Un par de lágrimas saca con una versión de "No te animas a despegar" de Piano Bar (1984) y a Chipi Chipi le cambia el género con eso de "la hija del dolor" por "el hijo del dolor". Llegara "Fanky", la entrañable "Adela en el carrusel", "Buscando un símbolo de paz", "Hablando a tu corazón". Sus ojos dejaron de fijarse en la taza, ahora se mueve como un robot, juega a que va a botar el piano, patea una lata, ríe y extrañamente, en un acto poco acostumbrado, plantea las ideas a sus músicos, pide opiniones y debate. Luego cambia secuencias, "para que se escuche esa armonía". "Por qué no lo haces en stacato", dice. Está lúcido en su jungla.

En "Demoliendo hoteles" "Zorrito" baila, mueve el trasero y simula una práctica de boxeo como para llamar la atención. Es como ese Fito de los ’80 al que le gustaba saltar al lado de García para destacar algo más que la banda, que también tenía a GIT y Fabi Cantilo entre sus filas. Algo de sincretismo con los anteriores hay en esta nueva formación que completa también en guitarra "El Negro" García López. Pero "Zorrito", por más que se mueva, ya perdió el control hace un rato. El jefe es el señor García.

Cuando lleva dos horas 40 de ensayo y los acordes de "Rezo por vos" retumbaban en el Roxy, el músico detiene todo para decirle a su guitarrista: "¡Negro, yo también quiero". Entonces Charly echa humo. Fuma marihuana. Nadie le dice nada. Ojo, tampoco se desbanda, sólo fuma marihuana. Luego corta "Inconsciente colectivo", no la quiere cantar. Omite "Los dinosaurios", nada de Sui Generis, pero sí llega "Me siento mucho mejor", "Influencia", "Vicio".

Cuando suenan los acordes de "Yendo de la cama a living" achina los ojos. Divisa algo que lo hace detener a la banda. Baja corriendo a ver a una chica que reconoció entre los focos mientras muy equipados, unos técnicos mueven las manos simulando los set de luces que preparan. Charly está feliz con la visita, la abraza y se ve contento. Los músicos juegan un rato tocando la melodía de la Pantera Rosa. Charly sube, enciende lo que le queda del pito y anuncia que repetirán por última vez "Deberías saber por qué".

Luego baila, mueve los brazos, apunta al cielo. Con tres horas y veintitrés minutos el cuento termina. Es cierto, está un poco más lento, tiene una panza abultada, aunque sus piernas están igual de largas y delgadas que siempre. Pero García está entusiasta, aplaude a los suyos y vuelve a sonreír. Charly no es un extraño o quizás es tan extraño como siempre. La hija de la lágrima ha vuelto, no teme al escenario y en Chile habrá que prepararse. LCD

La Nación Por Sergio Benavides T., desde Buenos Aires

Domingo 13 de septiembre de 2009 | | LND Cultura

jueves, septiembre 10, 2009

Garcia y Spinetta tocaron en Córdoba, pero separados

Dos leyendas, ningún encuentro cumbre

Nadie especuló con el posible dúo, pero las presunciones flotaban en el aire. Sin embargo, sólo hubo dos shows de signo bien diferente.

No sucedió. Esa es la noticia: Luis Alberto Spinetta y Charly García, los dos más grandes músicos de rock argentino de este siglo, compartieron el cartel principal de un extraño festival celebrado en el estadio Chateau Carreras de la capital cordobesa, pero no hubo contacto musical. Apenas visual: fue a la medianoche del viernes, cuando promediaba la actuación de Spinetta, al frente del sólido trío de siempre, potenciado por Claudio Cardone en el piano. En ese momento, García no se pudo tener más dentro del vestuario local y asomó por la manga que lleva hacia el campo de juego. Desde allí observó y acompañó con leves movimientos un furioso jam eléctrico que descargaba el cuarteto. Hizo un par de gestos hacia el escenario (¿esperaba que lo invitaran a subir?) que no fueron correspondidos, al menos explícitamente, y simplemente vio la actuación. Al rato, se dio media vuelta y volvió a su jaula--camarín.

Es que la soñada noche del viernes en el estadio, con unas 7.000 personas ocupando la platea techada, no parecía tener un atractivo equiparable con la supuesta --nunca anunciada, ni siquiera sugerida, en verdad-- reunión de los hombres que han escrito las mejores canciones de los últimos treinta años del rock hecho en Argentina, además de las participaciones de los jóvenes rockers Turf y el muy querido aquí Javier Calamaro.

A esta altura de sus carreras y de sus vidas, parece difícil --y a algunos jóvenes les debe resultar hasta increíble-- pensar que ambos, Charly y el Flaco para la memoria colectiva, en otro momento (hace ya quince años, en 1984), hayan llevado adelante casi hasta el final el proyecto de un gran disco doble, el doble soñado del rock nacional nunca concretado. Un dream team de dos que apenas alumbró un par de gemas ("Rezo por vos", la más popular) y otros tantos cruces sobre el escenario, y que se quedó ahí. Después, pasó mucha agua bajo muchos puentes y de aquel amor, poco queda, sólo un inmenso respeto tácito. En realidad, está claro que ambos representan hoy extremos de conducta y actitud rockera. Spinetta parece un maduro ejemplar de una raza en extinción, que prefiere la seguridad de una reserva natural en donde retozar. García también está en peligro pero, en cambio, elige quemarse en su propio fuego, brillar --aún desde el patetismo-- y seguir levantando multitudes con algunas de esas canciones que concibió en la década del ochenta.

La impresión fue patente aquí en Córdoba, con dos shows completamente opuestos en intensidad y gestos. Spinetta subió al escenario después de una larga espera --las demoras por "inconvenientes" de producción, otro tema para este evento auspiciado por el gobierno cordobés-- y a partir de ahí descargó un arsenal de electricidad que, en ciertos momentos, orilló la monotonía de una banda de tres (o cuatro) brillantes instrumentistas tocando para ellos solos. Salió de todo esto --hubo algún adelanto de un nuevo disco que aparecerá en diciembre-- cuando surgieron las imbatibles "Los libros de la buena memoria" y "Despiértate nena" en una nueva versión groove. El público, que quería fuego y por eso clamaba por Charly, escuchó respetuoso, como hipnotizado por el hombre de pelo amarillo marca Palermo (otra vez) y camiseta rojo shocking. Así, sobriamente y sin ninguna estridencia, saludó y se fue, no sin antes anunciar elípticamente al siguiente artista.

El siguiente artista desarrolló una rutina más o menos habitual en su conocida imprevisibilidad cuando sale a la ruta. Llegó con la noche al aeropuerto cordobés --había perdido el vuelo previsto inicialmente-- y de ahí fue al estadio, en donde ingresó triunfalmente ante la mirada de una decena de fanáticos que lo observaban fascinados a través de las ventanas, en los pasillos internos del estadio. Después, mientras Spinetta desarrollaba su clase musical, concretó (dicen) una performance que podría igualarlo al personaje de Martin Sheen en Apocalypse now, esperando por salir al combate. Se pintó la cara y las manos, rompió algún espejo, tocó la guitarra a todo volumen, arrojó algún elemento contundente contra las paredes, salió a ver a Spinetta, volvió y esperó hasta pasada la una de la mañana para emerger. Antes, en el único momento de tensión real, Charly casi recibió una poco amistosa "visita" de dos representantes de la policía cordobesa, que fue impedida justo a tiempo.

Su show, como puede suponerse más o menos fácilmente, transitó por los carriles habituales de su actual estadio Say no more: canciones inolvidables tocadas como se pueda y cantadas por la gente ("Cerca de la revolución", "Promesas sobre el bidet", "Pasajera en trance", "Demoliendo hoteles"), otras más olvidables (pertenecientes casi todas a esta última época), mucho caos instrumental impuesto por él mismo y un largo final, ya con Pipo Cipollati --especie de bufón de la corte de un rey loco--, en donde amontonó arranques de covers y algunos temas del anunciado proyecto Cerebrus, en homenaje a "Titanes en el ring". Eso fue todo.

El final de la noche, bien entrada la madrugada del sábado, dejó un par de imágenes que resumen de qué fue este encuentro fallido. Mientras García parecía no querer bajarse nunca del pequeño tablado (no se podría llamarlo escenario) y hacía ruido con todo lo que se le cruzaba, Spinetta ya estaba reclinado en un cómodo sillón de su hotel, en pleno barrio Alberdi. Después, cuando ya estaba por aparecer el inmenso sol cordobés, después del show y del after show, García inició una recorrida "matinal" por algunos bares y boliches de la ciudad todavía abiertos. Spinetta, a esa hora, dormía plácidamente.

Por Esteban Pintos Desde Córdoba
29 de Noviembre de 1999 - LA NACION